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La ingesta excesiva de
alcohol produce efectos muy negativos en la
salud humana y es aconsejable su consumo moderado en el contexto de una
alimentación de una alimentación equilibrada, siempre que no existan
contraindicaciones para ello.
Por otra parte, el
alcohol tiene cierto efecto sedante que
puede contrarrestar el estrés.
Cada día existen más estudios científicos que
corroboran su actuación sobre los lípidos plasmáticos; las plaquetas o la
coagulación sanguínea, que lo convierten en un agente que previene no sólo
de enfermedades cardiovasculares sino también de diabetes, ciertos tipos de
cánceres, Alzheimer y de enfermedades infecciosas.
Hay una clara evidencia de que son las LDL
(lipoproteínas de baja densidad) oxidadas las directamente involucradas en
el proceso aterogénico, así como en otras enfermedades degenerativas. Estas
LDL oxidadas son las que tienden a depositarse en la placa de ateroma ya que
no son reconocidas por los receptores del hígado para la eliminación del
colesterol que transportan y continúan viajando en la sangre hasta que se
depositan en las paredes vasculares, produciendo la oclusión de éstas. El
alcohol inhibe la oxidación de las LDL (Stockley, 1995) y, por tanto, en
efecto adverso de éstas. Numerosos estudios han puesto de manifiesto que son
los compuestos fenólicos del
vino tinto los responsables de esa acción. Un
estudio (Kondo et al., 1994) manifestó cómo el consumo de
vino tinto
moderado, a lo largo del tiempo, inhibe la oxidación in vivo de las LDL. No
se encontraron efectos equivalentes cuando el consumo era de
vodka.
Últimamente, investigadores del William Harvey
Research Institute, y de la Queen Mary University de Londres, publican en la
revista Nature (Nature. 2001, 414;863-864), los resultados de un estudio en
le que demuestran que el
vino tinto bloquea la síntesis de un compuesto
celular, la endotelina-1, clave en el desarrollo de enfermedades cardíacas,
reforzando la idea de que el
vino tinto tiene un mejor efecto que otras
bebidas alcohólicas.
Los resultados también han demostrado que el
vino
blanco y rosado no afectan a la producción de endotelina-1, esto implica, de
acuerdo con Corder y colaboradores, que los ingredientes activos son los
polifenoles de la piel de la
uva, encontrados solo en
el vino tinto.
En la siguiente tabla están reflejados los
componentes
antioxidantes característicos del vino, señalando que la mayoría
de los estudios e investigaciones se han realizado sobre los
flavonoides y
el resveratrol.
Los flavonoides suponen, sin duda, la principal
contribución para asegurar el potencial
antioxidante de la dieta y pueden
representar una importante defensa exógena frente al desequilibrio entre
prooxidantes y
antioxidantes como ocurre en el
estrés oxidativo. (A. M.
Troncoso González, Universidad de Sevilla). Estudios realizados in vitro
bajo condiciones controladas, similares a lo que sucede en la naturaleza,
han mostrado que la
capacidad antioxidante del vino es incluso superior a
las
vitaminas E y
C. Los compuestos fenólicos del vino
provienen de la piel u hollejo de la
uva
y de las semillas (pepitas), siendo su concentración en la pulpa muy baja.
La concentración y variedad de
polifenoles en el
vino depende de numerosos factores:
Ø la variedad de la
uva,
Ø el clima y el terreno,
Ø una cosecha temprana o tardía,
Ø los diferentes procedimientos de prensado de la
uva,
Ø el tiempo de fermentación del mosto con la piel y las pepitas, etc
Los
flavonoides quercetinas y miricetina están en el
tejido epidérmico del grano de uva y cuanto mayor sea la cantidad de hollejo
que se utiliza en la vinificación, tanto mayor será la concentración de
flavonoles en el vino. Por lo tanto, un contacto más prolongado del
orujo
con el mosto, favorece la extracción de los compuestos
polifenólicos
responsables de la
capacidad antioxidante del vino. (Dr. P. M. Fernández de
San Juan, 2001). Una ventaja del vino como portador de
sustancias
antioxidantes es que los
polifenoles son muy solubles en disoluciones hidroalcohólicas y que además, se encuentran en el vino en forma más
biodesponible (Soleas et al., 1997). En los vinos tintos jóvenes los
antocianos presentan el 80-90% de los
flavonoides, mientras que con los años
van desapareciendo para formar
flavonoides más complejos. Por tanto, los
flavonoides son unos
compuestos antioxidantes cuya concentración será
importante en los vinos tintos y poco apreciable en los vinos blancos.
El resveratrol es un componente natural que se
encuentra en la piel de la
uva, algunas especies de pinos y en los
cacahuetes. Se trata de compuestos que sintetiza la
uva como respuesta a la
infección por el hongo Botrytis cinerea. Estos compuestos se conocen como
fitoalexinas y se sintetizan durante períodos de estrés medioambiental. El
resveratrol es un potente inhibidor de la agregación plaquetaria y es un
agente favorecedor del equilibrio lipídico del suero. Según un trabajo
publicado en la revista Science 1997 y realizado en ratones con cáncer de
piel, parece inhibir secuencias relacionadas con los tres estadíos de la
carcinogénesis: iniciación del tumor, promoción y progresión, comportándose
como un agente quimiopreventivo de la proliferación celular maligna. Las
propiedades anticarcinogénicas del resveratrol han sido estudiadas por
investigadores de la Universidad de Illinois (Jang et al., 1997).
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