Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Acuerdo con el jefe
ADVERTENCIA: Esta página contiene textos, imágenes o enlaces que pudieran ser considerados no apropiados para personas menores de la edad legal. Por eso se hace esta advertencia. El contenido de los mismos es evidentemente "para adultos" y de contenido explícitamente sexual por lo que, hecha esta advertencia, si finalmente decides continuar, lo haces bajo tu única y exclusiva responsabilidad. No se obliga a entrar, es más, se recomienda que aquellas personas que puedan sentirse molestas, o incluso ofendidas, con el contenido de lo que aquí aparece, que se abstengan de hacerlo.

Acabábamos de comprar una casa nueva y económicamente nos encontrábamos muy apurados. Entre el salario de mi marido y el mío nos costaba horrores llegar a fin de mes por lo que cualquier contratiempo económico era lo último que necesitábamos. La continua amenaza de perder mi trabajo me desesperaba. Además, las cosas entre ambos comenzaban a no ir muy bien, a las dificultades económicas se añadían sus largas ausencias de casa y mi falta de sexo.

Una tarde, antes de volver a mi casa, recibí el recado de que el jefe quería verme en su despacho. Temí lo peor porque durante la mañana se había acercado por detrás mi sin que yo me diera cuenta mientras enviaba fotos mías desnuda. Se acercó lo suficiente para verlas aunque en ese momento aparentara no haberlas visto y no dijera nada.

Cuando entré en su despacho ya se había ido su secretaria, me hizo cerrar la puerta y me señaló una silla frente a su mesa mientras carraspeaba.

―He visto que enviabas fotos de desnudos tuyos y que güasapeabas con alguien esta mañana.

Lo negué como pude― debe usted estar equivocado pero no tengo fotos de esas en mi teléfono móvil.

―¿Me llamas mentiroso? ―dijo molesto e incorporándose en el sillón.

―No señor, no le llamo mentiroso, siento mucho haberle ofendido ―la simple perspectiva del despido me aterraba así que improvisé como pude― estos dos estoy muy nerviosa y excitada, no hemos tenido sexo en toda la semana.

―Se lo que es eso, llevo así todo un mes ―respondió condescendiente.

―¿Me va usted a despedir? ―pregunté cada vez más temerosa.

―Aún no he decidido nada ―dijo pensativo y sin apartar la mirada de mi falda. Me pareció que se le encendían los ojos así que disimuladamente subí algo la falda para enseñarle más las piernas viendo la posibilidad de salvar mi trabajo y fui abriendo lentamente las piernas separando las rodillas.

―¿No podríamos hablar de si seguiré trabajando con usted? ―pregunté intentando ser melosa pero no empalagosa, no quería parecer demasiado dispuesta. Al mismo tiempo segúi separando lentamente las rodillas.

―Mira, es cierto que me gustas y me desagradaría mucho que te fueras pero si alguien llegara a verte con esas fotos en el trabajo podría meterme en problemas.

―No estoy desnuda del todo en esas fotos ―me defendí.

―¿Vuelves a engañarme? ―me respondió mientras me miraba inquisitivamente.

―No señor, puede ver las fotos si quiere ―alegué a la desesperada.

Durante unos momento permaneció pensativo, como valorando mi propuesta y respondió ―De acuerdo, veamos esas fotos.

Me levanté de la silla lentamente abriendo aún más las piernas tanto que el jefe tuvo plena visión de mis bragas.

Fui hasta mi mesa y recogí mi teléfono, regresé al despacho, lo desbloqueé y se lo puse delante.

―Por favor, no se lo diga usted a nadie ―supliqué mientras pasaba mis fotos por la pantalla.

Me acerqué aún más apretando mi entrepierna contra su brazo.

―¿Y esta foto? ―preguntó.

―Estoy avergonzada ―le dije mientras estiraba la mano para ocultar la imagen con los dedos cuando me mostró una fotografía mía completamente desnuda y de frente a la cámara.

―Me gusta tu matojo, déjame verlo ―dijo mientras me apartaba la mano y contemplaba la foto.

La foto que seguía era aún más explícita, conmigo  de espaldas inclinada hacia delante mostraba todo mi culo y mi coño.

―Me gusta tu coño ―y me miró antes de continuar diciéndome― y me gusta la forma que tienes de enseñarlo.

Mientras el jefe pasaba lentamente las fotografías y las miraba detenidamente entre comentarios subidos de todo, me volví sentándome sobre su escritorio con la falda enrollada en la cadera y apoyando una rodilla en el apoyabrazos de su butaca. Hice como que me gustaban sus comentarios e incluso reí alguna de sus observaciones. Se dio cuenta de cómo estaba sentada y de que mis bragas estaban a la vista.

Me acerqué y cogí el teléfono para ampliarle una foto que se le resistía, mientras lo hacía, su mano empezó a acariciar mi rodilla y mientras hablábamos de la foto comenzó a subirla por el muslo que empezó a frotar mientras su mano subía lentamente cada vez más.

Cuando estaba a punto de alcanzar las bragas le detuve la mano. Pareció sorprenderse y me miro.

―Por favor, no me despidas ―le rogué con voz preocupada mientras se sujetaba la mano sobre mi muslo a escasos milímetros de las bragas.

―No, no te despediré, seguirás trabajando aquí ―dijo mientras me sonreía.

Levanté mi mano de la suya y pasé mis brazos alrededor de su cuello y le dí un gran abrao apretando mis tetas contra su cuerpo.

Mientras le abrazaba, su mano encontró el camino entre mis muslos que se abrieron dócilmente. Me giré y me incliné sobre el escritorio ofreciéndole mi culo en el que noté su dedo presionando por encima de la ropa interior.

Se levantó decididamente, abrió la puerta y en silencio observó fuera, luego volvió a cerrar la puerta que aseguró con llave.

―Estamos solos, todos ya se han ido a su casa ―afirmó mientras se soltaba la corbata.

―Quiero verte desnuda ahora ―propuso mientras se arrellenaba en su sillón.

Me coloqué de piel frente a él y lentamente me fui desnudando arrojando lejos cada prenda que me quitaba.

―Llevo soñando con esto desde que te contraté, es una de mis fantasías aunque nunca me imaginé que sucedería realmente ―dijo mientras me observaba con atención.

Cuando me hube desnudado completamente me hizo señas de que me acercara hasta él y que me arrodillara. Sus manos tomaron mis tetas que acercó a su boca y comenzó a chupar y mordisquear lentamente mis pezones. Sin dejar que mi pezón se soltara de sus labios me dejó recostada sobre el escritorio. Su boca comenzó a recorrer mi estómago y siguió bajando empapando mi matojo con su saliva antes de encontrar mi coño. Parecía que se volvía loco chupando y mordisqueándome el clítoris. Me hizo levantar y con las manos sobre mis hombros me empujó suavemente para que me arrodillara ante él. Le desabroché los pantalones que dejé caer hasta sus rodillas, luego hice lo mismo con sus calzoncillos. Su polla golpeaba mi cara mientras le bajaba la ropa, luego la tomé entre las manos y la llevé a mi boca. Comencé a chuparle los testículos metiendo alternativamente las bolas en mi boca. Luego abrí con ansia la boca para dejar que me metiera la polla más y más mientras él empujaba haciendo que alcanzara mi garganta una y otra vez. Hasta que sus rodillas empezaron a temblar y sujetándome la cabeza con sus manos detuvo los movimientos. Me hizo levantar y volver a colocarme sobre el escritorio, separó mis piernas y se colocó dentro apoyando la cabeza de su pene en la entrada de mi coño. Se acomodó mientras empujaba poco a poco dentro de mi vagina. Notaba como su polla entraba dentro de mí y me hacía volver loca de ganas. No podía aguantar más.

―¡Fóllame, fóllame ―supliqué.

Y mientras así le pedía que me follara comenzó a joderme lentamente al principio para ir acelerando e ir cada vez más rápido. Me tenía a punto de estallar y cuando creía que él se iba a correr la sacó. Sorprendida me volteó colocándome con el pecho sobre el escritorio, volvió a sepárame las piernas y apoyando su polla empapada de mí en mi culo  que comenzó a frotar arriba y abajo. Apoyó la polla directamente en mi culo y empujó hacia delante metiéndomela toda. Había tenido sexo anal antes pero nunca como esta vez. Me sentía fantásticamente con mi jefe follándome el culo encima de su escritorio.

Mi jefe me follaba el culo como un loco y tras lo que me parecieron horas gruño secamente metiendo su polla en mi culo hasta las bolas y se corrió dentro. Noté su semen caliente en mi interior. Luego fue sacando la polla despacito y un poco de su semen salió de mi culo.

Me quedé en aquella postura intentando tomar aire cuando comencé a notar destellos como de flash, como si alguien tomara fotos. Mi jefe me hizo girar y volverme hacia el, se quedó delante tomándome fotos con la cámara de su teléfono. Cálculo que tomaría casi medio centenar en distintas posturas. Algunas resultaban muy procaces, incluso me hizo abrir la boca y me metió la polla para hacer una foto chupándosela, también me hizo recostar para meterme la polla en el coño y hacer otra foto.

―Estate tranquila, estas fotos son solo para mí, pero…―e hizo una pausa para continuar― si quieras que nadie las vea, incluso tu marido, tienes que ser mía siempre que quiera.

Esa propuesta me sobresaltó, sus anteriores palabras de mantener mi trabajo no contemplaban esta posibilidad pero la alternativa era mucho peor.

―De acuerdo ―acepté resignada.

―De momento y a partir de ahora, nunca llevarás bragas en el trabajo y cuando te lo ordené te pondrás delante y separarás las piernas  mientras levantas la falda.

Volví a aceptar con la misma resignación

―Si haces esto, nunca nadie verá esas fotos.

Acepté, salvar el trabajo era en estos momentos la única opción posible.

―¿Lo entiendes todo bien? ―peguntó.

―Si señor, lo he comprendido todo.

―A primeros de la próxima semana tengo una reunión de negocios y vendrás conmigo ―anunció.

―¡Oh Dios! ―exclamé― ¿Qué le diré a mi marido? ―continué.

―Dile que te he nombrado mi asistente personal, que tendrás un generoso aumento de salario pero que a cambio tendrás que viajar con frecuencia fuera de la ciudad e incluso del país.

Ya había salvado mi trabajo y además conseguido un buen aumento así que acepté sin dudarlo ni muchos escrúpulos.

Unos ruidos fuera nos indicaron que el empleado de la limpieza estaba con su tarea. Mi jefe se quedó un rato pensativo mirándome desnuda.

―Vístete pero no te pongas las bragas ―ordenó.

Me vestí como me había ordenado.

―Ya estoy ―confirmé.

―Sal ahí fuera y siéntate sobre la mesa con las piernas cruzadas al estilo buda, quiero que le des un bonito espectáculo.

―No, no ―dije con rotundidad.

―Está a punto de jubilarse, vive solo y dudo mucho que haya follado en muchos años si no es pagándole a una puta. Y con lo que gana tampoco será de las mejores. Una mujer como tu será una alegría para él.

Estaba limpiando en la sala de al lado cuando me senté sobre la mesa, subí la falda y crucé las piernas como el jefe me había indicado. Cuando entró se sorprendió de verme allí y se asustó al verme como estaba.

―¿Qué hace usted aquí? ―pegunto mientras arrastraba una silla y sentarse frente a mí con lo que mi coño quedaba expuesto a su mirada.

―Me he quedado a trabajar hasta tarde y estoy  tomando un descanso ―le expliqué sonriente.

―¿Le importa que me quede un momento con usted y charlamos? ―peguntó con timidez.

―No, encantada de que se quede usted, así tendré alguien con quien conversar.

Mientras el no apartaba la mirada de mi coño, así que la conversación pronto derivó al sexo. Más concretamente a mi sexo. Me quejé de que mi marido estaba fuera y que llevaba más de una semana sin tener sexo.

―Eso me pone muy caliente ―le solté ante su sorpresa pero sin que dejara de mirarme el coño durante todo el tiempo que conversábamos.

―Me gusta tu ropa ―dijo de pronto pero sin cambiar la mirada.

―¿Qué es lo que más te gusta? ―pregunté suavemente.

―Lo que más me gusta es que usted no lleva bragas.

―¡Oh! Lo siento, lo había olvidado ―me disculpé con picardía.

―¿Le parece bien así, Le gusta?―le pregunté

―Está bien así, le queda bien ―respondió complacido.

Sabía que el jefe nos observaba desde el interior de su despacho y con la calentura que ya tenía quise ir un poco más allá de las instrucciones recibidas.

―¿Cree que soy atractiva? ―le pregunté antes de continuar ―¿Le gusto?

―Si señora, es usted muy atractiva, me parece que tiene un bonito cuerpo.

―¿Cómo que le parece?

―Si señora, con la ropa puesta es difícil de responder.

Sonreí francamente y hasta se me escapó una risita de sorpresa y alegría.

―Me quitaré la ropa para que pueda verme mejor y así decirme si tengo un bonito cuerpo.

Me puse de pie y lentamente, muy lentamente, sin dejar de mirarle me fui quitando la ropa, primero la blusa y después el sostén. Con las tetas desnudas me giré en redondo para que me analizara bien.

―¿Qué piensa usted ahora? ―le pregunté mientras no dejaba de girar.

―Me gustan mucho ―y estiró las manos comenzando a apretarme las tetas y juguetear con los pezones. En ese momento solté la falda dejándola caer al suelo. Dio un paso atrás y echó una larga mirada. Luego hizo un gesto indicándome que volviera a dar la vuelta.

―Quiero verle el culo.

Al segundo giro me empujó por los hombros hacia delante haciéndome inclinar sobre el escritorio, sus manos se aferraron a mis nalgas que empezó a manosear y apretar. Me separó las nalgas con los largos dedos separándome las piernas con una rodilla. Pronto sus dedos alcanzaron coño y lo atravesaron en busca de mi clítoris. Jugó un rato con el coño antes de empujar dentro un dedo. Me estaba volviendo loca porque a aquel primer dedo siguió otro, y luego ya eran tres, finalmente cuatro. Me follaba con los dedos hasta que se fueron empapando con mis jugos.  Sacó su mano de mi coño y noté como su polla tomaba el relevo frotándola sobre mi coño mojado. Yo estaba caliente y tan desenfrenada que me había

―¿Puedo follarle el coño? ―fue la sorprendente pregunta del empleado de la limpieza después de que me hubiera hecho poner de espaldas sobre el escritorio y agarrándome por los tobillo mantenía separadas mis piernas mientras su polla se apoyaba entre los labios exteriores de mi coño.

Afirmé con un gemido y empujó metiéndomela hasta atrás. Me daba fuerte, cada vez más fuerte y yo cada vez más loca.

―¡Fóllame más duro! ―le rogué.

Aumentó la fuerza y metiéndome todo lo que pudo no paró hasta que soltó todo su semen dentro de mi coño. Me encantó.

Me quedé sobre la mesa, completamente agotada, con las piernas separadas y el coño chorreando. Cuando me recuperé e incorporé, el empleado de la limpieza había desaparecido. Unas risas me hicieron girar la cabeza y tras de mí, el jefe y el empleado de limpieza sonreían y se reían con aire cómplice. Entonces me di cuenta de que había caído en una trampa y que aquellos dos se habían puesto de acuerdo. También que aquella no sería la última vez. Tampoco me sentí mal, ni molesta ni ofendida, tengo lo que quiero, un buen trabajo bien pagado y todo el sexo que necesite. El haberme dejado follar por aquellos dos me sentó bien, lograron satisfacerme sexualmente y hasta me pagaban por ello.

Me vestí con calma mientras me observaban pero no me puse las bragas que me llevé colgando en la mano y dejé caer al pasar al lado del carro de la limpieza.

―Hasta mañana señor ―dije dirigiéndome al jefe.

―Hasta mañana señor ―añadí dirigiéndome al empleado de la limpieza.

―Espero que hayan tenido un buen día ―acabé por decir desde la puerta dirigiéndome a ambos para terminar con un decididamente alegre ―¡hasta mañana a los dos!

Mujer anónima

Otro relato ...




Poco a poco, cada vez hay más relatos porque poco a poco os vais animando a escribirlos y a enviarlos para compartirlos. A lo mejor, tienes cosas que contar y que te apetece compartir, pues este es el sitio. Si lo deseáis, puedes enviar tu relato a la dirección que figura en este enlace enviar relatos prohibidos

Y si lo que quieres es copiar algún relato y compartirlo en tu sitio, o en otro, no olvides copiar y pegar también el enlace de donde lo has obtenido. y el nombre del autor, no cuesta nada y es de justicia.

Y si estás interesado en adquirir esta página, debes de saber que está en venta. Si tienes interés, puedes contactar con nosotros aquí.