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Otro de los lugares usados para esta cosas de las
que estamos hablando es el coche, pero solo a partir de cierta edad. Lo de la edad es
comprensible porque primero había que sacarse el carné de conducir y luego además tener
coche o que te lo dejasen. La mayoría nos arreglábamos con el vehículo familiar pero
eso traía ciertos inconvenientes que relataré en otro momento. Otros sin embargo se lo
compraban con mayor o menos fortuna y no me refiero solo a la económica. Bastantes eran
coches de segunda, tercera o incluso cuarta mano. Alguno hasta procedente del mismo
desguace y es que la necesidad ya sabéis que obliga. Otras veces el coche era prestado
por un amigo. Si te llega un colega y te dice todo emocionado eso de: "juer Bedri,
que me ha salido un plan, préstame el coche" ¿Y tu que harías?, pues lo mismo que
yo, meterte la mano en el bolsillo y darle las llaves mientras le explicas donde está el
coche y donde lo tiene que dejar cuando acabe, quedando citados al día siguiente para
recoger las llaves y de paso que te cuente. De paso le hacías un gesto con la mano, así
con el pulgar hacia arriba, eso molaba un huevo. Lo de dejar las llaves te forzaba a tener
más de un juego y sobre todo permitía que varios de tus amigos también lo tuviesen. Del
depósito de la gasolina no solían pedirte llave. Tu está claro que esa noche no podías
tener plan ,en principio no tenia que ser diferente a casi todas las demás. Pero si lo
tenias pudiera darse el caso de que acabaras pidiéndole el coche a otro amigo. Así
podía llegar a resultar que tu usabas el coche de un amigo mientras otro amigo tuyo usaba
el tuyo aparcado al lado.
Ahora que estoy en ello, recuerdo una ocasión, de
las pocas que fui por allí y precisamente en la situación que narraba, esto es en el
coche de un amigo porque para una vez que se presenta la ocasión yo había prestado el
coche a otro colega. Sin más preámbulos os cuento: como todos los sábados nos habíamos
ido toda la peña a la discoteca de siempre. Si nos os reís os digo su nombre ... bueno
vale, me fío, pero solo porque sois vosotros... se llamaba "El grillo salvaje",
sin coñas ... Javierín tiene plan, ha encontrado una chica la verdad que muy guapa.
Javierín necesita un coche y me encuentra a mí. Me lo pide y se lo dejo, no me puedo
negar, para una vez que Javierín ligaba... Unos minutos más tarde una chica se me acerca
"¿no me recuerdas?" dice sonriente mientras con un gesto cargado de picardía
deja caer un tirante de su vestido. Debo abrir unos ojos como platos porque ella se corta
y sin más rectifica "disculpa, me he equivocado". Eso es evidente, no se quien
es pero la verdad es que es mona ... bueno creo que la definición más gráfica es que
está muy buena. Morena, pelo rizoso, tostada por el sol, ojos marrón claro, muy buenas
tet... eso ... ya me entendéis. "Oye, a mi no me importaría que siguieras
equivocándote otro rato" le digo. Ella se vuelve hacia mi y se ríe, me coge del
brazo y me dice: "¿a dónde nos vamos?". Ahora si que debo abrir mucho los ojos
porque ella vuelve a reírse y me dice "soy Bea", "pues yo Bedri" le
respondo. "¡¡¡Claro!!! Yo te conozco" exclama, y me explica el porqué. Es
cierto, nos conocemos de hace dos veranos, tenemos amistades comunes, pero ella ha
cambiado mucho desde entonces. Hablamos de muchas cosas, nos reímos mucho, y poco a poco
vamos intimando. Cada vez hablamos en voz más baja, cada vez nos acercamos más para
decirnos cosas. Los temas cada vez son más personales. El primer beso no tarda en llegar,
le sigue al poco el primer roce, la química ha surgido ya y no parece fácil de parar.
Aquella discoteca no era el mejor sitio, se lo digo, ella asiente, cambiaremos de lugar,
buscaremos un sitio más tranquilo para estar los dos. Javierín hace rato que se fue así
que ya no tengo coche además, tampoco se lo podía quitar. Necesito un coche, es la
alternativa más asequible, llueve y a falta de otro sitio el coche es casi
imprescindible. Menos mal que encuentro a "Cj", le pillo despistado y le doy el
sablazo. Le pido el coche y me lo deja, intercambiamos las instrucciones de rigor y las
preguntas clásicas. Cuando me voy no se donde está el coche, mejor dicho no se si el
coche está donde dijo o ese es el sitio donde se lo tengo que dejar cuando se lo
devuelva. Pero conociendo a "Cj" lo más probable es que el coche esté muy
cerca, como así es. Lo encontramos rápidamente y nos vamos. Me cuesta arrancarlo, no
solo porque el motor estaba frío sino porque Bea se encargó de hacerlo un poco más
difícil, pero yo encantado con esas dificultades. Llegamos a uno de esos curiosos sitios
que ya he mencionado y que sirven para que los coches aparquen un rato durante la noche
sin que nadie se baje de ellos. Aparco el coche, un Seat 127 amarillo claro y pasamos a
los asientos de atrás, este modelo no tiene asientos reclinables, son solo abatibles
hacia adelante y llegan hasta media espalda, y son por lo tanto un poco incómodos. Una
vez acomodados no creo necesario contaros lo que comenzó a suceder, creo que todos os lo
podréis imaginar, eso si, sin muchas exageraciones que tampoco es para tanto y un 127 es
un 127. Los cristales se empañaron rápidamente, pero eso tampoco nos preocupó a ninguno
de los dos, casi mejor así, más intimidad. De repente algo frota contra el cristal de la
ventanilla trasera derecha, los dos nos asustamos y giramos la cabeza para ver que sucede.
Una grotesca máscara está pegada contra el cristal. Se oye un extraño grito. La
aparición se retira del cristal tan rápida y misteriosamente como apareció. Bea y yo
seguimos abrazados. Se abre la puerta derecha y alguien se sienta. "Hola, soy
yo". Era Javierín. "Menos mal que eres tu" dice mientras se acomoda en el
asiento apoyándose en el respaldo mirando hacia atrás, más concretamente a Beatriz. Ya
nos hemos desbaratado y Bea se tapa como puede con la caja de klinex que estaba en la
bandeja, porque ya sabéis que un coche sin caja de klinex no está completo. Una caja de
tissues o de klinex sobre la bandeja trasera daba mucho estilo, eso era lo que se dice
marcar paquete. Hablando de paquete, los paquetitos de diez unidades no servían, tenía
que ser una caja. Bueno, que se me va el santo al cielo ... sigo con lo que estaba
contando ... pues eso, que el Javierín con todo su morro y con un tono que demostraba una
absoluta naturalidad va y dice. "¿no os molesto, verdad?"... pues no chaval,
molestar lo que se dice molestar, pues precisamente no, ¿pero qué coñe querrá que le
contestemos?. "Oye, ¿dónde guardas los condones en tu coche?" suelta todo
fresco. Eso ha sido en toda la línea de flotación ¿pero que va a pensar Bea de mí?.
Por su cara no es difícil de imaginar. "No tengo en el coche" miento,
"entonces dame uno de los que llevas contigo" me contesta, "solo tengo uno
y ...", Javierín se hace cargo y lo asume. Se da la vuelta y comienza a buscar en la
guantera del coche. "¡¡ya está!!" exclama mientras se da la vuelta y nos
muestra algo que agita alborozado con la mano derecha. Un pequeño objeto que parece lo
que realmente es. Debe tratarse de la reserva estratégica de condones de "Cj" o
de alguno que se ha olvidado alguien. También puede ser el condón de "Cj",
bueno quiero decir que pudiera ser el único condón de "Cj". Con un "hasta
luego" salió del coche no sin antes volverse hacía Bea y dedicarle un educado y
ceremonioso "encantado de conocerte" mientras la miraba de arriba abajo. Como
siempre que Javierín salía de algún sitio lo hizo dejando la puerta abierta y como
siempre que Javierín salía de algún sitio y dejaba la puerta abierta se oyó un
"¡¡¡¡la puertaaaaaa!!!" pero que bastante cabreado acompañado de la caja de
klinex que Bea le arrojó. Luego tuve que salir a buscarla.
Los dos, Beatriz y yo nos quedamos sentados,
desnudos, uno al lado del otro, con una mezcla de cabreo y estupefacción. "Oye,
¿todos tus amigos son así?" me dice con cara de bastante mosqueo. Me disculpo como
puedo y farfullo varias excusas. Ella comienza a vestirse y yo también. El corte ha sido
monumental, no me atrevo a decirle nada, la verdad es que me gusta y prefiero no empeorar
más las cosas aunque yo no haya tenido mucha culpa en eso. Una vez que nos hemos vestido
salimos del coche para pasar a los asientos de delante. Ya no llueve, al menos de momento.
Una vez sentados delante farfullo algo y arranco el motor, a la segunda intentona tiene
que ser. La cara de Bea lo dice todo. Maniobro para salir de aquel sitio y en pleno giro
vemos como Javierín se acerca a nosotros con las manos en alto y las palmas vueltas hacia
delante mientras grita: "¡parad, parad!". Intento esquivarlo pero no puedo, me
abre la puerta y tengo que parar. "¿Os vais ya?" dice sin más. "¿tu que
crees ? "le suelta Bea cabreadísima. "Es que el condón de antes estaba
caducado... si os vais ¿me puedes dar el tuyo ... porque estará sin usar supongo?"
no tengo respuesta que darle, meto la mano en el bolsillo del pantalón y se lo doy.
Realmente si tenía respuesta pero mejor no mencionarla. Cierro la puerta del coche
mientras Javierín corre hacia mi coche que en aquel momento era el suyo mientras agita en
el aire el preservativo y le grita a "su" chica "¡¡¡ya lo tengo...ya lo
tengo!!!". En un alarde de jilipollez le digo a Bea "¿nos vamos?", ella
asiente. Por el rabillo del ojo la observo, me ha parecido ver un brillo en su mejilla.
Para romper el hielo que se ha formado enciendo el radiocaset y empujo hacia dentro la
cinta que ya está colocada. "Una vieja y un viejo van pAlbacete..."
comienza a sonar. Freno en seco, saco la cinta, abro la puerta, me bajo y la lanzo lo más
fuerte y lejos que puedo, entro en el coche, cierro la puerta, y me vuelvo hacia Bea.
Está callada, yo creo que triste. Durante unos larguísimos minutos solo hablo yo, le pido
mil disculpas de todas las maneras que se me ocurrieron y por supuesto las más torpes y
pueriles que acerté a encontrar. Pero pocas veces he sido tan sincero. Ella ha guardado
silencio todo el rato, nunca ha dejado de mirar hacia delante. Arranco.
Circulo despacio, la verdad es que estoy
disgustado y sin gana de nada. Por el rabillo del ojo me ha parecido ver una lágrima en
su mejilla. Tengo que hacer algo. Me doy cuenta de donde estamos, paro el coche y me bajo.
Se que por aquí y cerca de la carretera hay un rosal silvestre, de rosas blancas, se que
está en flor. A veces la mejor forma de decir algo sin tener que estropearlo con palabras
es con una flor. Me dirijo hacia el rosal, está todo muy oscuro. Lo distingo al otro lado
de la cuneta. Me acerco. Me hundo de agua y barro hasta los tobillos, no digo nada, no
sería prudente pero interiormente juro en todas las lenguas. Creo distinguir una rosa,
estiro la mano y me clavo una espina. Vuelvo a jurar, si esta noche continúa igual podré
practicar más el latín y otras lenguas clásicas. Doy la vuelta y regreso al coche pero
no lo hago directamente, quiero evitar el charco de la entrada y lo consigo. Entro en otro
mayor y más embarrado aún, esta vez me hundo casi hasta ls rodillas. Dejo atrás un
zapato y he de buscarlo. Mientras lo hago juro esta vez en voz baja y en arameo, lo he
perfeccionado bastante, yo mismo me asombro. Encuentro el zapato y salgo con él en la
mano, me calzo ya en el asfalto. El agua hace un curioso ruido al salir cuando meto mi pie
en el zapato. Los pocos pasos que doy van acompañados del sonido que ocasionan los zapatos
empapados. Entro en el coche y sin mirar a Beatriz le doy la rosa alargando mi mano
derecha hasta colocarla delante de ella. La acepta sin decir tampoco nada. Me agacho para
alcanzar la llave de contacto y Bea me da un beso en la mejilla. Es un beso muy suave. Me
ha parecido que muy cariñoso. La observo disimuladamente de reojo, veo que acerca la rosa
a la nariz para olerla. Un ruido espantoso resuena dentro del coche. Es Bea. No ha podido
contener la risa por más tiempo. Asombrado detengo el coche y le pregunto con cierto
estupor que le pasa. Ella entre risas entrecortadas por unas más que evidentes carcajadas
me muestra la rosa que tiene en su mano, el tallo esta roto y el único petalo que
conserva está embarrado. Yo pongo una cara muy sería y me disculpo, le echo la culpa a
la oscuridad, a la desgracia, a todo lo que se me ocurre. Le ofrezco ir a por otra. Me
vuelve a besar y dice que esa le encanta. Aliviado le doy las gracias y arranco el coche.
Ella vuelve a despipotarse. Esta vez me mosqueo algo, esta no ha sido una noche
precisamente para recordar. Le pregunto que le pasa y me dice: "¿Te has
visto?". La verdad es que no hace falta, me imagino, tengo un aspecto espantoso. Solo
a mi se me podía haber ocurrido ir de blanco un día como hoy. Estoy embarrado hasta las
rodillas, con los zapatos encharcados y además voy manchando de sangre todo lo que toco.
Ella me pide que la lleve hasta su casa, por la forma que me lo ha dicho no he podido
decir que no. Al poco de volver a ponernos en marcha me toca la mano derecha y me dice con
una voz que podría calificar como de cómplice: "no sabía que supieras hablar
tantos idiomas", esta vez nos reímos los dos. Cuando llegamos hasta su casa hay una
chica abriendo la puerta, al vernos parar delante y reconocer a Bea, espera con la puerta
entreabierta. "Es mi hermana" dice Bea que se asoma por la ventanilla del coche
y le grita "espérame que voy". Apresuradamente me da un beso rápido en los
labios y se va. Yo hago un intento de salir del coche pero ella me retiene "mejor no
te bajas que alguien pudiera verte así" me dice sonriente. Hemos quedado para el
día siguiente. Me dice adiós con la mano, espero a que la puerta se cierre tras ella y
me voy. Pese a todo esa noche voy a tardar en olvidarla entre otras cosas porque para mi
aún no ha acabado. He de devolver el coche de Cj y he de recuperar el mío. Esta a
Javierín no se la voy a perdonar. Regreso a la discoteca y paro delante, veo al hermano
de Cj y le pregunto por él. Al rato sale con unas llaves de coche en la mano, son las de
mi querido panda. Abre la puerta de su coche, se sienta y me dice, vamos a por tu coche.
Me ha extrañado que no ha dicho nada de mi aspecto pero no es necesario, a los pocos
segundos está doblado por la mitad y literalmente partiéndose de risa. Me dice que
Javierín llego todo acelerado y como escondiéndose y le dejó a él las llaves del panda
porque según le dijo era al primero que encontraba y tenía mucha prisa. Cj me pregunta
muy serio que ha pasado. Se lo cuento. No dice nada solo me pregunta que le voy a hacer a
Javierín. Le contesto que aún no lo se. Me recomendó que no fuera muy duro pero me hizo
algunas recomendaciones sobre modos de retorcer el cuello, aplastar la nariz y colgar de
las partes esas que duelen con solo imaginarlo. Cuando llego a casa coincido con mi
hermano, le he encontrado en el portal, no está solo. Lo sé porque he oído a alguien
bajar por las escaleras del sótano y porque mi querido hermano sale de allí subiéndose
la cremallera de la bragueta mientras me saluda efusivamente, yo diría que pudiera que
hasta aliviado. Me imagino quien es la misteriosa acompañante. Esta cazada me ha
permitido eludir el lógico descojone. No sentamos en la cocina a comer algo y al
preguntarme me sincero y se lo cuento todo. Por una vez no se ríe de mi. "¿Beatriz
no es la prima de Ana?", me pregunta, le respondo afirmativamente. "Tienes muy
buen gusto hermano, no la dejes escapar" me dice serio y yo diría que hasta
asombrado. No lo hago. Al día siguiente aparezco en mi cita con una rosa blanca en la
mano. Lo haré todo el verano, luego trasladarán a su padre y no la volveré a ver hasta
unos años más tarde. Fue en un centro comercial, una sonriente chica me toca en la
espalda "¿no me recuerdas?" dice sonriente mientras con un gesto cargado de
picardía deja caer un tirante de su vestido. Abrí los ojos mucho más que la primera
vez, Beatriz estaba guapísima, encantadora, fascinante. Todo un intenso verano de
recuerdos me invadió. Nos dimos un breve beso y ella se hizo a un lado para presentarme a
alguien "te presento a mi marido" dijo. Allí a su lado estaba todo un armario,
he de reconocer que fue amable y educado. De repente me acordé y le dije a Bea
"espérame aquí", la cogí por los hombros, le di un beso rápido en labios y
salí corriendo. Los dos se quedaron mirando uno para otro. A los poco minutos regresé
con una rosa en la mano. Es una rosa blanca, se la di a Bea. Ella la miró, la olió y con
su suave voz me dio las gracias. Su marido intervino y cogiéndola de la mano le dijo
"¿Este es aquel que tu me contaste de un verano de hace varios años?" , me
puse colorado, "si dice ella", luego dirigiéndose a mi me dice guiñándome un
ojo que su marido se había caído de un balcón de tanto asomarse para verla pasar. La
verdad es que Beatriz era un poco peligrosa pero compensaba.
Aunque quien realmente fue más peligroso aun fue
Cj, aún me sigue reclamando su condón, aquel que Javierín encontró el la guantera del
Seat 127. No sirvió de nada decirle que estaba caducado. Gracias a este
"incidente" Javierín logró eludir por algún tiempo las consecuencias de su
comportamiento de aquella noche pero también he de decir que la repetiría años más
tarde pero esa es otra historia que puede que alguna vez alguien cuente.
Como podéis ver, el coche podría ser un lugar
"apañadito" pero tenía ciertos inconvenientes y no todos derivados
precisamente de los "amigos".
A mi una vez me dejaron un coche de diseño y
fabricación extranjera, me lo dejaron a las cinco de la tarde. Cuando me dispuse a
regresar ya era de noche. Tuve que esperar un buen rato a que la carretera se despejara,
no era capaz de encontrar las luces... no pude esperar a que amaneciera porque mi amigo
necesitaba el coche para ir a trabajar.
Hablando de coches, que en eso estoy, los más
cotizados eran los de asientos reclinables. El Panda tenía su aquel en esa cuestión, ya
sabéis que los asientos se podían convertir en una suerte de cama, incomoda, dura y
resbaladiza pero una cama al fin y al cabo. Tenía como inconveniente el material de
tapizado, en cuanto te desnudabas te quedaba el culo pegado al asiento o la espalda ... y
costaba despegarse. Además, a veces al moverte hacías sospechosos ruidos de lo más
escatológico.
¿Y los cristales empañados?, eso si que es un
clásico. Podías saber de donde venía tu amigo en coche con su novia solo con fijarse en
los cristales, bueno, exactamente de donde no, pero si del tipo de sitio. Jo, en cuanto
acababas, encendías el cigarrito, te vestías, arrancabas el coche y ponías la
calefacción a tope. Además, abrías la ventanilla y no es por nada pero debíamos tener
unas caras de lo más jilipollas ¿no?.
Eso si, en los coches había que tener mucho
cuidado con la palanca de cambios y el freno de mano que claro está, solían
"asomarse" entre los asientos. En ocasiones y como medida de seguridad era
oportuno el estacionar el vehículo en un lugar llano o colocarle unas calzas a las ruedas
del coche, unas simples piedras del tamaño adecuado podían servir. Ya se que suena raro
pero se muy bien de que estoy hablando. No sería la primera vez, ni la última, que hay
que sacar a alguna parejita y a su coche, de algún lugar complicado de salir sin la ayuda
de una grúa, por ejemplo. Supongo que no será necesario contaros nada ¿verdad?.
Bastante fue lo que tuve que explicarle a mi padre sobre como llegué con el coche al
interior de aquel prado sobre todo teniendo en cuenta que el camino de acceso no tenía
más de un metro de ancho y la carretera estaba a unos tres metros de altura y con un
fuerte terraplén. Menos mal que mi padre no me preguntó que hacía por allí. Con quien
estaba no hizo falta, gracias a eso la grúa no me costó nada. Desde esa ocasión he
preferido sitios con menos movilidad.
La radio, o mejor el radio-caset constituían un
buen complemento pero claro está, había que hacer coincidirlos gustos de los dos. Ya se
que la música ideal para esas cosas es muy variada y que estás a lo que estás y la
música casi ni la oyes. También es cierto que mucha gente estaría de acuerdo en que lo
mejor para esas ocasiones quizás fueran los boleros. ¿pero quien coño podría de
aquella andar con una cinta de los Pancho en el coche?. Lo cierto es que yo en el panda no
tenía radio así que la única solución no era cantar, que lo hago horriblemente mal, yo
lo que hacía era recitar. Me aprendí de memoria un montón de poemas algunos francamente
cursis, me llegué a convertir en todo un experto en los poetas románticos, Gustavo
Adolfo Becquer no tenía secretos para mi. Al que siempre extrañó mi comportamiento era
al bibliotecario, estoy seguro que nunca se hubiera imaginado a mi como lector de aquel
tipo de literatura. En fin, cosas que tiene el amor ... bueno, eso que llamamos amor
cuando realmente queremos decir que al final acabaremos haciendo el ridículo.
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