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Asturias
El clima de Asturias
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Introducción

El clima de Asturias, siempre cambiante pero en esta época mucho más es uno de los elementos más determinantes tanto del medio natural como de la cultura desarrollada durante milenios por los habitantes de esta tierra.

El relieve y sobre todo la benéfica influencia marítima proporcionan a Asturias una climatología suave, de marcado carácter atlántico aunque en las cumbres más altas deja paso a un clima típicamente alpino.

El clima, sus características y fluctuaciones han venido condicionando desde siempre la actividad de los seres vivos, animales y plantas, y muy especialmente la actividad humana como elemento moldeador del paisaje.

No es posible hacer una determinación del clima de Asturias sin ponerlo en relación con el del resto de la Península Ibérica y más concretamente de los territorios más próximos a ella.

En la Península Ibérica se han definido dos tipos o dominios climáticos, el dominio oceánico y el dominio mediterráneo. Para hacer esta diferenciación se han tomado y valorado diversos factores como pueden ser las fluctuaciones de temperatura, las precipitaciones, la aridez o las horas de sol.

El clima de Asturias podría definirse como oceánico, con precipitaciones abundantes todo el año, el régimen de vientos es constante y sueve,la radiación solar moderada y elevada nubosidad, las temperaturas son suaves con máximas medias anuales de 20ºC y mínimas medias anuales de 2ª. Todo ello, como es evidente, sin tener en consideración las zonas de alta montaña de clima alpino y con diferencias de temperaturas más grandes.

Castro Chao Samartín en Grandas de Salime
Nieblas en el valle del río Navia desde el Puerto del Palo

Las precipitaciones

La lluvia es el fenómeno meteorológico más llamativo y con el que más se relaciona a Asturias. Es cierto que su importancia es determinante para entender otros aspectos de la realidad física como la vegetación e indirectamente la fauna y las relaciones de la sociedad humana con el medio ambiente. La disponibilidad de agua condiciona de forma determinante el desarrollo de la vegetación de tipo Atlántico que es la dominante en Asturias.

Incipiente nevada en la zona oriental de Asturias, en la zona de los Picos de Europa
Incipiente nevada en la zona oriental de
Asturias, en la zona de los Picos de Europa

La situación geográfica de Asturias, situada en una zona sometida a la interacción de dos masas de aire de muy distintas características, una de origen ártico o polar y otra de origen subtropical. El encuentro de estas dos masas de aire que se interpenetran sin mezclarse formando grandes remolinos en lo que se denomina frente polar suelen acabar formando borrascas que se desplazan de Oeste a Este. Estas borrascas afectan a Asturias principalmente en los meses de invierno cuando el frente polar desciende a latitudes más al Sur haciendo que los vientos del Oeste lleguen a la costa asturiana cargados de humedad. Sin embargo, durante los meses de verano, el frente polar se retira a latitudes más altas, quedando Asturias bajo la influencia subtropical con predominio de vientos del Noreste, de origen continental y poca humedad lo que conlleva escasez de precipitaciones.

Sin embargo, la pluviosidad no es uniforme en Asturias ni mucho menos. La presencia de la Cordillera Cantábrica además de separar Asturias del dominio climático de tipo mediterráneo, junto con la compleja orografía provocan una gran variabilidad en las precipitaciones. La cordillera actúa como una barrera para los vientos, especialmente los de Norte y Noroeste, muy húmedos, lo que ocasiona un estancamiento persistente de nubes. Este fenómeno, especialmente en las áreas más próximas a la cordillera convierte a Asturias en con menos horas de sol de la Península Ibérica , en torno a las 1.800, mientras que la media peninsular se establece en las 2.500 horas de sol anuales.

En el mapa de precipitaciones medias anuales se puede observar que oscilan entre desde 900 l/m2 hasta superar los 2.000 l/m2. Esta gran diferencia tiene su origen, entre otros factores, en el denominado efecto ladera. Este fenómeno se produce cuando una masa de aire húmedo se encuentra con una barrera montañosa y se ve obligada a ascender y es entonces, cuando al ascender, disminuye la presión y desciende la temperatura; si esta lo hace por debajo del punto de rocío, el vapor de agua se condensa formando nubes. Si la temperatura continúa descendiendo acabarán por producirse precipitaciones.

En el mapa de precipitaciones medias anuales se puede observar que oscilan entre desde 900 l/m2 hasta superar los 2.000 l/m2. Esta gran diferencia tiene su origen, entre otros factores, en el denominado efecto ladera. Este fenómeno se produce cuando una masa de aire húmedo se encuentra con una barrera montañosa y se ve obligada a ascender y es entonces, cuando al ascender, disminuye la presión y desciende la temperatura; si esta lo hace por debajo del punto de rocío, el vapor de agua se condensa formando nubes. Si la temperatura continúa descendiendo acabarán por producirse precipitaciones.

El efecto ladera es el responsable directo en la relación entre altitud y precipitación aunque hay otros factores que influyen también en ello. En Asturias, la relación entre precipitaciones y altitud puede cifrarse de media en 100 l/m2 por cada 100 m de altitud. Sin embargo esta relación puede alcanzar valores que doblan la media especialmente en aquellas zonas donde las sierra litorales están más próximas al mar.

Una consecuencia curiosa del efecto ladera es que las precipitaciones descienden en las zonas más altas al haber desaparecido, por precipitación, gran parte del agua contenida en la masa de aire ascendente.

El efecto ladera tiene su opuesto en el fenómeno conocido como abrigo orográfico, en el lado de barlovento se producen precipitaciones como consecuencia del efecto ladera. Cuando las masas de aire superan la barrera montañosa se bloquean cesando las precipitaciones puesto que han perdido gran parte del agua que contenían y al descender en altura se calientan disolviéndose las nubes. Este último caso se produce solo cuando el valle tiene la suficiente anchura. Si este fenómeno tiene la suficiente intensidad se produce un viento seco y cálido conocido como efecto foehn y cuya presencia en Asturias es característica de los vientos del Sur. El abrigo orográfico se produce especialmente en zonas muy concretas de Asturias como el tramo medio del curso del río Narcea, zonas de los valles de los ríos Navia, Ibias y Pajares, entre otros.

Las temperaturas

Las temperaturas de un territorio están en relación directa con varios factores pero especialmente con la radiación solar que recibe. Asturias, por la situación geográfica donde se encuentra padece una fuerte estacionalidad en la duración de los días. Así , cuando el sol está más alto y las horas de luz son más, en junio, en el solsticio de verano, la radiación global alcanza los 1.750 J/m2 día, mientras en el solsticio de invierno, en diciembre, apenas supera los 450 J/m2 día.

Por otro lado, la proximidad del Mar Cantábrico, cuyas aguas son relativamente más calidad que otras de igual e incluso inferior latitud ralentiza y suaviza las temperaturas. Precisamente es el mar quien produce que toda la Cornisa Cantábrica tenga el régimen térmico más templado de Europa. Las diferencias entre las temperaturas medias del mes más cálido y las temperaturas medias del mes más frío no superan los 10ºC. En Asturias, los contrastes de temperaturas son moderados, aumentando conforme se avanza hacia el interior.

A los efectos que ejercen la influencia del mar y la altitud hay que sumar otros de carácter más local que producen una destacada variedad térmica. El relieve tiene una notable influencia en la radiación solar estableciendo fuertes contrastes entre lugares próximos según la orientación que tengan.

Otro fenómeno presente en la climatología asturiana es la inversión térmica. Este fenómeno se produce cuando las capas de aire situadas sobre el suelo se enfrían notablemente durante la noche formándose en el fondo de los valles bolsas de aire frío más denso que el circundante lo que le impide ascender hasta el día siguente cuando la insolación calienta el suelo. Este fenómeno es el causante directo de nieblas en zonas despejadas al descender la temperatura por debajo del punto de rocío.

Los vientos

La característica más destacada del régimen de vientos de Asturias es su marcada estacionalidad consecuencia de la influencias de dos masas de aire de distinto origen, una fría y otra subtropical.

Durante la estación fría, los vientos dominantes son del Sudoeste como consecuencia de la retirada hacia el Sur del archiconocido anticiclón de las Azores que provoca una trayectoria más meridional de las borrascas atlánticas.

Estos vientos solo provocan precipitaciones en las zonas de montaña al quedar el territorio asturiano en una situación de abrigo orográfico tras la Cordillera. En el resto de Asturias las precipitaciones son escasas o nulas.

Durante el verano la situación es muy distinta dominando los vientos del Noroeste, fríos y secos, que provocan un tiempo fresco, claro y sin lluvias. Esto es consecuencia del máximo desarrollo del anticiclón de las Azores de carácter subtropical (no confundir con ningún trío) cuya influencia alcanza latitudes mucho más al Norte ocasionando que las borrascas atlánticas no afecten con tanta intensidad a Asturias al tiempo que introducen aire de origen continental con poca humedad lo que contribuye a un descenso generalizado de las precipitaciones.

Los vientos del Oeste y del Noroeste se mantienen en valores intermedios durante todo el año. Son de origen marítimo y los responsables de la mayoría de las precipitaciones en Asturias. El efecto ladera es más notorio en situaciones de viento del Noroeste mientras que los vientos del Oeste o "viento gallego" suelen traer cielos muy cubiertos con precipitaciones que se mantienen durante relativamente largos periodos de tiempo y que van perdiendo intensidad conforme avanzan hacia el Este.

Los vientos de Norte, muchas veces de origen polar, son los causantes de las precipitaciones más intensas en Asturias. Los efectos de barrera orográfica favorecen descensos muy notables de las temperaturas con rápidas alternancias entre periodos de precipitaciones y periodos muy cortos de sol. Estas situaciones son más frecuentes durante el verano y contribuyen de forma significativa a las precipitaciones de esta época, la más seca del año. Si esta situación ocurre durante el invierno se producen nevadas muy intensas en las zonas de montaña, normalmente tras un muy acusado descenso térmico. Estos vientos atraviesan la Cordillera desencadenando un fuerte efecto foëhn en la vertiente de la Meseta.

Los vientos del Sur y Sudeste se presentan con poca frecuencia en Asturias, muy especialmente en verano y ligados a depresiones situadas al Oeste de la Península Ibérica y acarrean consecuencias inversas a las provocadas por los vientos de Norte experimentándose vientos cálidos y secos con un intenso efecto foëhn generalizado en toda la Cornisa con una humedad relativa muy baja que puede llegar incluso al 30%, muy por debajo de los 75-80% habituales. Además, estos vientos llegan a alcanzar bastante violencia de forma ocasional.

A escala local hay dos fenómenos de gran importancia, las brisas litorales y los vientos de montaña.

Las brisas litorales tienen un ritmo alternante diario de acuerdo con la evolución de las temperaturas en la costa y en el mar. Durante el día, la radiación solar térmica provoca un aumento de la temperatura en el suelo del litoral mientras que en el mar se mantienen sin prácticamente variación. De esta forma se establece un gradiente local de presión, el aire sobre la costa, más cálido y ligero asciende mientras que el situado sobre el mar, más fresco y denso fluye hacia la costa provocándose brisas de mar a tierra. Durante la noche se produce el efecto inverso, el suelo de la costa pierde rápidamente temperatura por irradiación mientras que la temperatura del mar se mantiene produciéndose entonces brisas de tierra a mar. Este fenómeno de las brisas litorales se ve enmascarado o neutralizado por fenómenos de carácter más amplio, sobre todo por las condiciones de vientos antes citados. Las brisas litorales son más frecuentes en los meses menos fríos, cuando la insolación genera el suficiente aumento de la temperatura para que el aire fluya hacia la costa.

Otra influencia es la que refiere a la existencia de grandes diferencias de presión y temperatura formada por diferencias entre unas zonas u otras. Estos vientos pueden manifestarse también en ciclos alternantes. En Asturias son muy interesantes un tipo de estos vientos denominados vientos de drenaje o catabáticos que tienen su origen en un intenso enfriamiento nocturno del suelo por irradiación. En aire enfriado, más denso se desplaza por gravedad hacia áreas de menor altitud ocupando las zonas más bajas de valles y desfiladeros desalojando al aire más cálido. Este tipo de brisas es el responsable de un aparte importante de las heladas nocturnas que se producen en los valles interiores, especialmente cuando existen en los alrededores amplias zonas de captación de aire frío a mayor altitud.

Los vientos de ladera se producen como consecuencia de las diferencias en la insolación entre unas zonas y otras de las laderas de los valles. El flujo ascendente por la ladera expuesta al sol se compensa por el descendente de la ladera en sombra. Esta situación va variando a lo largo del día conforme cambia la posición del sol. Estos vientos son especialmente frecuentes en las montañas calizas asturianas donde, en días despejados, as temperaturas llegan a alcanzar valores sorprendentemente altos. La elevación del aire por estas laderas produce en ocasiones nubes en la vertical del valle.


Documentación

Felicísimo Pérez, Angel Manuel - Introducción al clima de Asturias, régimen pluviométrico, Tesis de Licenciatura.(1980)
Felicísimo Pérez, Angel Manuel - Método de cálculo de la radiación solar ..., Rev. Biol. Universidad de Oviedo(1992)
Felicísimo Pérez, Angel Manuel - El clima de Asturias, Enciclopledia temática de Asturias, Silverio Cañada ediciones (1990)
Felicísimo Pérez, Angel Manuel - El clima de Asturias, Geografía de Asturias (1990), Ed. Prensa Asturiana (1992)
Capel Molina, J.J. - Los climas de España, Ed. Oikos-Tau (1981)