Como café se conoce a una bebida obtenida por
infusión de las semillas
árbol del café o del cafeto (Coffea), que contiene una sustancia
estimulante llamada cafeína. Por extensión, también designa el lugar de
consumo del mismo, una cafetería o bistro e incluso al mismo árbol y al todo
el proceso de cultivo, recolección y elaboración.
El café es una bebida 100% natural, y no contiene ningún
aditivo. El café es simplemente la semilla de la
planta del café (el grano del café), molido y tostado.
El café descafeinado
o libre de
cafeína es café puro, del que se ha extraído la
cafeína. El café se mantiene fresco gracias a diversas
forma de encasado, y por tanto no necesita conservantes. En el caso de que
un café contenga aditivos, la ley obliga a que se menciones en el envase.
Como en otros productos como el
vino, el
aroma desempeña un papel preponderante en el placer que de beber una
taza de
café. Este aroma es percibido por la mucosa nasal directamente, por la nariz
o retronasalmente por la faringe cuando los compuestos volátiles remontan
hacia la mucosa olfativa.
Se cuentan al menos 800 compuestos químicos en el café.
Su proporción y su naturaleza determina la especificidad del café en
cuestión. Como ejemplo, y para citar algunos compuestos mayoritarios, se
encuentra la
vainillina, el guaiacol y el 4-Ethylguaiacol (fenólicos y
especias),
el 2,3-butadion (aroma de
mantequilla), el 2-Methoxy-3-isobutylpyrazine (terroso), el methional (patata
y
azúcar)
y finalmente el 2-Furfurylthiol (aroma, simplemente, de café). Otros
compuestos proporcionan sensaciones de
avellana,
nuez,
caramelo y, de manera más sorprendente, de
seta,
carne, etc.
La mayoría de estos compuestos se deterioran con el
aire y la luz, lo que explica el consejo habitual de conservar el café
molido en un recipiente hermético al vacío, al resguardo del calor y la luz.
Conservar el café en forma de granos y molerlo en el último momento minimiza
la superficie de contacto con el aire, y en consecuencia la probabilidad de
degradación de los aromas.
A pesar de que comercialmente es la bebida número uno del mundo se estima
que un tercio de la población mundial la consume y que la mitad de la
población mundial es consumidora de
té.
En España, Portugal y Costa Rica es frecuente el consumo de
café torrefacto o
torrado, tostado en presencia de
azúcar. Suele tomarse
como desayuno o en la sobremesa después de las comidas y es una de las
bebidas sin
alcohol más socializadoras en muchos países. Existen casi tantas
formas de preparar esta bebida como consumidores, pero la más popular,
aparte de tomarlo solo, es la que lleva
leche, aunque también se le suele
añadir
crema o
nata,
leche condensada,
chocolate o algún licor. Se sirve habitualmente caliente pero también se
puede tomar frío o con hielo siendo múltiples las
recetas para la elaboración de muy diversas formas de cafés.
Su popularidad se debe básicamente a su efecto vigorizante, tonificante y
estimulante, consecuencia de la presencia de la
cafeína en aproximadamente un 0.75% al 1.5% del peso. La
cafeína actúa en este caso como estimulante y diurético actuando sobre
el sistema nervioso central, corazón, venas, arterias y riñones. Y por
supuesto el agradable sabor y extraordinario aroma sobre todo cuando se
acompaña de una agradable conversación entre amigos o como "aliado" en una
interesante tertulia.
Al café, también se le atribuye efectos afrodisíacos, cuenta la leyenda, en
un capítulo especial, que Mahoma, en una extraordinaria y apasionada clase,
enseñó las formas del amor carnal en forma consecutiva y una por una a no
menos de 40 mujeres. Para lograr tan singular proeza, se preparó tan sólo
tomando café en abundancia. Aunque con el debido respeto y con el
riesgo que ello supone pongamos en duda semejante afirmación.
El aporte energético del café es de 2 kcal por taza (tamaño típico), 1 mg.
de sodio (Na), 2 mg. de calcio (Ca), 0.1 mg de hierro (Fe), 4 mg de fósforo
(P) y 36 mg de potasio (K) estando constituida la bebida por un 98% de agua.
En muchos casos debido a que sus dosis controladas no son de efecto maligno,
se lo ha suministrado para tratar migrañas y recuperación de intoxicación
por barbitúricos.
Referente a las características sociales del café, quizás, su origen sea el
hecho de que sus frutos, las cerezas, tienen dos semillas similares, la
leyenda africana explica la idea de dos hermano nacidos del mismo tallo.
Algunas tribus al hacer un pacto de hermandad sellado con sangre, utilizan
los dos granos de un mismo fruto de café, lo humedecen con su propia sangre,
lo intercambian y mastican solemnemente quedando así consumada la unión que
obliga siempre y en cualquier circunstancia.
El vocablo café se deriva del árabe “kahwah” (cauá), llegando a
nosotros a través del vocablo turco “kahweh” (cavé), con distintas
acepciones, según los idiomas, pero conservando su raíz.
Linneo clasificó el café en la familia de las Rubiaceas. A esta familia
pertenecen también plantas como la gardenia.
Entre los científicos que han investigado las sustancias activas del café
(por ejemplo, la
cafeína), cabe citar a Hermann Emil Fischer (que recibió el Premio Nobel
de Química en 1902 por otros trabajos) y a Hermann Staudinger (Premio Nobel
de Química de 1953). Otro investigador que consiguió el Premio Nobel de
Medicina en 1950, Tadeus Reichtein, descubrió que el aroma del café está
originado por sustancias muy complejas, entre las que se encuentran
derivados del furano y pirrol y otras sustancias que contienen azufre.
Otros muchos científicos han estudiado el efecto de la
cafeína en el organismo humano.
El cultivo del árbol del café está muy desarrollado en numerosos países tropicales, en
especial Brasil, que concentra poco más de un tercio de la producción
mundial. El café es uno de los principales productos de origen agrícola
comercializados en los mercados internacionales, y a menudo supone una gran
contribución a las exportaciones de las regiones productoras.
Se produjeron un total de 6,7 millones de toneladas de café anualmente entre
los años 1998 y 2000, y se espera que se eleve la cifra a 7 millones de
toneladas anualmente en 2010.
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