|
Desde que empezamos con esto de los relatos
habéis sido varios los que hicisteis llegar vuestro interés porque apareciera algún
relato con contenido de tipo sexual. La verdad es que ha sido muy difícil puesto nadie lo
ha enviado, así que no me ha quedado otro remedio que escribir yo mismo uno de ellos. Y
aquí empieza de verdad lo complicado, porque ¿qué os cuento? La respuesta no es
sencilla, mejor dicho, es muy sencilla, no tengo ni repajolera idea. Así que me he dicho
¿y porque no cuentas algo de lo que te ha pasado a ti?. Y la verdad es que me lo he
pensado. Porque la cosa tiene su aquel ¿no?. Entre otras cosas, no sé si encuadrarlo en
el género de la comedia o en el del drama. ¿Tragicomedia?, no, no me parece oportuno,
suena como demasiado grandilocuente. Me recuerda demasiado a Calixto y Melibea y aquellos
comentarios de texto.
Así que he decidido contaros un poco de mi vida
sexual, así por encima, solo lo más relevante a lo largo de la historia. Esto es, una
historia larga de mi vida sexual, que no es lo mismo que una larga vida sexual en la
historia ni tampoco una larga vida de historia sexual. Pues eso, que empiezo, eso si,
advierto que la cosa puede ir un poco salpicada de oportunas reflexiones.
Yo, como otros varios miles de ciudadanos y
ciudadanas de este país, que por mucho que alguno se empeñe no se llama Paña sino
España, he sido educado en las más rancias tradiciones del nacional catolicismo. Tan
rancias que ya de aquella olían así a cerrado, a mugor, a necesidad de ventilarse un
poco, a naftalina, a sacristía y a bacalao. De aquella todo era pecado, bueno, todo no,
otras cosas estaban prohibidas. Que engordasen había pocas cosas porque por no haber no
había ni colesterol. Además, estar gordito era buena señal. ¡Juer que tiempos
aquellos!, los juegos interminables en las calles, las cacerías de lagartijas y de
grillos, las bragas sucias de las niñas, los bocadillos de mortadela, los helados de
Isidro el valenciano, las ciruelas de Celesta, aquellos pantalones cortos tan apretados,
claro, ¡como que tenían que durar de un año para otro y además servir para el
siguiente hermano o primo!. Pues eso, que yo crecí en una sociedad donde el sexo no es
que fuera pecado, es que no existía.
Creo que la primera vez que oí la palabra sexo
fue en clase de religión, algo relacionado con los ángeles. Debían pasárselo pipa
allá en el cielo. Aunque creo que debía ser un truco para engatusarnos con lo de ser
buenos para ir al cielo... porque al final no se trataba de saber si eran macho o hembras
mezclados, solo discutían si eran de un sexo u otro, pero solo de uno no fuera a resultar
que luego se montaran buenas... ¿eh? ... vale, si, claro, mejor me callo que no quiero
complicaciones.
Aunque lo de la procreación casi lo entendí
bien, al fin y al cabo soy de pueblo. Por eso, ver como lo hacían las vacas, o los perros
no me resultaba extraño. Sin embargo, si me hacía gracia lo de los gallos. El jodido
bicho persiguiendo media tarde a una gallina por todo el gallinero para despachar el
asunto en menos de lo que canta un gallo... ¡coñe! ¿Vendrá de ahí la frase?. Hablando
de frases, de aquella época es también mi comprensión de la muy conocida y usada
"ponerse burro", porque el burro cuando se ponía... ¡juer como se ponía!.
Pero eso de que los niños venían de París... ¿Qué quieres que te diga?... Quizás por
eso la hija de la vecina del primero tenía tal dominio del francés. Aunque de eso me
enteré unos cuantos años más tarde cuando supe que había mucho más que idiomas o
números detrás de ciertas denominaciones aunque el búlgaro solo fuese un idioma. Y lo
de la cigüeña, ¿os acordáis?. Eso en Asturias hubiera sido casi imposible, no había
cigüeñas. ¿Y si la cigüeña llega en plena temporada de caza y la mata un cazador,
sería un aborto?. ¿Y si eran gemelos, venían todos en la misma cigüeña o en
varias?...¿Y quien le llevaba los hijos a la cigüeña?. Pero sobre todo ¿qué coño
hacía la cigüeña dentro de la barriga de la madre? ¿Y porque no salía con la cría?
¿Se quedaba dentro para la siguiente vez? ¿Y si a los niños los traía la cigüeña,
para que coño engordaba tanto la madre? En fin, preguntas inocentes que alimentaban
clandestinas tertulias infantiles.
Recuerdo también el momento de la confesión, el
cura manifestaba especial interés en saber si había cometido actos impuros. Yo la verdad
aquello no lo entendía muy bien. No tenía ni idea de que coño podía ser un acto
impuro. ¡Hombre! Alguno si que se me ocurría, bastante escatológico por cierto, pero
eso al fin y al cabo era algo obligado, una necesidad fisiológica. Sinceramente, no creo
que fuese eso por lo que preguntaba el cura.
Luego, ese mismo cura ponía especial empeño en
alejarnos de los peligros del sexo y de la vida regalada, especialmente de la
fornicación. Aunque, ¿qué quieres que te diga ... con ese nombre?. No es por nada pero
eso sonaba como algo demasiado extraño. ¿Fornicar, pero fornicar es eso? .., ahhh...
¿eso ... es eso? ¡jo!. La verdad es que con la sabiduría que dan los años
transcurridos le tendríamos que decir a aquel cura: "pero hombre, ¿cómo se te
ocurría decir todas aquellas cosas ante un auditorio que no tenia ni idea de que estabas
hablando?, lo único que hicisteis fue despertar nuestro interés". Y así fue.
Además, creo necesario mencionar que en la lengua de mi tierra, fornicar, tiene un
significado completamente distinto al del castellano y eso a nosotros, niños casi todos
de zona rural y cultura domestica, nos resultaba cuanto menos chocante que cocinar al
horno fuera pecado.
Creo que será conveniente pasar un poco por alto
lo del primer beso, he de decir que no fue tan emocionante como algunos se empeñaban en
decir ni tan repugnante como decían otros. Anodino no es que lo halla sido. Si algo fue
era especial, al fin y al cabo era el primer beso, casi robado, casi un roce, del todo
furtivo, un beso a ciegas, inolvidable, como ella. Las primeras veces siempre marcan. ¿Y
el primer beso con lengua?. Yo me tragué su chicle.
También pasaré por alto la época manual. Si
hombre, aquella en la que todo el sexo se refería a lo que tocabas. Se trataba de eso, de
meter mano en todos los sitio que podías y claro, luego pasaba lo que pasaba. Tanta mano,
tanta mano, que eso, de repente descubrías que era un acto impuro. También descubrías
nombres curiosos como el de "polución" y que había otras necesidades
fisiológicas en toda regla. Eso si, seguíamos sin saber nada de nada y mucho menos de
vosotras, que las chicas eran, lo siguen siendo, unas grandes desconocidas, casi como
extraterrestres. No es por nada chicas, pero es que tenéis cada cosa...
La cosa se complicaba cuando te echabas una novia
"formal"... entonces se trataba de meter... aunque he de reconocer que lo único
que metíamos era la pata en su más genuina y popular acepción. Te pasabas media
adolescencia y otro tanto de tu juventud esperando mojar y al final lo único que
conseguías era como mucho un momento de gloria con minúsculas. Pero aún así, la
incomodidad aquella de la entrepierna no acababa de irse. Se fue con el tiempo, con los
cambios de la moda...
Una de las cosas que recuerdo de aquella época
eran los condones. Eran algo casi mítico. Tener un condón nos parecía tenerlo mucho
más fácil para mojar. Eso si, talla única y blancos. La única diferencia era el
deposito de la punta. Unos lo tenían y otros no. Lo que si tenían y supongo que siguen
teniendo, los condones, era mucha enjundia. Y es que algunas cosas, pese a todo, no han
cambiado mucho.
Yo aún recuerdo mi primer condón. Lo llevé
conmigo un montón de tiempo. Me dolió desprenderme de él. Le acabé tomando cariño. Se
fue virgen, algo absolutamente indigno para un condón pero es que había caducado. Eso
si, me dejó un duradero recuerdo en mi cartera, tanto tiempo guardado allí dentro que
dejó marcada su forma en la piel de la billetera. Una circunferencia nítida,
perfectamente apreciable. Se notaba mogollón. Todo el mundo la veía. Ese recuerdo fue
tan duradero que ya guardándolos en otro sitio seguía la dichosa marquita allí y eso
que llegué incluso a planchar la cartera.
Mi primer condón fue un regalo. Un amigo había
comprado una caja ¡de doce! y en pleno ataque de racionalidad y realismo nos regaló
varios a los demás. Solo voy a necesitar uno decía. Y así fue, usó uno y los demás le
caducaron también. Bueno, algún otro sirvió para algunas otras cosas. Porque eso de
comprar condones tiene su aquel. Eso si que se podía convertir en toda una misión
imposible. Ahora recuerdo una historia de un conocido de un amigo mío que se compró una
caja de condones variados. Si, variados, de varios tamaños, diez traía la caja. La
verdad es que a mi me mosqueó bastante, sobre todo cuando nos los enseño, eran todo un
trofeo para él. Ser eran diez, variados, cada dos de una forma y tamaño diferente.
Envueltos en papel de celofán. De importación decía el conocido de mi amigo. A mi me
mosqueaba mucho eso, se me parecían demasiado a los dedos cortados de un par de guantes
de látex, de esos que usan los cirujanos. Él parecía contento con su adquisición. No
creo que pudiera usarlos todos. Otra cosa, ¿para que los quería de tamaños variados si
pito solo tenia uno?. Eso es algo que siempre me intrigó.
Cuando necesité comprar condones tuve que
arreglármelas como pude. Había algunas máquinas en los aseos de algunos bares que por
la módica cantidad de cien pesetas te dejaban sin condón y sin moneda. Me explico, las
maquinillas dichosas eran algo así como discretas ellas. Eran cerradas, no se veía el
interior y en el exterior decía poco. Así que, llegabas, metías moneda, lo único que
meterías aquella noche, y la maquina se quedaba con la moneda y tu con las ganas. Claro,
la máquina estaba vacía y como nadie le iba a reclamar al dueño... este encantado,
¿para que iba a repararla o a reponer las gomitas aquellas cuando se acabasen si los
pardillos seguíamos metiendo moneda y no nos atrevíamos a reclamar?. ¿Las farmacias?
No, mejor no, que aquello era un pueblo y nos conocíamos todos. En mi pueblo había, y
hay, tres farmacias de esas de toda la vida. Antes había otra, la botica de los calvos la
llamaban. Pero no creo que allí vendiesen de esas cosas. En las otras la cosa era
complicada, los dueños de una de ellas eran amigos de mis padres, por lo tanto mejor no.
Los dueños de la otra tenían siete u ocho hijos, evidentemente aquí tampoco. Y en la
tercera trabajaba mi amigo Fernando, pero los dueños también conocían a mis padres.
Además, Fernando se lo contaría a su novia, su novia a sus amigas... Pero como la
necesidad obliga, una tarde esperé a que Fernando se quedase solo en la oficina, si
oficina de farmacia, que se dice así, entré y con mi mejor voz, dándole un descuidado
toque de naturalidad e indiferencia, le pedí, mientras apoyaba el codo izquierdo con toda
naturalidad sobre el mostrador mientras me acariciaba el mentón: "Fernando, dame una
caja de preservativos, de seis". Al girarse para cogerlos entró una amiga de mi
madre. ¡Horror!. Mientras hablábamos de cosas absolutamente intrascendentes Fernando
envolvía un pequeño paquete. Menos mal pensé, este ha tenido una buena ocurrencia.
Guardé la cajita en el bolsillo de la cazadora, pagué a toda prisa y con la misma
urgencia me fui de allí. Esa misma noche, nos fuimos mi chica y yo a uno de esos
estacionamientos que suelen situarse en lugares apartados de los alrededores de los
pueblos y que solo se utilizan de noche por gente que ni siquiera se baja de los coches.
Después de un extenso y abundante intercambio de fluidos glandulares y con una voz de
triunfo imposible de disimular le digo mientras extraigo un paquetito del bolsillo derecho
de mi cazadora: "mira que he traído". Lo coge y comienza a quitarle la
envoltura mientras yo manipulo el mecanismo de abatimiento del asiento de al lado del
conductor "¡juanolas que bien! exclamó alborozada, "hacia siglos que no comía
una, ¿cómo te enteraste de que me encantan?" añadió. Me pillé la mano con el
asiento y tuvo que llevarme a urgencias para que me curaran. Me dejó en casa, muerta de
risa todo he de decirlo. Al día siguiente Fernando me explicó que normalmente la gente
le pedía una caja de juanolas cuando iba a comprar condones porque les daba vergüenza,
así que por alguna extraña razón hizo la asociación de ideas al revés. Como la
explicación me pareció convincente le solté el cuello... Mi chica de entonces, con la
que aún guardo muy buena relación, sigue regalándome juanolas cada cumpleaños. Aquel
año también me las regaló. Las compra en una farmacia.
Otra cosa que tenían y supongo que siguen
teniendo los condones, mejor dicho que no tienen, es un manual de instrucciones preciso y
conciso, porque hay que ver que complicado puede llegar a ser usarlos, y no me estoy
refiriendo a la falta de la otra parte... de pareja quiero decir. Que no pajera, porque si
hay una cosa tonta es hacerse una paja con un condón puesto en el pito. ¿para no dejar
embarazada a la "alemanita"?... Una pregunta ¿quién es capaz de colocarse
correctamente el condón? Porque no es por nada, pero en plena "faena", pararse
y como se pueda ponérselo... aunque te lo pongan, es complicado ¿Cómo haces para no
ponértelo al revés?...¿cómo haces para extraerlo del envoltorio? Yo aún recuerdo
aquel que rompí al abrirlo con los dientes. Es que estábamos apurados. Menos mal que me
prestaron otro, menuda historia aquella. Porque vamos a ver, hay que ponerse en
situación. La emoción del momento, la falta de espacio. Imaginaos el asiento trasero de
un coche, de un mini de los de antes por ejemplo, de noche, completamente a oscuras, con
los cristales absolutamente empañados. Te has quitado la ropa en plan peli de tiburón,
no tienes ni idea de donde está cada prenda entre otras cosas porque no es lo que más te
preocupa. Así que cuando te lo tienes que poner pues no encuentras donde lo has guardado.
Revuelves todo el coche, ella te mira mientras tu te pones nervioso... lo encuentras,
sueltas una excusa que suele ser una jilipollez y te peleas con el envoltorio porque no
puedes abrirlo. Vuelves a soltar otra jilipollez se supone que como excusa. A todo esto la
chica sigue mirándote y tú notas como se "mosquea", consecuentemente tu
también te "enfrías". Consigues ponértelo, más o menos y os ponéis a ello.
Se acaba y empieza otro pequeño problema, ¿qué haces con la gomita?, Ya está usada,
¿Dónde la pones?... ¿La tiras?, ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? Porque estás en un
coche, en un sitio apartado, no hay condoneras, ni nada parecido. ¿Le haces un nudito y
lo arrojas por la ventanilla? ¿Lo dejas en el cenicero del coche hasta mejor ocasión?. A
todas estas, la chica ya se ha vestido, ha fumado su cigarrillo, se ha sentado en el
asiento de delante y tu sigues en el asiento de detrás, en bolas y con el condón en la
mano sin saber que hacer con él. Tu chica te mira con cara de alucine. Abres la
ventanilla y lo lanzas fuera. Te vistes, pasas al asiento de delante, te fumas el
cigarrillo mientras pones la calefacción a tope para desempañar el parabrisas. El ruido
es espantoso, no se oye la cinta del casete que le has puesto a tu chica con su canción
favorita. Das al limpiaparabrisas y allí está tu condón, enganchado en una escobilla.
Los del coche de al lado que te lo han devuelto. Te bajas para quitarlo y de repente te
quedas en pleno haz de luz de los faros de un coche que llega, apartas la cara más que
nada para que no te reconozcan y de repente el coche se para dejándote en medio de toda
la luz y se oye: "¡¡¡Beeeeeedriiiiiiiiiii Caaaapuuuulloooo ¿Quéee haaaces poooor
aaaaquiíiiii? !!!" te grita ese amigo tuyo tan oportuno como discreto. ¿Coño, pero
que respuesta le puedes dar? Así que le sueltas : "pues nada, cogiendo
caracoles"... Notas algo, miras a tu alrededor y ves un montón de caras que te miran
entre alucinadas y jocosas desde dentro de los coches. Y tu allí, de pie en medio de toda
la luz, en mangas de camisa, con la bragueta a medio cerrar, con el condón usado en la
mano...
|