La
sidra es percibida en Asturias más que como una bebida, como una religión. Existe una
auténtica cultura derivada de ella y de su degustación, cuyos seguidores la veneran de
continuo en chigres y sidrerías. Se han publicado al menos tres vocabularios relacionados
con ella, que recogen parte de la innumerable cantidad de expresiones y sentencias que su
consumo ha generado a lo largo del tiempo.
"La sidra no embriaga el cuerpo sino el alma" es
quizá el resumen más directo del sentir de los sidreros, que defienden a capa y espada
el hacer tradicional en la sidra. Hasta el momento han resistido todos los intentos para
etiquetar las botellas, cuyo origen se distingue por venir grabado en el corcho.
Tan grande es la
veneración que en Asturias se siente hacia la sidra que incluso la subido de su precio se
comenta y se valora como una decisión política. Su explotación industrial pasa
necesariamente por la obtención de una Denominación de Origen, que se retrasa debido a
que la demanda de la bebida es tan grande que los productores locales de manzana no pueden
satisfacer las necesidades de la materia prima
P orque siendo mucho
más que una bebida, la naturaleza de la sidra ya fue perfectamente expresado por Pedro
Pascual:
"La sidra es el líquido de estas tierras
gigantes, duras, recias. De estos montes vestidos de verde siempre, de los mil matices que
la lluvia pone a sus faldas y a sus crestas, a veces muy nevadas, graciosamente blancas
cuando el cielo quiere regalar a los montes un sombrerito de pura nieve."
Todavía en la actualidad se mantiene la
desigual capacidad de producción en los diferentes concejos del Principado, situándose
en el centro de la región la casi totalidad de los lagares dedicados a la fabricación de
la bebida. Villaviciosa y Nava son lugares legendarios para sus seguidores, seguidos por
Gijón, Carreño y Gozón.
Tradicionalmente el
consumo de la sidra se produjo en dos formas diferenciadas: la espicha supone la apertura
de un tonel en un día y lugar determinados al que se congregaba un número de personas
habitualmente numeroso. Las tabernas o chigres, en cambio, prolongaban el consumo durante
más tiempo y por parte de un público ocasional. |