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¿QUÉ SON LAS ALUBIAS?
Las alubias, fríjoles, porotos,
frejoles, frijoles, alubias, habas, mongetes, judías, chícharos, caraotas o habichuelas
son las semillas comestibles de Phaseolus vulgaris (de la familia Fabaceae). Es una planta
anual originaria de Centroamérica y Sudamérica que se cultiva en todo el mundo en sus
diferentes variedades.
El nombre fríjol viene del asturiano
«fréjol» (también en portugués «feijão») y éste del latín phaselus; esta
denominación pasó a América desde España, aunque son originarios de América.
Actualmente en España, sin embargo, se lo denomina judía (derivado del árabe yudiya) o
alubia. En parte de Sudamérica se emplea el término poroto y en el Caribe son designados
habichuelas (término que en muchos otros países designa a las vainas verdes de esta
planta).
Las alubias son las semillas feculentas,
maduras y secas extraídas de las vainas
que crecen en las plantas leguminosas del género Phaseolus, aunque también existen otros
tipos pertenecientes a diferentes géneros botánicos, como Vigna, Dolichos y Canavalia.
En función del país de origen reciben
diferentes nombres, como bean, frijol, habichuela y judía. En España también reciben
distintos nombres según la región de la que proceden: fréjoles, fabes, mongetes,
bajocas, pochas o caparrones.
Existen numerosas variedades y de ellas
se consumen tanto las vainas verdes
(judía verde) como los granos
secos. Es una de las legumbres más
consumidas en todo el mundo.
Es de los pocos productos que puede
presumir de tener distintos nombres, sin que ninguno de ellos se imponga sobre los otros.
Las judías secas o alubias están presentes en la gastronomía popular del viejo y nuevo
continente. Si bien existen variedades autóctonas en la cuenca del Mediterráneo, es con
el descubrimiento de América cuando llegan a Europa, a través de España. En un
principio se utilizaron para la alimentación del ganado. Pero poco a poco se fueron
introduciendo en la cocina hasta convertirse en protagonistas de muchos platos
tradicionales.
ÍNDICE
Descripción
Historia
Variedades
Reproducción
Requerimientos de clima y suelo
Cultivo
Recolección
Gastronomía
Valor nutritivo
Criterios de calidad
Conservación
Descripción
Es una planta herbácea anual, trepadora
o erecta. Sus hojas están compuestas por tres foliolos de forma ovalada o romboide,
algunas veces cubiertos de vellosidades. Las plantas de hábito trepador tienen tallos
volubles y zarcillos formados por la modificación de foliolos terminales. Tiene flores
asimétricas de color blanco o púrpura y su fruto es una legumbre de color variable, con
3-12 semillas en su interior.
Planta: anual, de vegetación
rápida.
Sistema radicular: es muy ligero y
poco profundo y está constituido por una raíz principal y gran número de raíces
secundarias con elevado grado de ramificación. En sus raíces existen nódulos formados
por bacterias simbióticas del género Rhizobium, que les permiten fijar el nitrógeno
atmosférico.
Tallo principal: es herbáceo. En
variedades enanas presenta un porte erguido y una altura aproximada de 30 a 40
centímetros, mientras que en las judías de enrame alcanza una altura de 2 a 3 metros,
siendo voluble y dextrógiro (se enrolla alrededor de un soporte o tutor en sentido
contrario a las agujas el reloj).
Hoja: sencilla, lanceolada y
acuminada, de tamaño variable según la variedad.
Flor: puede presentar diversos
colores, únicos para cada variedad, aunque en las variedades más importantes la flor es
blanca. Las flores se presentan en racimos en número de 4 a 8, cuyos pedúnculos nacen en
las axilas de las hojas o en las terminales de algunos tallos.
Fruto: legumbre de color, forma y
dimensiones variables, en cuyo interior se disponen de 4 a 6 semillas. Existen frutos de
color verde, amarillo jaspeado de marrón o rojo sobre verde, etc., aunque los más
demandados por el consumidor son los verdes y amarillos con forma tanto cilíndrica como
acintada. En estado avanzado, las paredes de la vaina o cáscara se refuerzan por tejidos
fibrosos.
Clasificación científica
Reino: Plantae
División: Magnoliophyta
Clase: Magnoliopsida
Orden: Fabales
Familia: Fabaceae
Género: Phaseolus
Especie: P. vulgaris
Nombre binomial
Phaseolus vulgaris
L.
Historia
La mayoría de las judías que se
cultivan en España provienen de América. Pertenecen a la familia botánica
"phaseolus". Sin embargo, existe una variedad autóctona de la cuenca del
Mediterráneo. Se trata de la alubia llamada carilla, que pertenece a la especie botánica
"vigna" y no a la "phaseolus".
En la Roma antigua, bajo el nombre latino
de "phaseolus" se designaban las legumbres alargadas, término que luego pasó
al catalán como "fesol" y "fesolet". Las judías secas no fueron muy
populares, a diferencia de las lentejas
y los garbanzos que gozaron de gran
éxito y apenas hay rastro de ellas en las excavaciones arqueológicas por la cuenca del
mediterráneo.
La judía común es originaria de
América latina, donde se le atribuyen dos centros de origen: México - América Central y
Perú-Ecuador-Bolivia. Aunque en Europa, griegos y romanos conocían una especie afín a
la judía común, se puede afirmar casi con toda certeza que fue introducida en este
continente desde América en el siglo XVI.
Hoy día, la judía se encuentra
ampliamente distribuida por diferentes partes de los trópicos, subtrópicos y regiones
templadas, siendo la legumbre más importante en América latina y diferentes partes de
África
En América hay multitud de evidencias
arqueológicas que demuestran que las judías constituían la principal fuente de
proteínas de los pueblos indígenas. Antes del descubrimiento de América los árabes
mantienen en algunas zonas su cultivo, como indica la pervivencia de su nombre árabe
"al-lubiya".
Pero su expansión y consolidación en
las cocinas de Europa solo se produce después del descubrimiento de América. Los
frijoles, tal vez el término más utilizado en América para designar las judías secas,
llegan a España en el siglo XVI. De nuestro país, pasarán a Italia y a Francia.
Variedades
La familia de las alubias es numerosa y
tiene parientes por medio mundo. Se calcula que hay más de 300 variedades entre blancas,
rojas, negras, canela y pintas. En España tres zonas tienen Denominación de Origen. Se
trata de la Faba de Asturias, con la extraordinaria variedad
Granja Asturiana, las Judías
de El Barco de Ávila que protege varias variedades blancas y moradas y La Bañeza
(León), en el País Vasco, las alubias de Gernika y las de Tolosa en Navarra.
Las plantas de las alubias producen tanto
vainas verdes (también
llamadas judías verdes o habichuelas), que se consumen a
modo de verdura tierna, como semillas maduras que se consumen generalmente a modo de legumbres.
Dentro del género Phaseolus existen tres
especies importantes. Una de las principales es la judía común (Phaseolus vulgaris), de
color de piel variable (roja, negra y blanca) y forma arriñonada. Es la más extendida y
de la que existen un gran número de variedades comerciales: alubia blanca de manteca, la
blanca redonda, la carnosa, la planchada y el judión de El Barco. Otra especie importante
es la judía pinta (Phaseolus coccineus), de forma arriñonada y color rojo o púrpura.
También pertenecen a este mismo género la judía de Lima (judión, garrafón o judía de
Madagascar). En la actualidad sólo se la cultiva en Valencia, donde se es ingrediente
fundamental de las famosas paellas valencianas. Como característica general, se puede
decir que todos los tipos de alubias pertenecientes a esta especie, a pesar de su gran
tamaño, se cuecen con gran rapidez.
En España, la especie más común se
denomina judía escarlata (Phaseolus Multiflorus), siendo las variedades más comerciales
el judión de La Granja o judión de El Barco de Ávila; judías secas de gran tamaño,
aplanadas y de color generalmente blanco. La alubia larga selecta, es una variedad de gran
calidad que se produce casi exclusivamente en tierras de León. Otras variedades que
podemos encontrar en los servicios de alimentación son: la alubia larga vega, de tamaño
medio y de grano recto; la alubia negrita, de pequeño tamaño y color negro; la alubia
pinta de León, de grano de color vinoso sobre fondo rosado y forma esférica o
ligeramente alargada; la alubia verdina, de color verde claro, pequeño tamaño, alargada
y plana. También encontramos las alubias negras de Tolosa de gran calidad y les fabes de
Asturias; grandes, de color blanco cremoso y forma arriñonada, larga y aplanada y de piel
extraordinariamente fina. La alubia pocha es una de las variedades más apreciadas por la
finura de su piel exterior y su suavidad al tacto. Estas últimas son de gran tamaño,
alargadas y de color verde pálido.
Judión
De grano grande, ancho y plano. En el
cartel es blanco, sin embargo, el judión también puede ser negro o jaspeado. Hay que
destacar su suavidad después de la cocción. Son muy conocidos los judiones de La
Granja,que toman su nombre de su pueblo de origen, La Granja de San Idelfonso (Segovia) y
el de la localidad de Barco en Ávila. Ambos tienen una producción escasa. En Valencia,
se cultiva una variedad muy parecida al judión es el "Garrofó" que constituye
un ingrediente característico de las paellas. En Sudamérica, el judión es conocido como
Bajoca o alubia de Lima.
Faba de Asturias o granja asturiana
Es similar a blanca de riñón pero más
gruesa. Se cultiva en las zonas de Luarca, Tineo, Cangas del Narcea y Villaviciosa entre
otras muchas. Tiene Denominación de Origen y es una de las más cotizadas en el mercado
español. Es el ingrediente estrella de la Fabada
Asturiana.(ver
más)
Blanca redonda
También conocida como blanca de manteca,
es pequeña y de color blanco. Procede de la Bañeza (León) y tiene denominación de
origen. También se cultiva en Barco de Ávila
Blanca riñón
De grano blanco, oblongo, recto y medio
lleno y tamaño más bien grande. Es una alubia muy popular y económica. Se cultiva
mayoritariamente en León y Ávila. Es similar a la faba asturiana pero de menor tamaño.
Morada redonda
De color púrpura, esférica y de tamaño
mediano. Procede de El Barco de Ávila.
Morada larga
De color púrpura oscuro, plana y
arriñonada. Procede de El Barco de Ávila, aunque se cultiva en distintas zonas.
Arrocina
Es de color blanco y de tamaño pequeño.
Del tipo planchada, arriñonada.
De la Virgen
También conocida como el manto de la
Virgen y del Pilar. Es pequeña de grano lleno, redondo, ligeramente esférico, blanca con
una mancha marrón
Canela
De tamaño mediano, grano color canela,
ovalado y semilleno. Se produce en León, Orense y Zamora. Tiene un sabor muy agradable.
La más apreciada es la procedente de Zamora.
Carilla
Su grano es pequeño y de color blanco
cremoso, con una línea negra y un sabor característico. Procede de India y este de
Africa, por lo que pertenecen a la familia de la "Vigna", en lugar de la familia
"Phaseolus" que son las originarias de América. Son las judías que comían los
griegos y romanos, por lo que en España ya existían antes del descubrimiento de
América. En la zona norte de Cataluña, concretamente en el Ampurdán son muy apreciadas.
En esta zona se llaman "Fesolet".
Verdina
Presenta un grano pequeño, alargado y
plano, de un tono verde claro. Se cultiva en el litoral de Asturias, especialmente en
Llanes. Esta variedad se consume mayoritariamente con mariscos. Tiene una textura muy
suave y una piel muy fina, que no se nota. Su precio puede ser superior al de la Faba
Asturiana o de la granja.
Caparrón
De color rojo y forma esférica. Se
consume en La Rioja, Asturias y Burgos.
Alubias de Guernika y Tolosa
La primera es de color entre rojo y
granate, con pintas rosáceas, de tamaño mediano y forma ovalada. La de Tolosa, de color
morado oscuro, es ovalada y muy mantecosa.
Alubia de Sant Pau
Su zona de origen es la Garrotxa en
Cataluña. Es pequeña, de color blanco y forma redonda. Muy sabrosa, con mucha
proteína
y poca fibra.
Alubia del Ganxet
Variedad con tradición en Cataluña, se
cultiva en la zona de la Selva, el Vallès y el Maresme. Es color marfil y grano mediano,
de textura fina y cremosa. Tiene una producción y consumo limitados. Su precio es
elevado.
Reproducción
Por semillas. Según las preferencias de
consumo se puede elegir entre diferentes variedades, trepadoras o matas bajas, de
crecimiento determinado o indeterminado.
En México se conocen varias especies,
llamadas de forma popular, frijol negro, bayo, pinto, rojo. etc.
Requerimientos
de clima y suelo
Prefiere suelos sueltos y no calizos o
pesados como los arcillosos y exposiciones soleadas. Dependiendo del clima, se plantan a
mediados de la primavera o cuando ya no exista riesgo de heladas. Necesitan un aporte de
abono mineral, sobre todo potasio y fósforo.
El manejo racional de los factores
climáticos de forma conjunta es fundamental para el funcionamiento adecuado del cultivo,
ya que todos se encuentran estrechamente relacionados y la actuación de uno de estos
incide sobre el resto.
Es planta de clima húmedo y suave, dando
las mejores producciones en climas cálidos.
Temperatura
Cuando la temperatura oscila entre
12-15ºC la vegetación es poco vigorosa y por debajo de 15ºC la mayoría de los frutos
quedan en forma de ganchillo. Por encima de los 30ºC también aparecen
deformaciones en las vainas y se produce el aborto de flores.
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Temperaturas
críticas para judía en las distintas fases de desarrollo |
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Temperatura óptima del suelo |
15-20ºC |
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Temperatura ambiente óptima de germinación |
20-30ºC |
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Temperatura mínima de germinación |
10ºC |
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Temperatura óptima durante el día |
21-28ºC |
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Temperatura óptima durante la noche |
16-18ºC |
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Temperatura máxima biológica |
35-37ºC |
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Temperatura mínima biológica |
10-14ºC |
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Temperatura mínima letal |
0-2ºC |
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Temperatura óptima de polinización |
15-25ºC |
Humedad
La humedad relativa óptima del aire en
el invernadero durante la primera fase de cultivo es del 60% al 65%, y posteriormente
oscila entre el 65% y el 75%. Humedades relativas muy elevadas favorecen el desarrollo de
enfermedades aéreas y dificultan la fecundación. Es importante que se mantenga sin
excesivas oscilaciones de humedad.
Luminosidad
Es una planta de día corto, aunque en
las condiciones de invernadero no le afecta la duración del día. No obstante, la
luminosidad condiciona la fotosíntesis, soportando temperaturas más elevadas cuanto
mayor es la luminosidad, siempre que la humedad relativa sea adecuada.
Suelo
Aunque admite una amplia gama de suelos,
los más indicados son los suelos ligeros, de textura silíceo-limosa, con buen drenaje y
ricos en materia orgánica. En suelos fuertemente arcillosos y demasiado salinos vegeta
deficientemente, siendo muy sensible a los encharcamientos, de forma que un riego excesivo
puede ser suficiente para dañar el cultivo, quedando la planta de color pajizo y
achaparrada. En suelos calizos las plantas se vuelven cloróticas y achaparradas, así
como un embastecimiento de los frutos (judías con hebra).
Los valores de pH óptimos oscilan entre
6 y 7,5; aunque en suelo enarenado se desarrolla bien con valores de hasta 8,5.
Es una de las especies hortícolas más
sensibles a la salinidad tanto del suelo como del agua de riego, sufriendo importantes
mermas en la cosecha. No obstante, el cultivo en enarenado y la aplicación del riego
localizado, pueden reducir bastante este problema, aunque con ciertas limitaciones.
Actualmente se están llevando a cabo cultivos de judía con aguas de 2 a 2,4 mmhos.cm-1
de CE, con concentraciones de sodio y cloruros de 8 meq.l-1 y 9 meq.l-1, respectivamente,
sin apreciarse disminución en las producciones. Para conseguir estos resultados es
necesario un aporte de calcio y de magnesio más elevado de lo normal, así como mantener
un nivel de humedad lo más constante posible.
Cultivo
El cultivo de la judía en grano es
considerado como un cultivo extensivo, mientras que la judía verde se considera netamente hortícola.
La superficie dedicada al cultivo de la
judía en grano se ha reducido en los últimos años debido a los cambios alimenticios de
la sociedad y a su importación; los rendimientos se han mantenido prácticamente
constantes, ya que la producción total ha disminuido considerablemente. En el caso de la judía verde, la reducción es
también apreciable, pero mucho menos importante cuantitativamente.
La judía es una leguminosa con grandes
posibilidades para la alimentación humana, por su doble aprovechamiento (de grano y de vaina) y por su aporte proteíco;
además una parte de su producción se comercializa congelada y en conserva; aunque debe
avanzar a través de la mejora genética y la adecuación de las técnicas de cultivo.
Los países importadores de las cosechas
españolas en judía verde son:
Francia, Alemania, Suiza y Reino Unido.
Son muy sensibles al frío, la excesiva
humedad y los vientos. Pueden sufrir ataques fúngicos, como el mildium o el oídio e
insectos, como la mosca blanca.
Preparación del terreno
Antes de la siembra hay que realizar una
labor semiprofunda (25 a 30 cm), con la que se envuelve el estiércol. Si se desinfecta el
suelo, una vez transcurrido el tiempo preceptivo, se labra de nuevo a menor profundidad.
Le sigue el aporte de abonado de fondo y a continuación se dan dos labores superficiales
(15 cm) con grada o cultivador. En el caso de riego por gravedad se harán los caballones
y regueras correspondientes.
Para el cultivo enarenado, después de la
limpieza de la cosecha anterior, se deshacen los lomos dejando llana la superficie
enarenada. A continuación se incorpora el abonado de fondo.
Marcos de plantación
El marco de siembra más frecuente en
invernadero es de 2 m x 0,5 m, con 2-3 semillas por golpe, e incluso con una semilla por
golpe.
Al aire libre la distancia entre líneas
es 0.5 m para variedades enanas y de 0.7-0.8 m para las de enrame, con 3-5 semillas por
golpe.
Siembra
Las semillas se cubrirán con 2-3 cm de
tierra, o arena en suelos enarenados.
Dichas semillas deben haber sido
seleccionadas adecuadamente y tratadas con fungicidas e insecticidas.
Si la temperatura no es suficiente o si
se desea mantener el cultivo anterior más tiempo en el terreno, se procede a la siembra
en semillero y posterior trasplante al invernadero.
La nascencia de las semillas depende de
la época de siembra y de la climatología, pudiendo oscilar entre 7 y 20 días.
Escardas
Es conveniente la escarda química
(especialmente si se emplean acolchados) ya que la manual incrementa el coste en mano de
obra.
Tutorado
Es una práctica imprescindible en la
judía de enrame para permitir el crecimiento vertical y la formación de una pared de
vegetación homogénea. Consiste en la colocación de un hilo, generalmente de
polipropileno (rafia) que se sujeta por un extremo al tallo y por el otro al emparrillado
del invernadero. Colocando un tutor más entre cada par de plantas, aumenta la uniformidad
de la masa foliar, mejorando la calidad y la producción.
Existen también mallas que se colocan a
lo largo de las líneas de cultivo a modo de pared, pero presentan el inconveniente de su
elevado coste, así como una mayor dificultad en las operaciones de recolección, ya que
la movilidad de la planta se ve reducida.
Deshojado
Se realiza en tiempo seco en plantaciones
de ciclo largo cuando se prolonga el período de recolección, eliminando las hojas más
viejas, siempre y cuando el cultivo esté bien formado, con abundante masa foliar y ya se
haya recolectado una parte importante (1,5-2,5 kg.m-2). Esta práctica mejora la calidad y
cantidad de la producción y disminuye el riesgo de enfermedades, al mejorar la
ventilación y facilitar el alcance de los tratamientos fitosanitarios.
Fertirrigación
La judía es muy exigente en riegos en lo
que se refiere a la frecuencia, volumen y momento oportuno del riego que van a depender
del estado fenólogico de la planta así como del ambiente en que ésta se desarrolla
(tipo de suelo, condiciones climáticas, calidad del agua de riego, etc.).
De dos a cuatro días antes de sembrar
conviene dar un riego para facilitar la siembra y la germinación de las semillas.
Después de la siembra el primer riego
solo deberá darse después de la nascencia de las plantas.
En los primeros estados de desarrollo
conviene mantener el suelo con poca humedad, sin embargo las necesidades de agua son muy
elevadas poco antes de la floración y después de esta.
Un exceso de humedad puede provocar
clorosis y pérdida de cosecha, especialmente en suelos pesados. Un aporte hídrico
desequilibrado disminuye la calidad de los frutos.
En cultivo en suelo y en enarenado el
establecimiento del momento y volumen de riego vendrá dado básicamente por los
siguientes parámetros:
Tensión del agua en el suelo (tensión mátrica),
que se determinará mediante la instalación de una batería de tensiómetros a distintas
profundidades.
Tipo de suelo (capacidad de campo, porcentaje de
saturación).
Evapotranspiración del cultivo.
Eficacia de riego (uniformidad de caudal de los
goteros).
Calidad del agua de riego (a peor calidad, mayores
son los volúmenes de agua, ya que es necesario desplazar el frente de sales del bulbo de
humedad).
Existe otra técnica empleada de menor
difusión que consiste en extraer la fase líquida del suelo mediante succión a través
de una cerámica porosa y posterior determinación de la conductividad eléctrica.
En cultivo hidropónico el riego está
automatizado y existen distintos sistemas para determinar las necesidades de riego del
cultivo, siendo el más extendido el empleo de bandejas de riego a la demanda. El tiempo y
el volumen de riego dependerán de las características físicas del sustrato.
A la hora de abonar, existe un margen muy
amplio de abonado en el que no se aprecian diferencias sustanciales en el cultivo,
pudiendo encontrar recetas muy variadas y contradictorias dentro de una misma
zona, con el mismo tipo de suelo y la misma variedad.
Actualmente se emplean básicamente dos
métodos para establecer las necesidades de abonado: en función de las extracciones del
cultivo, sobre las que existe una amplia y variada bibliografía, y en base a una
solución nutritiva ideal a la que se ajustarán los aportes previo análisis
de agua. Este último método es el que se emplea en cultivos hidropónicos, y para poder
llevarlo a cabo en suelo o en enarenado, requiere la colocación de sondas de succión
para poder determinar la composición de la solución del suelo mediante análisis de
macro y micronutrientes, CE y pH.
Durante la germinación y nascencia de la
planta de judía la humedad debe ser constante, evitando los encharcamientos, por lo que
el riego previo a la siembra deberá ser suficiente para un período de 10-12 días,
aunque en ocasiones se da un segundo riego a los 4-5 días. A partir de aquí y hasta la
floración el abonado debe ser bajo en nitrógeno, para evitar un excesivo crecimiento
vegetativo en detrimento de la floración.
Un equilibrio N-P-K apropiado podría
ser: 10-15-23. Desde el inicio de la floración hasta el comienzo de la recolección
(15-25 días) la planta es muy exigente y cualquier carencia, tanto de nutrientes como de
agua, repercute negativamente en la floración y posterior producción. En este período
coinciden frutos y flores desarrollándose, por lo que, aunque se mantenga el equilibrio
N-P-K debe aumentarse la conductividad eléctrica en 1,2-1,4 puntos sobre la del agua, a
no ser que esta última supere los 2,2, mmhos.cm-1 en cuyo caso sólo se incrementará en
0,8 puntos sobre la del agua. Desde el inicio de la recolección hasta el final del ciclo
es importante un aumento de la fertilización nitrogenada y del agua, siendo el siguiente
un equilibrio N-P-K interesante: 13-12-14.
Los fertilizantes de uso más extendido
son los abonos simples en forma de sólidos solubles (nitrato cálcico, nitrato potásico,
nitrato amónico, fosfato monopotásico, fosfato monoamónico, sulfato potásico, sulfato
magnésico) y en forma líquida (ácido fosfórico, ácido nítrico), debido a su bajo
coste y a que permiten un fácil ajuste de la solución nutritiva, aunque existen en el
mercado abonos complejos sólidos cristalinos y líquidos que se ajustan adecuadamente,
solos o en combinación con los abonos simples, a los equilibrios requeridos en las
distintas fases de desarrollo del cultivo.
La simbiosis con Rhizobium debería
permitir el cultivo sin aporte de nitrógeno, pero la reducida presencia de cepas de la
bacteria y/o su capacidad infectiva y de nodulación, suele ser en general reducida, por
ello es necesario un aporte básico de nitrógeno.
El aporte de microelementos, que años
atrás se había descuidado en gran medida, resulta vital para una nutrición adecuada,
pudiendo encontrar en el mercado una amplia gama de sólidos y líquidos en forma mineral
y en forma de quelatos, cuando es necesario favorecer su estabilidad en el medio de
cultivo y su absorción por la planta.
También se dispone de numerosos
correctores de carencias tanto de macro como de micronutrientes que pueden aplicarse vía
foliar o riego por goteo,
aminoácidos de uso preventivo y curativo, que ayudan a la
planta en momentos críticos de su desarrollo o bajo condiciones ambientales
desfavorables, así como otros productos (ácidos húmicos y fúlvicos, correctores
salinos, etc.), que mejoran las condiciones del medio y facilitan la asimilación de
nutrientes por la planta.
Recolección
La recolección de la judía de verdeo es manual, con lo cual encarece
notablemente su costo, siendo de gran importancia el momento fisiológico de recolección
para aumentar el rendimiento comercial, ya que el mercado es muy exigente y demanda frutos
con vainas tiernas (pero no demasiado), con el grano poco marcado. Si las vainas se
cosechan pasado el punto de madurez comercial pierden calidad y valor al ser más duras y
fibrosas.
La frecuencia con que se realiza esta
operación oscila entre 7 y 12 días, dependiendo de la variedad y el ciclo de cultivo.
Los retrasos en la recolección resultan doblemente perjudiciales por lado la pérdida del
valor comercial y por otro la reducción del peso.
En variedades de porte bajo, la
recolección puede durar de 50 a 90 días y en judías de enrame de 65 a 95 días.
Actualmente los mercados en fresco están
abastecidos prácticamente durante todo el año.
La recolección de la judía de grano se
realiza de forma mecanizada, aunque su cultivo debe realizarse en grandes superficies,
emplear variedades adecuadas etc.
Se pueden consumir frescos o secos si se
dejan madurar en la planta, después se arranca la mata y se dejan secar totalmente
colgándolos cabeza abajo en un lugar fresco y seco. En Asturias esta práctica motivó la
aparición del corredor en el horru (hórreo) utilizado tanto para el secado de este
cultivo como del maíz que se siembran
juntos.
Los granos secos son las judías o
fríjoles, que se conservan durante mucho tiempo en tarros cerrados y en lugares sin
humedad.
Gastronomía
Absorben muy bien el sabor de los
ingredientes que las acompañan durante el cocinado, por lo que resultan muy apropiadas
para la preparación de guisos y potajes. Antes de cocerlas es necesario rehidratarlas
previamente. Para ello, basta con sumergirlas en un recipiente con abundante agua fría y
dejarlas en remojo durante aproximadamente 12 horas. Hay quien dice que el agua de remojo
debe escurrirse y renovarse para la cocción, que debe comenzar con el agua fría, nunca
hay que añadir las alubias en agua hirviendo; particularmente prefiero utilizar el agua
de remojo que ya contiene levaduras y fermentos que además de un mínimo aporte nutritivo
facilitarán la cocción. Se añade una cantidad de agua tal que alcance unos dos o tres
dedos por encima de las judías. No conviene añadir la
sal hasta que la cocción haya
finalizado, ya que de lo contrario pueden perder su cremosidad característica. El tiempo
de cocción oscila entre 1 y 3 horas según la variedad. En olla a presión se ahorra
tiempo. Algunas legumbres al cocerse desprenden una gruesa capa de espuma que es
conveniente retirar con una
espumadera u otro útil adecuado.
En muchos países de América es un plato
esencial y se cocinan de muy diversas formas habitualmente acompañadas de arroz; en España se consumen las legumbres
secas en guisos y se hacen con arroz el
plato se denomina moros y cristianos. Famoso es el denominado «arròs en fessols i
naps», plato típico de Valencia y que es un rico guiso hecho de alubias pintas, a las
que los valencianos llaman fessols, patata y nabo. Pero quizás el plato estrella, donde
las legumbres han alcanzado
altísimas cotas de aprecio sea la fabada,
un plato donde los asturianos han logrado crear una serie de legumbres únicas entre la
que destacan les fabes de la granja o les fabes del carbayu. Hay también otros platos que
aúnan la diversidad y la riqueza de las materias primas asturianas como les fabes
con marisco.
Los platos tradicionales se caracterizan
por su contundencia al incorporar productos derivados de la matanza del cerdo o distintos
tipos de carne de caza. Si en la zona de Castilla, las alubias llevan
morcilla, en
Cataluña no hay "fesols o mongetes" que no vayan acompañados de
butifarra. Una
excepción es el típico plato "Moros y Cristianos". Aquí las alubias, siempre
negras, se combinan con el arroz.
En general, las alubias pueden elaborarse
en forma de estofado, donde todos los ingredientes se ponen en crudo y se cuecen a la vez,
o en guisado, añadiendo un sofrito un poco antes de completar la cocción de las alubias.
Una forma muy actual de consumir las
alubias es en ensalada. Una alternativa sencilla, que cada día se impone más. No hay
más que hervirlas y añadirles las
hortalizas o
verduras seleccionadas, junto con una
ligera vinagreta en el momento de servir. También se pueden saltear con setas o
acompañar de gambas o mejillones.
Las alubias son protagonistas de muchos
platos tradicionales. En cada zona de España se utiliza un tipo de alubia, por lo que
cada plato adquiere y muestra unas características especiales en función del tipo de
alubia empleada. Tal vez, el más famoso fuera de España sea la fabada
asturiana. A nivel internacional la fabada
compite con ventaja con el "cassoulet" de la ciudad francesa de Carcassone y las
"feijoadas" portuguesas.
Otro preparado disponible en el mercado
son las judías precocinadas y deshidratadas. Para la obtención de este producto se ponen
las alubias en remojo durante 8 horas aproximadamente, se cuecen durante 20 minutos y por
último se deshidratan. De este modo se obtiene un producto precocinado de calidad
uniforme. Para su consumo únicamente son necesarios aproximadamente 30 minutos de
cocción.
Poseen un alto contenido en
proteínas y
fibra, siendo así mismo una fuente excelente de minerales, como el potasio, hierro,
selenio, molibdeno y
ácido fólico
Por su elevado contenido en
fibra
soluble, contribuyen a prevenir el estreñimiento, disminuir la tasa de colesterol en
sangre y mantener más estables los niveles de glucosa en sangre lo que resulta
beneficioso para quienes padecen diabetes.
El elevado aporte de potasio, unido a su
escasez de sodio, permite que formen parte de la dieta habitual de personas con
hipertensión. Además, su elevado aporte de
folatos, es muy eficaz contra la anemia, por
lo que su consumo está recomendado para aquellas personas que padezcan este malestar.
El consumo de alubias enteras no es
recomendable para personas con problemas intestinales, en ese caso, se podrán tomar
pasadas por el pasapurés para eliminar la piel que recubre el grano que resulta
indigesta. Para aquellas personas que les produzcan flatulencias, las tomarán también en
puré o mezcladas sólo con
verduras o
patata o arroz
para que resulten más suaves. También se pueden añadir condimentos carminativos como el
hinojo o la ajedrea, que facilitan la digestión de estos alimentos.
Las pochas
Son alubias tiernas, en su fase previa a
la desecación, que se cultivan y consumen principalmente en Navarra. Su temporada es muy
corta, coincide con el final del verano durante las últimas semanas de septiembre. Las de
más fama, son las pochas de Sangüesa. Fuera de temporada hay que recurrir a las
envasadas.
Valor
nutritivo
Las alubias son alimentos ricos en
fibra,
folatos, potasio y hierro pero de peor absorción que el procedente de alimentos de origen
animal, aunque su componente principal son los
hidratos de carbono. Así mismo aportan una
cantidad importante de
proteína vegetal, de peor calidad, por ser deficitarias en un
aminoácido esencial, la metionina, que la de origen animal. Sin embargo, las alubias
combinadas en un mismo plato con
cereales como el arroz, dan lugar a una
proteína tan completa como la de
cualquier alimento de origen animal.
Criterios de calidad
Al adquirirlas en el mercado, las alubias
deben ser densas, de tamaño uniforme y estar libres de insectos y mohos.
Independientemente de la variedad, es importante que presenten una piel lisa, tersa,
brillante y sin arrugas.
Las alubias que se consumen han de ser
del año, dentro de los doce meses inmediatos a su recolección. Si son más viejas
pierden bastante calidad, ya que se dificulta su cocción y resultan más duras. Este
factor también se ha de tener en cuenta en el momento de su compra; por esta razón,
durante la elección hay que observar que todos los granos tengan un tamaño y color
uniforme, que no estén partidos, pelados ni con agujeros.
En el mercado se pueden encontrar tres
categorías comerciales: extra, tipo I y tipo II.
En caso de que se adquieran judías
enlatadas, es importante observar la fecha de consumo preferente y la ausencia de golpes o
abolladuras.
Conservación
Por lo general, las alubias secas son
alimentos poco perecederos debido a que presentan baja proporción de agua. Una vez en el
hogar, basta con guardarlas en un lugar fresco y seco, aunque esta conservación mejora si
se las introduce en tarros de cristal herméticos dentro de la nevera. De este modo, se
mantienen en óptimas condiciones durante año, aunque se recomienda consumirlas antes de
8 ó 9 meses, ya que a medida que va transcurriendo el tiempo, las características
organolépticas, aquellas que apreciamos mediante los sentidos, sabor, textura, etc. van
disminuyendo.
Sin embargo, pueden presentar un enemigo
durante su conservación, el gorgojo. Es un parásito que come el interior de estas
legumbres y las deja vacías. Para evitar el ataque de estos insectos, se recomienda
introducir una cabeza de ajo en el recipiente
donde se las guarde. Una vez cocida, se pueden conservar en la nevera dentro de un
recipiente hermético varios días o se pueden congelar durante meses.
También se pueden congelar recién
cosechadas cuando aun no han secado, nada más desvainarlas. Este método de conservación
tiene la ventaja de que evita el remojado previo y el frió intenso mata prácticamente
todos los gorgojos que pudieran contener las legumbres.
DOCUMENTACIÓN
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