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Los vinos
"generosos" sólo se denominan así en español, pues en otros idiomas se habla
más de vinos "de licor" o "licorosos". Independientemente del nombre, se
trata de aquellos que se obtienen a base de prácticas tecnológicas muy
sofisticadas y específicas para cada tipo de vino generoso. El resultado de
estos procesos es un producto que aporta mucho más a quien lo bebe que si no
se hubiera actuado sobre él; de ahí su "generosidad". Por lo tanto, un vino
generoso es el resultado de la "genialidad" y la capacidad creativa del ser
humano quien, enfrentado a un vino de base no demasiado brillante ni
expresivo, lo transforma en algo excepcional, siempre en función de las
características del medio, a través de una tecnología específica.
Pueden ser secos o dulces, aunque los límites que separan a los unos de los
otros resultan difusos por la propia naturaleza sensorial del concepto. Esta
es la esencia. A partir de ahí, lo más frecuente es que los vinos de base
que se utilizan para la obtención de vinos generosos sean sometidos a un
proceso que incluye, en algunos casos, la alcoholización de los mismos con
alcohol vínico y, en los vinos generosos españoles, o una
crianza
biológica bajo un velo de
levaduras (la llamada "flor") o una
crianza
oxidativa (es decir, en presencia de oxígeno) o ambas dos.
Los que tienen un elevado contenido en
azúcar son habitualmente utilizados
como vinos de postre, pero otros son extraordinariamente secos, por lo que
sirven, sobre todo, para tomar entre comidas o a la hora del aperitivo.
Respecto al color, el de los secos oscila entre el amarillo pajizo claro y
el ámbar o caoba. Sus aromas son extraordinarios, realmente "sui géneris", y
recuerdan a los
frutos secos (avellana,
almendra,
nuez),
pero también a la hierba fresca y a la
camomila. Resultan sabrosos, incisivos, por su salinidad y astringencia,
y, en general, largos y prolongados en el postgusto.
Por estas características, son muy aptos para acompañar en el momento del
aperitivo o el tapeo a productos como el
jamón de cerdo ibérico puro de bellota, las
almendras fritas o tostadas, la tortilla española, las aceitunas,
mariscos cocidos o a la
plancha,
setas,
mollejas o pescaditos fritos, por citar sólo unas cuantas de sus muchas
posibilidades gastronómicas. Por eso, los generosos secos nunca deben faltar
en una bodega medianamente variada.
Los grandes vinos generosos son más frecuentes en los países mediterráneos y
en las islas atlánticas y tienen nombre de definidor de su origen de gran
prestigio, tales como
Jerez,
Montilla, Condado de Huelva, Oporto, Madeira, Canarias, Marsala, Santorini,
Jaunes de Jura o Tokay, etc.
Entre los vinos generosos españoles, autenticas joyas de la corona de los
vinos del mundo, destacan los
jereces y las manzanillas, aunque no son
de desdeñar ni los del Condado de Huelva ni los de Montilla-Moriles. |