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El vino nace
con la necesidad del hombre utilizar de aprovechar todos los recursos a su
alcance, como la cerveza
se trataba de aprovechar los excedentes de la cosecha, de conservarlos,
facilitar su transporte y por consiguiente su comercio y por supuesto,
elaborar una bebida agradable y con connotaciones entre mágicas y místicas.
Desde el primer vino hasta nuestros días, el vino ha recorrido un largo
camino cuyos avances y mejeras solo son comparables a los que han permitido
a la humanidad llegar hasta los actuales niveles de desarrollo tecnológico.
Los primeros
pueblos que comenzaron a desarrollar la vid fueron los habitantes de Siria,
Irán, Israel e Irak. La vid crecía silvestre enroscada en árboles y
arbustos. Elaborar vino era una forma de aprovechar estos frutos y poder
conservarlos más tiempo.
De esos frutos
surgieron los primeros vinos, que para los pueblos primitivos eran
considerados “una bebida milagrosa que fermentaba sola” a la que atribuían
connotaciones místicas.
La vid llegó a
Egipto 3000 a.C. Entre las cepas que se cultivaban es la que hoy conocemos
como
Syrah. De esta variedad se encontraron vestigios en Fenicia, Turquía, el
Cucaso, Grecia, centro y este de Francia y la Península Ibérica.
Desde Egipto se
expande por las riberas del Mediterráneo, donde se elabora un vino muy
rudimentario pero desde el 2.300 a.C. fueron los griegos y fenicios los que
propagaron la cultura del vino por el resto de las culturas y fueron, sobre
todo, los fenicios los que comerciaron con él como una mercancía de gran
valor.
Los griegos
fueron maestros de los romanos, quienes a su vez instruyeron a los ibéricos.
En aquella época se utilizaban técnicas muy rudimentarias, además alteraban
el sabor del vino agregándole agua de mar, resinas, hierbas, y a veces humo.
Por su potencial embriagadora, había que beberlo en el Simposium y la copa
se elevaba hacia los dioses. De esta forma, el vino toma una gran
importancia en la Iberia romana y tiene una influencia cultural tan grande,
que existía la creencia de que los dioses del vino, Dionisos y Baco, sólo
entregan sus dones a los que los merecen. Julio César fue un gran apasionado
del vino y lo introdujo por todo el imperio romano.
El primer mosto
que obtenían al pisar y aplastar las
uvas
servía para preparar el mustum, que se mezclaba con
miel
y se dejaba envejecer y luego se servía aperitivo en las comidas de gala. El
resto se fermentaba en grandes tinajas y después se filtraba en cestos
cónicos de mimbre y se clarificaba con ceniza, arcilla, agua de mar, etc.
Luego, se
colocaba en ánforas de barro, con un tapón de yeso y se lo guardaba en el
lugar más cálido de la casa hasta que adquiría la consistencia de un jarabe.
El vino era
rebajado con agua ya que como usaban
uvas muy maduras para su realización,
tenía una gran
concentración alcohólica. La mezcla con agua variaba según la
importancia del acto que se celebraba y de sus participantes. El vino en
estado puro era reservado para los bárbaros, ya que griegos y romanos
pensaban que sin mezclar los podía enloquecer. También pensaban que otras
bebidas que provenían de cereales(cerveza...) eran para las clases
inferiores y llegan hasta tal punto, que creen que hay grandes diferencias
entre emborracharse con vino y con cualquier otra bebida para bárbaros y
pobres.
La
vitivinicultura europea fue influenciada por distintas culturas. En el siglo
V ya se conocían distintas variedades de
uvas. De la uva llamada “aminta” se
obtenía el vino blanco, de la
uva “apiana” el vino dulce, y de la “syriaca”,
el dulce. Al vino tinto se lo llamaba “roseum”, al
blanco, “amineum” y al
obtenido con
uvas pasas “passum”.
La viticultura
europea a partir de los siglos VI-VII , estuvo casi siempre en manos de los
monasterios ya que la iglesia era una de las principales demandantes de vino
para el uso en su liturgia. El vino estaba íntimamente ligado a las
posesiones de la iglesia, ya que no es hasta la llegada de los romanos
cuando el consumo del vino se masifica, siendo casi una obligación social su
consumo.
En España
fueron los romanos los que plantaron los primeros viñedos, y sus cuidados
fueron adjudicados en la mayor parte de las veces a los clérigos, que
necesitaban del vino para la celebración de sus ritos.
Es a Carlomagno
a quien se atribuye la creación de grandes plantaciones de viñedos a lo
largo de su imperio, pero los vinos que se obtenían eran de escasa calidad
hasta que en el siglo XII empezó a haber buenas producciones y a
comercializarse masivamente el vino.
Se atribuye a
Pierre Pérignon el hecho de haber introducido el vino en las primeras
botellas con
corcho, pero fue en esta época cuando hubo grandes plagas de
filoxera que atacaron a los viñedos y dejaron a Europa sin apenas
producción.
Ya en el siglo XIX, el vino sufría alteraciones y se fermentaba causando
grandes pérdidas. Los vinos de una misma producción, guardados en toneles
iguales, envejecían de distinta forma. Hasta que Pasteur descubrió en un
tonel que estaba recubierto de pintura, que el aire no penetraba en él y el
vino necesita del aire para fermentar adecuadamente.
Actualmente no sólo es Francia el país que da grandes vinos, como había sido
tradicional, sino que en toda Europa, sobre todo, se están consiguiendo
grandes producciones y especializaciones en diferentes tipos de caldos que
pueden competir con los franceses sin ninguna dificultad. Ejemplos son los
vinos españoles de
Rioja,
Ribera del Duero,
Somontano..., portugueses como
los de Madeira y Oporto.
Por otra parte, podemos hablar de la historia de la enología como una
ciencia que va íntimamente ligada a la aparición del vino, ya que es el arte
que reune los conocimientos sobre su elaboración. La palabra procede del
griego “oinos” que significa vino y que en la actualidad es toda una ciencia
que se imparte en las universidades.
Se sabía desde tiempos remotos que algunos vinos son buenos para beberlos
recién fermentados, otros ganan extraordinariamente con los años dentro de
un tonel de roble.... De allí la importancia de poner en marcha una serie de
estudios y observaciones del comportamiento de los vinos para llegar a
obtener los mejores resultados.
Aunque desde hace muchos siglos ha habido personas dedicadas a estas
observaciones y estudios, podemos decir, como ya citábamos anteriormente,
que fue Pasteur el primer enólogo de la era moderna propiamente dicho, ya
que con su observación de la necesidad de pequeñas partículas de oxígeno en
la fermentación de la uva, dio paso a una serie progresiva de estudios para
mejorar la calidad y conservación de los vinos.
Hoy en día, el enólogo es un técnico con una gran preparación, que dirige la
fabricación de un vino a lo largo de todo el proceso que su fabricación
requiere.
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