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LA VID |
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La vid (vitis ssp) es una planta trepadora
de la familia de las vitáceas, con tronco retorcido, vástagos nudosos
y flexibles, hojas alternas, pecioladas, grandes y partidas en cinco
lóbulos puntiagudos, flores verdosas en racimos, y cuyo fruto es la
uva. Originaria de Asia, se cultiva en todas las regiones templadas.
Al conjunto de vides cultivadas en un campo de le denomina viñedo.
La vid produce las
uvas, fruto con el jugo
del cual se produce el vino. Por el contrario las vides salvajes o
silvestres, no cultivadas, poseen unas hojas más ásperas, y las uvas
son pequeñas y de sabor agrio.
El cultivo de la vid para la producción
del vino es una de las actividades más antiguas de la civilización,
probablemente contemporánea al comienzo de ésta. Existe evidencia que
los primeros cultivadores de viñas y productores de vino, se
encontraban en la región de Egipto y Asia Menor, durante el neolítico.
Al mismo tiempo que los primeros asentamientos humanos permanentes
empezaron a dominar el arte del cultivo y la cría de ganado, así como
el de la producción de cerámica.
El
subgénero Euvitis, de forma general se subdivide en tres grupos que
corresponden a los cultivos de origen que constituyeron los refugios de
la época cuaternaria:
a)
Grupo de Asia Oriental: con mas de 20 especies de nula importancia en la
viticultura actual.
b)
Grupo Americano: con mas de 20 especies, importante en viticultura por
intervenir en la constitución de la mayoría de los portainjertos que ha
permitido superar la crisis filoxerica que arrasó los viñedos europeos
en la segunda mitad del Siglo XIX.
c)
Grupo Europeo: tiene una sola especie Vitis Vinifera y a ella pertenecen
la totalidad de las vides cultivadas en Europa y en casi todo el mundo.
La viña cultivada europea, tiene su origen en el terciario y corresponde
a las vides, que tras la última glaciación, encontraron refugio en
Europa: sur de los Alpes, zona Mediterránea, Cáucaso y Asia Central.
En la
actualidad, las vides europeas, con independencia de su origen, se
consideran divididas en tres grupos o proles, obedeciendo a criterios
ecológicos, geográficos y morfológicos:
Proles Pontica: implantada originalmente en las orillas del Mar
Negro, entraron en Europa por los Balcanes. Ej.
Riesling, Silvaner.
Proles Occidentales: son las variedades de vinificación de Europa
occidental. Ej.
Garnacha,
Mazuela.
Proles Orientales: se han desarrollado en la zona de Oriente Medio y
Próximo y a él pertenecen la mayoría de las variedades de uva de mesa.
Ej. Moscatel de Alejandría.
El
numero de variedades cultivadas en el mundo se sitúa entre 7.000 y
10.000 y su diferenciación responde a caracteres morfológicos y
específicos como son: el patrimonio hereditario, la acción del medio y
del hombre.
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Taxonomía y morfología |
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La vid es una planta con flores, esto es,
una angiosperma, de la clase de las dicotiledóneas, de la subclase con
flores más simples (choripetalae), pero en el grupo dotado de cáliz y
corola (Dyalypetalae), es decir, el más avanzado.
El orden es el de las Rhamnales, que son
plantas leñosas. Una planta leñosa tiene por lo general una vida muy
larga, así es fácil encontrar una vid centenaria; tiene un largo periodo
juvenil (3-5 años), durante el cual no es capaz de producir flores; en
general, las yemas que se forman durante un año no se abren hasta el año
siguiente. Tiene un aparato radicular que se hace imponente con los
años, pero se desarrolla y explora el terreno con menos minuciosidad que
el de una hierba. El aparato epigeo, tronco, ramas, ramos, requiere
mucho tiempo para desarrollarse; no puede renovarse con facilidad como
el de una herbácea; la necesidad de mantenerlo vivo durante el invierno
o en tiempo de sequía hace a las plantas leñosas más exigentes en
cuestión de clima y fertilidad, de manera que no viven en alturas
excesivas ni demasiado cerca de los polos ni en los desiertos como
pueden hacerlo las hierbas.
La vid es un arbusto constituido por raíces,
tronco, sarmientos, hojas, flores y fruto. Ya se sabe que a través de
las raíces se sustenta la planta, mediante la absorción de la humedad y
las sales minerales necesarias, y que el tronco y los sarmientos son
meros vehículos de transmisión por los que circula el agua con los
componentes minerales. La hoja con sus múltiples funciones es el órgano
más importante de la vid. Las hojas son las encargadas de transformar la
sabia bruta en elaborada, son las ejecutoras de las funciones vitales de
la planta: transpiración, respiración y fotosíntesis. Es en ellas dónde
a partir del oxígeno y el agua, se forman las moléculas de los ácidos,
azúcares, etc. que se van a acumular en el grano de la uva condicionando
su sabor.
Esa sustancia verdosa llamada
clorofila es
la encargada de captar de los rayos del sol la energía suficiente para
llevar a cabo todos estos procesos.
En el mes de marzo, cuando el calor comienza
a hacerse notar, la savia se pone en movimiento y se produce el
denominado “lloro” de la vid que se expresa a través del fruto. El fruto
surge muy verde, pues está saturado de
clorofila, y a partir de aquí
toda la planta empieza a ejercer servidumbre a favor del fruto que poco
a poco irá creciendo.
La uva verde, sin madurar, contiene una gran
carga de ácidos
tartáricos,
málicos y, en menor medida, cítricos. El
contenido de estas sustancias dependerá en gran medida del tipo de
variedad de la que procede y de las condiciones geoclimáticas, ya que
luz, temperatura y humedad van a ser decisivas en la conformación de los
ácidos orgánicos.
El momento en que la uva cambia de color
recibe el nombre de “envero”. Del verde pasará al amarillo, si la
variedad es blanca y al rojo claro, que se irá oscureciendo, si es
tinta. Durante el proceso de maduración de la uva, los ácidos van
cediendo terreno a los azúcares procedentes de la frenética actividad
ejercida por las hojas, merced al proceso de fotosíntesis. Los troncos
de la cepa también contribuyen al dulzor de la uva, ya que actúan como
acumuladores de azúcares. Debido a esta razón, las vides viejas son
capaces de proporcionar un fruto más regular y una calidad más
constante.
Entrando de lleno en el fruto, cabe hacer
una primera división entre lo que es el “raspón”, o parte leñosa que
forma el armazón del racimo y el grano de uva.
El raspón, aunque lógicamente no es la parte
fundamental del fruto, tiene su importancia por cuanto es capaz de
aportar ácidos y sustancias fenólicas (taninos) dependiendo de su
participación o no, en los procesos de fermentación.
El grano de uva a su vez puede ser dividido
en tres partes cada una de ellas con un aporte específico de
características y componentes: la piel, la pulpa y las pepitas.
La piel, también denominada hollejo,
contiene la mayor parte de los componentes colorantes y aromáticos de
los vinos.
En la pulpa se encuentran los principales
componentes del mosto (agua y azúcares) que después, mediante la
fermentación se transformarán en vino.
Las pepitas o semillas, se encuentran dentro
de la pulpa y difieren según las variedades, llegando incluso a
encontrarse uvas que nos las contienen. Poseen una capa muy dura y
proporciona taninos al vino.
Entre las especies más importantes se pueden
citar:
Vitis Labrusca: serie Labruscoideae
americanae; por ejemplo, la uva Isabel procede de esta especie.
Vitis Rupestris: serie Rupestres. Originaria
de terrenos semisecos de aluvión, ha dado origen a muchos portainjertos.
Vitis Riparia: serie Ripariae. Originaria de
regiones mucho más frescas, ha dado origen a muchos portainjertos y a
uvas de vino (híbridos productores directos).
Vitis Berlandieri: serie Cinerascentes.
Originaria de regiones áridas y suelos calcáreos; ha sido trascendental
para la constitución de portainjertos resistentes a la clorosis y a la
sequedad.
Vitis Vinifera: es la vid común.
Clasificación científica
Reino: Plantae
División: Magnoliophyta
Clase: Magnoliopsida
Orden: Vitales
Familia: Vitaceae
Género: Vitis
L., 1825
Especies:
Vitis acerifolia, Vitis aestivalis, Vitis amurensis, Vitis arizonica,
Vitis x bourquina, Vitis californica, Vitis x champinii, Vitis cinerea,
Vitis x doaniana, Vitis girdiana, Vitis labrusca, Vitis x labruscana,
Vitis lincecumii, Vitis monticola, Vitis mustangensis, Vitis x novae-angliae,
Vitis palmata, Vitis riparia, Vitis rotundifolia, Vitis rupestris, Vitis
shuttleworthii, Vitis tiliifolia, Vitis vinifera, Vitis vulpina.
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Exigencias de clima y suelo y Fisiopatías |
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En zonas montañosas se ven
viñedos sólo hasta cierta altura. El clima impone límites de altura. Los
límites macroclimáticos determinados por la altura y la latitud son
ampliamente rebasados en muchas regiones, por el hecho de que el viñedo
se planta en pendientes muy bien orientadas. Estas zonas disfrutan de un
régimen térmico más elevado, sufren menos con las heladas invernales y
las escarchas de primavera se secan rápidamente, de manera que la
vegetación es más breve y el grado de azúcar más elevado. Se habla en
estos casos de microclima. Cuando un cultivador planta las variedades
más precoces en terrenos menos soleados y los tardíos en terrenos mejor
orientados no hace otra cosa que adecuarse a las exigencias
microclimáticas.
En invierno, las temperaturas
mínimas que puede la vid aguantar son de hasta –20 ºC. Por debajo
tendrían lugar graves daños. Se consideran daños ligeros a la necrosis
de la médula y el diafragma. Daños muy graves sería la muerte de las
yemas en los sarmientos de un año (la muerte del cambium en los
sarmientos de un año y en el tronco. Estos males se dan más en las vides
jóvenes, en las vides vigorosas y en las que ya han producido mucho.
Producen graves daños las
heladas por debajo de los –2 ºC después de la brotación pues destruyen
completamente la cosecha.
Como medios empleados contra las
heladas tenemos las nieblas artificiales y el riego por aspersión. El
segundo es realmente eficaz pero costosísimo, aunque la instalación
sirva contra el hielo, como riego estival y como medio de lucha
antiparasitaria.
También se pueden adoptar
variedades de brotación tardía, o retrasar la poda, de modo que, aunque
haya habido daños, también haya más brotes utilizables. Los cultivos
elevados son menos castigados que los bajos.
Las temperaturas demasiado altas
(30-34º C), especialmente si van acompañadas de sequedad, viento
caliente y seco, son temperaturas que queman hojas y racimos. Las
temperaturas óptimas para el cultivo de la vid en sus distintas etapas
de desarrollo serían las siguientes:
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Apertura de yemas: |
9-10 ºC |
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Floración |
18-22 ºC |
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De floración a cambio de color |
22-26º C |
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De cambio de color a maduración |
20-24º C |
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Vendimia |
18-22º C |
En
relación con las lluvias la distribución de éstas en el cultivo sería
aproximadamente la que se indica:
Durante la brotación: 14-15 mm. Hay una intensa actividad radicular, que
resulta promovida por la lluvia.
Durante la floración: 10 mm. Las lluvias resultan por lo general
perjudiciales.
De la
floración al cuajado de los frutos: 40-115 mm. Es necesaria una intensa
fotosíntesis.
Entre
el cuajado y la maduración: 80-100 mm. Es necesaria una intensa
fotosíntesis.
Durante la vendimia: 0-40 mm. Las lluvias suelen ser perjudiciales.
El
granizo es el meteoro más dañino para la viticultura. Los daños son de
diversa naturaleza. Los granos quedan hendidos o aplastados. Fácilmente
sobrevienen mohos y marchiteces. Las hojas son agujereadas o laceradas, y a
menudo son arrancadas, con pérdida de superficie fotosintetizante. En los
sarmientos queda dañada la corteza, pero también con frecuencia el leño. Los
tratamientos antiparasitarios, por lo general a base de caldo bordolés o
bien productos orgánicos de síntesis, tienen importancia para impedir que se
instalen infecciones de hongos.
Para
luchar contra el granizo, algunos investigadores han indicado que el
bombardeo de las nubes con sustancias formadoras de núcleos de condensación
puede determinar su transformación en lluvia antes que en granizo; el
granizo ya formado puede ser disgregado mediante el empleo de cohetes
explosivos.
Existen otros medios de defensa como las mallas antigranizo que suelen tener
una duración de unos diez años, y los seguros contra granizo que hoy en día
tienen muy buena aceptación.
La vid
se adapta a muchísimos terrenos. Además hay una cierta gama de portainjertos
que permite adaptarse a las más variadas exigencias. Un componente
importante del terreno es la materia orgánica:
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Terreno pobre |
<1,5% |
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Suficientemente dotado |
1,5-2,5% |
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Bien dotado |
2,5-3,5% |
También estos valores han de ser interpretados en base a la granulometría.
Un contenido del 1% de materia orgánica indica un estado de pobreza mucho
más grave en un terreno arcilloso, donde la descomposición es normalmente
lenta, que en uno arenoso, donde la descomposición es generalmente rápida.
El pH
indica la reacción del terreno y es de fundamental importancia para la
elección del portainjerto. El pH alcalino determina clorosis, si la vid está
sobre portainjertos inadecuados. Suele acompañarle el carbonato cálcico, que
se determina de dos maneras: la “caliza total” se determina tratando el
terreno con un ácido fuerte que la disuelve totalmente. Se llaman calcáreos
los suelos que contienen más del 5%.
La
caliza activa, es la fracción más finamente subdividida, que tiene la mayor
influencia sobre el pH, y por ende dotada del mayor poder clorosante, y se
determina tratando al suelo con oxalato amónico.
La
presencia de un pH elevado en ausencia de caliza total puede indicar
presencia de salinidad en el suelo o en el agua de riego.
La
C.I.C. o capacidad de intercambio catiónico, es la capacidad del suelo de
mantener y cambiar cationes y se mide en miliequivalentes por 100 gramos de
suelo y crece con el contenido de arcilla y de materia orgánica.
En los
terrenos ácidos, la C.I.C. está parcialmente saturada de iones de hidrógeno
y aluminio, en los neutros y alcalinos principalmente de bases como calcio,
potasio y magnesio. No sólo tienen importancia los iones, sino también las
relaciones de los iones entre sí. |
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Abonado |
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Abonado de fondo
Tiene como finalidad enriquecer el suelo
hasta una cierta profundidad con fósforo, potasio y materias orgánicas,
ya que después no se podrán realizar nuevas labores profundas. Se
suministran grandes cantidades de estiércol: si es posible, hasta 50-60
toneladas por hectárea.
Las dosis sugeridas de P2O5 giran en torno a
los 500-600 kilos por hectárea. La dosis de K2O pueden ser muy altas, si
se trata de terrenos con una elevada capacidad de retención del potasio,
o muy pequeñas, si los terrenos son sueltos: de 200-2000 kg. por
hectárea. Todo el terreno a plantar de viña puede ser abonado, si las
distancias de plantación son reducidas. Si las distancias son notables,
es mejor que el estiércol se dé más localizado.
Abonado del viñedo
Cuando se acerca la primavera, se
administran los abonos nitrogenados. Normalmente el nitrógeno es
absorbido poco a poco, por lo que el estiércol se aplica en invierno.
Siguen el nitrógeno ureico, amoniacal y
nítrico. Las formas amoniacal y ureica se administran antes que el
nitrógeno nítrico, porque son de efecto menos inmediato y se calcula que
su efecto durará más tiempo.
El abonado veraniego con productos
nitrogenados prolongaría la vegetación y enriquecería el contenido en
nitrógeno de los racimos, cosa que no se considera deseable. En los
terrenos más ligeros, los abonos nitrogenados se pueden fraccionar en
dos o tres veces, hasta la floración.
Los abonos potásicos pueden suministrarse a finales de invierno, pero a
menudo se suministra una parte de los mismos más tarde, después de la
floración, hasta poco antes del cambio de color de las
uvas.
También pueden darse en invierno, porque se fijan en el suelo, pero no
en terrenos ligeros, donde serían arrastrados por el agua.
El abonado fosforado es menos necesario.
Los síntomas de las principales carencias en
la vid son:
Nitrógeno: Presenta
una coloración verde claro en las hojas, con los pedúnculos en tonos
rojos. Suele aparecer esta carencia en primavera, y se localiza en la
planta a partir de las hojas basales. La consecuencia es una disminución
de la fertilidad (nº de racimos y nº de
bayas por racimo).
Potasio: Esta
carencia suele aparecer en junio, sobre todo en las hojas apicales.
Éstas se vuelven rojizas y amarillentas. Como consecuencia vamos a tener
reducción de las dimensiones de las ayas y retrasos en la maduración.
Magnesio: El tejido
foliar que rodea la nerviadura permanece verde, y entre los nervios
aparecen unas tonalidades amarillo-rojizas. Suele aparecer después del
cuajado y durante la maduración, sobre todo en las hojas basales. En
casos extremos puede haber un secado del raquis y una mala maduración en
general.
Hierro: Aparece
clorosis, excepto los nervios que permanecen por mucho tiempo verdes, y
necrosis foliar. La época suele ser en primavera hasta junio, sobre todo
en el ápice de los brotes. La consecuencia suele ser una caída de flores
y presencia de granos pequeños (reducción de la fertilidad). Los brotes
y sarmientos tienen un aspecto raquítico, frondoso por la emisión de
muchas hembrillas.
Boro: En las hojas
aparece un mosaico amarillo o rojo, el limbo granuloso, borde foliar
acanalado, deformaciones características y reducción de las dimensiones
de las hojas. Suele empezar en las hojas apicales (mayo-junio). Hay una
caída general de las flores, presencia de granos pequeños y achatamiento
de las bayas.
El estiércol se da en la medida de que se
dispone: por lo general, cada dos o tres años en invierno. Renueva las
pérdidas de humus en el terreno, sobre todo en terrenos labrados y
sueltos.
Más frecuentemente se usan los abonos
simples: para el nitrógeno el sulfato amónico, el nitrato amónico, el
nitrato de calcio, teniendo en cuenta que la rapidez de penetración del
ión nítrico y amoniacal son diversas, y por tanto, también son diversas
la rapidez del efecto y su duración.
Para el potasio, el cloruro o el sulfato
potásico; para el fósforo, el superfosfato, o más raramente en terrenos
ácidos las llamadas escorias Thomas.
La capacidad de las hojas de absorber los
elementos minerales puede ser utilizada por el abonado foliar. Los
productos utilizados deberán ser fácilmente solubles en agua, y no
fitotóxicos.
Muchos elementos pueden ser absorbidos por
las hojas; el nitrógeno (sobre todo en forma ureica), pero también el
fósforo, el potasio, el magnesio, el boro y el hierro bajo ciertas
formas.
Generalmente se considera suficiente el
abonado del terreno. El abonado foliar resulta ventajoso cuando las
raíces no están en condiciones de absorber suficientemente, por ejemplo,
en climas muy áridos.
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Variedades |
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Variedades principales que se cultivan en
España (Cepas españolas blancas).
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Airén: Es la uva mayoritaria de los
vinos blancos manchegos y la de mayor volumen de vino monovarietal a
nivel mundial. (Ver
más)
-
Albariño: Se produce principalmente
en la costa atlántica de Galicia. Propia de zonas frías y húmedas. (Ver
más)
-
Godello: Se cultiva en Valdeorras,
provincia de Orense. (Ver
más)
-
Macabeo-Viura: Variedad básica de los
blancos riojanos de calidad, así como de los cavas. (Ver más)
-
Moscatel: Básicamente se elabora en
mistela. Se cultiva principalmente en la Comunidad Valenciana, Cádiz,
Málaga y la cuenca media del Ebro. (Ver
más)
-
Palomino: Es la variedad por
excelencia de
Jerez. Orense, León y Valladolid son otras provincias
donde se cultiva el Palomino. (Ver
más)
-
Parellada: Se cultiva en las zonas
altas de Cataluña. Actúa como uva complementaria en la elaboración de
los cavas. (Ver
más)
-
Pedro-Ximenez: Crece principalmente
en las provincias de Córdoba y Málaga. (Ver
más)
-
Treixadura: Es otra uva gallega
semejante al albariño pero menos glicérica y refinada. Es la uva
tradicional del Ribeiro. (Ver
más)
-
Verdejo: La uva blanca de
Rueda, de
la Ribera del Duero y de otras áreas de Castilla. (Ver
más)
-
Xarel-lo: Se complementa muy bien con
otras variedades sobre todo en la elaboración de los cavas. (Ver
más)
Variedades principales que se cultivan en
España (Cepas españolas tintas).
(ver más)
-
Bobal: Típica de las zonas altas de
Levante y variedad predominante en la D. O. Utiel-Requena. (Ver
más)
-
Cariñena: Uva predominante de los
vinos tintos catalanes. (Ver
más)
-
Garnacha: Se trata de la variedad
tinta más extendida en España, debido a su fácil cultivo y buena
producción. (Ver
más)
-
Mencía: Su cultivo está limitado a la
zona noroeste de la península (León, Zamora y Galicia). (Ver
más)
-
Monastrell: Variedad característica
de toda la zona levantina, predominando en las D. O. de Jumilla, Yecla,
Alicante y Almansa.(Ver
más)
-
Tempranillo: Es la uva noble española
por excelencia. Su nombre varía en función de la zona en donde se
desarrolla:
tempranillo en la
Rioja,
tinto fino o
tinto del país en la
Ribera del Duero,
ull de llebre en Cataluña,
cencibel en La Mancha y
tinto de Madrid en los alrededores de la capital.
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más)
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Parásitos y enfermedades |
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Los hongos pueden anidar en los
restos de viejas raíces y dar lugar a infecciones y daños en las jóvenes
estacas. En todos los viñedos están presentes también las virosis. El
vehículo de transmisión de las virosis a las nuevas estacas lo
constituyen las viejas raíces, que pueden permanecer en el terreno
perfectamente vivas durante más de un año y una vez muertas dejan
residuos dañinos durante bastantes años, especialmente los nematodos
(sobre todo el Xiphynema index) que parasitan las raíces. Los nematodos
por sí solos ya representan un hecho negativo, porque atacan el aparato
radicular de las plantas cuando todavía son jóvenes y poco
desarrolladas.
Una buena práctica es la
fumigación del terreno. Ésta es obligatoria para las instalaciones de
material de propagación, sea la que sea la presencia de nematodos o
virosis.
Se usan fumigantes de tipo y
fórmula diversa (dicloropropano-dicloropropeno o dibromometano), en
forma líquida o granular. Algunos tienen sólo acción nematicida, otros
actúan también sobre las plantas, ante todo matando las viejas raíces de
la vid y también como fungicidas.
La eficacia nematicida de los
tratamientos no es completa; un pequeño porcentaje de nematodos consigue
escapar y se reproduce; no obstante, su número es muy reducido durante
los primeros años de desarrollo de la vid.
El coste elevado de estos
tratamientos y el hecho de que obligan a retrasar la plantación en
primavera, y a veces en otoño, hacen que estén poco difundidos.
Parásitos como el mildiu o
peronospora, se dan infaliblemente. La rapidez de desarrollo de la
infección depende de la temperatura, de la humedad y de la virulencia
del hongo, los consorcios antimildiu fijan la fecha de los tratamientos
en base a una recogida sistemática y a tiempo de estas informaciones.
En el caso de la lucha contra la
polilla, la recogida de datos consiste en el empleo de trampas de
feromonas. Por el número de mariposas capturadas en las trampas se puede
deducir el momento oportuno de la intervención, así como el grado de
peligrosidad del parásito. En este caso el objetivo de la información no
es sólo fijar el momento de la intervención, sino también intervenir
solamente en casos de necesidad.
En efecto, son de temer los
efectos colaterales o secundarios del tratamiento insecticida. Muchos
insecticidas en realidad favorecen la multiplicación de ácaros o
cicadélidos, ya sea por la desaparición de sus parásitos y depredadores,
ya por la fitotoxicidad que determinaría en las plantas una composición
de jugos celulares apta para el parásito (trofobiosis).
Estos efectos colaterales son,
en muchos casos, de suma importancia, aun en el caso de productos
anticriptogámicos. Por ejemplo, la sustitución con productos orgánicos
de síntesis de los tradicionales productos de cobre ha determinado una
mayor incidencia de la Botrytis cinerea.
Las plagas y enfermedades que
más incidencia tienen en la vid son: la floloxera; Peronospora, Oidio, Botrytis
Cinerea,
Araña Roja, Araña Gallo, Tortrix, Cigarrero y Cigarra.
Algunos parásitos presentes en
el campo, como el mildiu y el oidio, pueden deteriorar los racimos; el
más peligroso es el moho gris (Botrytis Cinerea), porque puede seguir
desarrollándose después, incluso a temperaturas muy bajas, o infectar
durante la conservación partidas inicialmente sanas.
Parásitos que pueden hacer su
aparición durante el periodo de conservación son hongos del género
Penicillium (mohos verdeazulados) o Alternaria, Cladosporium y otros
(podredumbre negra). En el caso de la podredumbre gris es importante la
lucha preventiva; partidas que hayan sido ya atacadas no pueden ser
destinadas a una larga conservación. Durante el periodo de mantenimiento
el método más eficaz y usado con mayor frecuencia es el anhídrido
sulfuroso, suministrado por vía gaseosa o como metabisulfito.
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