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¿QUÉ SON LOS FLAVONOIDES?
Los flavonoides o
bioflavonoides son pigmentos vegetales no nitrogenados. Su función
dentro del mundo de las plantas parece ser la de de atraer a los
polinizadores hacia las flores o los animales que comen los frutos con
la intención de que puedan dispersar mejor las semillas.
Un caso muy destacado, por
ejemplo, es el de las bromeliáceas entre las que se encuentran las
tillandsias o las billbergias. Estas plantas desarrollan sus flores
sobre una especie de tallo que emerge de una serie de hojas con roseta.
Este tallo esta formado por una serie de brácteas. Estas brácteas
presentan un color rojizo muy fuerte antes de la polinización o durante
esta y luego se hacen más verdosas.
Otras veces tienen la
función de atraer a las presas. Las mismas plantas carnívoras, como las
droseras, utilizan antocianinas en sus florespara atraer a los insectos
que luego devorarán.
Muchas veces los
flavonoides son la respuesta adaptativa de las plantas a la intensa
radiación ultravioleta. Estos componentes protegen y protegerían a las
plantas de los nocivos efectos de estos rayos solares. Otras veces estos
componentes presentan unos sabores desagradables por lo que
constituirían una ventaja sobre los animales herbívoros que rechazarían
estos alimentos.
Algunos dan el color
amarillo y el nombre general a estos principios, dado que flavus en
latín significa amarillo. De este nombre deriva la palabra flavonoide.
Otros son los que proporcionan la coloración rojiza de las yemas, de los
rebrotes o de las hojas en otoño. También son los responsables de los
colores de muchos frutos. Muchas variedades de color en la flores
dependen de la acidez del medio. Un medio ácido proporciona coloraciones
rojas fuertes, un medio alcalino dará la coloración azul y un medio
neutro, proporcionará el violeta. Estas variaciones explican porque una
misma planta, como la hortensia, varía de color según donde esté
plantada.
Se han descubierto más de
600 flavonoides. Todos ellos parecen tener un papel muy importante en la
alimentación humana, dado que presentan propiedades medicinales muy
interesantes.
Flavonoide (del latín
flavus, "amarillo") es el término genérico con que se identifica a una
serie de metabolitos secundarios de las plantas. Son sintetizados a
partir de una molécula de fenilalanina y 3 de malonil-CoA, a través de
lo que se conoce como "vía biosintética de los flavonoides", cuyo
producto, la estructura base, se cicla gracias a una enzima isomerasa.
La estructura base, un esqueleto C6-C3-C6, puede sufrir posteriormente
muchas modificaciones y adiciones de grupos funcionales, por lo que los
flavonoides son una familia muy diversa de compuestos, aunque todos los
productos finales se caracterizan por ser polifenólicos y solubles en
agua. Los flavonoides que conservan su esqueleto pueden clasificarse,
según las isomerizaciones y los grupos funcionales que les son
adicionados, en 6 clases principales: las chalconas, las flavonas, los
flavonoles, los flavandioles, las antocianinas, y los
taninos
condensados más una séptima clase, las auronas, tenidas en cuenta por
algunos autores por estar presentes en una cantidad considerable de
plantas. También el esqueleto puede sufrir modificaciones,
convirtiéndose entonces en el esqueleto de los isoflavonoides o el de
los neoflavonoides, que por lo tanto también son derivados de los
flavonoides.
Los flavonoides se
biosintetizan en todas las plantas (taxón Embryophyta y también en
algunas algas Charophyta), que aunque comparten la vía biosintética
central, poseen una gran variabilidad en la composición química de sus
productos finales y en los mecanismos de regulación de su biosíntesis,
por lo que la composición y concentración de flavonoides es muy variable
entre especies y en respuesta al ambiente. Los flavonoides son
sintetizados en el citoplasma y luego migran hacia su destino final en
las vacuolas celulares. Cumplen funciones metabólicas importantes en las
plantas, algunas funciones son comunes a todas las plantas y otras son
específicas de algunos taxones. Como ejemplo de funciones universales,
los flavonoides son responsables de la resistencia de las plantas a la
fotooxidación de la luz ultravioleta del Sol, intervienen en el
transporte de la hormona auxina, y se cree que funcionan como defensa
ante el herbivorismo. Una función importante cumplida en muchas plantas
es la atracción de los animales polinizadores, a través del color o el
olor que dan a la planta o a sus flores.
Los flavonoides han
adquirido notoriedad pública a raíz de su actividad biológica en el
hombre, que los consume con los vegetales. Los flavonoides poseen
propiedades muy apreciadas en medicina, como antimicrobianos,
anticancerígenos, disminución del riesgo de enfermedades cardíacas,
entre otros efectos. También son conocidos por los cultivadores de
plantas ornamentales, que manipulan el ambiente de las plantas para
aumentar la concentración de flavonoides que dan el color a las hojas y
a las flores.
Debido a las importantes
funciones metabólicas que los flavonoides tienen en las plantas y los
animales, sus vías biosintéticas y mecanismos de regulación están siendo
cuidadosamente estudiados. La ciencia aplicada aprovechó este
conocimiento en muchos trabajos de ingeniería metabólica, en los que se
buscó por ejemplo, aumentar la concentración de flavonoides beneficiosos
en las plantas de consumo humano o de uso farmacéutico, modificar su
concentración en flores ornamentales para cambiarles el color, e inhibir
su producción en el polen para lograr la esterilidad de los híbridos de
interés comercial. En lo que respecta a su producción, se ha
desarrollado con éxito un cultivo de bacterias que sintetiza flavonoides
de interés humano.
Los científicos dieron usos
variados a los flavonoides: los genes de la biosíntesis de flavonoides
fueron usados como herramienta para analizar los cambios en el ADN, son
ejemplos conocidos el descubrimiento de las leyes de Mendel que pudo
rastrear la herencia de los genes de los flavonoides que dan el color a
los
guisantes, y el descubrimiento de los genes saltarines de Barbara
McClintock que al "saltar" hacia un gen de un flavonoide lo inutilizan y
no se expresa el color en el grano de
maíz.
La extracción e identificación de flavonoides también fue muy usada por
los botánicos sistemáticos para establecer parentescos entre especies de
plantas.
Aún queda mucho por
investigar de los flavonoides, de su valor medicinal, y de su impacto en
la nutrición y la salud humana y de los animales. También es necesario
continuar la investigación de su estructura, su metabolismo y su
biodisponibilidad, por lo que se esperan importantes progresos en este
campo.
Descubrimiento
Probablemente la primera
vez que la ciencia describió a los flavonoides fue cuando Robert Boyle
en 1664 hizo una primera descripción de los efectos de los pigmentos de
las flores en medio ácido y en medio básico.
El primer flavonoide fue
identificado en 1930 por el premio Nobel de Fisiología y Medicina Szent-Györgyi,
quien aisló de la cáscara de
limón
una sustancia, la citrina, que probó regular la permeabilidad de los
capilares al ser consumida.
Los
flavonoides se denominaron al principio vitamina P (por permeabilidad) y
también vitamina C2, porque algunos tenían propiedades similares a la
vitamina C. El hecho de que los flavonoides fueran
vitaminas no pudo ser confirmado, y ambas denominaciones se
abandonaron alrededor de 1950.
Flavonoides importantes
La
quercetina es un flavonoide y, para ser más concretos, un flavonol. Es
el más activo de los flavonoides, y muchas plantas medicinales deben
gran parte de su actividad a su alto contenido en quercetina.
La
quercetina ha demostrado una importante actividad antiinflamatoria
debido a la inhibición directa de varios procesos iniciales de la
inflamación. Por ejemplo, inhibe la producción y liberación de histamina
y otros mediadores de la alergia y la inflamación. Además, ejerce una
potente actividad
antioxidante y potencia la acción de la
vitamina C. También puede ayudar a prevenir algunos tipos de
cáncer.
Puede
encontrarse en los productos a base de hierbas basados en el género
Crataegus (espinos), que se utilizan para los síntomas agudos de
insuficiencia cardíaca congestiva. Un estudio mostró que las personas
que comían alimentos ricos en quercetina al menos cuatro veces a la
semana, en promedio, tenían un 51% menos de probabilidad de padecer
cáncer de pulmón que aquellos que no los comían.
La
epicatequina mejora el flujo sanguíneo y, por tanto, favorece la salud
cardíaca. El
cacao,
principal ingrediente del
chocolate negro, contiene cantidades relativamente altas de
epicatequina, y contiene casi dos veces el contenido de
antioxidantes
del
vino tinto, y hasta tres veces mayor que la del
té verde en pruebas de laboratorio. Pero en el ensayo descrito
anteriormente parece que los
efectos antioxidantes beneficiosos son
mínimos, ya que se excreta rápidamente del cuerpo.
Los
extractos de proantocianidina muestran una amplia gama de actividad
farmacológica. Sus efectos incluyen el aumento intracelular de los
niveles de
vitamina C, disminuyendo la permeabilidad y la fragilidad
capilar, eliminando
oxidantes
y
radicales libres, e inhibiendo la destrucción del
colágeno (la
proteína más abundante en el cuerpo).
Estructura química
El primer flavonoide
sintetizado por la "vía biosintética de los flavonoides" es una chalcona,
cuyo esqueleto es un anillo bencénico unido a una cadena propánica que
está unida a su vez a otro anillo bencénico. En la mayoría de los
flavonoides, la cadena de reacciones continúa, por lo que la cadena
carbonada que une los anillos aromáticos se cicla por acción de una
enzima isomerasa, creando una flavanona.
Muchas veces la biosíntesis
continúa y los productos finales, también flavonoides, quedan unidos a
muy diversos grupos químicos, por ejemplo los flavonoides glucosidados
portan moléculas de azúcares o sus derivados. También pueden encontarse
flavonoides parcialmente polimerizados dando lugar a dímeros, trímeros,
o complejos multienlazados, como los taninos condensados.
Todos los flavonoides
poseen las características de ser polifenólicos y solubles en agua.
Poseen un máximo de absorción de luz a los 280 nm.
Extracción y análisis
La espectrofotometría es
útil para analizar la concentración de flavonoides en una sustancia.
Muchas veces esa medida se
realiza acoplada a una separación cromatográfica como por ejemplo HPLC.
Clasificación de los
flavonoides
De acuerdo con la
nomenclatura de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada,
pueden clasificarse, según su esqueleto y vía metabólica, en:
-
Flavonoides,
derivados de la estructura 2-fenilcromen-4-ona (2-fenil-1,4-benzopirona).
-
Isoflavonoides,
derivados de la estructura 3-fenilcromen-4-ona (3-fenil-1,4-benzopirona).
-
Neoflavonoides,
derivados de la estructura 4-fenilcumarina (4-fenil-1,2-benzopirona).
Los isoflavonoides se
forman por migración de un anillo bencénico de la posición 2 a 3 del
anillo central. El grupo integra más de 230 estructuras, y los dos más
conocidos son la genisteína y la daidzeina. Su función es defender a las
plantas del ataque de patógenos.
Dentro de
los flavonoides, se reconocen 6 y quizás 7 clases principales, según los
grupos funcionales que posean: las chalconas, las flavonas, los
flavonoles, los flavandioles, las antocianinas, los
taninos
condensados, y algunos autores consideran también a las auronas, que
otros integran a las chalconas. También hay otros derivados de los
flavonoides que poseen modificaciones tales que no entran dentro de
ninguna de estas clases principales.
El número
de flavonoides diferentes que es en teoría posible es astronómico, si se
tiene en cuenta que diez de los carbonos del esqueleto del flavonoide
pueden ser sustituidos por una variedad de grupos diferentes, que a su
vez pueden ser hidroxilados, metoxilados, metilados, isoprenilados o
benzilados. Además, cada grupo hidroxilo y algunos de los carbonos
pueden ser sustituidos por uno o más azúcares diferentes, y a su vez,
cada uno de esos azúcares puede ser acilado con una variedad de ácidos
fenólicos o alipáticos diferentes. Se han identificado y aislado
alrededor de 9.000 flavonoides, pero sin duda aún hay muchos más por
descubrir.
1. Las
chalconas están implicadas en la estimulación de la polinización gracias
a que inducen el desarrollo de colores en el espectro de lo visible y en
el UV que atraen a insectos (mariposas y
abejas)
2. Las
flavonas son amarillas y pueden estar en algunas flores, como en la
prímula, dándoles un color amarillo a sus pétalos, o en frutos, como en
la piel de las
uvas, son las responsables del color amarillento de los
vinos blancos. Hay tres flavonas importantes: la tricetina, presente
en el polen de algunas mirtáceas, y también en las podocarpáceas (Podocarpus
spp.); apigenina, presente en muchas plantas como la
camomila, (Matricaria recutita) o el espino blanco (Crataegus
laevigata), da un color marrón marfileño a las flores si se presenta
sola; y luteolina, de color amarillo, que incluso sirve para teñir lana
y otros tejidos, para lo cual se ha empleado la Retama de los tintoreros
(Genista tinctoria).
3. Los
flavonoles suelen ser incoloros o amarillos y se encuentran en las hojas
y en muchas flores. Los más importantes son tres: quercetina, es el
flavonol amarillo del polen de muchas fagáceas (Quercus sp.); miricetina,
presente en la
uva; y kaempferol, está presente en las inflorescencias y las
protege de la luz ultravioleta. La fisetina es un flavonol que se extrae
de la planta del género Amphipterygium.
4. Hay tres
flavandioles característicos: leucocianidina, presente en algunas
plantas, como en el plátano, o en el muérdago criollo (Ligaria
cuneifolia); leucopelargonidina, presente como tal en cierta
concentración en la alfalfa de secano (Medicago truncatula); y
leucodelfinidina, que es activa en el castaño de indias (Aesculus
hippocastanum).
5. Las
antocianinas, son los pigmentos hidrosolubles presentes en el líquido
vacuolar de las células responsables de la mayoría de las coloraciones
rojas, azules y violetas de las flores y hojas.
6. Los
taninos
condensados son macromoléculas constituidas por unidades de flavonoides
llamadas antocianidina. Los
taninos
están muy ampliamente distribuidos en las plantas como en el
té,
donde contribuyen al sabor astringente.
7. Las auronas son
responsables de la coloración de algunas plantas. A pesar de que se ha
sugerido que estos compuestos están relacionados estrechamente con las
chalconas, hay pocos indicios acerca de sus vías biosintéticas.
8. Las
flavanonas son precursores de otros flavonoides más complejos, pero se
encuentran como tales en altas concentraciones en los cítricos. Las más
importantes son naringenina, presente en el zumo de
naranja,
limón o
pomelo,
dándole un sabor amargo; liquiritigenina, presente en el
regaliz;
y eriodictiol, se presenta en el guisante actuando como quimioatrayente
para interactuar con agrobacterias.
9. Los
dihidroflavonoles son los precursores directos de flavandioles y
flavonoles, pero también tienen cierta actividad como tales en algunas
plantas. Hay tres importantes: dihidromiricetina, presente en las partes
aéreas de los brezos (Erica spp.), dihidroquercetina, en las
uvas blancas
o en la zarzaparrilla (Smilax aristolochiaefolia); y dihidrokaempferol.
Los flavonoides en las
plantas
Los flavonoides aparecieron
por primera vez en los ancestros de las embriofitas, que comprende al
grupo monofilético de todas las plantas terrestres (musgos, helechos,
gimnospermas y angiospermas). Se cree que fueron una de las adaptaciones
clave para la transición a la vida terrestre desde el alga verde
ancestral, debido a su capacidad de absorber la radiación ultravioleta,
mucho más intensa en la atmósfera que en el agua.
Las enzimas de la
biosíntesis de los flavonoides aparentemente derivaron de enzimas del
metabolismo primario de las plantas, que tenían genes duplicados, lo que
habrá permitido la adaptación de algunas esas enzimas a otras funciones
específicas (Iida et al. 1999 Rausher et al. 1999, Durbin et al. 2000.
La vía biosintética de los
flavonoides se ha conservado enormemente en el transcurso de la
evolución de las plantas, pero ha habido considerable divergencia tanto
en los roles que fueron cumpliendo sus productos finales, como en los
mecanismos que regulan su expresión.
La vía del ácido shikímico
se inicia en los plastos por condensación de dos productos
fotosintéticos, la eritrosa 4-P con el fosfoenolpiruvato (PEP), y por
diversas modificaciones se obtiene el ácido shikímico, del cual derivan
directamente algunos
fenoles en los vegetales. Pero la vía del ácido shikímico normalmente prosigue, y la incorporación de una segunda
molécula de PEP conduce a la formación de fenilalanina.
La vía biosintética de los
flavonoides comienza cuando la fenilalanina, por acción de la enzima
fenilalanina amonioliasa (PAL) se transforma en ácido cinámico, que
luego es transformado en ácido p-cumarínico por incorporación de un
grupo hidroxilo a nivel de anillo aromático, y la acción de una CoA
ligasa lo transforma en cumaril-SCoA, el precursor de la mayoría de los
fenoles de origen vegetal, entre los que se encuentran los flavonoides.
La vía del ácido shikímico
es dependiente de la luz.
La acción de la fenilalanina amonioliasa, que inicia la vía biosintética
de los flavonoides, es fundamental para la vida de las plantas y por
ello está estrictamente regulada. Entre otros factores, la fenilalanina
amonioliasa es activada por la luz, y depende además de la concentración
de diferentes hormonas vegetales. La actividad de la fenilalanina
amonioliasa suele aumentar cuando a los vegetales se les somete a
situaciones de estrés, como puede ser la falta de agua ("estrés
hídrico"), infecciones fúngicas o bacterianas, radiaciones UV, y el frío
(por esto último las plantas sometidas a bajas temperaturas suelen
presentar coloraciones rojizas en tallos y hojas, y cuando los inviernos
son muy fríos, las flores desarrollan colores muy intensos en la
primavera siguiente).
Hay isozimas dedicadas a la producción de flavonoides diferentes en
respuesta a señales ambientales diferentes.
Protección ante la luz
UV. Los flavonoides incoloros suelen acumularse en las capas más
superficiales de las plantas y captan hasta el 90% de las radiaciones
UV, impidiendo los efectos nocivos de estas radiaciones en los tejidos
internos.
Defensa ante el herbivorismo. Algunos flavonoides como los
taninos, protegen a las plantas generando sabores desagradables para
los herbívoros, principalmente amargos, o texturas que pueden resultar
desagradables para los herbívoros, que se ven estimulados a elegir otras
plantas.
Regulación del transporte de la hormona auxina. Las plantas
mutantes que no poseen la enzima chalcona sintasa, que forma parte de la
vía biosintética de los flavonoides, muestran un crecimiento irregular
debido a una deficiencia en el transporte de auxina a través de la
planta. Probablemente esa deficiencia se deba a la ausencia de ese
flavonoide en la planta mutante
Atracción de animales polinizadores. Muchos flavonoides son
componentes de pigmentos de las flores y hojas que confieren
coloraciones atrayentes de insectos, con lo que la función de muchos
flavonoides sería la de atraer a los polinizadores hacia las flores. Un
caso muy destacado, es el de las bromeliáceas entre las que se
encuentran las especies Tillandsia y Billbergia, que desarrollan sus
flores sobre un tallo que se elonga sobre una base con hojas en roseta.
El tallo elongado está formado por una serie de brácteas que presentan
un color rojizo muy fuerte antes de la polinización o durante ésta, y
luego se hacen más verdosas.
Atracción de presas. Las plantas carnívoras, como la Drosera y la
Dionaea, poseen antocianinas en sus flores y hojas, que cumplen una
función de atracción de los insectos que les sirven de alimento.
Atracción de animales dispersores de semillas y frutos. Algunos
flavonoides confieren aromas y colores a los frutos que los hacen más
apetecibles para los herbívoros que se alimentan de ellos, cumpliendo
así una función de dispersión de las semillas.
Inducción de la nodulación por parte de las bacterias fijadoras de
nitrógeno. Se ha observado que el eriodictiol y la apigenina-7-O-glucósido
exudados por la raíz del
guisante (Pisum
sativum) inducen la nodulación de la agrobacteria Rhizobium
leguminosarum. Se ha visto también que dos isoflavonoides
encontradas en exudados de
soja,
la daidzeina y la genisteína son inductores de los genes de la
nodulación de varias cepas de Bradyrhizobium japonicum.
Protección contra los hongos. La pisatina es un isoflavonoide
producido por el
guisante en respuesta a la infección por hongos e induce la
expresión del gen PDA1 en éstos. La pisatina y el eriodictiol inducen la
germinación de las esporas de ciertos hongos.
Aplicaciones de los
flavonoides
Los flavonoides consumidos
por el hombre lo protegen del daño de los oxidantes, como los rayos UV
(cuya cantidad aumenta en verano); la polución ambiental (minerales
tóxicos como el plomo y el mercurio); algunas sustancias químicas
presentes en los alimentos (colorantes,
conservantes, etc). Como el organismo humano no tiene la capacidad
de sintetizar estas sustancias químicas, las obtiene enteramente de los
alimentos que ingiere.
No son considerados
vitaminas.
Al limitar
la acción de los
radicales
libres (que son oxidantes), los flavonoides reducen el riesgo de
cáncer, mejoran los síntomas alérgicos y de artritis, aumentan la
actividad de la
vitamina C, , bloquean la progresión de las cataratas y la
degeneración macular, evitan las tufaradas de calor en la menopausia y
combaten otros síntomas.
En general el sabor es
amargo, llegando incluso a provocar sensaciones de astringencia
dependiendo de lo condensados que sean los
taninos. El sabor puede variar dependiendo de las sustituciones
presentadas en el esqueleto llegando incluso a usarse como
edulcorantes cientos de veces más dulces que la
glucosa.
Sus efectos
en los humanos pueden clasificarse en:
Propiedades
anticancerosas: muchos han demostrado ser tremendamente eficaces en
el tratamiento del cáncer. Se sabe que muchos inhiben el crecimiento de
las células cancerosas. Se ha probado contra el cáner de hígado.
Propiedades cardiotónicas: tienen un efecto tónico sobre el
corazón, potenciando el músculo cardíaco y mejorando la circulación.
Atribuidas fundamentalmente al flavonoide quercetina aunque aparece en
menor intensidad en otros como la genisteína y la luteolina. Se ha
estudiado que los flavonoides reducen el riesgo de enfermedades
cardíacas.
Fragilidad capilar: mejoran la resistencia de los capilares y
favorecen el que éstos no se rompan, por lo que resultan adecuados para
prevenir el sangrado. Los flavonoides con mejores resultados en este
campo son la hesperidina, la rutina y la quercetina.
Propiedades antitrombóticas: la capacidad de estos componentes
para impedir la formación de trombos en los vasos sanguíneos posibilita
una mejor circulación y una prevención de muchas enfermedades
cardiovasculares.
Disminución del colesterol: poseen la capacidad de disminuir la
concentración de
colesterol y de
triglicéridos.
Protección del hígado: algunos flavonoides han demostrado
disminuir la probabilidad de enfermedades en el hígado. Fue probado en
laboratorio que la silimarina protege y regenera el hígado durante la
hepatitis. Junto con la apigenina y la quercetina, son muy útiles para
eliminar ciertas dolencias digestivas relacionadas con el hígado, como
la sensación de plenitud o los vómitos.
Protección del estómago: ciertos flavonoides, como la
quercetina, la rutina y el kaempferol, tienen propiedades antiulcéricas
al proteger la mucosa gástrica.
Antiinflamatorios y analgésicos: la hesperidina por sus
propiedades antiinflamatorias y analgésicas, se ha utilizado para el
tratamiento de ciertas enfermedades como la artritis. Los
taninos tienen propiedades astringentes, vasoconstrictoras y
antiinflamatorias, pudiéndose utilizar en el tratamiento de las
hemorroides.
Antimicrobianos: isoflavonoides, furanocumarinas y estilbenos han
demostrado tener propiedades antibacterianas, antivirales y
antifúngicas.
Propiedades antioxidantes: En las plantas los flavonoides actúan
como
antioxidantes, especialmente las
catequinas del
té verde. Durante años se estudió su efecto en el hombre, y
recientemente (5 de marzo del 2007) se ha concluido que tienen un efecto
mínimo o nulo en el organismo humano como
antioxidantes.
Por esas
causas son prescriptas las dietas ricas en flavonoides, se encuentran en
todas las verduras pero las concentraciones más importantes se pueden
encontrar en el brócoli, la soja, el té verde y negro, el vino, y
también se pueden ingerir en algunos suplementos nutricionales, junto
con ciertas vitaminas y minerales. En los frutos, las mayores
concentraciones se encuentran en la piel, por lo que es mejor comerlos
sin pelar, debidamente lavados previamente. También es importante
destacar que muchos de estos compuestos se encuentran en proporciones
variables en los diferentes
tipos
de vinos, siendo responsables del efecto preventivo que tiene el
consumo moderado de vino sobre las enfermedades cardiovasculares,
cáncer y otras enfermedades degenerativas. Las mayores concentraciones
en el
tomate están presentes en el de tipo "cherry",
y en la
lechuga, en la del tipo "Lollo Rosso". La concentración de los
flavonoides también varía mucho entre plantas de la misma especie, por
lo que se recomienda el consumo de verduras de buena calidad, y como los
flavonoides se estropean con facilidad, es recomendado consumirlas en lo
posible crudas, y si se cocinan no se recomienda el uso del microondas
ni congelarlas antes de hervirlas.
Las plantas
de mayor valor estético tienen mayor demanda en el mercado, por lo que
se han aplicado los conocimientos en flavonoides para realzar las
coloraciones de las plantas.
La
fenilalanina amonioliasa es activada por situaciones de estrés, como
puede ser el frío. A bajas temperaturas muchas plantas, como las
orquídeas, pueden presentar coloraciones rojizas (o violetas) en hojas
que inicialmente eran verdes. Esto es no es más que un mecanismo de
defensa, pero puede tener aplicaciones comerciales: si se pulveriza con
agua un fruto en las horas de mayor temperatura, se favorece la
coloración en las zonas en que no se desarrolla bien el color. Este
tratamiento produce, al evaporase el agua, un descenso de temperatura
del fruto de hasta 10º C, lo que frenaría temporalmente las reacciones
de respiración y favorecería la reacción de síntesis de cianidina
produciendo unos frutos de colores más vivos, de más valor comercial.
Investigación en
flavonoides
La investigación en
flavonoides se puede dividir en dos grandes ramas: la investigación
básica, que se ocupa de dilucidar las vías biosintéticas de los
flavonoides y sus mecanismos de regulación, y la investigación aplicada,
representada por la ingeniería genética de flavonoides, que manipula el
ADN de las plantas con fines comerciales. Las dos ramas se
interrelacionan de forma estrecha, de forma que por un lado, es
necesario conocer las vías biosintéticas y de regulación para que la
manipulación del ADN tenga mejores probabilidades de éxito, y por otro
lado, la misma manipulación del ADN arroja a veces resultados que ayudan
a comprender las vías biosintéticas y de regulación. Las dos ramas se
diferencian principalmente en los objetivos propuestos, pero se solapan
en algunos de los métodos utilizados.
Un tercer aspecto de la
investigación es el uso de las vías biosintéticas y de regulación de los
flavonoides como herramienta para experimentación en otras áreas, y el
uso de los flavonoides en sí mismos, como herramienta para diferenciar
las especies en Botánica Sistemática.
Las vías biosintéticas
básicas fueron dilucidadas a través de la cuidadosa identificación y
caracterización de numerosas enzimas que intervienen en la biosíntesis.
En esta etapa de la investigación, se aprovechó la utilidad de muchos
tejidos de plantas que poseían la característica de poseer enzimas de la
síntesis de flavonoides en grandes cantidades y que podían ser aisladas
con facilidad. Ejemplos de trabajos de este tipo son las células
irradiadas de perejil rizado (Petroselinum hortense) de las que se aisló
la chalcona sintasa (Kreuzaler et al. 1979); los cultivos en suspensión
de células de semillas de soja (Glycine max) y poroto (Phaseolus
vulgaris) de los que se aisló la chalcona isomerasa (Moustafa y Wong
1967 Dixon et al. 1982, ); y las flores de Matthiola incana, petunia
(Petunia hybrida), y Dianthus caryophyllus, de las que se aisló la
flavanona 3-hidroxilasa, la flavonol sintasa, la flavonoide 3'-hidroxilasa,
y la dihidroflavonol reductasa (Forkmann et al. 1980, Spribille y
Forkmann 1984 Britsch y Grisebach 1986, Stich et al. 1992). Estos
experimentos dejaron al descubierto que las reacciones químicas que
mediaban en la biosíntesis de flavonoides en plantas eran una red
compleja, y propulsaron los esfuerzos para aislar los correspondientes
genes que codificaban para las enzimas descubiertas.
Históricamente la clonación
de genes de la vía de los flavonoides muestra que a mayoría de los genes
que codifican para enzimas de la vía principal fueron primero aislados
por vías bioquímicas, por ejemplo, por información extraída directamente
de las características de la enzima, o el uso de anticuerpos usando como
antígeno a la enzima purificada. También fueron útiles los mutantes que
resultaban de la inserción de elementos transponibles en los genes
implicados en la vía biosintética (procedimiento llamado "etiquetado por
transposones" utilizado por primera vez en la historia de la ciencia por
Federoff et al. en 1984 con el que descubrió el gen que codificaba para
una enzima de la vía de los flavonoides). La clonación de genes de la
vía de la biosíntesis se hizo mayormente en maíz y petunia, con pocos
aportes de otras plantas. La vía de los isoflavonoides, que está
presente en las legumbres, fue estudiada recientemente en soja y alfalfa
(Medicago sativa), si bien los resultados fueron principalmente basados
en aproximaciones bioquímicas. Arabidopsis apareció un poco tarde en la
escena de identificación de genes, y fueron útiles principalmente los
mutantes, ya que se encontraron mutantes de Arabidopsis de la mayor
parte de los genes implicados en la vía biosintética de los flavonoides.
El uso de Arabidopsis está llenando vacíos de conocimiento, por ejemplo
recientemente se identificó un gen que puede estar implicado en la
síntesis de taninos condensados (Devic et al. 1999). Al insertar genes
de maíz en los mutantes de Arabidopsis se ha comprobado que las enzimas
de la vía biosintética de los flavonoides se han conservado en su
función en distancias evolutivas enormes (Dong et al. 2001). Los
etiquetados por transposón y por T-DNA en maíz, petunia y Arabidopsis
también proveen información largamente esperada sobre los genes
envueltos en el transporte de flavonoides del sitio de síntesis en el
citoplasma hasta la vacuola (Marrs et al. 1995, Alfenito et al. 1998,
Debeaujon et al. 2001).
La identificación de genes
que codifican para factores reguladores es más reciente, y se basó casi
exclusivamente en el etiquetado de transposones primero, y el etiquetado
de T-DNA después. Esto es debido principalmente a que las
proteínas
reguladoras no se acumulan en cantidades importantes en ningún tejido,
como sí lo hacen las de biosíntesis, por lo tanto no son fáciles de
realizar las aproximaciones de tipo bioquímico con ellas. También hubo
problemas al hacer homologías entre especies, porque se han encontrado
secuencias altamente conservadas entre factores de transcripción (por
ejemplo los dominios bHLH y myb). Pero una vez se desarrolló el
etiquetado por transposones, rápidamente se aislaron los factores
reguladores de biosíntesis de flavonoides en maíz, petunia y boca de
dragón (Antirrhinum majus). Factores reguladores adicionales fueron
aislados posteriormente en Arabidopsis por clonado posicional ("positional
cloning") y etiquetado de T-DNA. Una aproximación diferente fue
realizada aislando los factores de transcripción del perejil a través de
South-western y screening de doble híbrido ("two-hybrid screening",
Weisshaar et al. 1991, Rügner et al. 2001). El uso de plantas
transgénicas para identificar y caracterizar los factores de regulación
han encontrado algunas similitudes, pero también importantes
diferencias, en los mecanismos por los que la vía de los flavonoides es
regulada en diferentes especies de plantas (Lloyd et al. 1992,
Quattrocchio et al. 1998, Uimari y Strommer 1998, Bradley et al. 1999).
La caracterización de la
vía de los isoflavonoides en alfalfa y soja ha provisto herramientas
para la ingeniería metabólica de la síntesis de isoflavonoides en otras
especies de leguminosas.
El estudio de las 3-desoxiantocianinas
ha echado algo de luz sobre sus vías biosintéticas.
También se ha descubierto
un importante rol de los flavonoides en la fertilidad masculina
(fertilidad del polen) a través del análisis de mutantes de
maíz y
de petunia que tenían una mutación en la primera enzima de la
biosíntesis de flavonoides. Sin embargo un mutante de Arabidopsis en la
misma enzima era totalmente fértil, lo que demuestra que los flavonoides
no son requeridos por todas las plantas para la formación del tubo
polínico.
También los flavonoides han
ayudado a definir la especificidad de huésped de microbios como
Rhizobium spp. y Agrobacterium spp. (Rolfe 1988, Zerback et
al. 1989).
Los flavonoides también
contribuyen al reconocimiento de la planta huésped por parte de las
plantas parásitas como Triphysaria versicolor y Cuscuta subinclusa, pero
aparentemente no son requeridos para el parasitismo exitoso de
Arabidopsis por parte de Orobanche aegyptiaca (Kelly 1990, Albrecht et
al. 1999, Westwood 2000).
Pero así como los
flavonoides cumplen con funciones específicas en especies diferentes,
también poseen una serie de roles que se conservan ampliamente, para
ello son útiles los modelos como Arabidopsis, que provee información
genética y molecular que no está disponible en otras plantas.
Arabidopsis además tiene la ventaja de hacer más simple la
caracterización de la vía de los flavonoides, porque posee un solo gen
para la mayoría de las enzimas que intervienen en la vía, a diferencia
de lo que pasa con muchas otras plantas que tienen muchas copias de esos
genes. Por lo tanto una mutación en un gen de la vía interrumpe todo el
flujo de la biosíntesis, en todos los tejidos y en todas las condiciones
ambientales. Un ejemplo de su utilidad fue el uso de algunos mutantes de
Arabidopsis para demostrar el rol inequívoco de los flavonoides en
proteger a la planta de la radiación UV (Li et al. 1993). Estos mutantes
también proveyeron información sobre la contribución de los flavonoides
presentes en la cubierta de la semilla para mantener la dormición de la
misma (Debeaujon et al. 2000). Es más, la largamente controvertida
hipótesis de que los flavonoides funcionaban como transporte de la
hormona auxina (Jacobs y Rubery 1988) recibió apoyo de estudios en
Arabidopsis (Brown et al. 2001). En cada caso Arabidopsis ayudó a dar
las herramientas para investigar estos mecanismos en otras especies de
plantas.
Debido a las importantes
funciones metabólicas que los flavonoides tienen en las plantas, sus
vías biosintéticas están estrictamente reguladas. La ingeniería genética
aprovechó esta característica de los flavonoides para hacerlos blanco de
muchos trabajos de ingeniería metabólica. La ingeniería metabólica de
flavonoides se puede definir como la tecnología que manipula el ADN que
interviene en la biosíntesis de flavonoides. El ADN que interviene en la
biosíntesis de flavonoides puede dividirse en el que codifica para
compuestos estructurales y en el que codifica para
proteínas
que regulan
la transcripción (recientemente se ha descripto que la biosíntesis puede
ser regulada al nivel de la transcripción.
La ingeniería metabólica de
flavonoides empezó en 1987 y ha sido un área de investigación muy
fructífera en la década del '90. Muchos de los procedimientos están bajo
patente.
La ingeniería genética es
cara y costosa, por lo que deben realizarse previamente experimentos
destinados a conocer en profundidad las vías metabólicas de la planta a
tratar, con el objetivo de maximizar las probabilidades de éxito del
tratamiento. Por ejemplo se pueden deducir algunos puntos de sus vías
biosintéticas analizando la reacción de la planta ante la presencia de
ciertos flavonoides conocidos.
Algunos ejemplos de
aplicación exitosa de la ingeniería metabólica a los flavonoides son (Forkmann
y Martens 2001):
Coloración de las flores.
La innovación en el color de las flores de las plantas ornamentales, en
especial la oferta de variedades azules o amarillas inexistentes en la
naturaleza, es uno de los mayores atractivos que pueden ofrecer los
cultivares. Como ejemplo se puede mencionar la Petunia de flores
naranjas (el color es concedido por flavonoides sintetizados gracias a
genes traídos de otras plantas), y los claveles violetas (logrados por
genes traídos de la petunia transgénica).
Mejoras en el potencial
nutricional de los alimentos. Por ejemplo en el tomate, se ha
logrado introducir unos genes del maíz que aumentan la biosíntesis de
kaempferol en más de un 60%, principalmente en la pulpa. También se ha
introducido un gen de Petunia que aumenta la biosíntesis de la
quercetina en más de un 70 %, principalmente en la piel. También hay
ejemplos de aplicación de la ingeniería en papas y en algunas
forrajeras.
Mejoras en el potencial
farmacéutico de las plantas. Algunos flavonoides presentes en las
leguminosas, llamados isoflavonoides, pueden actuar como fitoestrógenos,
lo cual ha generado interés en el uso de estos compuestos para tratar
desórdenes hormonales en humanos. La ingeniería genética se utiliza para
buscar la biosíntesis de isoflavonoides en plantas de cultivo donde
normalmente están ausentes. Se ha realizado un experimento inicial
exitoso en Arabidopsis thaliana.
Supresión de la
fertilidad del polen. En semillas de híbridos como el maíz se ha
utilizado la ingeniería genética para que el polen generado por estas
plantas híbridas fuera estéril. Por ejemplo en el maíz se ha logrado
crackeando dos genes CHS: C2 y Whp, lo que da como resultado polen
estéril de color blanco, producto de la ausencia de flavonoides en él.
También hay ejemplos en híbridos de petunias y de la planta del tabaco.
Biosíntesis de
flavonoides por bacterias genéticamente modificadas. Recientemente
mediante la ingeniería genética se ha logrado cultivar bacterias capaces
de sintetizar flavonoides de tipo flavanonas.
Los flavonoides o sus vías
biosintéticas han sido también utilizados para experimentar en otras
áreas de la ciencia, por ejemplo:
Los flavonoides han
contribuido en forma directa o indirecta en el descubrimiento de muchos
principios biológicos en los últimos 150 años.Dos ejemplos bien
conocidos son el uso que Mendel le dio a los colores de las flores y las
semillas de Pisum sativum, entre otros caracteres, para desarrollar sus
teorías acerca de los mecanismos de la herencia; y el estudio de la
pigmentación de los granos de
maíz
de Barbara McClintock que llevó al descubrimiento de los elementos
móviles en el ADN.
Más recientemente, los
análisis de la pigmentación en el
maíz
y sus tejidos vegetativos identificaron el fenómeno epigenético conocido
como paramutación, en el que las interacciones entre alelos resultan en
cambios heredables en la expresión genética (Chandler et al. 2000). De
manera similar, los efectos de la expresión de flavonoides transgénicos
en la pigmentación de la flor de petunia dejó al descubierto el fenómeno
de cosupresión (Que y Jorgensen 1998, Metzlaff et al. 2000).
La vía de los flavonoides
también fue un sujeto de interés para los estudios de evolución, en
particular en la Ipomoea purpurea, que ofrece recursos genéticos únicos
y una larga historia de análisis (Iida et al. 1999, Rausher et al. 1999,
Durbin et al. 2000.). Estos estudios apoyan la idea de que las enzimas
de la biosíntesis de los flavonoides fueron derivadas de enzimas del
metabolismo primario, y que la duplicación de genes ha permitido la
adaptación de esas enzimas a funciones específicas.
Además, la vía de los
flavonoides, y la vía del fenilpropanoide de la que sale, están
sirviendo de modelos experimentales para entender la organización
intracelular del metabolismo, con unos trabajos recientes en alfalfa y
Arabidopsis que proveen información nueva en la canalización de
intermediarios (channeling of intermediates) y en el asemblaje de
complejos multienzimáticos (ver review en Winkel-Shirley 2001).
Uso de los flavonoides en
Botánica Sistemática. La Botánica Sistemática es la ciencia que se ocupa
de establecer relaciones de parentesco entre las plantas a partir de sus
características morfológicas, anatómicas, fisiológicas, su estructura
del ADN, etc. La Botánica Sistemática asume que mientras más parecidas
son dos plantas entre sí, más probable es que estén cercanamente
emparentadas. Por eso mientras más características a analizar haya, más
precisa va a ser la determinación del parentesco.
Los flavonoides son
extensamente utilizados en Botánica Sistemática, probablemente porque
son fáciles de extraer e identificar. Debido a que son muy variables,
son más útiles en determinar relaciones entre especies cercanamente
emparentadas (o incluso en estudios de variación entre poblaciones de la
misma especie), pero también son ocasionalmente útiles para determinar
relaciones filogenéticas a niveles más altos (Bate-Smith 1968, Crawford
1978, Gornall et al. 1979, Harborne y Turner 1984,). Finalmente, la
diversidad en la estructura química de los flavonoides ha demostrado ser
útil en estudios de hibridación entre especies (ver Alston y Turner 1963
Smith y Levin 1963, Crawford y Giannasi 1982).
El papel que jugaron los
flavonoides en establecer relaciones filogenéticas es indudable. Por
ejemplo, la presencia de ciertos 5-desoxiflavonoides en las plantas del
género Amphypteryngium (que usualmente había sido ubicado en su propia
familia, Julianaceae, por ejemplo en Cronquist 1981) apoya su ubicación
en las anacardiáceas.
Beneficios de los
flavonoides para la salud
Los flavonoides se
distribuyen ampliamente en las plantas, donde cumplen muchas funciones,
entre ellas la producción de pigmentos de color amarillo o rojo/azul en
las flores y la protección ante los ataques de microbios e insectos.
Existe una fuerte evidencia experimental de su capacidad para modificar
la reacción del cuerpo a los alérgenos, virus y agentes carcinógenos.
Estos resultados ponen de manifiesto su actividad anti-alérgica, anti-inflamatoria,
anti-microbiana y anti-cancerígena. Los efectos beneficiosos de las
frutas, verduras, té o vino tinto, se han atribuido a los compuestos
flavonoides que contienen en lugar de a sus nutrientes y vitaminas.
En 2007, las
investigaciones realizadas en el Instituto Linus Pauling indican que en
el interior del cuerpo humano los flavonoides son de poco o ningún valor
antioxidante directo. A diferencia de las condiciones controladas de un
tubo de ensayo, los flavonoides se absorben mal en el organismo (menos
del 5%), y la mayor parte de los que se absorben se metabolizan
rápidamente y se excretan.
El enorme aumento de la
capacidad antioxidante de la sangre después de consumir alimentos ricos
en flavonoides no está causado directamente por los flavonoides, sino
que probablemente se debe al aumento de los niveles de ácido úrico que
resultan de la expulsión de flavonoides del cuerpo. Al parecer, el
organismo humano considera a los flavonoides como compuestos extraños de
los que quiere deshacerse rápidamente. En este proceso de eliminación de
los flavonoides se generan enzimas de fase II, que también ayudan a
eliminar los carcinógenos y mutágenos, por lo que pueden ser de utilidad
en la prevención del cáncer.
La investigación también
indica que sólo son necesarias pequeñas cantidades de flavonoides para
obtener estos beneficios de salud. Tomar una gran cantidad mediante
suplementos dietéticos no ofrece beneficio adicional y puede suponer
algunos riesgos (como diarrea).
Flavonoides en la dieta
Según los
expertos del Departamento de Fisiología de la Universidad de León y del
Hospital de León, la contribución de los flavonoides al potencial
antioxidante de la dieta humana es importante. Aunque los hábitos
alimenticios son muy diversos en el mundo, el valor medio de ingesta de
flavonoides se estima en unos 23 miligramos al día, siendo predominantes
los flavonoles, especialmente la quercitina. Las fuentes alimenticias
principales de los flavonoles son, entre otras, el
té negro, las
cebollas, las
manzanas y bebidas como el
vino o la
cerveza. Teniendo en cuenta que el consumo medio de
sustancias
antioxidantes tan valoradas como la
vitamina C es de entre 70-100 miligramos al día y el de la
vitamina E, de entre 7-10 miligramos diarios, se puede
considerar como relevante la contribución de los flavonoides como
antioxidantes
a la dieta.
En general,
los flavonoides se encuentran de forma natural en frutas,
verduras y
hortalizas, semillas y flores, así como en la cerveza, el
vino, el
té verde, el
té negro y la
soja.
De los más de 6.000 identificados destacan los citroflavonoides, entre
los que se encuentran la quercetina, hesperidina, rutina, naranjina y
limoneno. Todos ellos se encargan de dar color o sabores
característicos a alimentos tan variados como las
cebollas, el
brécol,
cerezas,
uvas,
naranja,
lima y
limón. Otro grupo muy conocido son los isoflavonoides de la soja,
entre los que destacan las
isoflavonas, presentes tanto en las
legumbres como en todos sus derivados como el tofu, la
proteína
vegetal texturizada o la leche de
soja,
entre otros.
Las
proantocianidinas y las antocianidinas se localizan en las semillas de
las uvas
las primeras y las segundas en las
cerezas,
a las que confieren el color rojo y rojo azulado característico. Los
tés verde y
negro son conocidos por su contenido en
catequina y los
puerros,
rábanos,
endibias y
remolacha por su riqueza en kaemferol, otro tipo de flavonoides
antioxidante.
Fuentes
alimenticias de flavonoides
Entre los
alimentos que proporcionan una buena fuente de flavonoides están los
cítricos,
bayas, ginkgo biloba,
cebolla,
perejil,
leguminosas,
té (especialmente de
té blanco y
verde),
vino tinto, espino cerval de mar y
chocolate negro (con un contenido de
cacao
del setenta por ciento o más).
Los
bioflavonoides cítricos incluyen la hesperidina (un glucósido de
hesperetina), quercitrina, rutina (dos glucósidos de quercetina), y
tangeritina. Además de poseer actividad antioxidante y capacidad de
aumentar los niveles intracelulares de
vitamina C, la rutina y hesperidina ejercen efectos beneficiosos
sobre la permeabilidad capilar y el flujo sanguíneo. También muestran
algunos de los efectos anti-alérgicos y anti-inflamatorios de la
quercetina. La quercetina también puede inhibir la transcriptasa
inversa, una parte del proceso de replicación de los retrovirus. La
relevancia terapéutica de esta inhibición no ha sido establecida. Los
hidroxietilrutósidos se han utilizado en el tratamiento de la
permeabilidad capilar, moretones fáciles, hemorroides y venas varicosas.
El extracto
de la hoja del árbol de Ginkgo biloba se comercializa ampliamente como
suplemento a base de plantas. Los ingredientes activos son
flavoglicósidos.
Los
flavonoides del
té verde son potentes compuestos antioxidantes, y se piensa que
reducen la incidencia del cáncer y las enfermedades del corazón. Los
principales flavonoides en el
té verde son las
catequinas y el kaempferol (catequina, epicatequina,
epicatequina galato, y epigallocatequina).
En la
elaboración de
tés, como el
té oolong y el
té negro, se deja que las hojas se oxiden, un proceso durante el
cual las enzimas presentes en el
té convierten todas o algunas de las
catequinas a moléculas
más grandes. El
té blanco es el menos procesado. (Ver
más del té)
La piel de
la uva
contiene cantidades importantes de flavonoides, así como otros
polifenoles. Tanto el
vino tinto como el
blanco contienen flavonoides, pero el
vino tinto contiene niveles más altos debido a que se produce
mediante fermentación en presencia de la piel de la
uva.
También contiene otros compuestos polifenólicos como el
resveratrol. (Ver
más del vino) (Ver
más del resveratrol)
Chocolate negro
Los
flavonoides existen de forma natural en el
cacao,
pero debido a que pueden ser amargos a menudo se eliminan, incluso en
las variedades de
chocolate negro. (Ver
más del chocolate)
Uso y abuso
Los flavonoides protegen al
organismo del daño producido por agentes oxidantes, como los rayos
ultravioletas, la polución ambiental, sustancias químicas presentes en
los alimentos, los compuestos químicos tóxicos del tabaco, etc. El
organismo humano no puede producir estas sustancias químicas
protectoras, por lo que deben obtenerse mediante la alimentación.
Debido a las propiedades
que se les atribuyen y al avance científico que desde los años 90 se
está dando en este campo, el mercado de los complementos dietéticos
dispone de una amplia oferta de estas sustancias que están a la venta
por sus efectos beneficiosos en la protección frente a enfermedades
degenerativas, osteoporosis o enfermedad cardiovascular y en el alivio
de los síntomas de la menopausia entre otros.
Teniendo en cuenta que en
la actualidad es bastante disperso y confuso el conocimiento que se
tiene sobre la biodisponibilidad de estas sustancias, muchas de las
cuales podrían ser poco o nada absorbibles por el organismo, es
aconsejable ser prudentes con su consumo y acudir al consejo profesional
antes de tomar este tipo de productos. Además, se desconoce si los
flavonoides consumidos a ciertas dosis y durante períodos de tiempo
prolongados pueden dar lugar a efectos adversos a largo plazo.
Atención: Si usted está
enfermo o cree que pudiera estarlo acuda a su médico, solo el puede ofrecerle un
diagnostico y un tratamiento adecuado a su caso.
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