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Cuando mi descanso de convierte en un par de
pupilas despiertas y las palabras giran en mis pensamientos sin sentido aparente; cuando
descansar bajo tu sombra parece ser lo único que me genera paz, en esas noche coronadas
de fría luna llena, salgo a recorrer en bicicleta las calles de siempre y el pedalear
furioso por fin me lleva al encuentro de tu crucifixión.
Lejos queda tu ciudad de la mía, pero la energía
que me brota acorta las distancias y poco a poco se va disolviendo, calmando mis ansias.
Desde que me descubriste en aquella alborada mi
visión del mundo tuvo un cambio y la espera del sol naciente en mi ser trae esperanzas de
un día mejor.
Pero hoy, en esta noche de insomnio, mirándote
desde aquí abajo, a la altura donde el ojo común se pierde en el horizonte, sentada
ahora en el banco roto que fue testigo de tu transformación, intento conectarme con tu
esencia, hoy trato de comprenderte, como si tus motivos de ser fueran los mismos a los
míos.
Si solo con descifrarte pudiera calmar mi sangre.
Y me lleno de preguntas, de palabras que cuestionan, oraciones que indagan un poco más
allá. ¿Qué tristeza no pudiste vencer?. ¿Qué comprendiste del mundo?. ¿Por qué
huiste con tanta angustia de tu ser hombre?. Y estando aquí sentada, cierro los ojos y me
invade la música de tu follaje, el aroma de tus hojas otoñales. Puedo de pronto
sentirte, ver los minutos pasados de tu transformación y hacerme responsable de ella,
como si yo fuera una parte de vos... o vos de mí.
Nieves
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