Hola, no sabría como
presentarme así que decido hacerlo de la forma más fácil. Soy una veterana
seguidora y también colaboradora de La Página de Bedri. La descubrí hace
años y he colaborado mandando recetas, fotos y a la sugerencia del propio
Bedri me he animado a escribir un relato que pueda publicarse entre los
“prohibidos”. Realmente no se si podrá llegar a tanto porque tampoco se que
contar. Bedri me dijo que podía decir como soy o como me gustaría ser.
También me dijo que podría contar algo que me hubiera pasado o que me
gustaría que pasase. La verdad es que sin saber muy bien como me he puesto a
escribir y he optado por hacer de todo un poco esperando que os guste a
todos.
Soy una mujer normal y
casada pero no voy a contar nada más. Mi edad me encuadraría dentro de las
“maduritas” y según algunas de mis amistades de las de “buen ver”. He tenido
la suerte de una constitución física que me ha permitido mantener un buen
tipo y he practicado deporte de forma regular toda mi vida. Primero el
baloncesto en el colegio de monjas y la universidad y el senderismo y la
natación siempre. Estos deportes me han ayudado a mantener una silueta
atractiva y no lo digo solo yo. Además, acudo regularmente al gimnasio. Soy,
para que os hagáis una idea, una señora bien en bastantes aspectos.
Llevo el pelo largo, por
debajo de los hombros ya que tengo la suerte de poder moldearlo a mi gusto
sin mayor problema. Mi piel es clara y mis ojos marrones. Las tetas son
normales, más bien pequeñas y gracias al ejercicio y a las cremas se
mantienen casi en si sitio. Me gusta como se me ponen los pezones cuando me
excito, se arrugan, se endurecen y apuntan hacia delante como los pitones de
un toro. También cuando hace frío y tienen tanta fuerza que se notan incluso
a través del relleno del sujetador.
Mi vientre está moldeado
por el ejercicio, no se marcan los músculos pero no hay michelines ni piel
flácida ni estrías.
Las caderas son algo anchas
y el culo entrado en carnes. Ya no es aquel culito de mi juventud pero se
moverlo para hacerlo realmente atractivo. Flojeo en piernas pero los muslos
aún los mantengo en buen estado, sin apenas descolgamiento.
La parte del cuerpo que
menos me gusta son mis píes pese a que tengo un ciber amigo que insiste en
una cita para chapármelos. Son huesudos y demasiado grandes, especialmente
los dedos. Tengo también otros ciber amigos que me piden citas para chuparme
otras cosas, no creo necesario especificar cuales. No acostumbro a conceder
ese tipo de citas, no solo porque no me gusta llegar a tantas interioridades
con gente a la que no conozco si no porque además muchos de ellos son de
lujares alejados incluso miles de kilómetros. Nadie se da la paliza de un
par de días en avión solo para echar un polvo con una desconocida a la que
conoce por una presunta fotografía en Internet. Tendría que ser un gran
polvo y no me atrevo a garantizar tanto.
Sin embargo si he concedido
una petición a uno de esos ciber amigos, me depilé el coño. Una noche me
hizo un alegato a favor de tal medida y a la mañana siguiente mientras me
duchaba, admirarme en el espejo del baño me decidí. Unos días más tarde me
hice una foto del coño sin depilar, realmente me hice varias porque es
difícil hacerse fotos una misma de ese sitio y que salgan bien o al menos
como yo quería. Luego llamé a una amiga que tiene un instituto de belleza,
le expliqué lo que quería y le pedí consejo acerca del mejor método. Mi
amiga no hizo preguntas, me recomendó la cera y me citó al día siguiente
para encargarse ella personalmente. La experiencia me resultó un poco
extraña, tumbada en la camilla, desnuda de cintura para abajo, con las
piernas bien abiertas y mi amiga extendiéndome cera caliente por los
alrededores del coño, me encontraba un poco incómoda. La depilación duró
tiempo porque me la hizo con delicadeza y al mismo tiempo me iba explicando
que estaba haciendo y como lo tendría que hacer yo en adelante. Quitar los
pelitos de los labios de la vulva resultó algo doloroso pero lo que más me
impactó fue cuando mi amiga me extendió la crema hidratante que se suele
aplicar tras la depilación la cera. Ella estaba más turbada que yo sobre
todo cuando dejé escapar una especie de suspiro, ella interpretó que de
placer y era cierto, pero no placer sexual, era de gusto porque la crema
estaba fresquita y mi amiga tiene las manos suaves y extiende la crema con
delicadeza.
Cuando llegué a casa repetí
la sesión fotográfica y esperé a la noche siguiente para que mi marido
hiciera los honores como es debido a la nueva estética de mi coño. Desde
entonces lo llevo así y la verdad que con bastante éxito. Gusta bastante
entre quienes lo conocen. No es que sean muchos pero creo que
significativos. Le gusta a mi marido, a mi profesor de tenis, a mi
entrenador del gimnasio, a un par de antiguos amigos y a un ciber amigo un
poco especial. También les gustó a algunas de mis amigas , tanto es así que
varias de ellas me han imitado y también tienen peladito el coño.
Aquel ciber amigo que me
defendió la conveniencia de la depilación una noche en el Messenger fue el
segundo en conocer el nuevo estado de mi entrepierna. Cuando volvimos a
chatear y volvió a salir el tema le fui mandando fotos de la primera sesión.
No me las había hecho todas desnuda, me había puesto una braguita blanca me
la había ido quitando hasta quedar sin nada y toda abierta. Abierta y
peluda, muy abierta y muy peluda y algo húmeda. Me había excitado al hacerme
las fotos. Mi ciber interlocutor además de ralentizar las respuestas
insistió en la depilación. Se hacía tarde y quedamos para una semana más
tarde.
El día convenido nos
volvimos a conectar y le envié las fotografías que me hice ya depilada, eran
como las de la vez anterior, con la braguita blanca e igual de abierta pero
más húmeda porque me había tocado un poco al hacérmelas y estaba muy
excitada. También estaba muy excitada mientras chateaba.
Mi amigo me pidió verme por
la webcam pero nunca la pongo con personas que no conozco personalmente y se
lo dije. Estuvo un rato sin escribir nada y me propuso algo. Un día, el que
yo eligiera y donde yo decidiera, nos encontraríamos para conocernos. Y eso
sucedió. Un día que mi marido estaba de viaje quedé con mi amigo al que
llamaré Víctor. Le fui a recoger al aeropuerto y le llevé hasta su hotel.
Allí me propuso subir a su habitación. No es necesario decir que lo estaba
esperando, que estaba tan excitada que mis pezones empujaban con tanta
fuerza el sujetador que se notaban incluso por encima del suéter que vestía.
Al entrar en la habitación
entré en el baño, me desnudé rápidamente, me lavé el coño, me puse una
braguita limpia, la misma de las fotos y salí. Víctor dio un respingo cuando
me vio, dejó lo que estaba haciendo y me abrazó con fuerza besándome con
fuerza y moviendo su lengua dentro de mi boca con ansia.
Cuando sus manos llegaron a
las bragas le empuje con delicadeza para hacerle separarse y le pedí que se
desnudara y se metiera en la cama lo que hizo rápidamente lanzando su ropa
en todas las direcciones. Me subí a los píes de la cama y con voz
artificiosa le pedí que prestara atención. Lentamente fui bajando la
braguita y subiéndola con movimientos rápidos hasta quitármela del todo . la
lancé lejos y avancé hasta quedar encima de su cara para lentamente ir
doblando las rodillas hasta que mi coño acabó tocando su cara. Lanzó sus
manos a mi cadera y un mar de saliva me inundó el coño, noté como nariz,
lengua y dedos entraba y salía entre los labios de mi sexo. Calambres de
placer comenzaron a recorrer mi cuerpo, desde la punta de los dedos hasta
las mejillas que notaba cada vez más acaloradas. Notaba aguijonadas de
increíble gusto salían de mi coño expandiéndose por todo mi cuerpo. Mis
pezones estaban a punto de estallar y empecé a acariciar las tetas con una
mano, necesitaba la otra para sujetarme al cabecero de la cama. Sentí que me
derretía, como a la humedad de la boca de Víctor se unía la humedad de mi
vagina. Me estaba corriendo, era una corrida espectacular, rápida,
abundante, placentera. Me dejé llevar y cuando me di cuenta estaba ensartada
en la verga de Víctor y moviendo el culo como su fuera el mismísimo Richard
Gere quien me estuviera follando. Víctor y yo nos corrimos al tiempo, hacía
tiempo que no gritaba tanto al follar. Hacía mucho que no disfrutaba tanto
con un polvo. Aquella mañana dejé de tener coño para tener una fuente, entre
los jugos de mi corrida y el semen que Víctor me había dejado dentro un
volumen importante de fluidos se escurría entre los labios de mi vulva y
continuaban por la polla ya en retroceso para deslizarse entre las nalgas de
Víctor acabar en las sábanas.
Acabé agotada y me dejé
caer a un lado de Víctor y lo observe mientras se dormía también agotado. Es
un chico joven, no llega a la treintena, moreno, no muy alto, bien formado,
manos fuertes, polla fuerte, sabe follar, me lo ha demostrado. Se ha dado
una buena paliza de avión desde el otro lado del océano para verme el coño
afeitado aunque los dos sabíamos, y vosotros también, que era para echar un
polvo. Se había portado bien y no sería uno solo, al menos en esta ocasión.
Nos dormimos los dos y
cuando me quise ir el se despertó y me pidió otro polvo, le dije que si, que
me colocase como el quisiera. Me puso a cuatro patas se sujetó a mis tetas,
sus dedos tropezaron con mis pezones e hizo un comentario acerca de su
dureza, los dos nos reímos. Con un movimiento firme me la metió por el coño
ya húmedo. Me decía cosas llamándome por el Nick, yo le pedí que usara mi
nombre de pila, mi nombre real. Víctor hizo lo mismo. Follamos como
energúmenos, moví el culo como una loca. Me corrí como nunca. Víctor tardó
algo más y esperé por él. Me gustó esperar, me excitó muchísimo sentir como
se volvía a correr dentro de mí. Como disfrutaba follándome.
Entré en el baño para
lavarme y me quedé un rato mirando los chorros que corrían desde el coño por
mis muslos, casi hasta las rodillas. Víctor entro y me comenzó a magrear las
tetas mientras acordábamos que al día siguiente le recogería para llevarle
de vuelta al avión.
Al día siguiente subí
directamente a su habitación, me desnudé o más bien me quité la gabardina,
solo me había puesto eso de lo excitada que estaba. Víctor me miró y me dijo
que esta vez fuera yo quien propusiera la postura, me puse en el medio de la
cama, boca arriba, con las piernas bien abiertas y los brazos doblados por
encima de la cabeza. Víctor me comió desde la boca al coño, nos besamos con
ternura. Chupó los pezones hasta que me dolieron de lo duros que se me
pusieron. Me mordisqueó la barriga. Lamió el coño hasta que el clítoris
quiso escapar de puro placer. Sentí casi un desmayo de puro gusto cuando lo
apresó entre sus dientes y me dejé llevar por un lujurioso placer cuando lo
chupeteaba suavemente entre sus labios. Notaba como mi corrida se mezclaba
con su saliva y deseaba que el tiempo no pasara nunca, que aquel avión no
saliera. Víctor buscó mi boca al tiempo que me volvía a ensartar y comenzaba
lentamente a moverse, metiendo y sacando su polla de mi coño, con suavidad,
con ternura, como si tampoco quisiera acabar. Poco apoco comencé a sentir
una cascada de orgasmos, primero cortos, rápidos, breves, casi fugaces. Cada
vez más largos, más intensos, más continuos hasta que no hubo pausas y se
fundieron todos en uno solo, inmensamente placentero. Un orgasmo con
mayúsculas, de esos de las películas, de los que siempre soñé, de los que
siempre perseguí y que por fin encontré en la habitación de un hotel de
parejas con un chico bastante más joven que yo y que vive a miles de
kilómetros de mí.
Los orgasmos se fueron
yendo poco apoco, como llegaron, y me quedé mirándolo. Me moví apara
colocarme, me abrí más para que me la metiera mejor, me besó y tuvo su
orgasmo que por los gemidos y los movimientos también fue muy intenso.
Nos quedamos tumbados sobre
la cama unos minutos. Víctor se ducho, yo me aseé un poco y me puse la
gabardina. Nos dimos un abrazo y nos besamos frenéticamente antes de salir
de la habitación.
Durante el trayecto hicimos
algunos planes. Al llegar al aeropuerto, el avión de Víctor salía con
retraso, teníamos media hora más. Nos metimos en los servicios públicos , lo
teníamos fácil, solo tuve que quitarme la gabardina . Víctor bajó el
pantalón y follamos de píe, de una forma salvaje, casi animal, como si fuera
la última vez. Os puedo decir que solo sería la última de ese día. Mi
orgasmo llegó muy rápido, estaba sobrexcitada, tanto que tuve que ahogar mis
gemidos para que no nos delataran ante los demás usuarios del aseo. Víctor
seguía en erección sin correrse así que me agaché y empecé a besarle y
chuparle aquel hermoso pene que tanto gusto me daba. Tenía también sabor a
mí y me gustó. Cuando se corrió dejé caer su semen sobre mis tetas aunque
luego supe que le hubiera gustado que me lo dejara en la boca. Pero eso lo
se ahora. Se que le gusta mucho correrse dentro de mí y eso me resulta
morbosamente excitante.
Se nos hacía tarde y Víctor
salió rápidamente del servicio. Yo esperé unos minutos más que aproveché en
limpiarme.
Regresé a casa, me duché,
me hice una foto desnuda y se la mandé a Víctor por e-mail. Esta vez la foto
era de cuerpo entero aunque sin cara. Luego nos vimos en más ocasiones por
la webcam y al natural. Él vino más veces y yo fui en una ocasión que
coincidió un viaje de mi marido al que acompañe hasta allí pero que
aproveché para follar con mi buen amigo Víctor.
De otras cosas y otros
hombres, de mi entrenador del gimnasio, de los chicos de la piscina o de mis
viejos amigos puede que os hable otro día. No se si hacerlo, todo depende si
os gusta lo que os he contado.