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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Comienzo de Lili
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Era una tarde lluviosa, pero con altas temperaturas y humedad y no tenía mejor propuesta que ir hasta casa de Belu, a compartir charlas y alguna bebida refrescante. Mi amiga me esperaba y me recibió con besos y un abrazo fuerte. Sus grandes pechos se aplastaron contra mi tórax.

Belu estaba sin sujetador, vestida con remera blanca, cortita, que se hacía más corta por el tamaño de sus exquisitos pechos, coronados por duros pezones. El recortado mini jeans, no alcanzaba a cubrir la totalidad de sus nalgas, blancas, redondas y firmes.

En un sillón, con las piernas recogidas estaba Vicki, y una amiga a quien presentó como Lili y que vestía musculosa verde con alguna inscripción y pantalón corto holgado de algodón, color blanco. También estaba con los pies sobre el sillón. La holgura de sus prendas me permitía ver parte de sus labios vaginales puesto que no llevaba ropa íntima.

Vicki, sonriente me recibió con un sonoro besó. Es la más alta de nosotros y vestía su malla bikini amarilla y negra, pre anunciando la temporada de playas

Belu y yo nos sentamos en el sillón enfrentados a las otras chicas. Hablamos sobre gustos musicales, recordando algún ritmo el que nos remitía a algún momento del pasado. Hasta que Lili dijo―Ese tema musical me hace recordar mis comienzos.

Y todos nos reímos.

Belu pregunto― ¿A qué comienzos?

Lili se apresuró a responder― A mis primeros novios, más exactamente a mí segundo novio.

― ¿Por qué el segundo y no el primero? ―Volvió a preguntar Belu.

Entonces, Lili comenzó a relatarnos su historia.

“Estuve saliendo con un chico de mi edad. Era todo besitos, manitas y luego fueron besos casi apasionados. Manos explorando mi cuerpo. Y yo terminando nuestros encuentros con el deseo de algo más. Llegó a tocarme la vulva por debajo de mi vestidito y yo le apretaba su crecida y dura verga, siempre por encima de su pantalón.

Luego de unos meses decidimos tener sexo real, como lo hacen todas las parejas. Empecé a tomar anticonceptivos para no tener sorpresas.

Llegado el día del encuentro, estaba húmeda únicamente de pensar que tendría a mi novio entre mis piernas.

Tras cerrar la puerta que nos brindaría intimidad, nos besamos apasionadamente yo de pie junto a él. Y comenzó a quitarme la ropa. Desnuda por primera vez frente a un chico, me sentí bien, deseosa de ser mujer.

Se inclinó para besarme los pezones y un cosquilleo me invadió cuando comenzaron a crecer. Juan, que así se llamaba, metió dos dedos entre mis labios vaginales, separándolos. Estaba muy húmeda.

Luego se quitó la ropa dejándola caer al piso y pude ver su pene en toda su plenitud. Me pareció inmenso, coronado con una cabeza rosada con forma de bala.

Me empujó de espaldas sobre la cama. Instintivamente abrí las piernas brindándole mi sexo, con los labios hinchados, y deseosa de tenerlo. Acomodó su cuerpo entre mis piernas, su boca busco la mía al tiempo que su herramienta se hundía totalmente en mi vagina causándome un poco de dolor, y la sorpresa de sentirlo eyacular. Me besó nuevamente, me liberó de su cuerpo. Su pene flácido colgaba y me pidió que me lavase del pegote que me bajaba. Luego pasó al baño él. Nos vestimos y se despidió diciendo que se iba a ver un juego de pelota.

Me fui caminando con lágrimas en los ojos y me detuve para pedir un coche”

― Te interrumpo, Lili ―Dijo Vicki que se levantó para ir por cuatro refrescantes vasos de jugos frutales.

Belu se recostó en el sofá extendiendo sus piernas sobre las mías y causándome cierto acaloramiento. Le acaricié las rodillas a mi amiga y luego pase un dedo por la planta de sus pies.

Lili, luego de beber un sorbo continúo con su relato.

“A los pocos minutos, un auto se detuvo frente a la dirección indicada. Subí al coche, eran las 21 horas cuando le dije al chófer la dirección de mi casa. Era un hombre joven, de cabello corto, contextura media, sin barba ni bigotes.

Me pregunto si estaba bien y le respondí que sí. Mis ojos llorosos decían algo más que él notó, por eso la pregunta

Cuando llegamos a destino. Quise abonar el viaje pero me respondió― Me considero afortunado y bien pago si una hermosa chica como vos me da un beso.

Le sonreí y se volvió para mirarme a los ojos. No sé cómo fue pero le di un beso en la mejilla.

―Este beso vale por dos viajes― Dijo y añadiendo― Llámame cuando quieras, recuerda que tienes un viaje gratis.

Nos despedimos saludándonos con la mano

Lloré mucho y cuando llamó mi novio no lo atendí. Luego dejé un mensaje diciendo que cortábamos la relación.

Un día, aquel chófer estaba estacionado frente a mi casa y eso fue el comienzo de mi segundo noviazgo. Comencé a salir con Daniel que me superaba bastante en edad y en experiencias amorosas. Siempre atento a mis gustos, pulcro, divertido y seguro en lo que expresaba, parecía que era bueno en todo lo que hacía.

En la cuarta salida, luego de una noche de baile en una disco. Sentimos el deseo de hacer el amor. Quizás él tenía el deseo desde antes pero no lo expresaba.

Nos descubrimos íntimamente en un cuarto de hotel. Me hizo sentir muy deseada con su forma de mirarme. Yo comencé a quitarme la ropa queriendo demostrar que tenía experiencia. El me besó y tomándome de las manos me lo impidió. Lentamente fue abriendo y quitándome mis prendas, diciéndome lo hermosa que era. Que era lo máximo para él poder tomarme y que lo hacía inmensamente feliz que lo hubiera aceptado.

Sus labios recorrieron todo mi cuerpo. Cada centímetro de mi piel fue acariciada por su lengua. Mientras, yo permanecía tendida en la cama, con los ojos cerrados, gozando un sueño estando despierta. Cuando abrí los ojos, encontré los suyos a centímetros de los míos.

Baje la vista a su pecho y estaba desnudo. Pude verle el pene rígido, pegado a su vientre. No me atrevía a tocarlo pero deseaba tenerlo adentro

― Voy a ponerme un condón, aunque te deseo mucho, mi amorcito ―dijo Daniel.

Con un hilito de voz le dije― Estoy tomando anticonceptivos, quiero ser toda tuya, papito.

Apoyó su boca en mi boca, su lengua busco la mía y el glande de su miembro separó mis labios vaginales y comenzó hurgar mi interior. Entonces, separé mis piernas para brindarme más abierta para él.

Con movimiento rítmico sus testículos golpeaban mi ano cuando se hundía en mí y la sacaba. Repitiéndolo una y otra vez. Mis brazos aprisionados querían agitarse, también mi cabeza se movía de lado cuando Daniel hacia un movimiento lateral con su cadera, y su pene frotaba mí clítoris. Convulsione y lloré cuando arrancó la oleada de mi primer orgasmo. Estaba mojada toda y estaba comenzando a gestarse el segundo.

Me liberó de su cuerpo y dijo me pusiera de rodillas en la cama. Me besó la nuca, la espalda, y las nalgas. Con una mano apoyada en mi bajo vientre me sostenía, mientras con la otra dirigía el pene para penetrarme desde atrás.

Me hizo llegar al cielo cuando acariciando mi ano y presionándolo con un dedo, descargaba todo el semen en mi vagina y yo me derrumbaba temblando y llorando de placer.

Permanecimos en la cama pegoteados en posición cucharita hasta reponernos.

Después de lavarnos, nos pusimos a dormir un rato hasta que Daniel se recobró.

Ya ni sentía ningún pudor por mi desnudez, me parecía conocer a Daniel desde siempre. No tuve reparos en chuparle el pene en un 69 mientras él me lamía la vulva y el ano. Me devoraba en cada encuentro.

Luego comenzamos a encontrarnos en su casa. Todas las semanas, el día viernes a la noche, iba a la suya y volvía a mí casa el domingo a la noche. Siempre con la excusa de estudiar.

Fue él quien me inicio en el sexo anal. Tenía unos tapones llamados plug, los hay de distintos grosores y largos Es esencial acostumbrar el esfínter a ese tapón para recibir un pene real sin dolor. A eso me enseñó.

Yo andaba desnuda en su casa. A veces llevaba en el ano un inserto rojo de 3, 5 centímetros de diámetro, adornado con una colita de conejita. Luego Daniel me lo quitaba, me lubricaba bien y metía el suyo, haciendo saltar lágrimas de dolor y gozo de mis ojos

Era feliz sintiendo las contracciones de la verga que me llenaba. Pero como todo pasa, un día se acabó.

Ahora soy una mujer libre y uso mi cuerpo para mí placer.

Rober

Otro relato ...




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