La Página de Bedri
Relatos prohibidos
La madre de mi sobrina (por Tío Carlos)
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Una tarde Vicky pasó por mi Oficina, una vez adentro parada delante mío, empezó a amasarme la verga por sobre el pantalón, mientras me decía: - Tío, estuve pensando una cosa.

- ¿Qué cosa?

- Tengo miedo que mi mamá se dé cuenta, me mira con cara de sospecha cada vez que hablo con Lorena. (Ya me había abierto el pantalón, y metido una mano)

- ¿Y qué pensastes?

- Mirá tío, el otro día buscando unas cosas encontré un dildo a pilas, y pensé ver si mi mamá se masturbaba, así que sin que ella lo sospechara la espié, y sí se masturba como una loca, y eso quiere decir que mi papá no la satisface, entonces pensé que si vos te la coges, podemos tener una cómplice. (A esa altura me había sacado la pija afuera y me pajeaba despacio)

- ¿Yo cogerme a tu mamá?

- Si tío, dale, no seas malito.

Yo estaba recaliente con lo que me hacia mi sobrina, y la idea de cogerme a su mamá no me disgustaba, está bastante buena para su edad.

- Bueno, pero ¿Cómo hacemos?

- Mira tío, el fin de semana nos vamos a la casita que tenemos en el campo, mi papá va a estar de viaje, yo te invito, cuando me voy al pueblo de compras vos aprovechás.

- Esta bien, hagamos eso.

Vicky se arrodilló, me pegó tremenda mamada y, antes de irse me dio un beso diciendo: - Preparate para el fin de semana.

Llegó el fin de semana. El sábado a media mañana ya estaba en la casita de campo, siendo recibido por mi sobrina y mi concuñada, las dos estaban espléndidas, en zapatillas, joggins de algodón ajustados, medio metidos en la zanja del culo - ya dije que Vicky tiene tremendo culo, bueno, la mamá también, sin duda a ella salió -, y que además les sobresalían los labios de las conchas. Bárbara, la mamá de mi sobrina, tenía puesta una ligera camisa que permitía apreciar sus tetas en muy buen estado. Entramos a la casa, tomamos asiento alrededor de la mesa, Vicky sirvió tres cafés, charlamos distraídamente, hasta que mi sobrina dijo: - Mamá, voy al pueblo a comprar pan, me voy en bicicleta así hago gimnasia.

- Nena, vas a tardar mucho así.

- No importa mamá.

Vicky se puso de pie, Bárbara también y fueron a la cocina. Mi sobrina volvió, se acercó a mí, y agarrándome la pija me dio un beso en la mejilla y se fue.

Es hora de acción, pensé, mientras iba a la cocina donde estaba Bárbara, mi oncuñada.

Estaba en los preparativos del almuerzo, apoyada en la mesada, no pude dejar de mirarle el hermoso culo que tiene, y de sólo pensar que me la tenía que coger, la pija se me endureció. Bárbara abrió la alacena e intentó bajar un frasco que estaba en el estante de arriba de todo, sin alcanzarlo

- Carlos ¿Me ayudás?

- Como no.

Me acerque por detrás para agarrar el frasco y, como al descuido le apoyé le verga dura en el culo.

- ¡Ay Carlos!, ¿Qué te pasa?

- Es natural, Bárbara, viendo una hermosa hembra (utilicé esa palabra adrede) como vos, a cualquier hombre le pasaría lo mismo.

- A cualquiera no, a mi marido no le pasa.

- ¿No? Dije en voz baja, frotándole las nalgas con mi tronco.

- Carlos, por favor que puede venir Vicky.

- No seas tonta, se fue en bicicleta así que va a tardar bastante. Mientras decía eso la rodee por la cintura con mis brazos atrayéndola hacia mí para que sintiera la dureza de mi verga, acaricie sus tetas, y bajando una mano, hice lo mismo con su carnosa concha, pasándole un dedo por entre los labios. Movió un poco le culo, frotándose, la bese en la nuca, pasó una mano para atrás y me acaricio la pija.

Me abrí el pantalón, Bárbara - siempre de espaldas - metió la mano, me la agarró y la sacó fuera. Se dio vuelta mirándomela con asombro, mientras decía: - Carlos, ¡Nunca imaginé que tenías semejante cosa!, ¡Que cabezona!

- Si la querés, es toda para vos.

- Con la falta que me hace dijo, arrodillándose.

Me miró la verga mientras la apretaba con las manos, me pasó la lengua por la cabezota murmurando: - Cuanto hace, cuanto hace...

Se metió todo lo que pudo en la boca, saboreando la verga, como con miedo de que no fuera verdad, así estuvo chupándomela un buen rato, despacio, suavemente. La hice poner de pie, la abracé y la besé en la boca lengua con lengua, mientras le metía la pija entre las piernas y le manoseaba el culo. Bárbara se sacó la camisita y el corpiño, quedando al aire dos hermosas tetas con los pezones erectos, se las chupé, se las mordí y la seguía manoseando.

- ¡Ay Carlos me volvés loca!, cuanto hace que no sentía algo así...

Le baje un poco el joggins, metí la mano debajo de la tanga llegando a la concha que se abrió toda jugosa cuando deslice mi dedo entre los labios.

- Carlos vení.

Me tomo de la mano y fuimos al dormitorio, nos desnudamos, la puse en cuatro, abrí las nalgas de tremendo culo y le chupé el hoyo succionándoselo mientras metía dedos en la carnosa y pantanosa concha de mi concuñada, ella gemía de la terrible calentura que tenía.

- Carlos cogeme por favor...

Deje de chuparla, apunté a la concha y se la enterré.

- Ahhhhhhh, siiiiiiii, asiiiiii....... ahhhhhhh........

La agarré de las nalgas y le pegué tremenda cogida, el culo se le estremecía en cada empujón, rápidamente empezó a acabar con un gemido interminable que para mi sorpresa no terminaba de acabar. Era todo uno, violentas cogidas y gemido continuo, hasta que finalmente paró, respiró profundo y se desplomó boca abajo.

Me recosté encima de ella, así estuvimos un rato.

- Carlos, no sabés cuanto hace que no acababa así, cuanto hace que no cogía. Yo no había acabado, así que ella sintió la pija dura contra sus nalgas, se movió un poco, salí de encima de ella.

- Acostate Carlos.

Así lo hice, y Bárbara volvió a chuparme la pija, después de un tiempo, mientras me mamaba se frotaba la concha, dejó de mamar, se puso encima mío, me agarró la verga, se la embocó y, de un golpe se la metió en la concha.

- Mmmmmmm... ahhh...

- Carlos quiero coger todo el día.

Cabalgaba despacio, disfrutando de mi verga y de la cogida. Yo le amasaba las tetas y el culo. De a poco fue acelerando sus movimientos hasta que tuvo un orgasmo extremo mientras yo la llenaba de leche. Se recostó encima mío, y luego de un tiempo, nos higienizamos y nos vestimos.

- Hola, llegué - se escuchó la voz de Vicky.

- ¡Mamá! que cara, ni que hubieses estado un mes sin dormir.

- Estoy algo cansada, seguí vos que yo me voy a recostar.

Cuando quedamos solos, Vicky con una sonrisa preguntó: - ¿Qué tal?

- Terrible, seguro va a querer más.

- Tío, dejá algo para mí.

Almorzamos, descansamos mirando la TV, tomamos café.

- Mamá, anda a recostarte, con el tío vamos a ver la bomba de la pileta que no anda muy bien.

Bárbara se fue al dormitorio, con Vicky salimos de la casa hacia el cuarto donde está la bomba y los útiles de jardinería. Una vez dentro Vicky cerró la puerta, el olor a humedad era intenso, me agarró la verga diciendo: - Ahora me toca a mí, se bajo el joggins, la tanga y se metió la pija entre las piernas, me besó en la boca con la lengua casi en mi garganta.

- Tío, quiero sentir tu pija adentro

- Sabés por donde tenés que empezar

- Si tío

Se puso de rodillas, me agarró la verga y se la metió en la boca con fuerza, atragantándose, la sacó un poco chupándomela como si se la quisiera comer. Después se sentó en una mesa, se desvistió, levantó las piernas dejando ver la conchita, me arrimé, la ensarté y cogimos así, agarrada de mis hombros y con las piernas cruzadas por detrás. Fue una cogida dura, en silencio, hasta que acabamos juntos.

Pasamos parte de la tarde cortando el césped, merendamos y luego Vicky se fue a dar un paseo para dejarme solo con su mamá

Me senté en la hamaca que está en la galería, fume un cigarrillo, así estaba y me vinieron ganas de ir al baño, entré a la casa, fui al baño, oriné y terminando, Bárbara abrió la puerta, y sin decir palabra, me agarró la pija, empezó a pajearme mientras me pasaba la lengua por la oreja. De más está decir que la verga se me puso durísima, mi concuñada se sentó en el sanitario, se la metió en la boca al tiempo que decía: - Quiero más pija y más leche...

Estábamos en plena tarea, cuando escuchamos:- ¡Mamá!

Era Vicky que había regresado, estaba parada en la puerta de entrada del baño, mi concuñada se quedo dura de terror con la verga en la boca, yo no me sorprendí.

- ¡Mamá! ¿Todo eso para vos?, no seas egoísta, dame un poco a mí. Vicky se acercó, saco la verga de la boca de su mamá, y me dio unas chupadas.

- Tío, que grandota la tenés, ya vuelvo me voy a poner cómoda. Bárbara estaba paralizada, me miraba como preguntando ¿Qué hacemos? La agarre de la cabeza y le metí la pija, empecé a moverme cogiéndola por la boca, mi verga entraba y salía de la boca de mi concuñada que todavía estaba quieta, sólo se dejaba hacer.

- Aquí estoy de vuelta.

Era mi sobrina totalmente desnuda, se arrodilló, sacó la verga de la boca de su mamá, me la miró mientras me pajeaba un poco, después me la chupó succionándola tan bien como ella sabe hacerlo.

Bárbara seguía quieta, mirando como su hijita le mamaba la pija a su tío. Me empecé a desvestir.

- Mamá que haces vestida, sacate la ropa.

La madre hizo caso a su hijita, se puso de pie y se desnudó lentamente, mientras la nena no paraba de mamármela.

- Mamá, quiero ver cómo te portás con el tío, si te animás a tragarte esta poronga que parece de fierro.

Me senté en el sanitario, tomé a mi concuñada de la mano y la traje hacia mí, se arrodilló y me dio una fuerte mamada tratando de meterse toda la verga en la boca.

- Mamá, que bien se la chupás, exclamó Vicky mientras se pasaba la mano por la entrepierna.

Bárbara chupaba, la sacaba y me pasaba la lengua por todo el tronco volviéndosela a meter hasta la garganta, yo atraje a mi sobrina dándole mano y dedos en la conchita (se había puesto de espalda, apoyándose en la pileta, quedando inclinada hacia adelante). Mi concuñada dejó de chupar, se puso de pie y montó a horcajadas, se enterró toda la verga. - Ahhhhhhhh…

Vicky dio vuelta la cabeza. - Mamá, dejame un poco para mi

Bárbara cabalgaba frenéticamente con mi pija enterrada en su concha. - Hijo de puta, te vas a coger a mi hija también… ahhhhhh... ahhhhh…

Mi concuñada tuvo un orgasmo estremeciéndose, ahhh..., ahhh... así... más... más..., hasta que quedó quieta apoyada en mi hombro. Vicky se movía con mis dedos metidos en su conchita.

Bárbara se levantó, limpiándome la verga con unas chupadas. Se montó mi sobrina, que tuvo un orgasmo a los alaridos al mismo tiempo que la llenaba de leche.

Nos quedamos los tres desnudos, fuimos a la cocina-comedor, Vicky sirvió tres whiskies, fumamos tranquilos reponiéndonos.

- Mamá, no sabía que eras tan fogosa.

- Es que hace mucho que tu padre no me atiende, y vos ¿Que me decís de haberte cogido a tu tío?

- Y bueno, los vi y me tenté, además esa verga...

Seguimos lujuriosamente el resto de la tarde, con manoseos mutuos, chupadas y cogidas. Cenamos, siempre desnudos los tres, miramos la televisión, y seguimos hasta quedar exhaustos.

Dormimos los tres en la cama matrimonial, yo en el medio y ellas a cada lado. En determinada hora de la madrugada, con el canto de los primeros pájaros, sentí una mano que hurgaba en mi entrepierna, la verga se me paró, era la mano de mi concuñada, me la acarició y empezó a chupármela mientras Vicky dormía.

Así estuvimos en silencio sólo roto por el canto de las aves, un buen rato, después nos levantamos, fuimos a la galería y, allí en el sillón hamaca se puso en cuatro, la ensarte cogiéndola bastante tiempo, hasta que acabamos lentamente, disfrutando, gozando.

Entramos, ya amanecía, preparamos café y su olor, seguramente despertó a mi sobrina.

- Buen día.

- Buen día hija.

- Buen día Vicky.

- ¿Ya levantados?

- Y, si, el canto de los pájaros nos despertó.

- ¿No habrán hecho nada, no?

- Si, ya empezamos, tu mamá es muy fogosa.

- Hija, tengo que recuperar el tiempo perdido ¿O no?

- Seguro mamá, hoy el tío es todo para vos.

Efectivamente, fui todo para Bárbara, la pasamos en la cama cogiendo de todas las formas que se nos ocurrieron, Vicky seguramente se masturbó. Al atardecer retornamos a la ciudad.

De tal modo pasó el tiempo, no sé cuánto. Mi concuñada estaba cada vez más caliente y quería cada vez más, yo quería encularla, pero cada vez que lo intentaba, la respuesta era un contundente: No.

Lo conversé con mi sobrina. - Dejamela a mí, tío

En uno de los fines de semana en la casita del campo, cuando llegué fui recibido por Vicky.

- Tío, tengo una sorpresa para vos, vení.

Me condujo hasta el dormitorio, ahí, en la cama estaba lo que yo no esperaba, Bárbara en cuatro con el dildo metido en el hoyo.

- ¡Bárbara!, ¿Te decidiste?

- La nena me explicó (mientras se sentaba despacio en el borde de la cama).

- Acercate Carlos.

Me acerqué, mi concuñada empezó a acariciarme la verga sobre al pantalón, después me la sacó y comenzó una sesión de mamada.

- Bueno Bárbara, vamos a hacerlo.

Se saco la pija de la boca, al tiempo que decía: - Tengo miedo

- ¡Pero mamá!, ¿Otra vez?

- Si Vicky, mirá que grandota la tiene, tu padre que la tiene chica me hizo doler, no me quiero imaginar esta verga en mi culo.

- Dale mamá, vas a gozar mucho, ya te lo dije.

- Ya dije que tengo miedo.

- Vicky, no insistas, si tu madre no colabora, no hay caso, te toca a vos.

- ¿A mí no me vas a coger?

- No Bárbara, si no colaborás no hay más verga, es toda para Vicky.

A todo esto mi sobrina, ni lerda ni perezosa se había desnudado.

- Vení tío, vamos al otro dormitorio.

Allá fuimos, me desvestí y tuvimos sexo salvaje, ante la mirada de Bárbara que se masturbaba con su juguete a pilas, parada en el vano de la puerta. Por la tarde enculé a Vicky, que gozó como una perra ante los ojos asombrados de su madre.

Así transcurrió el fin de semana, cogiendo con mi sobrina, y su madre masturbándose.

Pasados unos meses sin cogerme a mi concuñada, en un encuentro con mi sobrina me manifestó su preocupación por su madre. - Tío, estoy preocupada por mi mamá, se masturba permanentemente, anda con el juguete todo el día y, además, toma whisky, ¿Que podemos hacer?

- Mirá, decile que si se deja encular le doy toda la verga que quiera.

Luego de unos días, mi sobrina me llamó: - Tío, mi mamá dice que sí, que ya no aguanta más.

Nos encontramos el fin de semana en la casita de campo sólo con Bárbara, que me esperaba desnuda, apenas entré cerró la puerta, se arrodilló, sacó la pija y me la empezó a chupar, lo hacía con desesperación, como si fuera la última vez, después de un rato se puso de pie, me tomó de la mano y me condujo al dormitorio, mientras yo me sacaba la ropa se untó el hoyo con gel y se metió el dildo.

- Vení, me dijo sentada en el borde de la cama. Me arrimé, me agarró la verga y mirándola dijo: - ¿Así que me vas a meter todo esto por el culo?

- Toda, hasta los huevos.

Sin decir nada, se tomó medio vaso de whisky que tenía servido, mientras me pajeaba, creo que ya había tomado más, me la volvió a chupar un poco, se levantó sacándose el dildo del hoyo, se puso en cuatro en la cama separándose las nalgas de ese gran culo. - Dale, metemela

Me pasé gel por la pija, le puse más en el ano, emboqué la cabezota y agarrándola del culo empujé fuerte.

- Ahhhhhhhhhhhhh, ¡Me duele mucho!

- Eso te pasa por hacerte desear, y todavía falta.

Le había entrado un pedazo, la bombeaba despacio, Bárbara se quejaba, le dí otro empujón, le entró más al mismo tiempo que ella gritaba, hice una pausa y le enterré el resto.

- ¡Me estás rompiendo el culo, hijo de puta!

Así la estuve culeando bastante tiempo, entre gemidos, quejidos y algún que otro grito. En determinado momento, Bárbara se empezó a acariciar la concha mientras suspiraba y respiraba profundo, hasta que gritó: - ¡Dámela toda!

La sacudí fuerte, ella se quejaba de dolor y de placer.

- Dame la leche por favor.

Se la metí al fondo, allí acabé mientras Bárbara tenía un orgasmo que la dejó rendida.

Luego de una media hora, nos levantamos, ella caminaba con dificultad.

- Carlos, me duele.

- Después de varias veces, te va a doler menos.

Seguimos todo el fin de semana, entre cogidas y culeadas. Bárbara sufría y gozaba, volvió a su casa con una buena dosis de leche y carne dura encima.

Por Vicky supe que estuvo varios días dolorida, diciéndole a su marido que eran hemorroides. El consultó y le compró una crema para que se alivie.