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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Encuentro casual
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Revisando una noche los correos electrónicos  recibidos, encuentro uno publicitando productos de una empresa local.  Se trataba de una invitación a participar de una encuesta y recibir productos para degustación. No sé porqué,  acepté la propuesta. Sábado  por la mañana recibí  la visita de un hombre vestido formalmente, con maletín en mano y el rostro semicubierto por un barbijo.

Grande fue mi sorpresa al reconocerlo. Con Daniel habíamos compartido clases de natación  en el club B T.  Y dos fugaces encuentros íntimos  cuando estábamos saliendo de la adolescencia. Nos reímos recordando  esos días. Compartimos un café  preparado por mí y nos contamos situaciones vividas, olvidándonos de la encuesta.

El se había casado y dijo que su esposa detestaba el sexo anal, cosa que él  deseaba hacer. Por mi parte le hablé sobre mi amigo Claudio.. Como lo conocí durante un encuentro gay en el delta, y otras aventuras.

― ¿Podré tener algún momento  contigo? ―Dijo poniendo tono de seriedad. Respondí que si y comencé a pensar en esa posibilidad.

Transcurridos cuarenta minutos de nuestra animada conversación.  Le dije que debía ducharme y cambiarme para asistir a una reunión.( Excusa para desnudarse y motivarlo)

― Dúchate tranquilo ―Dijo, y agregó―me encantaría  hacerlo contigo.

Me quité la ropa lentamente, permitiendo que Daniel observara mi cuerpo e ingresé bajo la lluvia del duchador. Desde ahí llame a mi amigo que se asomó a la puerta del baño. Le pedí  que ingresará junto a mí y rápidamente estuvo desnudo y a mi lado.

Apoyando sus manos en mis caderas me miró  a los ojos. No nos besamos, bajó  su boca hasta mis pezones que se pusieron duros por el roce de su lengua.

Tomándome por los hombros me giró.  Mordió levemente mis orejas e inclinándome hacia adelante deslizó sus labios por mi espalda hasta llegar a mi culo. Hundió su cara sobre mis nalgas entreabiertas y su lengua poniéndose en punta jugaba a ingresar a mi interior. Comencé a gemir por las caricias recibidas. Ya enfrentados nuevamente  me ofreció  su verga gruesa y caliente. Mi boca absorbió  la cabeza brillante y mojada. Con movimientos pausados, Daniel la introdujo hasta mi garganta. Hice movimientos de tragar y eso lo estimuló tanto que con un gruñido descargo su tensión llenándome la boca de semen. Luego jugué a morder sus bolas.

Logré  introducir un testículo en mi boca. Con mis manos apreté sus nalgas y sin pensarlo me encontré haciendo circulitos con un dedo sobre su fruncido ano. Lo hice girar para que me diera la espalda. Separe sus nalgas con mis manos y llegue con mi lengua hasta el hoyuelo marrón de Daniel. Cuando  nos quedamos de frente  él tenía nuevamente el pene levantado y amenazante.

Nos secamos el cuerpo rápidamente con un toallón y corrimos hacia la habitación. Me deje caer sobre la cama mirando el techo. Daniel  se inclinó  sobre mí y succionó fuertemente mis pezones al punto de dolerme. Su lengua recorrió mi barriga y se detuvo para  introducir mi pequeño pene en su boca. Luego, poniéndose de rodillas entre mis piernas, tomándolas con ambas manos las elevó y dejó descansar sobre sus hombros.

― Esta es la posición que más  me gusta ―dijo.

La cabeza de su miembro, estaba apoyada en mi culito baboso,  entregado sin ofrecer resistencia, deseando que empujara y me invadiera las entrañas  con su carne caliente y palpitante, dije―  Quiero sentirte adentro Daniel. No me hagas sufrir más.

Acercó su pecho a mi cara al tiempo que se hundía en mí su verga. El mete y saca acompañado en principio se volvió rápido  y con movimientos laterales que me hicieron perder todo control.

Fueron minutos de mucho placer mientras yo solo me limitaba a morderme los labios y a tocar con una mano mi pene, sintiéndome hembra poseída, deseada y con oleadas de indecible placer. Hasta que me encontré  con el falo de Daniel eyaculando en mi boca. Y mi ano relleno por cuatro dedos de su mano izquierda.

Permanecimos acostados juntos haciendo cucharita,  sin limpiarnos; embebidos en nuestros jugos. Satisfecho él, yo gozando mucho y esa sensación de aun tener algo dilatando mi esfínter.

Quedamos en vernos pronto con Daniel. Luego le pregunté― ¿Fue casual  lo de la encuesta?

Daniel sonrió y comenzó a vestirse.

Mi teléfono  comenzó a sonar, era Claudio.

― Tengo algo grande para vos ―lo escuche decir, wntre otras palabras llenas de morbo.

―Te espero Papito―respondí.

Mi amigo se apresuró a salir.

Me bañé prolijamente para recibir a Claudio.  Y para almorzar y compartir cama a la tarde.

Rober

Otro relato ...




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