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Es el obtenido
a partir de
uvas blancas. Aunque
también se puede elaborar con
uvas blancas o
tintas, en este segundo caso separando el mosto del hollejo
inmediatamente, para que no le dé color. En general la
fermentación se realiza con mosto, separado de hollejos, pepitas,
raspones, etcétera, y aunque no es frecuente añejarlo, existen vinos blancos
con crianza.
El vino blanco
suele utilizarse como base para la elaboración de otros vinos, como los
generosos secos y
gran parte de los vinos
espumosos. A
diferencia del tinto, el vino blanco se caracteriza por la
fermentación del mosto sin los hollejos y partes sólidas del racimo,
por lo que no se produce ningún tipo de maceración. La extracción del mosto
se puede realizar por prensado directo o con estrujado previo para aumentar
el rendimiento. En el prensado, mediante presión, se extrae el mosto, que
será de distinta calidad según la presión ejercida. Estos mostos se recogen
y fermentan por separado, el residuo sólido, orujo, se destina para la
destilación de
alcohol vínico. En los vinos de calidad, tras el estrujado, se
recoge este primer mosto llamado yema o flor, obtenido sin presión,
destinado a elaborar vinos de gran calidad.
El mosto así obtenido se desfanga antes de la
fermentación, por la adición de SO2 y frío o por
centrifugado. Se trasiega el mosto limpio y comienza la fermentación, que
debe realizarse sin superar los 20ºC. para obtener la mayor cantidad de
aromas primarios que van a dar su carácter a los vinos jóvenes. La
fermentación cesa espontáneamente cuando el contenido de azúcar del
mosto es de 4-5 gr./litro. Sí queremos vinos dulces o semidulces, se debe
parar la
fermentación con la adición de SO2 o por calor o frío.
Los mejores vinos blancos son aquellos que contienen la mínima cantidad de
elementos procedentes de la piel, pepitas o raspón. El vino obtenido no está
limpio, sino que contiene sólidos en suspensión, el siguiente paso es
limpiarlo de impurezas, por medio del trasiego, ya que podrían producir
olores y sabores desagradables. |