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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Violación encubierta
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Por ese entonces ella tenía unos veinticinco años, trabajaba en administración de nuestra pequeña-mediana empresa. Casada dos hijos pero un estado físico más que envidiable. De estatura mediana y aunque discreta al vestir su cola , pechos y pantorrillas eran difíciles de disimular. Con su cabello negro largo brilloso se llevaba varias miradas cuando pasaba por el área de producción y pese a ser amigable su trato era también cortante pero educado. Como dueño podía sentir un mejor acercamiento dado que era  recomendada y nuera de un viejo amigo pero igual todo se limitaba por su carácter a lo exclusivamente laboral. Más de una vez tuve la intención de invitarla con alguna excusa  a un almuerzo o cena laboral, pero los limites estaban bien marcados y mi mediana edad sumado al orgullo de su familia no me daban chances de nada y por la parte laboral no era para perder a  alguien tan competente por una calentura al margen del miedo a la denuncia; fue así que entonces decidí “sufrir” conformándome con verla y esperar la chance de algo. Ella no caía del todo bien en la familia de mi amigo ya que la veían muy materialista y sin defenderla preguntaba

—Pero si tu hijo es un muchacho humilde.

El se encogía de hombros dando muestras de intriga. Quiso el destino (con el tiempo dudé) que al intentar hablar por teléfono enganché otra conversación, ella estaba en línea con alguien acordando donde entregar dos cajas de uno de los productos que teníamos en stock. (Por ese entonces los celulares era cosa que recién afloraba). Con los detalles a mi merced quería saber que descubría. Tenía un pequeño auto y por lo general salía cuando casi no quedaba nadie en planta. La esperé en la playa de estacionamiento enganchándola justo cuando cargaba la primera caja (no digo el producto por obviedad); quedo petrificada ante mi sonrisa sobradora.

—Te escucho —Sentencie.

—Las llevaba para vender y de hacerlo mañana rendiría cuentas. Se defendió.

—No mienta, no me tome el pelo, sin querer escuché la conversación por línea; de tener buenas intenciones no sacaría algo a ocultas; mañana le tendré lista su liquidación y por el robo hablaré con mis abogados ¿Sabe que es el delito hormiga no?

Di media vuelta y me fui adentro, como lo esperaba me siguió diciéndome que por favor la escuchara. Di un toque de compasión y la miré de frente.

—Nunca he robado se lo juro solo era para unas cuotas de la motito que me quiero comprar para el barrio, no volverá a pasar, échame pero no me denuncies.

— ¿Cómo se que no lo hiciste antes, esperas que te crea?

—Por favor no digas nada. Suplicó tomándome de los brazos y mirándome con ruego- silencio

—Hare lo que quieras ¿Acaso no vale la pena?-agregó derrotada bajando la cabeza.

La llevé a mi oficina dado que no quedaba nadie adentro, busqué su boca pero sus dientes impidieron que mi lengua entrara en ella, al querer insistir desvió la cara con gesto de asco que en otra  ocasión me hubiera enojado pero mi excitación estaba muy alta para egos, levanté la pollera dejando al descubierto sus magníficos muslos y una diminuta tanga roja que apenas cubría los labios vaginales. Bajé, la lamí su concha mientras dejaba su sexo al desnudo pero ella solo me  chupó la pija cuando me puse condón, tenía talento pero no lo mostraba. Se paró y con odio dijo.

—Dale terminemos ya.

Ella misma se penetró y yo tuve que moverme y en mi pasión busqué su boca que ella esquivó y la tuve que tomar de las mandíbulas para enderezarla y besarla algo mientras acababa.

Cuando saqué mi pija sentí su sollozo y vi sus lágrimas en las mejillas; después se agachó para ponerse la tanga y fue cuando vi sus hermosas y trigueñas nalgas devorarse la ropa interior. Tuve ganas de arrodillarme a chuparle el culo pero seguro se hubiera enfurecido de una manera incontrolable.

— ¿Estás bien? Pregunté.

— ¿Cómo querés que este?- dijo ahogada en lagrimas.

Tomó su cartera y partió raudamente. Al otro día no vino aduciendo pico de fiebre y mezclé en mí la sensación de que preparaba algo judicial y sentirme miserable por haber abusado de alguien que tenía la edad de una de mis hijas, aunque en el fondo fuera bajo el descubrimiento de un delito. Al otro día regresó al trabajo y esquivaba mi mirada. Yo quería en un punto disculparme y busque hacerlo desde donde veo mayormente la vida así que mande buscarla a mi escritorio con una excusa laboral. Entró con mirada de odio preguntando

— ¿Qué quiere?

—Disculparme en la parte que me toca, cosa que jamás hago con ningún empleado.

—Lo sé, somos números. Agredió.

Decidí no hacerle caso y seguí.

—Acá soy el sueño de todos y lo sabes, desde el primer día quise que fueras mía y sufrí mucho no poder lograrte, al menos quiero bajar la tensión y toma esto por favor.

Le extendí un sobre que tomó sorprendida y sin cambiar la mirada; antes de retirarse acotó.

— ¿Y te gustaba decís? Vaya forma de conquistar una mujer, para mí fue nada.

 Creí  haberme equivocado mal con lo que dijo y lo que había en el sobre, dos cheques con el dinero suficiente para pagar lo que debía de la moto; era una cifra jugosa; tal vez Alan Proust tendría razón cuando escribió si quieres que una mujer cambie de opinión regálale un vestido nuevo; pero se mostraba como arrepentida y me tenía como culpable, no había desesperación y si en el fondo un dejo de odio tremendo hacia mi-“somos un número”. Estuve un buen rato pensando hasta si en el acto de darle un sobre lo vería  desde mi ángulo como una compra más. Al cabo de dos horas apareció seria dándome una dirección donde vernos a la salida.

—Hay algo que aclarar y no será acá. Agregó retirándose.

Quedé con mi cálculos de probabilidades, el lugar era alejado y solitario pero bueno para los amantes, llegada la hora que me había dicho cargué el revólver y me dirigí a el mismo; se de mujeres enojadas o despechadas. Cuando llegue estacioné al lado suyo, no había nadie y mire hacia las matas que nos rodeaban buscando a su marido o amigo. Abrió la puerta subiendo y ahí noté los tajos en su pollera ajustada de vestir con sus medias negras; el rouge rojo tan intenso y su pelo negro. Estaba más linda que nunca y pese al temor comencé a tener una erección, sonrió con firmeza y puso los cheques arriba de la guantera.

—No quiero esto, cómprate tu conciencia si la encontrás pero a mí no. Dijo furiosa.

—No me dejaste hablar solo era un préstamo para salir de tu problema pero me iba a cobrar con descuento de tu sueldo.

—Mi problema no es ese; es haber hecho algo que no debí hacer por apurada y no afrontar mi error.

Me perdí por un segundo y no filtré mi repuesta.

—Pues bien de alguna manera fue una violación aprovechando tu error; pero mil demonios si existe un Dios él sabe lo que te soñaba y lo volvería  a hacer porque vales la pena, vaya que si lo vales te sometí como vos a mi cabeza, hasta me he pajeado con vos.

Se avanzó sobre mí tomándome del cuello y metió su lengua en mi boca, me sobó la bragueta sacando la verga ya parada, bajó y la chupó de una manera soñada, no paré de meterle la mano por todos lados. Se enderezó pajeándome y abrió su camisa sacando los maravillosos y duros pechos ofreciéndolos a mis labios que los devoraron ansiosos.

Fuimos a un motel en los autos y ni bien entramos se desnudó tirándose en la cama, que bombón. Se recogió el cabello arrodillada de espaldas, mostrando su hermoso culo, para después acostarse boca arriba y viboreando con su lengua me invitó con un —Dame pija y leche hasta que te aburras ¿Querés cogerme? Vení  servite viejo cerdo.

Cuando por fin terminé de desnudarme busqué su boca; parado  al borde de la cama le cogí la cara y me di vuelta haciéndome chupar el culo pese a sus ruegos; la manosee y le comí la cola acabando en su boca hasta que quedamos agotados entre olores a sudor, flujos y esperma. Fue genial la sometí a casi todo lo que quería y cuando se negaba solo me limitaba a decirle

—Págame chorra, coge abierto con tu dueño.

Por momentos gimoteaba pero accedía a todo insultándome.

—Nunca engañé a mi marido pero cuando me obligaste a coger con vos sentí que en algo tenía una cuenta pendiente.

Solo tengo que obligarla, pensé reprocharle y amenazarla ¿Tan fácil era?

ADRO

Otro relato ...




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