Hola, soy Lucía, algunos ya me conocéis,
he decidido escribir otro relato que espero que os guste. Lo hago porque
habéis sido bastantes los que me lo habéis pedido, otros, sin embargo, se
han limitado a pedirme “esas fotos”. Os había mencionado que tengo algunos
amigos que por decirlo de alguna manera, tienen derecho a roce. Son personas
que gozan no solo de mi confianza si no también de mi intimidad. Uno de
ellos es quien hace de mi entrenador en el gimnasio al que acudo casi
diariamente. Es un chico todavía joven, esbelto, muy cuidado, se le notan
las horas de ejercicio. La parte de su cuerpo que más me gusta es su
poderoso torso pero también sus manos, grandes y fuertes, me gustan y sobre
todo me proporcionan sensaciones muy placenteras cuando actúan sobre mi
cuerpo. Prefiero no mencionar la sonrisa o los ojos porque en eso es en lo
decís que os fijáis los chicos. Por otro lado, es un chico educado, respetuoso, culto y sobre todo tiene una de las
cualidades que más aprecio en quienes pretenden compartir conmigo los placeres del
sexo, es una persona absolutamente discreta y desinteresada en ese aspecto.
Nuestra relación comenzó de forma casual,
desoyendo sus recomendaciones realicé un ejercicio de forma incorrecta y se
me produjo una pequeña lesión muscular en un muslo. Sin reprocharme nada, me
tomó en brazos y me llevó a una pequeña sala de curas donde me depositó en
la camilla y me aplicó un masaje sobre la zona afectada. Los dos lo tratamos
con bastante naturalidad pese a tratarse en un muslo e ir ampliando la zona
de masaje llegando hasta la ingle. Tanto que llegó a tocarme lo que ya no
era ingle y nuestras miradas se encontraron. Le hice el comentario de que
era bueno haciendo masajes y el me dijo que era masajista titulado. Le
pregunté si me podría solucionar algunos problemas de dolores de espalda a
lo que accedió mientras seguía masajeándome o mejor acariciándome el muslo.
Convenimos que aquel no era el mejor lugar y no citamos para otro día en mi
casa.
El día convenido, yo estaba
convenientemente duchada y perfumada, aún no estaba depilada, llegó a la
hora acordada y a falta de otro sitio y como era necesaria una superficie
dura nos fuimos al comedor. Había extendido una sábana sobre la mesa y al
dar él su aprobación me quité el albornoz y me tumbe boca abajo. Al verme
desnuda me preguntó si me quería cubrir con algo y le dije que solo si era
necesario. Fue muy profesional, me dejó la espalda como nueva y luego
echamos uno de los mejores polvos que recuerdo. El es alto, fuerte y
musculoso, yo más bien menuda y delicada. Hicimos el amor de píe que
siempre ha sido una de mis fantasías así que os podéis imaginar el
espectáculo. De hecho casi siempre hemos hecho el amor así de píe o conmigo
a cuatro patas, incluso algún polvo rápido hemos echado así de píe, recuerdo
uno en la piscina del gimnasio. Sus manos como palas son un magnifico
sustento para mis nalgas.
En el gimnasio hay una piscina, de unos
25 m de largo y poco más de metro y medio de profundidad. Una mañana de
domingo que mi entrenador se había quedado a dormir en casa recibió una
llamada para ir al gimnasio a recoger unos papeles y llevarlos otro lugar.
Le acompañé y como no había nadie allí y, teníamos ganas de hacerlo pues nos
bañamos desnudos. Y como una cosa lleva a la otra, acabamos comiéndonos el
uno al otro a besos. Yo ya había tenido mis escarceos dentro de una piscina,
ya había estado desnuda, ya había tenido sexo pero nunca había sido
penetrada de aquella manera. Mis píes no tocaban el fondo y me quedé
literalmente ensartada en la polla enorme de mi entrenador particular. Os
recomiendo practicar sexo en el agua especialmente si está calentita.
Además, la flotabilidad proporciona sensaciones diferentes y muy excitantes.
He procurado repetir esa experiencia las pocas veces que he podido.
Mi entrenador es uno de los responsables
de que conserve mi figura y de que mis tetas mantengan su forma y su sitio.
También es cierto que es uno de los responsables de que siga siendo coqueta,
presumida y creo que adecuadamente femenina. Por mi parte se que a mi
entrenador le proporciono momentos de placer que no tendría de otra manera
pero sobre todo entre ambos hay una buena amistad, eso si, con derecho a
roce. Bueno, también es uno de los culpables de sexualmente sea muy activa y
ahora mismo, mientras escriba sobre mi entrenador, mi coño comience
a humedecerse y sienta la necesidad de ir a verle.