Un vistazo a la historia del alcohol
Decíamos que los alcoholes están unidos a la alquimia en lo que a su
origen se refiere. En esta disciplina se mezclaba tanto lo filosófico y especulativo,
como lo puramente práctico que daría origen a la ciencia química. Todo ello está
rodeado del secreto de los brujos, las actividades misteriosas y los personajes curiosos.
Parece que el origen de la destilación
está en Egipto. De hecho se conserva un manuscrito con referencias a los trabajos que
realizaba una tal María la Egipcia (dicen que a ella se debe el "invento" del
baño maría). En Alejandría, durante la primera época del cristianismo se produce un
avance en todos los métodos que tienen que ver con estos procesos de destilación, aunque ya a finales del siglo
III Zósimo el Alquimista había dejado constancia por escrito de sus trabajos en los que
se incluía la figura de un alambique.
Luego llegarían las conquistas árabes, y de la mano de ellos la destilación, o al menos los conocimientos
que en torno a ella se tenían en aquel momento, pasó a Europa. Los árabes destilaban vinos para obtener alcoholes. Lo de alcohol,
vendría precisamente de kohol, que era un preparado, destilado y perfumado,
conseguido mediante la trituración de minerales y se utilizaba entre las mujeres de los
harenes con finalidades más bien cosméticas. Entre tanto, en Córdoba, capital cultural
de la época, andaban en la destilación del agua de rosas y otras flores para obtener
perfumes.
Estas técnicas fueron perfeccionadas por dos personajes, Aranau de
Vilanova y Raimundo Lulio, discípulo suyo, que en los testimonios escritos que se
conservan denominaban al vino como acqua
vitae, en cuanto que, creían ellos, el líquido que eran capaces de extraer
destilando vino, seguramente procedería de la
mismísima Divinidad.
Mientras andaban en ésas, en los monasterios la Edad Media fue
escenario de muchos experimentos al respecto. Cierto que los monjes trataban de encontrar
esencias mágicas con fines puramente curativos, con aplicaciones medicinales, claro.
Estos experimentos son el origen de los elixires. Ocurría sin embargo que la técnica era
un poco rudimentaria, y el resultado no constituía algo particularmente grato de ser
degustado. Vaya, que en general sabía a rayos. Entonces, para mejorar el sabor comenzaron
a aromatizar sus brebajes con flores y frutas maceradas. Claro, que mira tú por dónde,
ése fue justamente el motivo por el que, según cuentan, los licores gozaron de gran
éxito en la Italia renacentista y en la corte francesa durante los siglos XVII y XVIII.
Durante el Renacimiento, por ejemplo, se hizo muy popular el rosoli,
elaborado por la maceración de pétalos de rosa con
miel. Es el que tiene un menor grado
alcohólico y en su origen (quién sabe si por su escasez en alcohol, o por estar
elaborado a partir de flores, o por ambas cosas) se destinaba a las mujeres, que
amenizaban sus conversaciones con él.
Las propiedades curativas de los licores siempre gozaron de gran
predicamento; así, se cuenta por ejemplo que el primer licor digestivo de hierbas fue
creado por el médico de la corte de Luis XIV para aliviar sus sufrimientos. Esta es una
de las teorías. Hay otra que apunta hacia la cuestión económica como origen de todo
esto. Puesto que la elaboración de licores por destilación era muy costosa, se vio que
macerando frutas o flores el efecto obtenido era, además de barato, de agradable sabor.
En cualquier caso, el transcurso del tiempo trajo consigo innovaciones
en los tratamientos del alcohol, y a finales del XIX sucedió que Edouard Adam inventó el
sistema para rectificar alcoholes, sometiéndolos a una segunda destilación que
comportaba nada menos que la eliminación del mal sabor. Todo un hallazgo.