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Laura entro como cada
día en el chat
acostumbrado, la sala Demasiado. Una sala que solía frecuentar casi siempre a la misma
hora. Había pocos nicks en pantalla aquel día. Estaban como de costumbre bromeando. Hablo
con un chico, le mando su foto así sin mas, y ella la miro, le gusto. Pero no
volvió a ver
aquel nick.
No lo volvió a ver hasta
después de
varios meses. En otra sala distinta y a una hora distinta. Ella le recordaba por la foto.
Así que le pregunto. El no recordaba. Laura le envió fotos suyas, que a David le gustaron.
Se intercambiaron la dirección de msn y se agregaron.
Noches de invierno, noches de invierno en
soledad... que no fueron tan solitarias. Noches de invierno que Laura pasaba en su
habitación delante del ordenador, hasta la una, las dos o las tres, daba igual, con tal de
que David estuviera allí diciéndole aquellas cosas, compartiendo su tiempo, dejando volar
la imaginación, sacando sonrisas, sonrisas y risas de Laura. Esperar a la siguiente noche,
para volver a hablar con el. Era real. Real, e irreal. Nunca, nunca le
conocería.
Era quizá su otra mitad, aquella mitad
que poca gente encuentra, quizá era el. Daba igual, la vida ya se encarga de que las cosas
no sean perfectas, porque la perfección llevaría al aburrimiento. De eso se trata.
Pasaron meses y meses, compartiendo
veladas, hasta que David dejo su ordenador para dedicar mas tiempo a su vida. Tantas horas
delante del ordenador no es bueno, ni tampoco tantas horas teniendo solo conversaciones
virtuales. Así que una noche después de cierto tiempo, David entro:
- Hola Laura. Como estas? Como te va todo?
- Hola David, muy bien. y tu, ya hace mucho que no entras.
- Si, a partir de ahora no entrare ya tanto, solo
esporádicamente. He de dedicar mas tiempo a mi vida familiar.
- Ya, ya entiendo, es normal. Si ya me
parecía a mi que
entrabas demasiado.
Una lagrima resbaló por la mejilla de
Laura, le siguió otra, y otra.... unas cuantas cayeron aquel día. David ya no
estaría allí
cada noche, y ella ya no tendría la ilusión de cada día. Laura sabia que David
así seria
mas feliz en su vida, pero como le dolía que su pequeña felicidad de aquel momento se
extinguiera. En esos meses Laura había conocido un chico majo, simpático, agradable, que
le gustaba un poco, pero... pero... no sentía lo que sentía por David. Laura
quería un
amor como ese, un amor con esa cosa, con ese latir del corazón, con esas ganas de hablar
con el, una persona que le hiciera sentir mariposas en el estomago.
Pocos días después David le comento a
Laura que el también había pensado en ella durante el día. Cosa que a Laura le
sorprendió.
Si las condiciones, si el momento, si la
vida hubiera sido diferente, quien sabe si los dos estarían disfrutando,
estarían juntos,
o quizá no. No existió, no existió la oportunidad.
David un día decidió entregar su corazón
a Laura. Laura lo cuida, lo mima, y esta muy a gusto con ella. Sabe que ese corazón lo ha
querido, y lo quiere, y esta segura que lo querrá toda su vida. Da igual, da igual lo que
haga Laura con su vida. Se podrá enamorar, podrá compartir su vida con alguien, pero ese
corazón vive al lado de su corazón. Porque Laura le consiguió la casita mas bonita que
podía tener, que era junto a su corazón.
Llegará un día que los sueños de los
dos se harán realidad. Volaran, volaran hacia las estrellas y la luna. Y en la luna
montaran su casita y vivirán los dos solos felices para siempre. Porque no les
hará falta
ni aire, ni agua, ni nada para vivir, solo ellos dos, ellos dos y sus corazones, y la
luna. La luna que ha sido y es la mensajera de todo su amor.
Para una persona muy especial... se me
permite derramar una lagrimita más.
Alguien del Viejo Demasiado. |