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¡¡¡Por fin!!! Después de mucho tiempo voy a
tener una cita. Me he decidido y la he concertado. La verdad es que me ha costado, soy
demasiado tímido. Tengo demasiado pavor al ridículo y al fracaso como para hacer cosas
tan "arriesgadas". Además, no es tan fácil encontrar con quien. En fin... la
decisión está tomada... el lugar elegido... la fecha fijada y la hora establecida. Hasta
la contraseña, para reconocernos hemos decidido llevar una rosa roja cada uno. Eso lo ha
propuesto ella y ha insistido bastante. A mi no me hace mucha gracia pero... por cierto,
no tengo ni idea de cómo es ella. Ha sido un poco a ciegas. Bueno, un poco a ciegas no,
¡bastante a ciegas!.
Hemos quedado en un sitio que nos viene bien a los
dos. A ella le queda de camino hacia la estación y a mí me permite una "salida
airosa" en caso de patinazo. Entiéndase, me permitiría verla antes de que ella me
pueda ver a mí.
Ella me ha dicho que tiene 27 años, es alta,
rubia teñida pero rubia, no muy delgada pero esbelta, con curvas, gafas, bien vestida...
etc. Conste que eso es lo que me ha dicho ella. También me ha dicho que tiene un buen
trabajo, que tiene novio... Yo le he dicho poco pero todo verdad. Le he dicho mi edad, el
color de mis ojos que eso siempre me viene muy bien. Le he contado algo de mis aficiones.
De mi trabajo no he sido muy concreto... en fin... lo de siempre... creo. Lo que no me ha
dicho ella es eso de que es guapa... en fin... la cita ya está...
Quedamos en la terraza de una sidrería de la
calle Campoamor. La he elegido yo, así, desde la terraza de enfrente podré vigilar la
calle y la terraza de la cita. En fin, una trampa, ya lo sé, puede que un poco
maquiavélico pero creo que me entenderéis. Por que ¿y si luego es bajita, gordita, con
una gafas enormes de esas de cristales de culo de botella y con bigote?. ¿Y si solo tiene
57 años?. ¿Y si le huelen los pies?. ¿Y si...? ¿Y si... ? ¿Y si realmente tiene
bigote y se llama Manolo?. Bueno, mejor no empiezo a darle vueltas a esto que luego me
agobio e igual salgo corriendo. Y la verdad, eso si que estaría feo. Lo de salir corriendo
digo.
Lo he previsto todo, como hemos quedado a las
18,
yo llegaré un poco antes, sobre las 17:45, lo justo para prevenir posibles adelantos por su parte. Pero
también he previsto que no sea demasiado tiempo; no me vaya a pasar la tarde allí,
mirando a todas las chicas que se acerquen. Alguien se podría mosquear. Por si acaso,
llevaré un periódico, me servirá para ocultarme si fuese necesario y para disimular.
Como que no soy yo; como que soy otro. También me servirá para ocultar la rosa que
compraré de camino. Por cierto, aún no sé donde, ni siquiera sé si podré encontrarla.
¡Ya sé!. Casi de camino hay una floristería y recuerdo haber visto capullitos de rosas
rojas envueltas en papel de celofán. No creo que cueste mucho.
Salgo de la oficina a las 16:30, así me dará
tiempo a todo y si llego demasiado pronto pues me tomo una cafelito por allí cerca. Llego
a la floristería y pregunto por un capullito de aquellos. Juer, menos mal que todavía no
es rosa... 4 euros por una jodida flor todavía sin abrir y envuelta como un caramelo... Y
la dependienta que quería venderme un ramito, una par de docenitas decía. Ella seguro
que se lo merece me insistía. Menuda cara me puso cuando le dije que no, que solo una...
En el quiosco de al lado compro un periódico, dudo entre el País o la Voz de Asturias.
Elijo la Voz da Asturias que es más grande y se puede esconder mejor la rosa. Enrollo el
periódico alrededor de la rosa, pero se cae. Además, parece que llevo algo envuelto, se
nota demasiado. Cambio de sistema, meto la rosa en el medio del periódico. Lo cojo como
una cesta. No es muy elegante pero funciona. Eso sí, canta algo. Son las 17:10,
me quedan algunos minutos para la hora prevista. Entro en una cafetería y pido una tila, creo que me
vendrá mejor que el café. Al camarero algo le debe hacer gracia, me mira entre
sorprendido y guasón. Mientras la preparan comenta algo con la chica de la barra y ambos
"sonríen ampliamente" mientras miran hacía mi. Me empiezo a mosquear. Creo que
el motivo de su manifiesto escojone fue mi intento de pedir un café, una cerveza y una
tila todo ello al tiempo. Me la traen. Me quemo con la tila, evidentemente está demasiado
caliente. Me cae la rosa, la recojo y la vuelvo a acomodar. Tropiezo con la
taza y se derrama parte de la tila por la mesa; unas gotas me salpican el
pantalón. Creo que me he puesto nervioso. Lo siento, no estoy acostumbrado a
estas cosas. Mejor será que de un paseo hasta el momento de la cita.
Salgo a la calle Uría, camino un rato entre la
gente. Me detengo en un semáforo, en ese que hay delante de esos grandes almacenes.
Juer... a alguien le debe haber abandonado el desodorante o se ha muerto. ¡¡¡ Ostitú!!! ¿Seré yo? ... no jodas
... eso si que sería una catástrofe. Me doy prisa, entro
en otro bar, pido algo, entro a toda leche en el servicio. Me husmeo. Juer apesto. Huelo
a... coñe no, menos mal, es el aseo que está guarrísimo y apesta. Me cae la rosa, la
recojo y la vuelvo a acomodar. Tomo lo que pedí, pago y salgo. Lo siento, no recuerdo que
era, pero era algo que debía estar muy caliente porque me quema la lengua. Miro el reloj
¡¡¡juer!!! Falta un montón todavía. Camino despacio. Resbalo ¡¡¡mierda!!!
Efectivamente es mierda, de perro, en el zapato izquierdo. ¿Y ahora que hago?. ¿Cómo lo
limpio? Pues nada, contra el borde de la acera. Pero no se cae todo, camino un rato
arrastrando el píe. Una señora que pasa arrastrando el carrito de la compra me mira
extrañada. Paso cerca de un jardincillo, tiene césped. Intento limpiar el zapato pero
hay más mierda perruna sobre esa cosa verde que en mi zapato. Entro en un bar, pido algo.
Voy al baño y me descalzo. Y sin pisar el suelo con el píe descalzo y usando el papel
higiénico y el agua, limpio a conciencia el zapato. Se moja por dentro. Lo seco con el
secador de aire caliente. Entra un cliente, me mira raro. Entra a toda leche en la cabina
del inodoro. Se cierra por dentro. Me lo calzo. Está caliente, puede que demasiado ¡¡¡el zapato malpensado!!!. Salgo al bar. Tomo lo que pedí. Me vuelvo a quemar; la próxima
vez pido algo frío. Pago y vuelvo a la calle. Pienso en la catástrofe que ha estado a
punto de producirse. De repente caigo en ello ¡¡¡ el aliento!!! Juer, tengo que comprar
unos chicles. Entro en una tienda de chuches y después de una cola de dos niños que
compraron una chuche de cada ¡¡¡y no veas que variedad más grande hay en esos
sitios!!! pido dos paquetes de chicle mentolado "del más fuerte que tengas".
Pago, salgo a la calle, uno de los paquetes lo guardo en el bolsillo de la cazadora. Para
luego. Abro el otro, meto un par de pastillas en la boca. Las muerdo con firmeza y lloro.
Coño que fuerte. Esto no es mentol, ¡¡¡es mala baba!!!. Me caen algunas lagrimas pero
es del mismo chicle. Sigo echando tiempo. Llego al principio de la calle o al final,
depende desde donde la mires. Para mí es el principio. ¡¡¡Mierda!!!, no, no la he
vuelto a pisar, es que no tengo la rosa, me la he debido dejar en alguna parte junto con
el periódico. Vuelvo a la tienda de chuches, no está. Regreso al bar del zapato. Desde
la puerta observo, hay un cliente leyendo la Voz de Asturias, un vejete de pelo blanco
casi amarillento, gafas de pasta negra y cigarrillo negro en la comisura en la boca. En el
suelo veo la rosa. Le oigo comentar algo de gente despistada.. "mira que marcar la
página con una flor, hay que se ..."Vuelvo a la calle y a toda leche regreso a la
floristería. La dependienta me mira socarrona. Compro otra rosa. Compro otro periódico.
Escondo la rosa dentro del periódico. Estoy acalorado, he empezado a sudar. Creo que debo calmarme o no
acabaré bien el día. Me dirijo a la terraza de la cita. bueno la de enfrente de la de la
cita. Para espiar. Mejor dicho, para no dejarme sorprender.
Llego a mi destino. Elijo cuidadosamente la mesa.
Escojo una que está junto a una pequeña mampara de madera acristalada en su parte
superior, un parasol de una conocida marca de cerveza, de color verde, me protege del sol.
Me siento mirando hacia la calle, por la espalda tengo el bar; de frente, al otro lado la
calle está la terraza de la cita; por la derecha me protege la mampara y por la izquierda
el resto de las mesas y parasoles de la terraza, creo que me he situado bien. Se acerca el
camarero, me pregunta que quiero tomar; "barra barra doce" le digo, rápidamente
corrijo "una cerveza", ya sabéis que yo siempre tomo genéricas. Me acomodo,
faltan aún varios minutos, como treinta o así, pero prefiero esperar aquí que por ahí
dando vueltas, no vaya a ser que pise otra vez lo que no debo o que vuelva a perder la
rosa; entonces si que se iba a reír la dependienta de la floristería. Abro el periódico
y me cae la rosa, rápidamente la recojo del suelo. Nadie me ha visto. La oculto con la
cazadora. Me pongo las gafas de sol, no soy James Bond pero me doy un aire, creo. Bueno,
mi parecido es casi más con los Blues Brothes que con el 007 ese, que además me parece
un poco estirado y algo chulito. Además, no iba a llegar Atexa y yo me iba a presentir
diciéndole "hola, soy dri, Bedri", sería tonto. Además de gilipollas ¿No?.
Por cierto, no os lo había dicho, su nick, el de ella, la chica con la que me he citado
es Atexa. Lo que aún no entiendo es su insistencia en lo de la rosa. ¿Sería la
dependienta de la floristería?. Espero que no. Aunque eso si explicaría su insistencia
en esa contraseña y en su descojone cuando compraba las rosas. Leo el periódico y juer,
hubiera sido mejor comprar el País, destiñe menos. Pido otra cerveza, el camarero esta
vez no se ríe. Empieza a llegar gente. Grupos de gente que sale del trabajo y alguna
pareja. Uno precisamente que se sienta a mi lado, y nada más pedir la consumición
empiezan a morrear como posesos. Con fruición más bien. Con tanta que suena de una forma
ciertamente estruendosa y exagerada. Uno de los sorbetones me sobresalta y les miro con
asombro. Un grupito de viejas de pelo azul me mira con reprobación. En el siguiente
lametón son ellas quienes se sobresaltan y miran con disgusto a la pareja que sigue a lo
suyo. Yo vuelvo a empezar el periódico. Cruzo las piernas, levanto la derecha y la apoyo
sobre la rodilla izquierda. De repente hasta mi nariz llega un olor nauseabundo. Otra vez
mierda. Jueeeeer, la pernera del pantalón está manchada de ...eso, y apesta. Debe ser
que antes... en fin.. Esta vez no tiene remedio. Voy al aseo y como puedo intento
solucionar el desastre. Solo consigo empeorarlo así que regreso a la mesa y decido no
mover mucho la pierna derecha para evitar perfumar el ambiente. Pido otra cerveza. Entre
tanto ha llegado más gente. Hay una rubia espectacular enfrente de mi, ha pedido un
refresco y mientras lo toma consulta una agenda. De vez en cuando levanta la cabeza y mira
a su alrededor. ¿Será Atexa?. No creo, no lleva ninguna rosa. Llega otra mujer, de más
o menos mi edad. Mira a su alrededor y se sienta. Pide algo al camarero y le pregunta
algo. El camarero mira a su alrededor y niega con la cabeza. Juer, debe de ser esta. No,
de repente se levanta y saluda con dos besos a otra de su misma edad y aspecto. La rubia
sigue con su agenda. Una chica de gafas se sienta enfrente de mi y me mira. Tranquilo, no
lleva rosa. Jo, podía ser la rubia. Está muy bien, es muy guapa. Tiene los ojos azules.
Los he visto cuando levantaba la cabeza y ha mirado a su alrededor. Parece que espera a
alguien. Me ha sonreído levemente cuando nuestras miradas se ha cruzado. Llega un tipo
extraño, trae algo en la mano. ¡A que va a ser este!. Pido otra cerveza. La rubia me
mira, se ha puesto unas gafas y sigue leyendo su agenda, de vez en cuando anota algo.
Llega un grupo de estudiantes, se nota por los libros. La rubia les mira. Ellos miran a la
rubia y cuchichean entre ellos, no le quitan ojo, yo tampoco. Llegan dos chicas, van
riéndose entre ellas. Murmuran algo, se sientan y miran alrededor, traen algo en el bolso
de una de ellas, lo miran antes de sentarse y se ríen. Miran al tipo extraño. Me miran a
mí. Son ya las seis y media. Atexa no aparece. Miro el reloj. La rubia también lo hace,
aprovecha que el camarero está a su lado, le llama y le paga. Se levanta y nuestras
miradas vuelven a cruzarse, sonríe abiertamente. Es muy guapa. Sus ojos brillan de una
forma muy especial y la verdad es que su sonrisa es ciertamente espectacular. Me recuerda
a alguien. Ahora la veo de pie, no hubiera sido mala cosa que esta chica hubiera sido
"mi" Atexa. Me vuelve a mirar y vuelve a sonreír. En fin ¿qué se le puede
hacer?. Es hora de irme, busco al camarero con la mirada, le veo, esta cerca. Le llamo, le
pago, me levantó y me voy. Recojo el periódico y la rosa, me acerco a una papelera y los
tiro. Sin querer miro hacia el final de la calle y me quedo helado. He visto la rosa roja.
Ahora si que se ve bien. Es ella. Salgo de allí todo lo rápido que puedo.
Al día siguiente, en el chat, aparece Atexa, me pregunta porque
no he ido a la cita, "si he ido" le contesto "soy el gilipollas que estaba
sentando enfrente de ti en la otra terraza", añado; ella se ríe "claro, no
viste la rosa" me dice, "no, nunca pude imaginarme que la rosa estuviera en la
culera de tu pantalón" le contesto. "Para otra vez aprendes" ríe,
"¿Habrá otra vez?" le pregunto, ella vuelve a reír y me dice "puede que
si pero esta vez no habrá rosas, ya nos conocemos". "Por cierto" me dice
"¿porqué caminabas tan raro por la calle de detrás de Salesas?"...
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