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Origen |
Existen muchas versiones acerca del origen del café y existen muchas
leyendas acerca del mismo. Parece ser que el café es originario de Persia o
de Etiopía.
No se conoce exactamente el momento en el que la primera persona descubrió
los efectos de la planta del café
y preparó una bebida a partir de las
bayas,
pero se cuentan diversas historias sobre sus orígenes.
Se considera que fue el botánico alemán Léonard Rauwolf quien, por primera
vez, describió el cafeto en un
libro publicado en 1583.
Se supone que los hombres primitivos, imitadores de las costumbres de los
animales, observaron como algunas plantas los atraían. Esta sería la
justificación para que desde muy tempranas épocas de la historia, el hombre
masticaba café. Algunos frutos maduros del café son de sabor dulce y las
estimulantes que contienen generan sensación de bienestar.
Parece que las tribus africanas, que sabían del café desde la antigüedad,
molían sus granos y elaboraban una pasta utilizada para alimentar a los
animales y aumentar las fuerzas de los guerreros. Su cultivo se extendió en
primer lugar en la vecina Arabia, llevado probablemente por prisioneros de
guerra y donde se popularizó aprovechando la prohibición del alcohol
por el Islam. Yemen fue un centro de cultivo importante, desde donde se
propagó al resto del mundo árabe.
Los datos arqueológicos disponibles hoy en día sugieren que el café no fue
"domesticado" antes del siglo XV: el proceso de elaboración de la bebida,
largo y complejo, explica quizás el descubrimiento tardío de las virtudes de
las semillas del cafeto, poco atractivas inicialmente. Al comienzo se
propagó con la siembra de largas estacas plantadas en forma de arco
sembrando sus dos extremos. No se utilizaba la propagación del café mediante
las semillas. Los recientes descubrimientos (1996) de un equipo arqueológico
británico, aún por confirmar, dejan entrever la posibilidad de que el
consumo comenzara a partir del siglo XII, en Arabia.
Lo que parece ser cierto es que el café se empezó a consumir en las
altiplanicies de Abisinia, donde crecía en forma silvestre su modalidad
llamada Arábica. De Etiopía pasó a Arabia y a la India, probablemente a
través de peregrinos musulmanes que viajaban a La Meca, ya que las rutas de
peregrinación fueron al mismo tiempo, durante siglos, grandes rutas
comerciales. Pero los grandes propagadores del café fueron los holandeses,
que explotaron grandes plantaciones del mismo en sus colonias de Ceilán e
Indonesia. Ellos fueron los importadores del
cafeto y quienes lo aclimataron en los jardines botánicos de Ámsterdam,
Paris y Londres, desde donde pasó a la Guayana holandesa, al Brasil, a
Centroamérica y a otros muchos países. Gracias a lo cual en tres siglos esta
infusión ha pasado de ser casi desconocida a convertirse en una bebida
universal que Bach, Balzac, Beethoven, Goldoni, Napoleón, Rossini, Voltaire
y otros muchos personajes de la historia han consumido en grandes cantidades
y elogiado desmesuradamente.
Los árabes fueron los primeros en descubrir las virtudes y las posibilidades
económicas del café. Desarrollaron todo el proceso de cultivo y
procesamiento del café y lo guardaron como un secreto. Los Árabes también
trataron de evitar la extradición de cualquier semilla de café como sucedía
con el té o el gusano de seda en China.
El primer cultivo sistemático de café empezó en los jardines en forma de
terraza del Yemen, y con la ayuda de la peregrinación islámica a la Meca y
Medina, el uso del café se extendió al Oriente Próximo. Más tarde el cultivo
llegó hasta Arabia y Egipto, donde la costumbre de tomar café (o "Kahweh")
pronto se convirtió en hábito diario.
También es muy antigua, la costumbre de invitar a los amigos visitantes a
sembrar una planta de café, como
símbolo de buena voluntad y afecto.
Se cuenta que, alrededor del año 1000, Avicena utilizaba el café como una
medicina.
Posteriormente, en la historia encontramos a los etíopes consumiéndolo como
estimulante y disipador del sueño. Lo utilizan en muchas ocasiones, como
ejemplo en las largas ceremonias religiosas.
Muchos años después, los turcos tomaron la costumbre de beberlo, pero
tostando primero la semilla que molida la remojaban para hacer una bebida
que llamaron Kahve.
Uno de los más antiguos escritos que hace referencia al café es llamado "The
Success of Coffee" (El éxito del café), escrito por un sensible hombre
originario de la Mecca llamado Abu-Bek a principios del S.XV y fue traducido
al Francés en 1699 por Antoine de Gailland, el mismo que tradujo "Thousand
and One Arabian Nights" (Las mil y una noches).
El café comenzó a conocerse en Europa a partir de principios del siglo XVII,
y su popularidad creció con gran rapidez. Los establecimientos de café se
multiplicaron por doquier, sobre todo en Italia, Gran Bretaña, Holanda,
Francia y Alemania. A comienzos del siglo XVIII, los holandeses extendieron
el cultivo del café hasta Indonesia; los franceses llevaron algunas plantas
a Martinica, mientras que los españoles, por su parte, comenzaron a
introducir plantaciones en el Caribe, América Central y Brasil.
Referente a su origen botánico, prácticamente existe consenso científico que
sus inicios es en el noreste de Africa, en Etiopía, antiguamente denominada
Abisinia, es allí donde se han encontrado las
plantas de café silvestre más antiguas.
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Leyendas |
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En cuanto a las leyendas, la más popular, nos relata la historia de un joven
y su apuesto curandero llamado Ali, que trabajaba exitosamente en el
bullicioso mercado de Gondar. Comarca del Africa Oriental, su vida
transcurría sin contratiempos hasta que un día la princesa Jazmín, (no podía
ser otro el nombre), que era la hermosa hija del terrible Negus Neguesti,
rey de reyes, pasó por el mercado.
Lo demás es como en todas las tradicionales novelas de amor y aventuras: se
encontraron las miradas, las de Alí y Jazmín, y brotó de inmediato un
profundo y tierno sentimiento. Amor sublime, amor eterno.. Por supuesto, que
el romance duró solo hasta que el malvado rey se enteró que el plebeyo Alí,
flaco, desgarbado y sin un centavo, pretendía a su tesorito. (Al parecer en
esos tiempos la medicina no era una profesión muy lucrativa). El Negus,
ordeno atrapar al osado y lo deportó al bosque más lejano que encontraron
sus tropas y en el término de la distancia el galán estaba fuera de
circulación. El pobre Alí, abatido, comprendido, que solo consiguiendo un
regalo diferente y magnífico, tendría alguna oportunidad de reconquistar a
su amada Jazmín.
Dice la leyenda que trabajó durante tres años, día y noche, sin descansar,
buscando tan ansiada ofrenda. Para no quedarse dormido, comenzó a tomar una
infusión que había descubierto casualmente cuando unas
bayas
de un arbusto cercano cayeron en el agua donde hervían sus alimentos.
Cuando Alí estaba a punto de desfallecer, sin haber encontrado el talismán
que buscaba, y tomando el último trago de su amargo café, brotó de pronto
como una luz la gran idea. Desde hacía muchos meses tenía ante sus ojos el
regalo que buscaba, lo había tostado, disfrutado de su negra y olorosa
infusión y reconfortado con su calor interno, por supuesto estamos hablando
del Café.
Alí, llevó su regalo al sultán Negus Neguesti, y este quedó tan satisfecho
con el presente, que en recompensa le otorgó la mano de Jazmín. Los
siguientes años las pasó el rey, plácidamente, viendo jugar y crecer a sus
nietos en los regios jardines de palacio, mientras compartía con sus
numerosas esposas, Alí y Jazmín unos deliciosos cafecitos. Lo más chocante
de esta historia es que la antigua Abisinia era, y sigue siendo, un reino
cristiano, por lo que los nombres de Alí y Jazmín, muy jolivudienses,
no son creíbles teniendo además, que el Negus, también León de Judea era un
ferviente cristiano y por lo tanto solo podía tener una esposa, eso si, de
cada vez.
Según otra historia, el café tiene su origen en el siguiente episodio: un
tal Omar y a sus seguidores fueron expulsados al desierto para que murieran
de hambre. Omar hizo que sus seguidores cocieran en agua una planta
desconocida que encontró. Omar y sus seguidores no sólo no murieron sino que
experimentaron unos efectos excitantes y todos creyeron en un milagro.
Otra tradición, que viene del año 450 de nuestra era, dice que un inquieto
pastor de cabras abisinio llamado Kaldi, en la región de Kaffa (Abisinia),
observó cómo sus cabras se volvían juguetonas y alegres después de comer las
bayas
rojas de un arbusto. El pastor, al ver tanta euforia, también probó la
semilla y experimentó una sensación agradable y euforizante no habitual en
él apreciando sus cualidades energéticas. El curioso Kaldi llevó muestras de
estas bayas
y ramas al convento de Kaffa y transmitió allí el testimonio de su
experiencia al Abad del convento.
El inteligente sacerdote, de esa iglesia Cristina Ortodoxa, cuyo nombre se
desconoce; inició con Kaldi, una serie de experimentos. Entre los cuales
estuvo la preparación de una
infusión, que en las primeras pruebas fueron
calificadas de horribles, terminando todas en el fuego de una hoguera, donde los restos de la
planta y sus frutos comenzaron a desprender un aroma intenso, diferente y
muy agradable.
Este fue el inicio experimental, para intentar tostar las
bayas,
antes de preparar la
infusión. Habían descubierto el café, la bebida social
reconfortante más popular del mundo.
Hay una versión parecida que convierte en musulmán al pastor pero eso es
difícil puesto que además de lo mencionado para la leyenda anterior, Mahoma
no nació hasta el año 570.
Una cuarta leyenda sobre el café viene de Arabia. hacia el año 570 nació
Mahoma en la Meca, este extraordinario personaje, después de haber
comprendido las características del mundo terrenal y divino, meditó durante
15 años sobre las características de su pueblo y las necesidades de una
reforma religiosa y social de la nación Árabe.
Escribió el Corán, el libro sagrado de los musulmanes y atribuido por el
profeta a dios mismo. En una colección de dogmas y preceptos morales,
presentó el fundamento de la civilización musulmana, la única fuente del
derecho, la moral, la administración y la vida misma. El Corán admite la
predestinación, "Estaba escrito" dicen los musulmanes cuando les sucede una
desgracia, pero, el Corán también hace al hombre responsable de sus actos.
La obra de Mahoma le hizo ganar un gran número de discípulos, pero también
una gran cantidad de adversarios, cuando éstos fueron mas poderosas, en el
año 622 tuvo que huir, esta fuga (Hegiría) es considerada en la historia
como el principio de la era musulmán.
Estalló la gran guerra y Mahoma vencedor, hizo en 629 un viaje solemne a la
Meca, de la que se apoderó en 630. Poco a poco fueron sometiéndose todas las
tribus rebeldes y quedó fundado definitivamente el islamismo. Un día en que
Alá vio a su profeta apenado por la indolencia humana, atribulado por la
gran cantidad de tareas y problemas por resolver, le envió al arcángel
Gabriel con un regalo que lo animará y le diera consuelo, un presente "Negro
como la piedra negra de la Kaaba".
Mahoma, buscó un nombre al regalo recibido y lo llamó "Qahwa" que
significa excitante, energético, vigorizador, el café había entrado por la
puerta grande al mundo árabe.
Otra historia señala a un médico árabe llamado Rhazes, quien lo menciona
como una medicina alrededor del año 900 d. de C.
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Difusión del café en el mundo |
| En el siglo XV, los musulmanes introdujeron el café en
Persia, Egipto, África septentrional y Turquía, donde la primera
cafetería, Kiva Han, abrió en 1475 en Constantinopla, la antigua Bizancio
hoy Estambul. El
cafeto y café no eran conocidos en Europa antes de 1450. En esa fecha
se bebía café en Adén, llegando a La Meca a finales de ese siglo. En 1510
ya se encuentra en El Cairo, en 1555 en Estambul y así va avanzando en el
Mundo Islámico entre períodos de prohibición y tolerancia. Como es sabido,
los musulmanes tienen prohibido el
alcohol
y se dieron con fruición al café. Lo cierto es que, hoy por hoy, el café
se ha convertido en una bebida casi imprescindible en nuestra cultura y en
nuestras costumbres.
El café llegó a Venecia en 1615 y en 1644 un
comerciante apellidado La Roque introdujo los primeros granos en Marsella,
de donde se expande su consumo a toda Francia. A mediados del siglo XVIII
el consumo de café se ha generalizado en toda Europa y se han plantado
cafetos en los principales jardines botánicos.
El café comenzó a conquistar territorio en todo el
mundo como la bebida favorita en Europa llegando a Italia en 1645 cortesía
de el comerciante Veneciano Pietro Della Valle. Inglaterra comenzó a tomar
café en 1650 gracias a el comerciante Daniel Edwards, quien fue el primero
que abrió un establecimiento de venta de café en Inglaterra y en Europa.
Otro autor, H.J.E. Jacob, afirma que el café como
bebida en Europa comienza en Viena, en el año de 1683, con el segundo
sitio de esta ciudad por el ejercito turco bajo el mando de Kara Mustafá.
Cuando los sitiadores incapaces de conquistar la ciudad se retiran dejan
abandonados varios sacos de café que los vieneses consumen durante las
celebraciones de la victoria acompañándolo de unos bollos de pan vienés en
forma de media luna. Según esta historia, tanto el café como los
bollos pasarían a Francia llevados por el sequito de la segunda esposa de
Napoleón, la princesa austriaca María Luisa de Austria (12 de diciembre de
1791 - 17 de diciembre de 1847), hija del emperador Francisco I de
Austria. Convirtiéndose en el café aû lait o café con leche de los
franceses y los croissant. Jacob además da crédito a un héroe de la época,
Josef Koltschitzky, por abrir el primer "Café" en Septiembre 12 de 1683 en
el centro de la ciudad de Viena.
Pese a la cita anterior dicen que el café llegó a
Francia a través de el Puerto de Marsella. En 1660 algunos comerciantes de
ese puerto quienes sabían del café , sus atributos y efectos por sus
viajes alrededor del mundo, decidieron llevar unos cuantos sacos desde
Egipto y en 1661 la primera tienda de café abrió en Marsella.
También la historia señala a Soliman Aga, el embajador
de Persia en Paris durante el reinado de Luis XIV, como el primero en
introducir el café en la Monarquía y la alta sociedad Francesa.
En 1670 se abrió la primera cafetería en Berlín. En
París, el café Procope fue el primero en abrir, en 1686, inventando una
nueva forma de preparar el café: haciendo pasar agua caliente a través de
un filtro con café molido.
La primera tienda de café en Paris fue abierta al
público en 1672 por Pascal Armeniano en la tradicional avenida Saint
German. Un Siciliano de nombre Procopio abrió una tienda similar cerca,
donde se reunían alrededor del exquisito sabor del café, muchos de los
elementos más representativos de la sociedad parisina de la época. En 1689
Procopio trasladó su tienda de café a un lugar cercano al Teatro de la
Comedia Francés donde prosperó hacendose conocido en todo Paris.
A mediados del siglo XVIII todas las ciudades europeas
tenían cafeterías, y, en 1734, Johann Sebastian Bach compuso su Cantata
del café (BWV. 211).
El café cruzó el Atlántico en 1689 con la apertura del
primer establecimiento en Boston. La bebida ganó popularidad y obtuvo el
rango de bebida nacional después de que los rebeldes lanzaran al mar el
té sobretasado por la corona Británica durante el motín del
té en Boston.
Esta operación clave se preparó en la cafetería Dragón verde.
El café alcanza su completa aceptabilidad social en el
siglo XVIII. Pronto los grandes cultivos se desplazan a Ceilán e Indonesia
consolidándose posteriormente en América del Sur.
El café comenzó a cultivarse en las colonias inglesas,
en particular en Ceilán, pero las plantaciones fueron devastadas por una
enfermedad y finalmente sustituidas por plantaciones de
té. En 1696, los
holandeses lo hicieron cultivar en Indonesia y Java.
Las primeras referencias sobre la
llegada del
cafeto a América datan del siglo XVIII, tras recibir el rey Luis XIV
de Francia unas
plantas de café como regalo del municipio de Ámsterdam que se
conservaban en los invernaderos reales. Años más tarde, en 1.723, un
esqueje de una de estas plantas fue embarcada clandestinamente por el
capitán de infantería Gabriel de Clieu y Gobernador de la isla de
Martinica, con destino a América. Tras un duro y largo viaje, el cafeto
fue plantado por el propio Clieu en su jardín, obteniendo su primera
cosecha en 1.726, tres años después. Mas tarde se extendió en las cuestas del Monte Pelée en
Martinica y Santo Domingo y cincuenta años más tarde, se cuentan ya 19
millones de plantas en Martinica.
Posteriormente, los portugueses
introdujeron el cafeto en Brasil; más tarde los ingleses hicieron lo
propio en Jamaica y Cuba, y los españoles en Colombia.
En 1722 se encuentra café en Cayena y en 1730 en La
Martinica. En 1731 en Jamaica y Santo Domingo. Desde Santo Domingo el
cultivo de café se extiende al resto de los actuales países productores de
América.
La primera plantación en Brasil se estableció en 1727.
Su industria dependía de la práctica de la esclavitud que se suprimió en
1888.
Las primeras semillas de café fueron llevadas a
Colombia desde las Antillas Francesas y los primeros cultivos en pequeña
escala se registraron en los últimos tiempos coloniales, sobre todo en el
departamento del Magdalena en 1785.
Las primeras plantaciones colombianas a mediana escala
se registraron en 1808 en Cúcuta y en 1813 Ignacio Ordóñez de Lara fue el
primero en contar con una cultivo de 7.000 palos de café. En la región
colombiana del Cundinamarca fue Tyreel Moore en 1867 quien estableció los
primeros cultivos y Mariano Ospina Rodríguez en el departamento de
Antioquia. En el llamado eje cafetero colombiano en el Departamento de
Caldas los responsables fueron Eduardo Walker en jurisdicción de La Cabaña
y Antonio Pinzón en el Aguila y para 1890 el café se constituye en base de
la economía regional. En 1886 Simón López lo extendió a la ciudad de
Pereira de donde partió la expansión del cultivo a zonas del Quindío y al
Valle del Cauca.
Cuando el café alcanzó las colonias estadounidenses, no
tuvo inicialmente tanto éxito como había tenido en Europa, ya que los
colonos lo veían como un pobre sustituto del alcohol. Sin embargo, durante
la Guerra de la Independencia, la demanda de café aumentó hasta tal punto
que los distribuidores tuvieron que agrupar las escasas existencias y
subir precios drásticamente; parte de ello se debió a la disponibilidad
reducida de té de los mercaderes británicos. El consumo de café entre los
estadounidenses aumentó durante principios del siglo XIX, tras la Guerra
de 1812, que había acabado con el acceso a las importaciones de
té, y la
gran demanda durante la Guerra de la Independencia, así como muchos
adelantos en la tecnología para la elaboración de la bebida cimentó la
posición del café como un producto diario en Estados Unidos.
Según Squier, la llegada del café a Nicaragua se
produce entre 1844 y 1848, siendo el último país de Centroamérica en
iniciarse en esta actividad. Según Paul Levy, el cultivo del café se
inicia en Nicaragua en 1848 en la Hacienda "La Ceiba" en Jinotepe, cuyo
propietario es Manuel Matus.
Durante los gobiernos de Pedro Joaquín Chamorro, en
1877, y Roberto Sacasa, en 1890, se sentaron las bases para la apertura de
amplias zonas del norte del país al desarrollo cafetalero. Según Paul Levy,
en 1871 el volumen de café exportado por Nicaragua era de 11.000 quintales
(un quintal son unos 45,5 kg).
Fue en el siglo XIX, cuando
aparecen en España los primeros establecimientos dedicados a la venta de
café, concretamente en Cádiz, Madrid y Barcelona. Los más conocidos, aún
hoy en día, son el café Gijón de Madrid y el Siete Puertas de Barcelona.
En 1900 la firma "Hermanos Hill" comienza a envasar al
vacío café tostado. Este hecho precipita el fin de múltiples tostadoras
locales.
El primer
café soluble "instantáneo" data de 1901 y su
inventor es el químico americano de origen japonés Satori Kato.
En 1903 el importador alemán Ludwig Roselius ofrece un
lote de granos de café a unos investigadores que perfeccionan el proceso
de extracción de la
cafeína sin destruir el sabor. El café así preparado se introduce en
Estados Unidos bajo la marca "Sanka". El químico inglés George Constant
Washington perfeccionó el proceso y creo otro procedimiento más eficaz.
Durante la década de los 20, debido a la prohibición de
las bebidas alcohólicas, el consumo de café se disparó en los Estados
Unidos. Aunque en 1940 la prohibición había sido levantada, ese año los
Estados Unidos importaron el 70% de toda la producción mundial. Durante la
II Guerra Mundial, los soldados norteamericanos recibían café en sus
raciones de campaña junto con
leche condensada y
chocolate.
En 1938 la firma Nestlé desarrolla su producto "Nescafé"
y lo introduce en Suiza.
En 1946 el italiano Achilles Gaggia perfecciona su
máquina para producir café
expreso. La palabra "capuchino" proviene de la
semejanza entre el color de este café y el color de los hábitos de los
monjes de esa orden.
El verdadero florecimiento de los Cafés de artistas e
intelectuales tuvo lugar en el siglo XIX. |
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Prohibiciones y prejuicios |
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Los efectos del café eran tales que fue prohibido en la
llamada de imanes ortodoxos y conservadores en La Meca en 1511 y en El
Cairo en 1532, pero la popularidad del producto, en particular entre los
intelectuales, impulsó a las autoridades a cancelar el decreto. En 1583,
Léonard Rauwolf, un médico alemán llegado de vuelta de un viaje de diez
años en Oriente Medio, fue el primer occidental en describir el brebaje:
Una bebida tan negra como la tinta, útil contra numerosos males, en
particular los males de estómago. Sus consumidores lo toman por la mañana,
con toda franqueza, en una copa de
porcelana que pasa de uno a otro y de
la que cada uno toma un vaso lleno. Está formada por agua y el fruto de un
arbusto llamado bunnu. Estos comentarios llamaron la atención de
mercaderes, a los que la experiencia del comercio de las especias les
había hecho sensibles a este tipo de información.
En la Meca, el 20 de junio de 1511, el emir Khair Bey
observó a un grupo de hombres bebiendo café. Observó las características
particulares y juntó a un grupo de doctores y juristas para decidir si la
bebida se ajustaba al Corán, que prohíbe toda forma de intoxicación. Como
observa Antony Wild, es fácil olvidar que el café contiene
cafeína, una potente droga, cuya introducción necesita de un consenso
cultural, pero no de un consenso médico en Occidente. Por ello, agitados
debates acompañaron a los inicios de la introducción del café en el mundo
islámico. El entusiasmo era tal que una ley turca de la época sobre el
divorcio precisaba que una mujer puede divorciarse de su esposo si éste no
llegaba a proporcionarle una dosis diaria de café.
En 1511, Khair Bey hizo cerrar todas las cafeterías,
llevando a cabo además una campaña de desinformación contra los perjuicios
del café cuando se enteró de que las críticas contra su poder provenían de
bebedores de café. El cierre de las cafeterías causó rebeliones, lo que
incitó al gobernador de Egipto a cancelar la prohibición. El consumo de
café pudo entonces proseguir su desarrollo. En 1630 había ya un millar de
cafeterías en El Cairo. La prohibición volvió de nuevo a Europa tras la
apertura de las cafeterías y, curiosamente, por las mismas razones, es
decir, creer que la ingesta de café desarrolla el espíritu crítico,
favoreciendo probablemente los intercambios intelectuales entre
consumidores.
El café llegó a Europa alrededor del año 1600, gracias
a los mercaderes venecianos. Se aconsejó al Papa Clemente VIII prohibir el
café, pues representaba una amenaza de los infieles. Después de haberlo
probado, éste último bautizó la nueva bebida, declarando que dejar sólo a
sus infieles el placer de esta bebida sería una lástima. El café fue bien
recibido por los monjes por las mismas razones que los imanes: permite
mantenerse despierto durante mucho tiempo y mantener el espíritu limpio.
Los musulmanes, celosos de sus plantas de Coffea arábica, prohibieron su
exportación. En 1650, un peregrino musulmán, Baba Budan llegó a coger
siete plantas en la India, que plantó en Mysore, y cuyas plantas
descendientes subsisten todavía hoy.
El café resulta especialmente reprobado en la parte
protestante aunque no produciría reacciones tan ásperas como el tabaco. Ya
en 1611 algunos terratenientes alemanes pusieron en marcha el sistema de
prohibir su difusión. Estas medidas se mantienen durante al menos un siglo
en el norte y este de Alemania, hasta que Federico II de Prusia
despenaliza su uso sometiéndolo a un fuerte impuesto. El malestar ante el
café prosigue en el norte de Europa hasta bien entrado el siglo XIX.
En el sur y oeste de Europa se observa mayor
tolerancia. En los años 1650, comenzó a ser muy importado y consumido en
Inglaterra, y se comenzaron a abrir cafeterías en Oxford y Londres. La
primera cafetería en Londres se abrió en 1652.
Las cafeterías se convirtieron en lugares donde
nacieron las ideas liberales, debido a su frecuentación por parte de
filósofos y letrados, y donde se distribuían panfletos. En 1676, esta
agitación incitó al fiscal del Rey en Inglaterra a pedir el cierre de las
cafeterías, citando crímenes de ofensa contra el rey Carlos II y el reino.
Las reacciones fueron tales que el edicto de cierre debió revocarse. Los
flujos de ideas alimentadas por el café modificaron profundamente el Reino
Unido. Se contaban más de dos mil cafeterías en el año 1700. La famosa
compañía de seguros Lloyd's fue en su origen una cafetería fundada en
1688.
El café estuvo prohibido en Rusia, con penas de tortura
y mutilación, cuando la policía zarista encontraba a alguien presa de una
crisis nerviosa lo atribuía al café. |
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