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A mucha gente le sucede que le cuesta despertarse. Yo
creo ser de esas personas que hasta que no se toman el primer café de la
mañana y fuman un cigarrillo puede decirse que no existen.
En esa guisa me encontraba cuando me sorprendió su
entrada en mi cocina. Me pareció verla pero me tuve que asegurar de ello. Mi
perro lo confirmó dando un inesperado salto desde debajo de la mesa,
mientras yo tomaba con energía el paño de la cocina...!Zis, Zas, Zun,
Passsss! y varios botes de especias estrepitosamente se iban al suelo. !La
madre que la parió! me dije aún medio dormida y viéndola salir por la
ventana, tan rápidamente como había entrado.
La cosa no llegó a más y mi perro y yo volvimos al ritual
del despertar tras recoger los vidrios rotos.
Pasadas un par de semanas tuvimos un segundo encuentro.
La tarde languidecía, a la par, con mis ganas de fregar
los platos de la comida. Jabón, estropajo y el agua caliente, se
entremezclaban en mi recuerdo y el último capítulo leído de "La Sombra del
Viento". No la vi llegar pero la sentí....zumbó como un rayo sobre mi
cabeza, al tiempo que la vi esconderse entre el techo y el altillo de uno de
los armarios. !Joé! me dije, qué pedazo de cuerpo que tiene la condenada! y
esperé a volviese a asomar. No tardó en hacerlo, pero más rápida ella, de lo
que yo fui en asustarla, se dirigió como el primer día hacia la ventana
escapando del trapazo que le aguardaba.
"La Sombra del Viento" quedó aparcado, y el jabón, el
estropajo, un plato y el agua caliente se mezclaban ante mis ojos; como una
sola imagen, con el terrorífico cuerpecillo de la avispa invasora. Y es que
ésta me había dejado pensativa....Al salir, de vuelta por la ventana, no me
pareció tan grande o corpulenta como en un principio. Era como si de dos
avispas se tratasen: la una: normal y huidiza, como suelen serlo; la otra:
doblando el tamaño y muy decidida en su porte y rumbo al entrar en mi
cocina.....?
!Cosas del campo! me dije, ya que "sendeo" en él.
Pero fue ayer tarde, cuando nos vimos bien las caras y
las intenciones. Las dos entramos al tiempo en la cocina. Me asustó y la
asusté, lo que me permitió ver, casi al detalle, la corpulencia, largura y
extremo de su cuerpo de forma esférica. Las dos nos quedamos paradas en
mitad del vació, sintiéndonos muy cerca la una de la otra, ella amainó su
trayectoria de vuelo, giró 180 grados y enfiló hacia la ventana para
escapar, pero antes de hacerlo dio toda ella una sacudida increíble
desprendiendo algo de su cuerpo. Me acerqué al cristal de la ventana, muerta
de curiosidad, y vi. lo que la avispa había lanzado contra él: Era una
diminuta bolita de "barro" o amasijo, de sabe Dios que sustancia, lo que me
hizo comprender al instante....La avispa estaba construyendo un nido dentro
de mi cocina.
Escalera que abro, palo que me agencio, gasa que me
encajo hasta el escote y un enmadejado de nervios que tiemblan mis rodillas.
Allí lo tenía frente a mí....los detalles del "genocidio"
no los voy a dar porque ni a mí misma me agradaron, aunque tuve que hacerlo
por necesidad.
Hoy ella no ha venido. La he estado esperando en la
penumbra de la cocina, con la intención (desde mi sentir), de pedirle que
comprendiera mi postura y mi miedo de anoche. Decirle que nada tengo contra
ella personal, pero que las circunstancias, peligros o intereses marcan las
fronteras de la convivencia y la relación entre todo ser viviente.
Hoy ella no ha venido, y aunque parezca una tontería de
vieja....hoy me siento triste.
Pilar |