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Una vez conoció el Amor. Latió tanto
su corazón que creyó se le rompería y fue tanto lo que se asustó que huyó a
refugiarse en sus azules. Pero cuando el latido menguó, ella regresó. Ahí
estaba Amor, esperándola, y la miró directo a los ojos, como flechazos al
alma, intensamente. Y su corazón retumbó más fuerte que antes. Pero huyó
otra vez hasta que los latidos menguasen.
Por un tiempo ganó su mente manteniéndola entre
azules, pero Amor era más fuerte, más misterioso y la atrajo silenciosamente. Al
reencontrarse mantuvieron sus miradas unidas hasta que ya no soportaron más las
vibraciones en la piel, el temblor de las extremidades, las lágrimas en los ojos, el
frío y el calor ni los flechazos directos al alma y el corazón queriendo salir a golpes
desde el pecho. Amor supo así que la asustaba, porque él también lo sintió. Amor no
era de su mundo.
Hoy, cada ves que de él se acuerda late tan fuerte
su corazón que cree se le romperá. Le duele, si, pero ya se acostumbró. |