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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Bonito piercing
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Esa noche, regresé temprano a casa desde el gimnasio, donde me habían dado un premio. Al entrar me encontré a mi esposa vestida como una prostituta. Con una minifalda negra, medias rojas, sin bragas, un suéter rojo ajustado y zapatos de tacones altos.

Antes de que pudiera decirle nada sobre su vestido de zorra, me besó rápidamente y dijo que llegaba tarde. Después salió rápidamente por la puerta, hacia su coche. Fui detrás de ella y le pregunté a dónde iba. Me respondió que ya me había dicho que hoy tenía una cita para hacerse un piercing en los labios. Entonces dije que era demasiado tarde para ello, pero ella insistió en que tenía que irse. Antes de arrancar el motor, añadió que su amigo Johnny la traería de vuelta, por si acaso no pudiera conducir sola.

Era casi medianoche cuando oí su coche entrando en el garaje. Salí para ver si necesitaba ayuda. Cuando ella salió del coche vi que tenía la minifalda alrededor de su cintura. Al verme, bajó el dobladillo para cubrirse el coño desnudo y afeitado. Su amigo Johnny se bajó del asiento del conductor.

Le pregunté a mi esposa si lo había hecho y Johnny respondió por ella. Ignoré sus comentarios, preguntándole a ella si quería contármelo. Mi esposa me dijo que entrara en la casa. Una vez en el salón, nos ordenó que nos sentáramos porque nos haría un espectáculo.

Así que Johnny y yo nos sentamos, uno al lado del otro, en el sofá y mi mujer se puso de pie con los pies juntos delante de nosotros. Nos miró fijamente a desabrocharse el cinturón y luego la cremallera a un lado de su minifalda negra. Luego hizo un par de movimientos con sus bonitas caderas redondas y la falda se deslizó por sus piernas cubiertas de nylon, hasta que cayó hasta sus tobillos.

Miré directamente a su afeitada entrepierna, pero no pude ver nada, ya que sus muslos estaban muy juntos. Luego comenzó a quitarse el suéter rojo. Y disfruté contemplando sus lindas tetas redondas, cubiertas por un sexy sostén push-up. Sonrió, preguntando qué queríamos ver primero. Antes de que pudiera decir nada, Johnny le pidió que nos mostrara primero el coño.

Mi esposa volvió a sonreír y empezó a separar las piernas. Cuando las separó lo suficiente, pude ver tres anillos de oro entre sus muslos. Me acerqué para ver mejor y se separó los labios del coño y mostrándome que tenía ambos labios, el interno y el externo, perforados.

Le dije que estaba muy sexy y le pregunté si le dolía. Asintió con la cabeza― Pero no tanto como esto ―dijo mientras se quitaba el sostén y mostraba sus pezones donde también tenía un anillo de oro similar cada uno de ellos.

Entonces se rio diciendo que no podría tener sexo durante un mes entero. Johnny comenzó a quejarse, ya que esperaba disfrutar de su piercing esa misma noche. Dijo que no era justo, pero mi esposa le ordenó que se sacara la polla y que le dejara hacerle una mamada. Y se inclinó, y se metió aquella polla en la boca. Me paré detrás de ella, mirando su lindo coño perforado mientras chupaba.

Después de un par de minutos, Johnny gruñó y supe que había llenado la boca de mi esposa con su semen. Mi esposa se levantó y se volvió hacia mí. Me besó apasionadamente, haciéndome probar el esperma de Johnny de su boca.

Después, le dijo a Johnny que se podía ir porque estaba dolorida y necesitaba descansar. Acompañó a su amigo hasta la puerta y luego volvió hacia mí. Le pregunté si estaba bien y sólo sonrió. Dijo que le dolía el coño, pero no por el piercing. Luego le pregunté por qué se sentía tan dolorida. Se rio, diciendo que el tipo que le había puesto el piercing, tenía una polla enorme y se había dado cuenta antes de empezar el trabajo. Así que le propuso pagar el trabajo de perforación con su propio coño.

El hombre aceptó de buena gana y se folló a mi esposa con su enorme polla. Después de que él se corriera dentro de su coño, ella se limpió y después él le perforó los labios de la vulva y le puso el piercing. Mi esposa afirmó que él había sido un poco brusco follándola, pero ella había quedado impresionada por el enorme tamaño de la polla.

Mi esposa se metió cuidadosamente un dedo en su coño y lo sacó cubierto de semen. Puso su dedo frente a mi nariz y me pidió que probara este el semen de aquel amable hombre que no le había cobrado por el trabajo del piercing. Lo hice, ya que mi esposa me sonrió de una manera muy sensual y juguetona. Luego se fue a tomar una relajante ducha caliente.

Un rato después la oí gemir en el baño. La muy cachonda se estaba masturbando, aunque insistió en que su coño estaba prohibido durante un mes entero para todos sus amantes, incluido yo mismo.

Cuando salió, la oí llamándome desde el dormitorio. Fui y me encontré con que mi esposa estaba desnuda, puesta a cuatro patas sobre la cama matrimonial. Ronroneó como una gatita, diciendo que hoy había sido una chica mala y que merecía un duro castigo anal.

Le pregunté si ya no estaba dolorida, esperando que me dejara follarle el coño recién perforado. Pero alegó que sólo su culo no estaba dolorido. Me sonreí a mí mismo, pensando que debería hacer un sacrificio a los dioses del sexo anal.

Esposo confiado

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