|
|
ELABORACIÓN DEL VINO BLANCO |
|
Tras el prensado, la pasta con el hollejo o piel de la
uva
y los
raspones se deja escurrir, bien por gravedad o por una ligera presión. Al mosto así
obtenido se le denomina
mosto yema, de flor o lágrima, según las zonas. Este primer
mosto es el de más calidad, ligero, fino, aromático, suave y afrutado. Lo normal es que
a estos mostos se le añadan productos que retrasen su
fermentación. Ello es debido a que
como consecuencia del procedimiento de elaboración permanecen mucho tiempo en contacto
con el aire. El producto empleado suele ser anhídrido sulfuroso.
Una vez obtenido este primer mosto, la pasta de
uvas
va recibiendo
presión, cada vez más fuerte, conforme va soltando mosto. A estos mostos se le denomina
"primeros", "segundos" y "terceros" o "mostos de
prensa", según el prensado del que se obtengan. Estos mostos fermentarán por
separado dando lugar a vinos de distinta calidad, según precisamente, el prensado del que
procedan. Finalmente la pasta se solidifica por falta de líquido y recibe el nombre de
orujos dulces o frescos. Esta materia puede utilizarse de distintas formas. Si se utilizan
para destilar directamente se obtienen
aguardiente de orujo. También es posible, mediante
determinados procesos, obtener
alcoholes rectificados y derivados.
Antes de iniciar el proceso de la
fermentación
es preciso proceder al
desfangado del mosto, esto es a retirarle por decantación las partículas que puedan
permanecer suspendidas en el líquido. Este proceso se realiza dejando el mosto en reposo
durante unas horas.
La
fermentación
es el proceso mediante el cual, los distintos
azúcares contenidos en el mosto se van transformando principalmente en
alcohol y en otros
compuesto orgánicos. Esta fermentación es un proceso que realizan unos microorganismo de
origen natural que van transformado los azúcares en
alcohol y gas carbónico. Estos
microorganismos se encuentra en la tierra y en la propia piel de la
uva, constituyendo la
pruina o capa cerea que recubre los granos de
uva.
Es muy importante ir controlando, por un lado la cantidad de
azúcar que va quedando en el mosto y por otro la temperatura. Una elevación de esta puede
ocasionar la muerte de las
levaduras y una parada no deseada en la
fermentación. Una
temperatura baja puede ralentizar la
fermentación.
Este proceso finaliza cuando el contenido en azúcares del mosto no
supera los 4 o 5 gr por litro, que es lo que se denomina
azúcar residual.
El vino blanco así obtenido se denomina blanco seco puesto que esta
denominación depende de la cantidad de
azúcar residual. Si lo que se pretende es obtener
vino semiseco, o dulce, se debe detener la
fermentación
en el momento en el que el
contenido en
azúcar residual es el deseado. Para detener la
fermentación
se pueden usar
procedimientos químicos, como la adicción de anhídrido sulfuroso o otros físicos, como
el enfriamiento del mosto o incluso el sobrecalentamiento.
Si el mosto fermenta sin contacto con los hollejos, lo que se denomina
fermentación
en virgen, se producen vinos muy ligeros y limpios. En la actualidad se
está empezando a dejar macerar el mosto con el
orujo, ralentizando la
fermentación
mediante el frío. Al actuar así se obtienen vinos con más cuerpo, sensaciones más
intensas en boca y aromas más potentes. Además, este procedimiento favorece una mejor
evolución en botella y alarga la vida del vino.
Una vez finalizado el proceso de
fermentación, el mosto es sometido a
dos o tres trasiegos para lograr la eliminación de los restos sólidos que hubieran
podido quedar. Esta operación debe efectuarse a bajas temperaturas para evitar la
contaminación por microorganismos no deseados. Es por ello que se suele efectuar entre
los meses de noviembre y enero. Tras una selección de calidades se procede a las diversas
mezclas conducentes a lograr el vino deseado.
El último paso de la elaboración del vino blanco antes de su
embotellado consiste en la clarificación mediante sustancias que arrastren las materias
en suspensión que hayan podido eludir los trasiegos y finalmente el filtrado.
|
| |
|