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Ella
despertó al encenderse la luz y notar que él le había pasado su brazo sobre
su cuerpo para apretarle las tetas al tiempo que hacía presión con su cadera
contra las nalgas de ella. Todo su cuerpo reaccionó ante la agradable
sensación de los masajes en las tetas. Le pellizcaba los pezones y le
masajeaba firmemente las tetas mientras que el duro pene buscaba un camino
entre las nalgas. En un principio ella se dejó llevar pero al recordar lo
poco agradable que le había resultado la felación decidió tomar la
iniciativa. Se volvió hacía el hombre y se abrazó buscándole la boca con su
boca al tiempo que pasaba su pierna sobre la cintura del él. Hizo que su
lengua se enredase con la de su pareja al tiempo que apretaba su expuesta
cadera contra la suya. Se giraron y ella se colocó a horcajadas sobre él que
comenzó a apretarle las tetas nuevamente. Ella e inclinó hacia delante para
apagar la luz mientras él se movía intentando penetrarla. Ella se irguió
nuevamente, se elevó ligeramente sobre las rodillas y con su mano derecha se
introdujo el miembro del hombre en su ya chorreante vagina al tiempo que
dejaba escapar un largo y leve suspiro y comenzaba a mover su cadera con
suaves oscilaciones que pronto adquirieron intensidad y que acompañaba con
marcadas rotaciones de su cadera El hombre seguía aferrado a sus temblorosas
tetas y se dejaba hacer por una desconocida Merchitas. Parecía desenfrenada,
como dispuesta a disfrutar como nadie de aquel momento de sexo. Sus leves
gemidos iniciales fueron transformándose en nítidas expresiones de placer y
los movimientos de su cadera más intensos y profundos. Ya no eran gemidos,
eran gritos. Su cadera me movía buscando una intensa y profunda penetración.
Su compañero completamente superado apenas podía hacer otra cosa que
mantener la erección, masajearle las tetas y pellizcarle los durísimos
pezones. El hombre parecía bloqueado con aquel derroche de sensualidad y de
actividad sexual. Toda la habitación olía a sexo, sentía en sus muslos la
humedad del coño de la mujer cada vez que ella se dejaba bajar en aquel
dentro y más dentro increíble. De repente ella estalló en un gémido
quedándose rígida y comenzando a ralentizar sus movimientos se dejó caer
sobre el hombre y comenzó a besarle en la cara al tiempo que se movía para
frotarle las tetas sobre el pecho.
Al
mantener el hombre la erección y no haberse retirado ella poco a poco los
movimientos pélvicos fueron haciéndose cada vez más intensos y profundos.
Solo fueron unos escasos minutos en los que ella no dejaba de pronunciar
palabras ininteligibles acompañadas de jadeos, grititos y amplios y lentos
movimientos de cadera. El hombre era un mero espectador de aquel derroche de
pequeños y repetidos orgasmos que de forma continuada hacían vibrar a
Mercedes. Solo la espectacularidad del momento y la intensidad de su
excitación le permitían mantener la erección pese a su pasividad. Ella había
tomado de tal modo la iniciativa que el ni siquiera se movía, solo unos
mínimos movimientos que lograba efectuar de vez en cuando. Ella, gimiendo y
jadeando continuamente fue cesando lentamente en los movimientos y gimiendo
cada vez más suave hasta hacerlo de forma imperceptible. Se quedó callada y
quieta un momento y luego de deslizó hacía un lado. Al hacerlo el pene salió
de su chorreante vagina haciendo un curioso ruido como de botella al
abrirse. Se tumbó boca arriba acariciándose el vientre mientras satisfecha
intentaba recuperar el ritmo normal de respiración. Mientras el se había
quedado como estaba, boca arriba, con el instrumento en ristre. Al verlo
ella le preguntó:
-¿Tu
no te corriste?
-No
me dejaste, tu sola te lo hiciste todo.
-¿Entonces esta mojadura?
-Tu
solita.
-¿Fue para tanto?
-Espectacular, no sabía que fueras capaz de eso.
-Yo
tampoco
Ella
sonrió satisfecha y separó un poco los muslos al notar la mano que comenzaba
a acariciarlos buscándole el coño. La mano del hombre logró su objetivo y
notó la humedad consecuencia de las repetidas corridas de cada uno de sus
orgasmos.
-¡Estás empapada!
-Es
verdad, vaya mojadura ¿y es todo mío?
-Si,
es todo tuyo, vete a lavarte y luego seguimos.
Merchitas se puso de píe al lado de la cama y se miro la entrepierna. Varios
brillantes chorritos resbalaban por sus muslos y alcanzaban ya las rodillas.
El vello del coño estaba completamente mojado y la vulva tumefacta y
brillante por efecto de los fluidos que seguían saliendo de entre aquellos
labios. Fue al baño y por tercera vez se sentó en el bidet para volver a
lavarse el coño. Al hacerlo sintió la agradable sensación del agua tibia y
de los movimientos que con sus dedos hacia en torno al clítoris al
enjabonarse. Notó también el olor de sus jugos mezclándose con el del jabón.
Notó el tacto suave y cálido de su vagina cuando se introdujo los dedos. Se
dejó llevar por el intenso deseo y se masturbó sentada en el bidet mientras
el chorro de agua bañaba el coño. Sobreexcitada y en pleno éxtasis no se
apercibió que la observaba desde la puerta. Cuando se dio cuenta estallaba
en otro intenso orgasmo tras el cual se acabó de lavar. Se puso de píe y de
frente a él se secó con detenimiento todos los pliegues de su coño mientras
de vez en cuando levantaba la cara con una insinuante y pícara sonrisa en
los labios. Dejó caer la toalla en el suelo y se abrazó con fuerza contra el
hombre mientras le buscaba la boca.
-Ven
ahora me toca a mi pasarlo bien.
Le
pasó el brazo por la cintura dejando bajar la mano hasta la nalga y juntos
fueron así hasta la cama. Entonces la cogió por los hombros y la colocó a
cuatro patas, con el culo ligeramente levantado y las piernas separadas. Se
colocó tras ella y tomando el pene con una mano lo apoyó en aquel agujero
que parecía haberse convertido en su objeto de deseo. Con un movimiento
continuo, lento y firme introdujo el pene por el ano de Merchitas que dejó
escapar una exclamación de dolor, era su primera vez. El cogió ritmo y fue
embistiendo cada vez más profundamente y cada vez con más fuerza. A cada
embestida Mercedes se quejaba suavemente, más que dolor lo que sentía era
incomodidad. Si las embestidas fueran menos fuertes quizás llegase a sentir
placer. En cualquier caso no le parecía desagradable ni siquiera cuando le
dio varios sonoros cachetes en las nalgas que le dejaron marcadas, en rojo
sobre la piel blanca, las manos y los dedos. Con un rugido el se corrió en
el interior de su culo, la empujó hacía delante y se dejó caer encima de
ella. Al poco rato se giró y se dejó caer sobre la cama. Mercedes se quedó
quieta, aún dolorida por la enculada. Pese a todo le había gustado. Siempre
le había excitado el sentirse dominada cuando practicaba sexo. Era una de
sus fantasías.
Le
dio un sonoro cachete en las nalgas y le dijo que se lavase, que le salía
leche por el culo. Ella volvió al bidet, a lavarse otra vez. Cuando regresó
a la cama el dormía. Apagó la luz y se acostó a su lado, intentó hacerlo
boca arriba pero le dolía el culo, tampoco de lado se sentía cómoda así que
se puso boca abajo.
Apenas pudo si quiera dormir unos segundos, estaba incómoda, el culo le
tiraba y tenía una extraña sensación. El efecto del vino ya le había pasado
y se sentía resacosa, cansada e incómoda. Así que se levantó y se dirigió al
baño para ducharse. Antes recorrió la casa recogiendo la ropa que colocó
cuidadosamente sobre el secreter del dormitorio.
Entró en el baño e hizo sus necesidades, luego entró en la ducha que era una
de esas con varios efectos y distintos chorros. Abrió el agua bien caliente
en un chorro fuerte y lo dejó caer sobre su cuello y espalda. Estuvo así un
buen rato hasta que cerró el agua, busco un gel de ducha que no tuviera
mucho aroma y se empezó a enjabonar utilizando las manos para extenderlo.
Acarició lentamente los pechos cuyos doloridos pezones reaccionaron a las
caricias. Se enjabonó el coño con delicadeza y el culo con especial cuidado.
Al retirar la mano se dio cuenta de que le sangraba un poco. Se secó y salió
de la habitación. Abrió el bolso y sacó un pequeño frasco de perfume que se
aplicó sobre el pecho y el cuello. Luego se puso la ropa y se calzó- Al
pasar cerca de a la cama. se dio cuenta de que estaba despierto y la miraba.
-¿Ya
te vas?
-Si,
ya estuvo bien.
-Estuvo muy bien.
Le
hizo un gesto de despedida con la mano, cogió el bolso y ya en la puerta se
volvió y le dijo:
-Adiós.
-¿Adiós?, mejor hasta otra.
-No,
hoy era la despedida, eso acordamos, no podemos seguir así siendo compañeros
de trabajo. Además, los dos tenemos una familia y una vida propia aparte. A
lo mejor otro día, si nos apetece, podemos repetir, pero de momento no, no
quiero más, no me apetece.
-¿De
momento?
-De
momento pero no te hagas ninguna ilusión, no esperes otra cosa, nada me
obliga a follar contigo.
Recogió el abrigo y salió de la casa cerrando la puerta con cuidado. Al
pasar por el portal notó como el portero se asomaba desde su cubículo para
mirarle el culo. Le dolía y el pantalón ajustado empeoraba las cosas. Temía
que la sangre que le salía del culo le pudiera manchar el pantalón y se
notase.
En
lugar de dirigirse al coche entró en un bar cercano y pidió un café,
necesitaba espabilarse un poco. Se dirigió al baño y se bajó los pantalones
y las minúsculas bragas y las observó. No había ninguna mancha en las
braguitas y eso la tranquilizó en parte porque temía que no se quitase del
delicado tejido de la prenda. Se las había comprado su marido y nunca se la
había puesto para él.
Desde aquel lugar hasta su casa solo tardó un cuarto de hora. Cuando llegó
saludó y rápidamente, se descalzó, cogió algo de ropa en la cómoda de su
habitación y entró al baño. Cerró la puerta, se desnudó y se quitó con las
braguitas que escondió dentro del cubo de la ropa sucia. Se volvió a duchar
frotándose la piel con la esponja, especialmente entre las piernas y el
dolorido culo que afortunadamente ya le molestaba menos.
Se
puso unas bragas limpias y se las protegió con un salvaslip, se vistió el
camisón y fue al salón donde estaban su marido y su hijo.
-Me
voy a dormir, estoy muy cansada y no me encuentro bien, comí algo hoy que no
me sentó nada bien.
Le
desearon buenas noches y se retiró. Se acostó recordando todo lo que había
hecho aquel día con el convencimiento que aquella extraña relación ya se
había acabado. Un buen final para esa película pensó en un susurro. Agotada
se durmió rápidamente. |