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El
conjunto de las aguas superficiales asturianas, con la excepción de algunas zonas de
lagos y lagunas, como es el caso de Somiedo, Cangas de Onís y otras zonas de menor
entidad, son drenadas a través de una multitud de ríos de todo tipo que se encuentran en
la totalidad del territorio asturiano y que son los causantes de las actuales formas del
relieve de Asturias.

El río Cares antes de unirse con el Casaño en Arenas de Cabrales.
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Todos los
ríos asturianos nacen y discurren por tierras lluviosas de clima atlántico.
En consecuencia, el régimen de todas las corrientes que discurren por
tierras de la comunidad tienen como común denominador el predominio del
factor pluvial oceánico; eso es, caudal relativo elevado y notable
regularidad, tanto interanual como estacional. No obstante, en razón de su
nacimiento en altas cotas donde la innivación es también notable, en los
cursos altos la impronta del factor nival es también importante: aguas bajas
en invierno y crecidas primaverales.
Los ríos asturianos son cortos, con la cabecera elevada,
abundante caudal y un régimen bastante regular, con una bajada de caudal durante los
meses más secos de julio y agosto y un incremento notable en las épocas de deshielo en
aquellos ríos que drenan zonas donde se produce una innivación importante.
Los ríos asturianos, cuya cabecera
puede situarse incluso a más de los 2.000 metros de altitud y a una distancia, en línea
recta de la costa, que no supera los 50 kilómetros, han desarrollado una gran labor
erosiva, más intensa cuanto más pronunciado sea el desnivel y más desfavorablemente
estén dispuestas otras estructuras físicas sobre las que se asientan. Las profundas
gargantas del Cares, el desfiladero de los Beyos en el Sella o la cuenca media del
Navia
son claro ejemplo de ello.
Los ríos
occidentales asturianos son los más adaptados a la estructura del relieve en
que organizaron su red. El Eo, el Navia y el Narcea discurren de Norte a Sur
siguiendo los cordales montañosos que se ajustan a los trazos maestros de
los ejes hercinianos. A pesar de esta docilidad, que contrasta con la
agresividad invasora de los ríos orientales, son ríos caudalosos y de
notable longitud. Casi todos ellos nacen fuera de la comunidad. El Navia que
es el más importante, nace en los Ancares, provincia de Lugo y discurre
entre las sierras de Rañadoiro, al Este, y de Bobia, al Oeste. Por su caudal
y la morfología de su cauce, es el río más explotado de Asturias. En su
tramo alto está regulado por el gran embalse de Salime, en el curso medio
por el de Doiras y en el bajo por el de Arbón, todos ellos construidos con
fines hidroeléctricos. Los ríos
orientales, por el contrario, han desarrollado importantes procesos de
incisión sobre estructuras que cortan en sentido perpendicular. El Sella,
cuya cabecera inicial se situó en el flanco norte de las sierras litorales,
atravesó estos bloques para captar la escorrentía de un importante sector
del surco prelitoral, estableciéndose su cabecera en las sierras interiores,
a 45 km de la línea de costa. Por su parte, el Cares y el Deva han tajado
profundos cañones en las calizas masivas de los Picos de Europa, hasta
alcanzar las depresiones interiores de Valdeón y La Liébana. Así, pues, los
ríos asturianos han ejercido una importante acción modeladora, dividiendo su
territorio en un pequeño número de cuencas fluviales relativamente extensas
e independientes. El Nalón, que avena la totalidad de la cuenca carbonífera
central, presenta, en tal sentido, un carácter mixto, pues mientras sus
tramos alto y medio se adaptan a las estructuras, en su curso bajo taja
transversalmente las crestas cuarcíticas y calizas del dominio de pliegues y
mantos.
La mayor parte de la red fluvial asturiana se articula en la
cuenca del Nalón y del Narcea, su principal afluente que drenan el 46% del territorio de
Asturias. Ambos ríos son completamente asturianos, desde su nacimiento hasta su
desembocadura mientras que tanto el Sella, como el
Eo, el
Navia o el Cares-Deva tienen su
nacimiento en otras comunidades pero su recorrido se desarrolla en su mayor parte en
territorio asturiano o su cuenca tiene una gran componente asturiana. La cercanía del
nacimiento de estos ríos al litoral condiciona su trazado siendo la dirección dominante
la Sur-Norte con la excepción del Nalón que presenta una dirección Sudeste-Noroeste. La
red fluvial asturiana presenta forma de árbol , más tupida en el Occidente como
consecuencia de la existencia de suelos de pizarra que favorecen la escorrentía
superficial mientras que en el Oriente, el suelo eminentemente calizo es mucho más
permeable. Fuera de las grandes cuencas hidrográficas existen una serie de ríos muy
cortos pero de gran importancia como el Porcía, Piles, Esva, Purón o
Linares.
El origen de la actual red fluvial
de Asturias parece remontarse a
la Era Terciaria, durante la orogenia alpina. Las fuertes pendientes de la vertiente Norte
de la Cordillera proporciona a estos ríos una gran capacidad erosiva. Los sistemas
montañosos del interior permitieron la individualización de las distintas cuencas ,
Eo,
Navia,
Nalón-Narcea,
Sella y
Cares-Deva.
En la zona
Occidental, el terreno de pizarras y cuarcitas permitió que los ríos
arruinaran los materiales más débiles. En el sector oriental, el carácter
calizo del roquedo da lugar a los típicos fenómenos de infiltraciones,
surgencias, etc., que inciden en el régimen de ríos como el Sella, el Cares
y el Deva. En la zona Oriental, la presencia de varias sierras paralelas a
la costa ha condicionado el trazado de los ríos que discurren labrando
valles transversales a dichas sierras. En la zona Central asturiana, los
afluentes del Nalón y del Narcea discurren por líneas de debilidad tectónica
y litológica.
Hidrológicamente Asturias se divide en ocho grandes cuencas, cuyos límites
se definen por las parte superiores de los relieves que las separan.
Cada cuenca está drenada por un variado número de pequeñas corrientes que
van fluyendo hasta el gran colector de cuenca tras pasar por distintos
subafluentes.
Exceptuando
las cuencas costero-litorales, las demás tienen un gran colector de drenaje
como son los ríos
Eo,
Navia,
Nalón-Narcea,
Sella
y
Cares-Deva aunque ninguno de estos ríos puede ser considerado una gran
arteria fluvial no superando ninguno de ellos los 160 km de longitud en su
curso principal. |