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Está basada en diferenciar el
vino por sus periodos de reposo en bodega.
Son vinos que
se consumen inmediatamente elaborados, muchas veces incluso directamente de
la
barrica.
Los vinos
jóvenes no han estado criados en madera o ésta ha sido mínima. Son vinos que
conservan mucho las características de las uvas de las que están hechos y se
consumen preferentemente a los 12 o 24 meses de su
vendimia.
Los hay de los tres tipos,
blanco, rosado y
tinto.
Son los que han pasado un
tiempo de crianza en madera y/o
botella. Son vinos que obtienen, las
características varietales de las
uvas de las que proceden, y otras
características organolépticas de este periodo de envejecimiento.
Se consumen preferentemente
dependiendo de varios factores, pero generalmente es de más largo plazo que
los vinos jóvenes, habitualmente entre 3 y 10 años, aunque algunos aguantan
hasta 20 años. El vino de crianza, en su mayoría, es tinto, pero también se
pueden encontrar muchos
blancos.
En los vinos de crianza, según
la reglamentación de las denominaciones de origen españolas, hay tres
subtipos:
Cada Consejo regulador de cada
denominación de origen establece unos tiempos para cada una de estas
categorías. Estos periodos, se mueven entre:
Crianza:
Están un mínimo de 6 meses en madera y no más de 2 años en
botella.
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Reserva:
Están un mínimo de 1 año en madera y no más de 3 años en
botella.
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Gran Reserva:
Pasan un mínimo de 2 años en madera y no más de 5 en
botella.
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