|
Otra tarde más, acabo de llegar, la
lista de usuarios es corta, como siempre a estas horas. Estamos los
incondicionales de siempre, alguno que no se ha desconectado y se ha ido a
comer dejando su nick, para coger sitio supongo, y algún otro visitante
despistado. Saludo "hola a todo el mundo". Alguien dice hola, los demás
silencio, es la hora de la siesta. Bueno, no para mi teléfono, suena, ya ha
empezado la tarde. Alguien entra y saluda, le respondo. No conozco a quien
acaba de llegar, pero no importa. Acabo de hablar, cuelgo el teléfono y miro
mi pantalla, hay letras en rojo. Alguien me ha mandado un privado, es el
visitante. "Hola guapa", me dice. Otro igual, mi nick parece que resulta
femenino para algunos. La verdad es que a veces es un incordio, parece tener
imán para algunos, digamos "¿salidos?". Tampoco creo que sea tan ambiguo,
supongo que es como lo quieras ver. No le corrijo, estoy cansado de hacerlo,
ya se dará cuenta el solo. Suena el teléfono otra vez, es la "muda". La muda
es una compañera de trabajo tremendamente habladora, tanto, que después de
estar diciendo cosas durante un buen rato, cuando acaba, no sabes que ha
dicho. Por eso le llamamos así. La muda tiene una curiosa costumbre, te pone
en antecedentes de todo lo que te va a contar. Es curioso como algunas cosas
tienen su origen en sucesos tan triviales. Me llama para decirme algo que no
se que relación tiene con las vacaciones en Almería de un sobrino suyo,
espera, ¿o es un sobrino suyo de Almería que vino de vacaciones?. No
importa, ella sigue hablando.
No descuido del todo el chat,
respondo con un rehola al despistado y busco unos documentos sobre mi mesa.
La muda sigue hablando. Las líneas de letras rojas se suceden en mi
ordenador. El visitante insiste con los privados. Me pregunta si no quiero
hablarle. Le pido disculpas y le explico, como puedo, que estoy al teléfono
y eso me desconcentra. El visitante me pregunta de donde soy. Le contesto
"de Oviedo", ¿y tu? Le pregunto. De Madrid, responde; un beso guapa, añade.
Gracias, le respondo. Cuelgo el teléfono, doy un suspiro de alivio. Tecleo "momentoooooooo".
Recoloco la mesa. La muda vuelve a llamar, se le había olvidado decirme cual
era el motivo de la llamada anterior. La verdad, es que después de casi
veinte minutos yo tampoco me había enterado. Creo que un día se va a dar
cuenta de que no le prestamos mucha atención cuando habla. La muda también
tiene un vicio, el teléfono. Lo usa para todo, incluso para hablar con la
compañera de la mesa de al lado. Creo que tiene las orejas planas.
Al visitante le he ido respondiendo
casi con monosílabos, con dibus, ahora le pido disculpas por la falta de
atención, le explico que estoy en el trabajo. Me vuelve a preguntar si
quiero chatear, le respondo que si. Total, al teléfono solo está la muda ...
Tecleo unas risas y vuelvo a teclear otros dibus. Si estas cervezas fuesen
de verdad hace tiempo que era un alcohólico declarado. El //12 es casi mi
segundo nick, en fin ... Me fijo en el nick del visitante, se ha puesto uno
un tanto curioso. También es ambiguo, puede servir para cualquier sexo. La
conversación discurre bastante normal, es hasta fluida. La muda hace un
ratito que colgó. Hablamos de casi todo, de las cosas normales, de los
gustos y aficiones, lo típico. De repente la pregunta, "¿te gusta el sexo?"
me dice. La verdad es que siendo su nick pasión había tardado bastante en
hacerla. "si" le contesto, "a todo el mundo le gusta el sexo". Bueno, a todo
el mundo no, parece ser que hay algunos raros a los que no, pero esos son
las excepciones. También hay quienes les gusta el sexo cuando lo hacen ellos
pero no les gusta que los demás lo tengamos, pero eso es otra cuestión. El
visitante me pregunta "¿cuáles son tus gustos?", "todas" le contesto, "no
tengo manías" añado, "¿en serio?", "muy en serio" afirmo. Vuelve a sonar el
teléfono, la muda otra vez. "¿Quieres hablar conmigo?" pregunta el
visitante, "claro" le contesto "eso llevamos haciendo un buen rato ¿no?".
"¿De que quieras hablar?" añade, "de lo que quieras" le digo. Aunque si que
es solo un decir, tengo a la muda al teléfono, esta vez soy yo quien tiene
que hablar, tengo que darle unos datos. Eso si, entre dato y dato adorna la
conversación con datos alusivos a no se qué programa televisivo de gran
audiencia. "Pera" rojeo. Vuelvo sobre la mesa y continuo dando datos. Son
cifras, así que las doy despacio y las repito. Hay que compararlas con
otras. El visitante sigue mandándome privados, uno tras otro. Tengo la
pantalla roja. No tecleo nada, no presto atención. El monitor pasa a modo de
ahorro energético, se apaga. Doy el último dato, la muda acaba de contarme
un anuncio de desodorante o de colonia, no se de que, no es de Jacqs, ese si
lo conozco. Cojo el ratón, lo muevo. El monitor vuelve a estado activo. Al
principio la imagen es pálida, poco a poco va tomando su color. Todo es
rojo. "Ya", digo escuetamente y añado un "espera que retrocedo para volver a
leerte". Debo retroceder bastante, ha sido todo un monologo por su parte. Se
ha extendido lo suficiente como para agotar todas las reservas de tinta roja
del chat. Sus mensajes me dejan confuso. Tanto como a él, porque esta claro
que es él. No hace mucho que me ha dejado solo con los calcetines. Ha dicho
algo irrepetible sobre mis tetas. Irrepetible por que las lagrimas que me
caían de los ojos en pleno ataque de risa no me dejaban ver bien. La verdad
es que yo no me imaginaba tan "atractiva". En fin pilarín ... Me quería
hacer no se que cosas con algo que yo no tengo pero que el visitante me
atribuía. Me decía que he haría sentir plenamente mujer. Y mira tu por
donde, la verdad es que a veces me he preguntado que pensarían las mujeres
ante ciertas cosas de los hombres. Curiosidad, solo curiosidad ¿eh? no
vayamos a liarla y a pensar cosas que no son que luego pasa lo que pasa.
Estaba llegando al final de sus mensajes y el dolor de barriga era ya casi
insoportable. Si alguien me viese en este momento seguro que corría a
auxiliarme. Estaba doblado sobre la mesa, sujetando con una mano la barriga
mientras con la otra movía con el ratón la barra de desplazamiento del
cuadro de dialogo del chat. Tengo los ojos rojos, parece que matojean, la
cara también, sofocada de la risa. Las lagrimas salen a chorros, contengo
como puedo la risa y solo puedo emitir una especia de resoplidos. El
visitante me pregunta porque he tardado tanto en responderle y no se me
ocurre mejor respuesta que "es que con una mano sola chateo muy mal". Doy
unos manotazos sobre la mesa. Se vuelca el bote de los lápices. El jefe me
mira desde su despacho. El visitante sigue a lo suyo. Me dice que me va a
hacer sentir lo que nunca nadie me ha hecho sentir antes. La verdad es que
no se porqué lo dice. "¿Te gusta?" pregunta, "siiiiiiiiii" le respondo.
¿Pero como no va a gustarme con todo lo que me estoy riendo?. "Es que para
algunas cosas solo las mujeres entendemos a las mujeres". Me quedo helado.
No me atrevo a decirle nada, parece que se lo está pasando tan bien que no
le digo nada. Pienso en la posibilidad de cambiarme de nick. Acaba de entrar
chati, la saludo. Pasión se despide y se va, dice que a clase. No la he
vuelto a ver, afortunadamente. Comienzo ha conversar con chati, no le digo
nada, no sabría como explicarlo. Hace rato que he dejado de reírme. Recojo
los lápices. El jefe sigue mirándome, eso me mosquea. |