El vino es la
bebida obtenida de la
fermentación alcohólica, total o parcial, del mosto de
uva o de las
uvas mismas. Pero realmente es mucho más, es toda una cultura
que ha creado incluso su propio paisaje, Hoy seria impensable la
existencia de algunos ecosistemas si no fuera por los viñedos que
acaban resultando unos magníficos elementos contra la erosión y la
desertificación. Además, para el cultivo de la vid se aprovechan las tierras
menos fértiles, abocadas por lo tanto al abandono y por los condicionantes
climáticos de las regiones del vino, a la erosión.
El vino es
mucho más que una bebida o una forma de aprovechar, conservar y
comercializar la cosecha de un fruto, es toda una serie de costumbres y
ritos. Salir de vinos con los amigos que no implica necesariamente beber
alcohol, es uno de los actos sociales más significativos de la cultura
mediterránea. El vino es símbolo de hospitalidad y de amistad. En el
occidente asturiano, ofrecer vino al visitante es casi una obligación, como
lo es por parte del visitante de apurar hasta el último trago del recipiente
ofrecido, el "temible" en estas situaciones, "cacho", con una
capacidad aproximada de tres cuartos de litro que hay que beberse sin dejar
nada como signo de la aceptación de la hospitalidad ofrecida.
El vino es uno de los productos naturales que ha tenido un papel muy
importante en las culturas mediterráneas.
En los procesos
de expansión colonizadora hacia Occidente, que ocurrieron a lo largo del
primer milenio a.C. estas culturas transmitieron, con nuevas
interpretaciones, los rituales y mitos que en torno al vino se habían
desarrollado ya desde el tercer milenio a.C. en Oriente.
El vino, a lo
largo de la historia, ha estado muy bien considerado por la alta sociedad,
siendo testigo imprescindible en cualquier acontecimiento o banquete de
importancia y alrededor de él se han firmado los grandes tratados y
acontecimientos históricos.