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¿QUÉ
SON LAS JUDÍAS VERDES?
Los porotos verdes también llamados
chauchas, ejotes, judías verdes o vainitas son los frutos inmaduros de
varias especies de fabáceas; técnicamente
legumbres, son vainas
aplanadas y alargadas, en cuyo interior se dispone un número de
semillas variable según la especie. Aunque en el proceso de maduración
las paredes de la vaina se endurecen mediante la formación de tejidos
fibrosos, en su forma inmadura resultan comestibles y se consumen como
verdura.
Se domesticaron antiguamente en
Mesoamérica y los Andes y en la actualidad están distribuidas casi
universalmente. Son una importante fuente de
proteínas, minerales,
vitamina B6, vitamina C y
ácido fólico, además de ser diuréticas y
digestivas.
La recolección, que puede extenderse
durante todo el verano, se puede hacer a medida que las vainas van
apareciendo. Son muy sensibles al frío, la excesiva humedad y los
vientos. Pueden sufrir ataques fúngicos, como el mildiu o el oidio e
insectiles, como la mosca blanca.
Se comercializan frescos, congelados o en
conserva.
ÍNDICE
Descripción
Historia
Variedades
Reproducción
Requerimientos de clima y suelo
Cultivo
Recolección
Descripción
Es una planta herbácea anual, trepadora o
erecta. Sus hojas están compuestas por tres foliolos de forma ovalada
o romboide, algunas veces cubiertos de vellosidades. Las plantas de
hábito trepador tienen tallos volubles y zarcillos formados por la
modificación de foliolos terminales. Tiene flores asimétricas de color
blanco o púrpura y su fruto es una legumbre de color variable, con
3-12 semillas en su interior.
Planta: anual,
de vegetación rápida.
Sistema radicular:
es muy ligero y poco profundo y está constituido por una raíz
principal y gran número de raíces secundarias con elevado grado de
ramificación. En sus raíces existen nódulos formados por
bacterias simbióticas del género Rhizobium, que les permiten fijar el
nitrógeno atmosférico.
Tallo principal:
es herbáceo. En variedades enanas presenta un porte erguido y una
altura aproximada de 30 a 40 centímetros, mientras que en las judías
de enrame alcanza una altura de 2 a 3 metros, siendo voluble y
dextrógiro (se enrolla alrededor de un soporte o tutor en sentido
contrario a las agujas el reloj).
Hoja: sencilla,
lanceolada y acuminada, de tamaño variable según la variedad.
Flor: puede
presentar diversos colores, únicos para cada variedad, aunque en las
variedades más importantes la flor es blanca. Las flores se presentan
en racimos en número de 4 a 8, cuyos pedúnculos nacen en las axilas de
las hojas o en las terminales de algunos tallos.
Fruto: legumbre
de color, forma y dimensiones variables, en cuyo interior se disponen
de 4 a 6 semillas. Existen frutos de color verde, amarillo jaspeado de
marrón o rojo sobre verde, etc., aunque los más demandados por el
consumidor son los verdes y amarillos con forma tanto cilíndrica como
acintada. En estado avanzado, las paredes de la vaina o cáscara se
refuerzan por tejidos fibrosos.
Clasificación científica
Reino: Plantae
División: Magnoliophyta
Clase: Magnoliopsida
Orden: Fabales
Familia: Fabaceae
Género: Phaseolus
Especie: P. vulgaris
Nombre binomial
Phaseolus vulgaris
L.
Historia
La mayoría de las judías que se cultivan
en España provienen de América. Pertenecen a la familia botánica "phaseolus".
Sin embargo, existe una variedad autóctona de la cuenca del
Mediterráneo. Se trata de la alubia llamada carilla, que pertenece a
la especie botánica "vigna" y no a la "phaseolus".
En la Roma antigua, bajo el nombre latino
de "phaseolus" se designaban las legumbres alargadas, término que
luego pasó al catalán como "fesol" y "fesolet". Las
jjudías secas no
fueron muy populares, a diferencia de las
lentejas y los
garbanzos que
gozaron de gran éxito y apenas hay rastro de ellas en las excavaciones
arqueológicas por la cuenca del mediterráneo.
La judía común es originaria de América
latina, donde se le atribuyen dos centros de origen: México - América
Central y Perú-Ecuador-Bolivia. Aunque en Europa, griegos y romanos
conocían una especie afín a la judía común, se puede afirmar casi con
toda certeza que fue introducida en este continente desde América en
el siglo XVI.
Hoy día, la judía se encuentra ampliamente
distribuida por diferentes partes de los trópicos, subtrópicos y
regiones templadas, siendo la legumbre más importante en América
latina y diferentes partes de África
En América hay multitud de evidencias
arqueológicas que demuestran que las judías constituían la principal
fuente de proteínas de los pueblos indígenas. Antes del descubrimiento
de América los árabes mantienen en algunas zonas su cultivo, como
indica la pervivencia de su nombre árabe "al-lubiya".
Pero su expansión y consolidación en las
cocinas de Europa solo se produce después del descubrimiento de
América. Los frijoles, tal vez el término más utilizado en América para
designar las judías secas, llegan a España en el siglo XVI. De nuestro
país, pasarán a Italia y a Francia.
Variedades
Según su porte se
distinguen dos tipos:
De porte bajo erecto
(judía enana) de 30 a 40 cm de altura. Suelen ser más precoces y menos
productivas que las de enrame. Su ciclo vegetativo es más corto.
De porte alto (judía
de enrame) con tallos trepadores que alcanzan los 2 a 3 metros de
longitud. Tienen tallos volubles provistos de zarcillos y suelen ser
de ciclo más largo y más productivas que las de porte bajo.
Según la forma y el
tamaño de las vainas:
"Sabinal": vainas
gruesas y planas.
"Garrafales": vainas
aplastada y más ancha en el centro que en los lados.
"Boby": vaina
cilíndrica o semi-cilíndrica.
Principales criterios
de elección para judías verdes cultivadas en invernadero:
Características de la
variedad comercial, que pueden ser de mata alta o judía de enrame
(tipo Perona y tipo Helda, de vaina aplastada) o de mata baja (tipo
Strike, de vaina redonda).
Mercado de destino.
Estructura de
invernadero.
Suelo.
Clima, teniendo en
cuenta que las fechas de siembra más frecuentes son: agosto-septiembre
(con recolección en noviembre-diciembre-enero), noviembre-diciembre
(con recolección en marzo-abril-mayo) y febrero-marzo (con recolección
en mayo-junio-julio).
Calidad del agua de
riego.
Reproducción
Por semillas. Según las preferencias de
consumo se puede elegir entre diferentes variedades, trepadoras o
matas bajas, de crecimiento determinado o indeterminado.
En México se conocen varias especies,
llamadas de forma popular, frijol negro, bayo, pinto, rojo. etc.
Requerimientos de clima y suelo
Prefiere suelos
sueltos y no calizos o pesados como los arcillosos y exposiciones
soleadas. Dependiendo del clima, se plantan a mediados de la primavera
o cuando ya no exista riesgo de heladas. Necesitan un aporte de abono
mineral, sobre todo potasio y fósforo.
El manejo racional de
los factores climáticos de forma conjunta es fundamental para el
funcionamiento adecuado del cultivo, ya que todos se encuentran
estrechamente relacionados y la actuación de uno de estos incide sobre
el resto.
Es planta de clima
húmedo y suave, dando las mejores producciones en climas cálidos.
Temperatura
Cuando la temperatura
oscila entre 12-15ºC la vegetación es poco vigorosa y por debajo de 15ºC
la mayoría de los frutos quedan en forma de ganchillo. Por encima de
los 30ºC también aparecen deformaciones en las vainas y se produce el
aborto de flores.
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Temperaturas críticas para judía en las
distintas fases de desarrollo |
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Temperatura óptima del suelo |
15-20ºC |
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Temperatura ambiente óptima de germinación
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20-30ºC |
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Temperatura mínima de germinación |
10ºC |
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Temperatura óptima durante el día |
21-28ºC |
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Temperatura óptima durante la noche
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16-18ºC |
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Temperatura máxima biológica |
35-37ºC |
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Temperatura mínima biológica |
10-14ºC |
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Temperatura mínima letal |
0-2ºC |
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Temperatura óptima de polinización
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15-25ºC |
Humedad
La humedad relativa
óptima del aire en el invernadero durante la primera fase de cultivo
es del 60% al 65%, y posteriormente oscila entre el 65% y el 75%.
Humedades relativas muy elevadas favorecen el desarrollo de
enfermedades aéreas y dificultan la fecundación. Es importante que se
mantenga sin excesivas oscilaciones de humedad.
Luminosidad
Es una planta de día
corto, aunque en las condiciones de invernadero no le afecta la
duración del día. No obstante, la luminosidad condiciona la
fotosíntesis, soportando temperaturas más elevadas cuanto mayor es la
luminosidad, siempre que la humedad relativa sea adecuada.
Suelo
Aunque admite una
amplia gama de suelos, los más indicados son los suelos ligeros, de
textura silíceo-limosa, con buen drenaje y ricos en materia orgánica.
En suelos fuertemente arcillosos y demasiado salinos vegeta
deficientemente, siendo muy sensible a los encharcamientos, de forma
que un riego excesivo puede ser suficiente para dañar el cultivo,
quedando la planta de color pajizo y achaparrada. En suelos calizos
las plantas se vuelven cloróticas y achaparradas, así como un
embastecimiento de los frutos (judías con hebra).
Los valores de pH
óptimos oscilan entre 6 y 7,5; aunque en suelo enarenado se desarrolla
bien con valores de hasta 8,5.
Es una de las especies
hortícolas más sensibles a la salinidad tanto del suelo como del agua
de riego, sufriendo importantes mermas en la cosecha. No obstante, el
cultivo en enarenado y la aplicación del riego localizado, pueden
reducir bastante este problema, aunque con ciertas limitaciones.
Actualmente se están llevando a cabo cultivos de judía con aguas de 2
a 2,4 mmhos.cm-1 de CE, con concentraciones de sodio y cloruros de 8
meq.l-1 y 9 meq.l-1, respectivamente, sin apreciarse disminución en
las producciones. Para conseguir estos resultados es necesario un
aporte de calcio y de magnesio más elevado de lo normal, así como
mantener un nivel de humedad lo más constante posible.
Cultivo
El cultivo de la judía
en grano es considerado como un cultivo extensivo, mientras que la
judía verde se considera netamente hortícola.
La superficie dedicada
al cultivo de la judía en grano se ha reducido en los últimos años
debido a los cambios alimenticios de la sociedad y a su importación;
los rendimientos se han mantenido prácticamente constantes, ya que la
producción total ha disminuido considerablemente. En el caso de la
judía verde, la reducción es también apreciable, pero mucho menos
importante cuantitativamente.
La judía es una
leguminosa con grandes posibilidades para la alimentación humana, por
su doble aprovechamiento (de grano y de vaina) y por su aporte
proteíco; además una parte de su producción se comercializa congelada
y en conserva; aunque debe avanzar a través de la mejora genética y la
adecuación de las técnicas de cultivo.
Los países
importadores de las cosechas españolas en judía verde son: Francia,
Alemania, Suiza y Reino Unido.
Son muy sensibles al frío, la excesiva
humedad y los vientos. Pueden sufrir ataques fúngicos, como el mildium
o el oídio e insectos, como la mosca blanca.
Preparación del
terreno
Antes de la siembra
hay que realizar una labor semiprofunda (25 a 30 cm), con la que se
envuelve el estiércol. Si se desinfecta el suelo, una vez transcurrido
el tiempo preceptivo, se labra de nuevo a menor profundidad. Le sigue
el aporte de abonado de fondo y a continuación se dan dos labores
superficiales (15 cm) con grada o cultivador. En el caso de riego por
gravedad se harán los caballones y regueras correspondientes.
Para el cultivo
enarenado, después de la limpieza de la cosecha anterior, se deshacen
los lomos dejando llana la superficie enarenada. A continuación se
incorpora el abonado de fondo.
Marcos de
plantación
El marco de siembra
más frecuente en invernadero es de 2 m x 0,5 m, con 2-3 semillas por
golpe, e incluso con una semilla por golpe.
Al aire libre la
distancia entre líneas es 0.5 m para variedades enanas y de 0.7-0.8 m
para las de enrame, con 3-5 semillas por golpe.
Siembra
Las semillas se
cubrirán con 2-3 cm de tierra, o arena en suelos enarenados.
Dichas semillas deben
haber sido seleccionadas adecuadamente y tratadas con fungicidas e
insecticidas.
Si la temperatura no
es suficiente o si se desea mantener el cultivo anterior más tiempo en
el terreno, se procede a la siembra en semillero y posterior
trasplante al invernadero.
La nascencia de las
semillas depende de la época de siembra y de la climatología, pudiendo
oscilar entre 7 y 20 días.
Escardas
Es conveniente la
escarda química (especialmente si se emplean acolchados) ya que la
manual incrementa el coste en mano de obra.
Tutorado
Es una práctica
imprescindible en la judía de enrame para permitir el crecimiento
vertical y la formación de una pared de vegetación homogénea. Consiste
en la colocación de un hilo, generalmente de polipropileno (rafia) que
se sujeta por un extremo al tallo y por el otro al emparrillado del
invernadero. Colocando un tutor más entre cada par de plantas, aumenta
la uniformidad de la masa foliar, mejorando la calidad y la
producción.
Existen también mallas
que se colocan a lo largo de las líneas de cultivo a modo de pared,
pero presentan el inconveniente de su elevado coste, así como una
mayor dificultad en las operaciones de recolección, ya que la
movilidad de la planta se ve reducida.
Deshojado
Se realiza en tiempo
seco en plantaciones de ciclo largo cuando se prolonga el período de
recolección, eliminando las hojas más viejas, siempre y cuando el
cultivo esté bien formado, con abundante masa foliar y ya se haya
recolectado una parte importante (1,5-2,5 kg.m-2). Esta práctica
mejora la calidad y cantidad de la producción y disminuye el riesgo de
enfermedades, al mejorar la ventilación y facilitar el alcance de los
tratamientos fitosanitarios.
Fertirrigación
La judía es muy
exigente en riegos en lo que se refiere a la frecuencia, volumen y
momento oportuno del riego que van a depender del estado fenólogico de
la planta así como del ambiente en que ésta se desarrolla (tipo de
suelo, condiciones climáticas, calidad del agua de riego, etc.).
De dos a cuatro días
antes de sembrar conviene dar un riego para facilitar la siembra y la
germinación de las semillas.
Después de la siembra
el primer riego solo deberá darse después de la nascencia de las
plantas.
En los primeros
estados de desarrollo conviene mantener el suelo con poca humedad, sin
embargo las necesidades de agua son muy elevadas poco antes de la
floración y después de esta.
Un exceso de humedad
puede provocar clorosis y pérdida de cosecha, especialmente en suelos
pesados. Un aporte hídrico desequilibrado disminuye la calidad de los
frutos.
En cultivo en suelo y
en enarenado el establecimiento del momento y volumen de riego vendrá
dado básicamente por los siguientes parámetros:
-
Tensión del agua en el suelo (tensión mátrica),
que se determinará mediante la instalación de una batería de
tensiómetros a distintas profundidades.
-
Tipo de suelo (capacidad de campo, porcentaje de
saturación).
-
Evapotranspiración del cultivo.
-
Eficacia de riego (uniformidad de caudal de los
goteros).
-
Calidad del agua de riego (a peor calidad,
mayores son los volúmenes de agua, ya que es necesario desplazar el
frente de sales del bulbo de humedad).
Existe otra técnica
empleada de menor difusión que consiste en extraer la fase líquida del
suelo mediante succión a través de una cerámica porosa y posterior
determinación de la conductividad eléctrica.
En cultivo hidropónico
el riego está automatizado y existen distintos sistemas para
determinar las necesidades de riego del cultivo, siendo el más
extendido el empleo de bandejas de riego a la demanda. El tiempo y el
volumen de riego dependerán de las características físicas del
sustrato.
A la hora de abonar,
existe un margen muy amplio de abonado en el que no se aprecian
diferencias sustanciales en el cultivo, pudiendo encontrar recetas
muy variadas y contradictorias dentro de una misma zona, con el mismo
tipo de suelo y la misma variedad.
Actualmente se emplean
básicamente dos métodos para establecer las necesidades de abonado: en
función de las extracciones del cultivo, sobre las que existe una
amplia y variada bibliografía, y en base a una solución nutritiva
ideal a la que se ajustarán los aportes previo análisis de agua.
Este último método es el que se emplea en cultivos hidropónicos, y
para poder llevarlo a cabo en suelo o en enarenado, requiere la
colocación de sondas de succión para poder determinar la composición
de la solución del suelo mediante análisis de macro y micronutrientes,
CE y pH.
Durante la germinación
y nascencia de la planta de judía la humedad debe ser constante,
evitando los encharcamientos, por lo que el riego previo a la siembra
deberá ser suficiente para un período de 10-12 días, aunque en
ocasiones se da un segundo riego a los 4-5 días. A partir de aquí y
hasta la floración el abonado debe ser bajo en nitrógeno, para evitar
un excesivo crecimiento vegetativo en detrimento de la floración.
Un equilibrio N-P-K
apropiado podría ser: 10-15-23. Desde el inicio de la floración hasta
el comienzo de la recolección (15-25 días) la planta es muy exigente y
cualquier carencia, tanto de nutrientes como de agua, repercute
negativamente en la floración y posterior producción. En este período
coinciden frutos y flores desarrollándose, por lo que, aunque se
mantenga el equilibrio N-P-K debe aumentarse la conductividad
eléctrica en 1,2-1,4 puntos sobre la del agua, a no ser que esta
última supere los 2,2, mmhos.cm-1 en cuyo caso sólo se incrementará en
0,8 puntos sobre la del agua. Desde el inicio de la recolección hasta
el final del ciclo es importante un aumento de la fertilización
nitrogenada y del agua, siendo el siguiente un equilibrio N-P-K
interesante: 13-12-14.
Los fertilizantes de
uso más extendido son los abonos simples en forma de sólidos solubles
(nitrato cálcico, nitrato potásico, nitrato amónico, fosfato
monopotásico, fosfato monoamónico, sulfato potásico, sulfato
magnésico) y en forma líquida (ácido fosfórico, ácido nítrico), debido
a su bajo coste y a que permiten un fácil ajuste de la solución
nutritiva, aunque existen en el mercado abonos complejos sólidos
cristalinos y líquidos que se ajustan adecuadamente, solos o en
combinación con los abonos simples, a los equilibrios requeridos en
las distintas fases de desarrollo del cultivo.
La simbiosis con
Rhizobium debería permitir el cultivo sin aporte de nitrógeno, pero la
reducida presencia de cepas de la bacteria y/o su capacidad infectiva
y de nodulación, suele ser en general reducida, por ello es necesario
un aporte básico de nitrógeno.
El aporte de
microelementos, que años atrás se había descuidado en gran medida,
resulta vital para una nutrición adecuada, pudiendo encontrar en el
mercado una amplia gama de sólidos y líquidos en forma mineral y en
forma de quelatos, cuando es necesario favorecer su estabilidad en el
medio de cultivo y su absorción por la planta.
También se dispone de
numerosos correctores de carencias tanto de macro como de
micronutrientes que pueden aplicarse vía foliar o riego por goteo,
aminoácidos de uso preventivo y curativo, que ayudan a la planta en
momentos críticos de su desarrollo o bajo condiciones ambientales
desfavorables, así como otros productos (ácidos húmicos y fúlvicos,
correctores salinos, etc.), que mejoran las condiciones del medio y
facilitan la asimilación de nutrientes por la planta.
Recolección
La recolección de la
judía de verdeo es manual, con lo cual encarece notablemente su costo,
siendo de gran importancia el momento fisiológico de recolección para
aumentar el rendimiento comercial, ya que el mercado es muy exigente y
demanda frutos con vainas tiernas (pero no demasiado), con el grano
poco marcado. Si las vainas se cosechan pasado el punto de madurez
comercial pierden calidad y valor al ser más duras y fibrosas.
La frecuencia con que
se realiza esta operación oscila entre 7 y 12 días, dependiendo de la
variedad y el ciclo de cultivo. Los retrasos en la recolección
resultan doblemente perjudiciales por lado la pérdida del valor
comercial y por otro la reducción del peso.
En variedades de porte
bajo, la recolección puede durar de 50 a 90 días y en judías de enrame
de 65 a 95 días.
Actualmente los
mercados en fresco están abastecidos prácticamente durante todo el
año.
DOCUMENTACIÓN
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