|
Este tipo de
vino se elabora a partir del mosto de
variedades de uvas tintas
fermentado junto con el hollejo y las pepitas de la
uva. Previamente a la
fermentación, a la masa de
uvas estrujadas debe separársele el raspón o parte leñosa,
para evitar que transmita al vino sabores herbáceos o amargos durante la maceración. A
este proceso se le conoce como despalillado.
Es importante
realizar la vendimia en el
momento adecuado de maduración de los
frutos de la vid. Habitualmente en la recogida se desechan racimos
verdes o dañados para que no afecten al sabor del vino resultante.
Los racimos de
uva
son retirados de la
vid
manualmente mediante el uso de corquetes o tijeras, o de forma mecanizada en
el caso de
viñas
emparradas en espalderas. En el caso manual suelen depositarse en grandes
cestos que tras llenarse son volcados en tractores, para trasladarlos a la
bodega. Para vinos selectos, la
uva
se recoge en pequeños cestos y se trasporta en éstos hasta la bodega, para
evitar que la
uva
se aplaste y comience su
fermentación durante el transporte, de esta forma todo el proceso
puede ser controlado en la bodega.
Una vez en la
bodega existen dos métodos de
elaboración: el
de maceración carbónica, con
uva
entera y confinada y otro en el que se elimina el raspón del racimo y se
rompe la uva antes de la fermentación por
levaduras. El primer método se emplea en los vinos que se van a
consumir como jóvenes y el segundo en aquellos vinos que se van a envejecer.
La uva no se
lava para que las
levaduras que se encuentran sobre el fruto ayuden en la
fermentación.
Se realiza con
los racimos enteros, sin tan siquiera estrujarlos y a temperaturas
relativamente elevadas.
En las
uvas
enteras en situación de ausencia de oxígeno, se produce una
fermentación intracelular, mediante fenómenos metabólicos provocados
por sus propias enzimas. La fruta respira y cede gas carbónico, al
encontrase en un entorno cerrado, este gas vuelve a ser asumido por ella y
se produciría una fermentación sin microbios (levaduras). Llega un momento
en el que la uva revienta, terminando la maceración y continuando con
fermentación por levaduras, pero en menor medida que en la elaboración de
crianzas.
Los hollejos se
mantienen junto con el mosto durante los primeros seis días de su
fermentación aproximadamente. Este vino solo mantiene sus
propiedades durante unos dos o tres años. El objetivo de
graduación de estos vinos son unos 12° y color rojo intenso. Para
conseguir estos colores se limita la producción de los viñedos a menos de 10
toneladas por hectárea. El resultado son vinos frescos y con aromas a fruta.
(Ver más de
la maceración carbónica)
Para la primera
fermentación de los vinos de crianza se separa el raspón o parte leñosa del
racimo de la
uva,
mediante una máquina llamada despalilladora. Esto se realiza para que
durante la maceración no se transmitan sabores herbáceos y amargos al mosto.
Para que la
uva
se abra, se rompe el hollejo o piel para que libere más fácilmente su jugo.
Esta operación se realiza mediante máquinas llamadas estrujadoras o
pisadoras.
Los vinos tintos sufren dos
fermentaciones. La primera de ellas es la
denominada
fermentación alcohólica
o tumultuosa.
Las
uvas
enteras (hollejo, pulpa y pepitas) se vuelcan en grandes depósitos de madera
o acero inoxidable, donde el mosto va fermentando debido a las
levaduras, transformando los azucares en
alcohol etílico y otros elementos, además de desprender anhídrido
carbónico. A su vez, al encontrarse el mosto en contacto con las partes
sólidas de la
uva,
va extrayendo de éstas el color de los denominados antocianos,
taninos, etc.
Recibe este nombre de
fermentación tumultuosa como consecuencia de la gran actividad
desarrollada por las
levaduras que al metabolizar los azúcares producen gran cantidad de gas
carbónico. Este gas empuja hacia arriba a los hollejos formando una barrera
natural denominada sombrero que debe remojarse para favorecer la disolución
de las materias colorantes
y otros elementos en el mosto.
Para ello se realiza el remontado, que consiste en extraer liquido de la
parte inferior del depósito mediante una manguera e introducirlo por la
parte superior. Además para que el sombrero no se haga excesivamente
compacto debe ser removido cada cierto tiempo. A esto último se le llama
Bazuqueo. Al tiempo, los hollejos deben removerse
periódicamente, con el mismo fin, denominándose esta operación como bazuqueo.
Dependiendo del
tipo de vino que se quiera realizar se dejará realizando este proceso más o
menos tiempo, habitualmente entre ocho y doce días a una temperatura de
entre 26 a 29ºC. Tras este se procede al descube, que consiste en trasegar
únicamente el líquido a otro depósito.
Es usual el uso
de anhídrido sulfuroso antes de iniciar la
fermentación, para anular oxidasas que son unas enzimas que
deterioran el color del vino y que se encuentran en las uvas, sobre todo si
estas tienen mohos y retirar las
levaduras salvajes presentes en la piel de la
uva,
en la denominada pruna. (Ver
más)
Tras el descube
la parte sólida que queda en los depósitos esta impregnada de mosto. Para
extraerlo se utilizan prensas, que aprietan estas masas hasta casi secarlas.
El líquido resultante denominado vino de prensa es mucho más rico en
materias colorantes
y
taninos y no debe mezclase con otros vinosr.
La pasta seca
que queda al final del prensado no se desperdicia y suele ser usado para
realizar
orujos, tratamientos en spas o la fabricación de cosméticos
Una vez obtenido el color se efectúa el descube o trasiego a otro
depósito del mosto ya separado de las materias sólidas. Es en este depósito donde el
vino se someterá a una
segunda fermentación o
fermentación maloláctica, donde el más
fuerte
ácido málico se transforma en otro más suaves y untuoso como es el
ácido láctico. Esta
segunda fermentación le proporciona al vino tinto finura y suavidad.
Una vez finalizada la
fermentación, el vino tinto es sometido a varios
trasiegos y tratamientos de filtrado, estabilización y clarificación, según vaya a ser
su destino pero tendentes en principio a lograrla limpieza del producto a embotellar.
(Ver
más)
En los vinos
nuevos se produce una clarificación espontánea, depositando en el fondo de
las cubas "las madres" (lías, fangos). Es aconsejable que estos sedimentos
no estén mucho tiempo junto al vino para ir disminuyendo la turbidez. Por
esta razón se trasiega el vino a cubas limpias frecuentemente. Este proceso
airea el vino, siendo esto conveniente al principio, para ayudar al buen
acabado de la fermentación y la estabilización del vino, permite la
evaporación de sustancias volátiles resultantes de la fermentación y de gas
carbónico.
Las cubas
suelen disminuir un poco su nivel, debido a la evaporación o la absorción
por parte de la madera, rellenándose con vino para evitar que la capa
superficial este en contacto con el aire, corriendo riesgo de picado
acético.
El trasiego
también es usado para la homogeneización de vinos entre diferente cubas,
para conseguir uniformidad.
En la limpieza
de las cubas se utiliza anhídrido sulfuroso, generalmente quemando una
pastilla de azufre de 5 g, para evitar bacterias de avinagrado y mohos.
Aunque en la
trasiega muchos elementos en suspensión son retirados del vino, otros más
ligeros no llegan a decantar por si solos. Para ello se agrega al vino
sustancias coloides de origen vegetal o animal. Antiguamente se realizaba
con sangre de animales o
claras de huevo. Actualmente suele realizarse con
gelatinas. Éstas sustancias arrastran hacia el fondo impurezas en
suspensión del vino.
El proceso de
clarificación mediante
claras de huevo consiste en añadir en cada barrica unas
claras de huevo (entre 2 y 8 por
barrica, según el vino) que previamente
habrán sido cuidadosamente separadas de la
yema del huevo y ligeramente emulsionadas. El vino es entonces "batido"
a conciencia con un
batidor,
que no es otra cosa que una gran vara que permite obtener una mezcla
perfecta del vino con la
clara de huevo. La
albúmina de la
clara de huevo al entrar en contacto con el
alcohol del vino se coagula, iniciándose así el
proceso de clarificación. Son necesarias tres semanas para obtener una
clarificación perfecta.
Este paso en
ocasiones va seguido de un filtrado, que consiste en pasar el vino por un
elemento poroso para retirar las partículas en suspensión resistentes a la
clarificación. Con esto se evitan posos en la
botella.
Una vez llegado
a este punto, el vino tinto es seleccionado por calidades y cualidades y
embotellado si se decide su comercialización como
vino joven
o pasará a las
barricas para completar los procesos de
envejecimiento y crianza.
Tras finalizar las dos
fermentaciones, el vino se almacena en
barricas de roble que aportaran sabores y
olores al vino, dependiendo del tipo (francés, americano, etc) y el nivel de
tostado que se le haya dado a la madera. En ellas se sucederán una serie de
procesos físico–químicos que irán envejeciendo el vino, estabilizando su
color y enriqueciendo sus aromas.
Las cubas suelen almacenarse apiladas en cavas
subterráneas o almacenes frescos.
En ocasiones, durante la crianza o el embotellado se
usa anhídrido sulfuroso para evitar bacterias de avinagrado.
(Ver más)
El encorchado dispersa aire en el vino, provocando un
deterioro de éste al transformar los hierros que contiene, hasta que
transcurrido un tiempo el oxígeno es asumido por el vino, encontrándose en
unos meses estabilizado de nuevo.
|