Este proceso de crianza, es lento y delicado. Durante el mismo, el vino
va a adquirir una serie de particulares características aportadas fundamentalmente por la
madera que forma las
barricas, normalmente de roble americano francés.
Los vinos que se someten al envejecimiento deben tener posibilidades de
mejorar durante la crianza. En un principio son vinos de calidad pero se espera y se
supone, que con este proceso van a mejorar. Es este un vino recio, un punto agresivo al
paladar, áspero y de intenso color. El tiempo y la madera lo irán transformando según
van pasando los distintos periodos de crianza. Estos vinos son sometidos a procesos y
catas de selección previa que determinarán el periodo de crianza al que vayan a ser
sometidos. Las propias catas, mezclas y los análisis servirán también para poder prever
el resultado final
Es importante la adecuada selección de las
barricas y por supuesto la
correcta determinación del periodo de tiempo que el vino debe permanecer en contacto con
la madera y el aire que la propia
barrica contiene. Esta
barricas tiene muy diversas
capacidades, según la zona vitivinícola que se trate aunque cada vez más se tiende a la
estandarización, más que nada por cuestiones prácticas y de economía. Lo más habitual
es encontrase con capacidades ligeramente superiores a los 200 litros. La conocida como
bordelesa alcanza los 225 litros de capacidad. La procedencia de la propia madera con que
se construyan e incluso la forma en la que se corten las distintas piezas o duelas va a
influir también en el resultado final. La madera más empleada es la de roble americano,
La edad de también es un factor muy a tener en cuenta, las más nuevas transmiten mucho
más rápidamente su carácter al vino que las más usadas, por lo que el vino podrá
permanecer menos tiempo en ellas. Por supuesto que la higiene y la correcta limpieza y
acondicionamiento de las barricas es un elemento fundamental que no debe ser necesario
resaltar. Estas no deben de tener ninguna fisura y ser compactas y estar escrupulosamente
limpias. Inmediatamente antes de ser llenadas con el vino se quema azufre en su interior
lo que elimina el oxigeno presente y la sanea eliminando los microorganismos que se han
formado durante su permanencia en vacío. El vino se introduce de abajo arriba, utilizando
un tubo o caña que lo deposite en el fondo, para evitar turbiedad originada por el
golpeteo contra la madera del fondo y para evitar también la formación de espuma que
desplace el anhídrido sulfuroso producto de la combustión previa del azufre. Una vez
llena, la barrica se
cierra herméticamente.
El local donde se encuentran las
barricas debe de reunir una serie de
condiciones ambientales que favorezcan una crianza homogénea y lenta. La temperatura debe
de ser estable, sin grandes oscilaciones entre invierno y verano, y relativamente baja,
entre 13 y 15 grados centígrados. La humedad debe de ser estable con valores en torno al
75% relativo.
Lo habitual es que las
barricas se coloquen unas sobre otras, en
hileras superpuestas. El vino permanece en su interior durante un primer periodo de seis
meses tras el cual se procede al trasiego a otra
barrica teniendo cuidado no mover las
impurezas depositadas en el fondo. Este proceso se realiza habitualmente con la misma
periodicidad, según el criterio del elaborador, hasta que el vino alcance las
características deseadas o de acuerdo con las especificaciones determinas por el consejo
regulador de la denominación de origen de la que se trate.
Una vez que se ha determinado el final de la permanencia en
barrica y
dependiendo del criterio y objetivos de cada elaborador, se puede proceder a la mezcla de
vinos de cualidades complementarias con el objeto de unificar calidades, tras lo cual se
procede al embotellado. El
corcho es otro elemento de gran importancia puesto que de é va
a depender en gran parte el comportamiento del vino dentro de la botella. El
corcho debe
de estar exento de olores, ser compacto y carecer de porosidades. Debe también tener unas
dimensiones determinas, la longitud suele ser de unos 44 milímetros como mínimo.
Una vez llenas, las
botellas se colocan de forma horizontal en la
bodega. Al estar en esta posición las
botellas se posibilita que el vino entre en
contacto con el
corcho manteniendo a este húmedo, hinchado y consecuentemente hermético.
El lugar donde se almacene estas
botellas debe, como el resto de la bodega, de mantener
unas condiciones ambientales estables y determinadas. No debe estar sometido a corrientes
de aire ni cambios bruscos de temperatura que be de ser relativamente baja. La humedad
oscilarán sobre el 70% relativo.
Como en el caso de la
barrica, la evolución en la
botella no es la
misma para todos los vinos y está relacionada con las sustancias que este contenga,
especialmente los fenoles,
taninos y el grado de acidez. La permanencia en la
botella le
permite al vino desarrollarse mediante la reducción por la falta de oxígeno y alcanzar
su bouquet.
Una forma de clasificar los vinos es según el tiempo de permanencia
tanto en barrica como en
botella. Así es posible establecer la siguiente clasificación:
Dependiendo
de estos periodos, las botellas de vino podrán señalar en la contraetiqueta la denominación del
vino contenido de acuerdo con la clasificación anterior. Aunque es preciso señalar, que
puede variar y de hecho así sucede según la zona vitivinícola y del consejo regulador
de
que se trate.