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Requerimientos de clima y suelo
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C.arábica es una especie de
las tierras altas con un período de floración que es marcadamente
susceptible al exceso de tiempo lluvioso. Las plantas continúan su
desarrollo vegetativo durante la temporada seca, pero entran en plena
floración dentro de unos cuantos días o semanas después de que se ha
iniciado la temporada de lluvias. Más o menos el 60% del gasto requerido en
la producción de café, lo constituye el costo de la recolección de las
cerezas; consecuentemente, una sola cosecha anual como la que se podría
obtener en las áreas que tienen una temporada húmeda, es menos costosa para
el productor, que dos cosechas anuales en aquellas áreas que tienen dos
períodos cortos de lluvia.
El café se cultiva en lugares con una precipitación
que varía desde los 750 mm anuales (7.500 m3/ha) hasta 3000 mm
(30.000 m3/ha), si bien el mejor café se produce en aquellas
áreas que se encuentran en altitudes de 1200 a 1700 metros, donde la
precipitación pluvial anual es de 2000 a 3000 mm y la temperatura media
anual es de 16º a 22º. Pero aún más importante es la distribución de esta
precipitación en función del ciclo de la planta. Podemos decir que el
cultivo requiere una lluvia o riego abundante y uniformemente distribuida
desde comienzos de la floración hasta finales del verano para favorecer el
desarrollo del fruto y de la madera. En otoño sin embargo es conveniente un
período de sequía que induzca la floración del año siguiente.
C.canephora es nativa de
altitudes bastantes bajas y de las regiones más húmedas de la Costa
Occidental de África, lo cual debe dar cierta indicación en cuanto a sus
exigencia climáticas. El mejor
café robusta de Tanzania se produce a una elevación a una elevación de
1200 m con una lluvia anual distribuida uniformemente y de más o menos 3000
mm, con temperaturas que varían entre un mínimo de 17º C hasta un máximo de
27 ºC en el año.
El café prospera en un suelo
profundo, bien drenado, que no sea ni demasiado ligero ni demasiado pesado.
Los limos volcánicos son ideales. La reacción del suelo debe ser más bien
ácida. Una variación del pH de 4,2-5,1 se considera lo mejor para el
café arábigo en Brasil y para
café robusta en el África
Oriental.
Además, la respuesta fotosintética y
síntesis bioquímica de la planta se ve muy influida por el período climático
del año. Así los diferentes niveles de
clorofilas,
carotenóides, etc., se
ven modificados en función de las temperaturas, de la intensidad luminosa (Damatta
et al, 1997). |
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Cultivo
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Aparte de las diferencias en los
sistemas de poda que se discutirán más tarde, el cultivo del
café arábigo y
robusta, sigue el mismo
patrón general en la mayoría de las áreas donde se le cultiva.
El café se propaga en gran escala por medio de
plantas obtenidas de semilla, o vegetativamente, por medio de injertos o
estacas.
Para el caso de la utilización de semillas existen
algunos datos sobre el adecuado almacenamiento de las mismas para impedir su
deterioro. Así para C.arábica el almacenamiento bajo aire seco de
las mismas se hace a unas temperaturas de 10 ºC con un contenido de humedad
del 10-11% (Hong y Ellis, 1992).
El sistema actual de propagar el café por medio de
plantas obtenidas de semilla en las plantaciones cafetaleras, incluye el
sembrar las semillas en almácigos especiales, donde las plantitas serán
cuidadas hasta que se les trasplante en el campo. El vivero es una
plantación típica; está situado en el mejor terreno disponible. Si es
posible se utiliza tierra virgen para minimizar las enfermedades. Cada
almácigo se prepara para ser el sostén del vivero limpiándolo de piedras,
nivelándolo, etc. Además se sitúa bajo una ligera sombra de hojas de palma o
tira de bambú. Dentro del almácigo se disponen hileras espaciadas unos 15 cm,
a lo largo de los surcos. El material de siembra se selecciona
cuidadosamente en cuanto a su adaptabilidad a las condiciones locales lo
mismo que por su capacidad de alto rendimiento, resistencia a las
enfermedades y demás criterios. Cuando las plantas alcanzan una altura de 15
a 20 cm, o sea aproximadamente de seis a ocho meses después de la siembra,
los arbolitos están listos para su trasplante.
Cuando la propagación es por estaquillado se pueden
utilizar auxinas, IBA y/o NAA para fomentar la aparición de raíces. Las
concentraciones recomendadas oscilan entre los 200 ppm de NAA junto con
Boron, o la combinación de IBA y NAA a 200 ppm más Boron (Ono et al,
1994).
Los arbustos de cafeto son intolerantes a la
perturbación de sus raíces por lo que se les debe trasplantar con cuidado.
Además, estudios recientes sobre la influencia del sustrato utilizado en los
viveros, así como el grado de micorrizas asociadas a las plántulas de café,
influye notablemente en el éxito del trasplante. Se ha demostrado la
importancia de la calidad de la mezcla del suelo, el estado de micorrización
por hongos y las condiciones del suelo tras el trasplante. Dichas
condiciones pueden acelerar o retrasar el proceso de adaptación al nuevo
medio de cultivo de las jóvenes plantas de café (Siqueira et al,
1995).
Las plantaciones clonales de café se obtienen ya sea
injertando las plantas de semilla por hendidura en los viveros, o sembrando
las plantas por semilla en maceta, o por medio de estacas. A las plantas
obtenidas de semilla que se han de utilizar como patrones se les permite que
crezcan hasta el grosor de un lápiz, antes de que se les corte. Las varetas
de yema para injertos siempre se toman de las ramas erectas. Cuando las
yemas han crecido hasta 15 a 20 cm, 12 a 18 meses después de la siembra, los
cafetos se sacan del campo. Las estacas también se pueden enraizar y
utilizarse como patrones, pero la práctica general consiste en tomar varetas
del clon que se desee en el campo. El porcentaje que vive ha sido
satisfactorio, en aquellos lugares en donde se han usado las hormonas
inductoras del enraizado, en el material de propagación con madera
suave. Los estacados también se pueden enraizar sin gran dificultad, en las
camas de propagación bajo rocío. Todos los métodos de propagación vegetativa
son mucho más costosos que el uso de semillas, por lo tanto rara vez se les
utiliza cuando se deben plantar áreas extensas.
Los cafetos jóvenes deben tener sombra continua
desde la época en que se les trasplante, consecuentemente, resulta necesario
trasplantar los árboles de sombra con uno o dos años de anticipación. El
espaciado que se da a los cafetos se determina principalmente por la altitud
de la plantación. La distancia comúnmente usada en la siembra del café
arábigo es de 2,0 x 2,5 m, lo cual da mas o menos 2,000 árboles por ha. Otro
método de siembra consiste en el doble trasplante al principio. Después los
árboles alternos se eliminan cuando empiezan a resultar demasiado
aglomerados y los rendimientos empiezan a bajar.
La densidad de plantación influye, según estudios
recientes, en las propiedades físico – químicas del suelo modificándolas en
gran medida. Así al aumentar esta densidad, se incrementa el pH del suelo,
el Ca, Mg y K intercambiables, el P y carbón orgánicos disponibles, y se
reduce el Al disponible. Incrementando la superficie cubierta por los
árboles, decrece la erosión del suelo por las lluvias, disminuye el
lixiviado de nutrientes, y en general, el ciclo de nutrientes en el suelo se
ve favorecido, afectando todo ello al mejor manejo de la plantación (Pavan
et al, 1996).
Si bien todavía existe alguna discusión entre los
expertos sobre la necesidad de la sombra para el cultivo del café, es
preciso indicar que la tendencia moderna es hacia la no utilización de
plantas de sombra, y la inmensa mayoría de las nuevas plantaciones son
efectuadas sin esta. Es un hecho comprobado que el café produce
invariablemente mayores rendimientos sin plantas de sombra. Hay que hacer
notar, por otra parte, que en el caso particular de utilizar plantas de
sombra tendrían que:
a) ser productivas
b) poseer similares necesidades de agua y nutrientes ya que de otro modo se
originaría un desequilibrio entre el café y estas plantas.
En el caso de utilizar sombra debemos anotar que, en
general, el café necesita menos sombra cuando el suelo es mejor y cuando la
humedad del aire es más alta. El efecto de la sombra es indirecto, pero está
de acuerdo con el comportamiento ecológico de las plantas de café. Por esta
razón es necesario que la poda de los árboles de sombra, en aquellas
regiones en donde las condiciones del tiempo cambian apreciablemente a
través del año, se regule de tal manera que haya más sombra durante los
meses secos y menos durante aquellos meses más húmedos. Esto generalmente
significa que la operación de la poda siempre se debe llevar a cabo varias
veces al año. En una buena finca cafetalera la primera poda o sea la poda
principal, se puede dar al principio de la temporada húmeda, con ligeras
podas posteriores de acuerdo con la intensidad de la lluvia y tomando en
consideración los nublados imperantes.
Las plantaciones de café arábigo en elevaciones
altas invariablemente requieren menos sombra que las que se sitúan más
abajo. De hecho, se pueden obtener regularmente buenos rendimientos de café
en suelos ricos que se encuentren en altitudes elevadas sin sombra, excepto
en los lugares donde existe la posibilidad de las heladas, en cuyo caso
resulta necesaria una cubierta protectora relativamente densa.
Una revisión del aspecto de la sombra del café
revela que no hay base razonable o hecho observado para la creencia de que
la sombra es una necesidad general para la planta de café, aun cuando se le
cultive en altitudes bajas. Por el contrario, es probable que los efectos
benéficos que resultan de la sombra estén aparte de la sombra proyectada
sobre el árbol de café mismo, sino que más bien consisten en una protección
contra la sequía, la erosión y el viento. La plantación de árboles de sombra
en aquellas regiones en que los árboles de café no están sujetos a
condiciones climáticas perjudiciales, está justificada por la fertilidad
aumentada impartida al suelo por medio de los procesos de fijación del
nitrógeno llevados a cabo por los nódulos de las raíces de los árboles
leguminosos generalmente plantados.
El espaciado y la cantidad de poda dada a los
árboles de sombra en las plantaciones de café, depende en particular de la
especie y de la localidad consideradas. Generalmente los árboles más grandes
se deben espaciar a una distancia de 10 a 12 m, mientras que los más
pequeños, como Leucaena, se siembran mucho más cerca. Donde se
necesita la protección del viento, se pueden plantar setos vivos.
El problema más difícil en el cultivo del café,
especialmente en las regiones tropicales de de las tierras altas, es la
conservación del suelo. Es esencial al establecer una plantación de café,
proteger al suelo de la acción erosiva de las lluvias tropicales,
torrenciales, tan pronto como se realice el desmonte. En las áreas
montañosas y en las pendientes más inclinadas, se pueden plantar a lo largo
de los contornos, setos vivos de Leucaena. El deshierbe selectivo,
eliminando aquellas plantas que pueden competir con los árboles de café
junto con los arbustos leguminosos de crecimiento erecto, y/o las hierbas
para enriquecer y proteger al suelo, se pueden utilizar con ventaja en las
pendientes más inclinadas.
El mantenimiento de las reservas adecuadas de
humedad del suelo, es importante para el bien del café. En tanto que es
benéfico, desde el punto de vista de la floración y la cosecha, que las
capas superficiales del suelo se sequen hasta cierto grdo antes de la
presencia de la temporada lluviosa, al mismo tiempo las raíces más
profundas, buscadoras de humedad, que algunas veces penetran a profundidades
de 4 a 5 cm, deben abastecerse con una cantidad de agua.
Está demostrado que los fertilizantes son
absolutamente necesarios en los cultivos de cafetos al sol en los suelos de
todo el mundo pero especialmente en aquellos de fertilidad media–baja. En
los últimos años han aparecido en el comercio fertilizantes líquidos o
fertilizantes foliares que, aplicados por aspersión a las hojas de las
plantas, le suministran los nutrientes complementarios, igual como lo hacen
los fertilizantes sólidos aplicados al suelo.
La fertilización foliar tiene innegables ventajas
sobre la aplicación de fertilizante al suelo. La principal ventaja es que el
fertilizante aplicado a las hojas es absorbido en una elevada proporción, no
inferior al 90%. Por el contrario los fertilizantes aplicados al suelo se
pierden en un 50% o más, por diferentes motivos. Otras ventajas de la
fertilización foliar es que se pueden aplicar funguicidas en la misma
solución. Al mismo tiempo que nutrimos estamos controlando las enfermedades.
Así por ejemplo, aplicaciones de uno por ciento de urea y de medio por
ciento de Manzate, u otro funguicida similar, en aspersiones quincenales en
almácigos o siembras recientes en el campo, para la fertilización
nitrogenada y al mismo tiempo el control de la mancha de hierro, enfermedad
fungosa de gran difusión en las plantaciones de cafetos al sol.
Otra ventaja de la fertilización foliar es la
aplicación por este medio, de micronutrientes o elementos menores cuando se
comprueba que hay deficiencia de ellos. Así se recomiendan dos aspersiones
de bórax
al 1 por ciento, al año, cuando se presentan deficiencias de boro, o
aplicación de 20 gramos de
bórax
al suelo, por cafeto.
Como desventajas de la fertilización foliar se
apuntan un mayor número de tratamientos o fertilizaciones para asegurar un
suministro suficiente de nutrientes a la planta. Finalmente, según en base a
estudios de costos y a pesar de las ventajas antes citadas, parece que el
empleo de fertilización foliar en cafetales en producción no es recomendable
pues comparando la efectividad entre la aplicación al suelo y la aspersión
foliar, con el alto costo de los fertilizantes foliares, ésta es una
práctica totalmente antieconómica en aquellos lugares donde los precios de
dichos productos sean elevados.
Ocasionalmente se pueden presentar deficiencias en
boro, calcio, magnesio, nitrógeno, fósforo , potasio y cinc. Sirva como
ejemplo el caso del calcio cuya deficiencia tiene una gran importancia sobre
la eficiencia fotoquímica, teniendo una gran importancia en la
estabilización de la
clorofila (Ramalho et al, 1995).
Además se ha demostrado que existe una relación muy
estrecha entre la capacidad de adaptación de los cafetos a producir con
menos sombra si los cultivos disponen de niveles adecuados de nitrógeno. La
facilidad con la que se produce la transición de plantación con sombra a
otra sin árboles de sombreo dependerá en gran medida de la calidad de la
fertilización nitrogenada (Fahl et al, 1994). Otros ensayos sobre
el efecto de la radiación directa sobre cultivos de café muestra que los
daños que se producen, cuando las plantas son sensibles a su cultivo en
dichas condiciones, son menores cuando se les aplica una adecuada
fertilización nitrogenada (Nunes et al, 1993).
Existen dos aspectos principales que hay que tomar
en consideración en cuanto a la poda del café: primero, la formación de los
árboles jóvenes para construir una estructura vigorosa y bien balanceada con
buenas ramas de fructificación, y segundo, el rejuvenecimiento periódico de
la ramas de fructificación, a medida que envejecen y dejan de producir.
La formación se empieza poco después de que las
plantas obtenidas de semilla o las clonales, se trasplantan en el campo. Con
el café arábigo existen dos tipos de formación, como árboles de un solo
tallo o como árboles de tallos múltiples. Un sistema mixto permite que
crezca un solo tallo principal hasta una altura de 1,35 a 1,50 m, altura a
la cual se poda para evitar su posterior extensión hacia arriba. Las ramas
secundarias y terciarias que empiezan desde el tallo principal y las ramas
principales laterales se podan para proporcionar el espaciado uniforme y
para que la luz llegue a toda la superficie productora.
El método general más usado para la formación del
café en África y en todo el resto del mundo es uno de los sistemas de tallo
múltiple. Casi cada país ha desarrollado una o más variantes sobre dos
patrones generales. Los árboles se pueden cortar cuando tienen más o menos
30 cm de altura, de nuevo a una altura mayor, de tal manera que haya de 3 a
4 tallos erectos de aproximadamente igual tamaño y fuerza formando la
estructura básica del árbol. Los otros dos sistemas generales consisten en
doblar la punta del tallo hasta que crezcan ramas erectas y el tallo
principal haya crecido lo suficiente para retener su forma doblada. Se
retienen de dos, tres o cuatro de las mejores ramas rectas, y el resto se
corta. La punta de la guía principal se puede cortar o se puede dejar
crecer. en el invernadero es una práctica común el sembrar las semillas
cerca para que las plantas crezcan altas y delgadas. Los mejores árboles se
producen si las plantas con más o menos seis pares de hojas se doblan.
Tanto con el sistema de formación de un solo tallo o
uno múltiple, es necesario el rejuvenecimiento periódico de los árboles,
para mantenerlos en condiciones de producción vigorosa.
La mejor época del año para podar a los árboles de
café es poco después de la cosecha, puesto que la mano de obra es abundante
entonces y las plantas así tienen tiempo de recuperarse antes de la
siguiente temporada de floración. |
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Recolección
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La época de recolección varía en función de la proximidad
del país productor a los trópicos. Entre octubre y febrero se recoge en los
países cercanos al Trópico de Cáncer, y de mayo a julio en los más próximos
al de Capricornio; en ambos casos coincidiendo con las épocas de lluvias.
Cada ciclo de maduración proporciona de medio a un
kilogramo de café tostado, aunque alguna variedad puede llegar a los dos
kilogramos.
Cuando los frutos llegan a la
madurez, de 6 a 8 meses después de la floración para el
arábica, de 9 a 11 meses para
el robusta, puede comenzar la
cosecha del café. Se emplean dos métodos: la recolección o el despalillado.
La recolección consiste en recoger
manualmente sólo las cerezas maduras en su punto. Es la técnica más costosa,
que obliga a pasar durante días varias veces sin interrupción por el mismo
arbusto pero que obtiene las mejores calidades de café. El despalillado
consiste en raspar la rama de las cerezas. Este método puede ser mecanizado.
Se recoge por esta técnica expeditiva una mezcla heterogénea de cerezas más
o menos maduras, y es el origen de cafés más ácidos debido a los frutos aún
verdes. Donde hay disponible suficiente mano de obra y se desea café de
calidad selecta, los árboles se recolectan varias veces, recogiéndose solo
las bayas
plenamente maduras. Desafortunadamente el
café arábigo y, en cierto
grado el robusta, tienen la
desventaja de tirar su fruta después de que ha madurado más allá de cierto
punto.
La temporada en la cual las
bayas
de café maduran y están listas para la cosecha varía de acuerdo con las
condiciones del clima y el suelo, con las prácticas de cultivo y, por
supuesto, con la especie. Donde existe un solo período seco más o menos bien
definido, el café puede madurar como una sola cosecha; si la temporada de
lluvias está bastante bien distribuida, pueden madurar de dos a tres
cosechas con intervalos durante el año. La temporada puede extenderse de
desde unas cuantas semanas a varios meses, aun dentro de un medio ambiente
ideal para el cultivo del café.
La calidad comercial de los granos
de café resulta profundamente influida por la forma en que se cosechan y
benefician los frutos. Mientras más maduros sean los frutos cuando se
recolectan, más elevado será el grado del grano. En forma ideal, las
bayas
de café se deban cosechar cuando están de color rojo oscuro, sin vestigio
alguno de restos verdes.
Los rendimientos varían según los
países, entre los 2400 y los 21500 kg de café de
baya
por hectárea.
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Mejora y selección
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| El mejoramiento y la
selección del café han proseguido en dos cauces principales: Uno, ha sido la
selección de razas locales sobresalientes, en los diversos países donde el
café se cultiva; el otro, el mejoramiento del café arábigo y las otras
especies. Hasta años muy
recientes, el café arábigo ha
sido considerado como una cosecha uniforme. Realmente muestra variación
menos obvia de árbol a árbol que el
cacao, el
té y aun otras especies de
café, presumiblemente como resultado de su origen tan restringido del
material cultivado de plantación. Gran parte del café arábigo que existe
ahora en el Nuevo Mundo tuvo su origen en un pequeño envío de Java a las
Indias Occidentales, más o menos en 1714. Un cuidadoso examen de los árboles
que crecen en las diversas áreas cafetaleras ha revelado, sin embargo, la
existencia de numerosos tipos locales. La selección de árboles maternos
sobresalientes entre la multitud de ecotipos existentes, ha proporcionado el
volumen general de material para siembra en Kenya, Tanganyka, la India, los
países centroamericanos, México, Colombia y Brasil, entre otros. Algunas de
estas razas han recibido nombres de variedad por un período de años.,
Algunas, como el café Kilimanjaro, no son razas aisladas, sino mezclas que
incluyen selecciones y sus mutantes locales. A pesar del éxito que han
tenido éstas en las localidades en que fueron originadas, muchas de ellas
demostraron que constituyen una falla cuando se les importa a otras regiones
que difieren en cuanto a las condiciones de suelo y clima.
Mientras que las investigaciones
sobre mejoramiento y selección del café en los trópicos americanos y en
África Oriental, se han concentrado principalmente en la selección de
variedades que tienen mayor capacidad de producción, también se ha
reconocido que las selecciones por si solas alcanzan pronto los límites
fijados por las cualidades inherentes del material de siembra, se han
obtenido resultados favorables en los cruces entre las variedades del
café arábigo, lo mismo que en
los cruces que incluyen otras especies. En aquellas áreas donde prevalece la
roya de la hoja por hemileia, se han llevado a cabo durante muchos años
trabajos genéticos para combinar la resistencia a la enfermedad, con los
altos rendimientos y la calidad del grano. Las variedades de
C. canephora,
C. liberica, las especies
estrechamente relacionadas con la primera y
C. congensis
se han seleccionado o se están investigando en el Lejano Oriente por su
resistencia a la enfermedad. En Java,
C. liberica y sus híbridos
con C. arábica han
demostrado, en general, que son demasiado susceptibles y que producen granos
de calidad demasiado baja, como para competir exitosamente con el café
robusta y sus híbridos. Se han desarrollado muchos buenos clones de café
robusta y se continuarán cultivando por algún tiempo en Indonesia, pero los
genetistas han obtenido sus mejores selecciones de híbridos en los últimos
años. C.
congensis y sus híbridos con
C. arábica pueden llegar a obtener importancia comercial en el futuro,
por su gran resistencia a la enfermedad por hemileia.
Se deben establecer unas cuantas
reglas generales en relación con la selección de las variedades de café,
puesto que el diseño de los. experimentos actuales depende fundamentalmente
del objetivo particular que se persigue, ya sea que se trate de la
resistencias la enfermedad, pruebas de patrones, resistencia, mayores
rendimientos, o una combinación de todos ellos. Sin embargo, entre los
factores que se deben considerar están la localización de los lotes
experimentales tomando en cuenta que sean representativos de las condiciones
locales o regionales del suelo y las prácticas de su manejo, el tipo y la
calidad de sombra, la distribución de la lluvia, y exigencias análogas.
Debido a la experiencia anterior, sé ha encontrado como esencial en los
experimentos de mejoramiento del café, que el proceso de selección se debe
llevar a cabo desde que las plantas se trasplantan en el campo, lo mismo que
los primeros rendimientos con fines comparativos, son tan importantes como
los del quinto o del décimo quinto año.
Un aspecto necesario en los
programas de mejoramiento y selección llevados a cabo en las diversas áreas
cafetaleras, ha sido el desarrollo de métodos de propagación vegetativa, por
medio de los cuales los cuales se puede preservar la identidad del material
de siembra de calidad superior. Aunque constituye una innovación,
relativamente reciente, en algunas partes, la propagación vegetativa fue
empleada en Java durante la mitad del pasado siglo, con los intentos
controlar las infestaciones de nemátodos en las raíces de las plantas de
semilla de café arábigo. Las variedades susceptibles a ellos se injertaron
de hendidura en patrones resistentes obtenidos de semillas. Después de la
invasión de la roya de la hoja por hemileia en 1880 - 1905, los híbridos
ocasionales que permanecieron en las plantaciones abandonadas de
C. arábica, se perpetuaron
por el mismo método. Más tarde, las plantaciones antiguas de
C. liberica fueron
injertadas para obtener mejor calidad y mayor resistencia con las variedades
de C.canephora. durante el
curso del cambio de café robusta,
varios investigadores encontraron sin embargo, que la autoesterilidad tenía
como consecuencia que surgieran grandes plantaciones monoclonales de los
tipos robusta no
aconsejables. También en Java se han reunido datos considerables en relación
con las interacciones patrón – yema, siendo incompatibles ciertas
combinaciones.
El café posee un hábito de
crecimiento dimórfico, de donde resulta que sólo se pueden usar normalmente
como yemas las de los brotes erectos u ortotríficos, pues de otra manera los
arbustos dejarían caer sus ramas al suelo y no tendrían valor. En la forma
usual de injerto de hendidura practicado en las plantaciones de café, las
yemas se insertan en las plantas de semilla, cortados a unos cuantos
centímetros arriba del nivel del suelo o en los brotes podados que crecían
en los tocones de los árboles antiguos. Las plantas resultantes tendrán el
hábito erecto de su clon progenitor. Poco después de la II Guerra Mundial se
desarrolló un método de injerto en hendidura para ramas reproductivas, en el
cual a los patrones obtenidos de semilla, en vez de cortarse cerca del
suelo, se les permitió crecer hasta una altura de 2,5 a 3 m o más. Entonces
se insertaron las yemas más o menos de 2 a 2,5 m arriba del suelo, para
desarrollar un árbol de tipo sauce llorón, pero que se puede pizcar
fácilmente. Las siembras experimentales con los dos tipos, erecto y llorón,
han probado poseer mucha más superficie reproductiva en hileras alternas y,
por lo tanto, han dado rendimientos muy aumentados, en comparación, con las
siembras del tipo común erecto. Las ramas erectas del café enraízan
fácilmente como estacas o acodos y cualquiera de estos métodos es más barato
que el injerto, en aquellas áreas donde no son esenciales los patrones
resistentes.
Los mejoradores del café han llegado
a reconocer la vital importancia de probar tanto la descendencia
reproductiva vegetativa como los que se hacen generativamente de las razas
que ellos desarrollan; primero, para asegurar su compatibilidad con varios
patrones cuando se les prueba como injertos y la resistencia de las plantas
de semilla, estacas, o acodos a los microorganismos que prosperan en el
suelo y, segundo, para determinar su variabilidad cuando se les poliniza en
condiciones controladas, generalmente la autopolinización era el caso del
café arábigo. La descendencia generativa de variedades seleccionadas, pueden
mostrar variaciones de árbol a. árbol; mientras que los clones
correspondientes pueden, por supuesto, ser uniformes. Las plantas de semilla
pueden aún ser más convenientes en la mayoría de los casos por su mayor
disponibilidad y el menor costo del material de propagación, mientras sus
rendimientos promedio sean más elevados que el de las variedades sin
seleccionar. En muchos países se sabe que sólo más o menos una cuarta parte
de los árboles sostienen, casi, la producción. Esto significa que la
selección de semillas de árboles sobresalientes, sin recurrir a la selección
clonal y mejoramiento, pueden producir un inmediato aumento en los promedios
de rendimiento.
Los materiales de siembra mejorados
no pueden resolver por sí solos el problema de aumentar la producción en
muchas áreas. Se debe dar mayor atención a los problemas de la nutrición, la
erosión del suelo y otras medidas de cultivo. El bajo promedio de producción
de muchos países, aun ahora, no se debe exclusivamente al resultado de
variedades de bajo rendimiento. La falta de lluvia, las temperaturas
demasiado bajas o demasiado altas, la continua negligencia en relación con
la fertilidad del suelo, la competencia de sombra y la poda mal hecha, entre
otras, han contribuido a mantener bajos los rendimientos. El café tiene un
sistema radicular bastante profundo, pero sus raíces alimenticias se
encuentran en las capas superiores del suelo. Es un gran consumidor de
alimentos y no puede producir rendimientos máximos de los cuales es capaz, a
menos que existan y estén disponibles amplios abastecimientos de los
nutrientes esenciales para la planta. Bajo circunstancias ideales, un cafeto
puede fructificar principalmente en la madera más antigua. Bajo condiciones
menos favorables, puede producir la mayor parte de su fruto en las ramas
verdes jóvenes, en cuyo caso el árbol pronto extingue sus reservas de
alimento. Para mantener los rendimientos en árboles sanos año tras año, es
necesario el rejuvenecimiento continuo por medio de la poda. Si son portadas
cosechas muy fuertes, entonces se debe realizar una operación de
rehabilitación más drástica, con la consiguiente pérdida de producción al
año siguiente. Es bastante común en aquellas áreas donde existen condiciones
menos ideales que los árboles produzcan en años alternos, o aun cada tercer
año, a menos que esta tendencia sea contrarrestada por una poda apropiada. |
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Plagas y
enfermedades
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| Muchos esfuerzos se han
realizado en el sentido de introducir las técnicas agronómicas que
comprenden el control de malezas, plagas y enfermedades. Actualmente se
dispone de paquetes tecnológicos que permiten minimizar los efectos de estos
factores limitantes en la producción. Los efectos de las malezas son bien
conocidos por los caficultores, quienes se limitan en su mayoría a efectuar
dos paleos anuales. Con el creciente costo y escasez de la mano de obra, es
necesario buscar la alternativa más económica y la que cause el menor daño a
las condiciones ambientales.
La incidencia de plagas en el cafeto es muy variada,
las palomillas, escamas y nematodos atacan el sistema radical; los
cortadores y taladradores, el tallo y las ramas; los cortadores y
chupadores, las hojas y la broca, algunos frutos.
Estas plagas presentan muchos rangos
de variación. Por ejemplo, el minador de la hoja es más común en la época de
sequía, mientras que los cóccidos radicales lo son en la época de lluvias.
La edad de la planta tiene su influencia, las plantas jóvenes posiblemente
son más susceptibles a las escamas que las adultas. Otra relación son las
características varietales; así, los
arábicos compactos son más
susceptibles a las escamas, áfidos, palomillas y nematodos, mientras que
Canephora ha demostrado
cierta tolerancia a plagas del sistema radical.
La amenaza de la broca demandará una
mayor eficiencia y tecnificación de las plantaciones, haciendo que el
cultivo sea más rentable, de tal manera que permita cubrir los gastos
ocasionados por el control fitosanitario.
Dentro del problema enfermedades,
las más importantes por la severidad de las infecciones son: la roya,
cercospora, llaga negra, antracnosis, phoma, y otras como ojo de gallo y mal
de hilachas que están ligadas a las condiciones ambientales. Recientemente
fue señalada la mancha rosada.
Conviene indicar que el uso de
productos químicos en los controles fitosanitarios rompe el equilibrio
biológico del medio ambiente. Existen microorganismos e insectos benéficos
que contribuyen al control natural, procurando hacer un uso mínimo de
productos químicos.
Escamas
Escama verde (Coccus viridis
Green); escama coma (Lepidosaphes beckii); escama globosa (Saissetia
hemisphaerica); escama algodonosa (Icerya purchasi); chinche
harinosa (Pseudococcus sp.).
Control: aplicar los siguientes
productos: Lebaycid: 2 cc/l de agua; Dimecroa: 1 cc/l de agua; Basudín: 1 cc/l
de agua.
Cortador o rosquillo
Feltia sp.); Agrotis repleta; Laphyma
frugiperda; Prodenia eridania y P. latisfalcia.
Control: para la preparación de cebos envenenados:
mezcle 60 kg de afredo, 15 l de agua, 1 l de insecticida y 2 kg de
melaza.
Bachacos (Atta sp.)
Control: use A.C. Mirex (cebo envenenado), producto
listo para aplicar en dosis de 25 a 250 g por bachaquero. Se esparce por los
caminos más transitados por los bachacos.
Palomillas
Atacan con preferencia las raíces de los cafetos y
también las de los guamos, cambures, crotolarias, quinchoncho y malezas. Son
insectos chupadores de poca movilidad que viven en simbiosis con las
hormigas. Las palomillas pueden causar la muerte a los cafetos.
Control: colocar pastillas de fosfuro de aluminio,
bajo nombres comerciales de Gastión y Phostoxín. Las pastillas se introducen
en orificios de 10 a 30 cm de profundidad, según el tamaño de los cafetos y
en las cercanías de las raíces se aplican de una a cuatro pastillas.
También se pueden aplicar los insecticidas
siguientes: Lebaycid EC 2,5 cc/l de agua; Nuvacrón 60 EC 2,5 cc/l de agua;
Basudín 1 cc/l de agua, en la base de la planta o en sus alrededores,
palanqueando para favorecer la penetración del insecticida (aplicar 2 l de
solución por hoyo).
Los productos aplicados en el platón pueden ser:
Furadán (5 g/hoyo) y Temik 1026 (20 g/hoyo).
Nematodos
Están diseminados en todas las zonas cafetaleras, su
propagación está relacionada con el uso de materiales infestados. Algunas
especies de Meloidogyne han sido citadas como patógenos sobre
cafetales (Carneiro et al, 1996; Zhang, 1995).
Control: en plantaciones adultas debe efectuarse el
platoneo para la aplicación de nematicidas. Las aplicaciones se hacen dos
veces al año (abril-mayo), con uno de los siguientes nematicidas: Furadán 10
G, en dosis de 5 a 15 g/hoyo y Temick 10 G, a razón de 5 a 15 g/hoyo.
Minador (Perileucoptera coffeela
Green)
Es la larva de una mariposa pequeña que ataca la
hoja en la cual hace galerías o minas. La plaga es mucho más dañina a plena
exposición solar, en zonas por debajo de 1.000 msnm y en época de verano.
Las continuas aplicaciones de productos cúpricos han
producido condiciones favorables para los ataques del minador.
Control: se hacen aplicaciones de 300 l/ha, usando
asperjadora de espalda, usando los siguientes productos comerciales:
Lebaycid 50% CE, de 0,8 a 1,2 l/ha; Lorban 4E. LE, de 1,0 a 1,5 l/ha;
Dimethoato 40% CE, de 0,8 a 1,2 l/ha; Bidrín 50 S. LE, de 1,0 a 1,5 l/ha;
Cyolane 250 ELE, de 1,0 a 1,5 l/ha; Belmark 200 cc en 300 l/ha; Decis 2,5
CE, de 200 cc en 300 l/hectárea.
Los insecticidas granulados Furadán 5% y Temik
aplicados al suelo en el platón, en dosis de 20 a 40 g, han dado buenos
resultados. Las dosis varían según la edad de la planta.
Roya del cafeto
(Hemileia vastatrix Berk & Br.)
Esta enfermedad se caracteriza por producir manchas
en las hojas, las cuales se tornan de color amarillo, anaranjado y por
debajo de ellas se observa un polvillo de color naranja, que es el síntoma
característico de la enfermedad.
Control: para combatir esta enfermedad se usa
control químico, efectuando de tres a cinco aplicaciones a partir de la
entrada de lluvias, con intervalos de 30 días. Se realizan aspersiones con
productos que tienen como base oxicloruro de cobre 50%, en dosis de 3 kg/ha,
con volumen de 300 a 400 l de agua. También se usan los fungicidas basados
en óxido cuproso y otros como el
caldo bordelés y el caldo vicosa.
Algunos ensayos de campo confirman que las
aplicaciones con fungicidas a base de cobre pueden tener un efecto tónico
sobre el cultivo, tornándose las hojas de un color verde oscuro cuando las
plantas están todavía en el estado juvenil. Sin embargo un aplicación
excesiva de estos compuestos puede tener efecto depresivos en el desarrollo
radicular de los jóvenes cafetos (Pavan et al, 1995). Además parece
demostrado que la acumulación de cobre en el suelo debida a las continuas
aplicaciones, afecta profundamente al mismo de manera que el proceso de
mineralización de la materia orgánica se ve reducido, y en consecuencia,
aumenta el carbón orgánico, Ca, Mg y el pH del suelo, disminuyendo los
niveles de Al y P (Pavan et al, 1994).
También se puede controlar con aplicaciones al suelo
de productos cúpricos más orgánicos como los ditiocarbomatos, alternados o
en mezclas, igualmente fungicidas sistémicos: triadimefon (Bayletón) 25% PM;
triadimenol (Bafidan); propiconazol (Tilt) y granulados como Triadifon,
Triadáimenol.
Cercospora (Cercospora coffeicola)
Es una enfermedad de amplia distribución en todas
las zonas cafetaleras que afecta hojas, granos sobre plantas de todas las
edades, con mayor incidencia en viveros y plantaciones sin fertilizar. En
plantas afectadas causa defoliación y disminución notable y pérdida de la
calidad del grano.
Control: como prevención es obligante el uso de
fertilizantes. El control a nivel de viveros debe ser preventivo, pudiendo
usar uno de los siguientes fungicidas: Antracol, Manzate, Dithane M-45 y
Zinc, en dosis de 300 g/100 l de agua. Agregar 50 cc de adherente.
Además de los productos indicos para viveros, en
plantaciones adultas pueden usarse fungicidas cúpricos (oxicloruro de cobre)
en una solución de 500 g del producto en 100 l de agua, más 50 cc de
adherente. Asimismo, fungicidas elaborados con óxido cuproso y otros como el
caldo bordelés y el caldo vicosa. El Benlate, a razón de 60 g disueltos en
100 l de agua más 50 cc de adherente.
El Daconil y el Difolatán se pueden usar en dosis de 500 g disueltos en 100
l de agua, más 50 cc de adherente. Tilt al 0,1% también se puede aplicar.
Antracnosis (Colletotrichum
coffeanum)
Considerada esencialmente una enfermedad de los
frutos. Las lluvias son un factor determinante de la aparición de la
enfermedad, la precipitación no sólo regula la producción y diseminación de
las esporas, sino que también induce la floración del cafeto y en
consecuencia, la cosecha. Normalmente, una plantación no puede producir dos
floraciones, que coincidan con las lluvias. Como el período entre floración
y madurez del fruto dura de siete a nueve meses, las cosechas se superponen.
Esta circunstancia trae como consecuencia dos efectos: primero, el período
de susceptibilidad de las cerezas se extiende considerablemente y segundo,
la infección de una cosecha a otra constituye un riesgo todavía mayor.
Estudios recientes revelan, además, que aquellas
variedades de semillas con mayor contenido en cafeína pueden desarrollar una
mayor resistencia durante los primeros estadios de la germinación, y en
estado plántula, mostrando dichos cultivares un mayor desarrollo inicial y
una mayor resistencia de los hipocotilos al ataque del patógeno (Biratu
et al, 1996). Los últimos trabajos sobre esta enfermedad se encaminan a
la identificación de genotipos con una gran resistencia a esta enfermedad,
habiéndose desarrollado protocolos in vitro para la obtención de los dichos
genotipos. Estos protocolos permiten identificar “in vitro” y rápidamente,
genotipos altamente resistentes o con diferentes grados de tolerancia (Nyange
et al, 1995). El principal problema de estos avance reside en la
variabilidad genética, o la capacidad de mutación del patógeno, que
rápidamente consigue establecerse de nuevo en los cafetales. Dentro de un
mismo cafetal podemos encontrarnos con aislados del hongo más o menos
virulentos con el cultivo, todo lo cual nos obliga a continuar con la mejora
genética para conseguir una mayor tolerancia al patógeno (Beynon et al,
1995). Algunos de estos aislados han resultado ser altamente resistentes a
los productos usados tradicionalmente para su control (Mwangombe, 1994).
No obstante estos inconvenientes se han obtenido
algunas variedades resistentes (Omondi, 1994).
Control: los ensayos conducidos por la Estación
Experimental Táchira nos indican que los productos comerciales Benlate,
Daconil o Difolatán, suministrados en dosis de 60 y 500 g/100 l de agua,
respectivamente, son efectivos en este tipo de control. Se recomienda
aplicar estos productos solos o combinados con fosfato diamónico, en dosis
de 2 kg por cada 100 litros. Es contraindicado usar productos cúpricos.
Ojo de gallo (Mycena citricolor
Berk y Court. Sacc)
Las plantas afectadas presentan síntomas en hojas,
ramas y frutos. Esta enfermedad prospera en condiciones de alta humedad y
baja temperatura, zonas nubladas, exceso de sombra y clima templado.
Control: regularizar la sombra, mediante entresaques
y podas. El control químico puede realizarse con oxicloruro de cobre al 50%,
Dacomil dosificado en 500 g/100 l de agua. También se recomienda Urbacid
diluyendo de 30 a 40 g/100 l de agua y 50 cc de adherente.
Phoma, quema o derrite (Phoma
costarricensis)
Afecta cafetos por encima de 1.200 msnm, ubicados en
zon as de alta humedad ambiental y áreas nubladas.
Control: para controlar esta enfermedad se usan
productos como Captan (orthocide 50) en dosis de 450 g/100 l de agua, más 50
cc de adherente; Benlate en dosis de 60 g/100 l de agua, y Difolatán en
dosis de 500 g/100 l de agua.
Mal de hilachas o koleroga (Pellicularia
koleroga)
Enfermedad que afecta a los cafetales sembrados en
zonas bajas, temperaturas altas, sombrío denso y alta humedad permanente.
Control: para combatir esta enfermedad se usan
productos basados en oxicloruro de cobre a 50%, en dosis de 500 g/100 l de
agua y Benlate en dosis de 60 g/100 l de agua.
Mancha mantecosa (Colletotrichum sp.)
Esta enfermedad se presenta en forma aislada y es un
enemigo potencial de las buenas cosechas.
Control: se aplica el mismo control químico que se
indica para combatir la antracnosis.
Mal rosado (Corticium salmonicolor)
Es una enfermedad esporádica por lo cual no se
considera de gran importancia en el cultivo.
Control: se puede controlar mediante la eliminación
de parte enfermas. El control químico se puede efectuar con oxicloruro de
cobre al 50%, en dosis de 500 g/100 l de agua y agregándole 50 cc de
adherente.
Mal del talluelo o sancocho
Enfermedad que frecuentemente se puede presentar en
germinadores y viveros. Infecta las plantitas en los germinadores, fosforito
o chapola y puede llegar a ocasionar pérdidas de 50, 60 y 75 por ciento.
Control: para su control hay que proceder
desinfectando los germinadores con Basamid, dosificando 50 g/m2 y
colocando arena en el fondo. Para efectuar la siembra debe esperarse un
mínimo de ocho días.
Otra alternativa puede ser soterrando la semilla y
regando 10 litros por metro cuadrado germinado, con una solución de Dithane
M-45 o Antracol. No deben usarse productos cúpricos, porque se corre el
riesgo de atrofia y deformaciones. También afecta el crecimiento.
Mancha circular de la hoja (Sclerotium
coffeanum)
Esta enfermedad fue detectada por primera vez en
Venezuela, por investigadores del FONAIAP, en el distrito Escuque, estado
Trujillo, durante el año 1989, en plantaciones de café Caturra rojo y Catuaí
amarillo. Las plantaciones infectadas presentaban manchas de color negro,
distribuidas en bandas circulares concéntricas y mostraban defoliación
intensa.
Llaga macana (Ceratocysty
fimbriata)
Se localiza en la parte aérea del tallo, produce
amarilleo, marchitez, colapso de las hojas y muerte del cafeto.
Control: en el momento de podar usar pasta bordelesa
(una parte de sulfato de cobre y seis partes de cal). La pasta se puede
aplicar con brocha. Otra manera de controlar puede ser arrancando las
plantas enfermas y quemarlas en el sitio, aplicando cal en el hoyo (2 kg/m2)
y posteriormente desinfectar las herramientas.
Igualmente se puede aplicar Brassicol, en dosis de 2
litros al 2% un mes antes de la resiembra.
Llaga negra (Rosellinia bunodes)
Esta enfermedad aparece causando daño en la raíz,
lugar donde aparecen manchas en forma de puntos negros.
Control: Se aplica el mismo control que aparece
señalado para la enfermedad denominada llaga macana.
Llaga estrellada (Rosellinia pepo)
Esta enfermedad es un tanto similar a la anterior,
pero las manchas aparecen en forma de estrella.
Control: se le aplica el mismo que para el caso de
la llaga macana.
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