Ella es una de esas mujeres que ganan con la desnudez. No es que
el vestido la desmerezca, es que la visión de su cuerpo desnudo es excitante.
El pelo es largo, rizado, brillante,
negro, con apenas canas. Eso y que lo tiñe.
La cara es ovalada, con un mentón
voluntarioso. Las mejillas gorditas, infantiles. La nariz es fina y proporcionada. Los
ojos son grandes, de color azul, muy luminosos. Los labios son un poco gordezuelos,
carnosos, le dan a un boca un aspecto atractivo y tentador. La boca es fresca y jugosa. La
tez es morena, en parte porque ese es su color natural y también en parte por el
bronceado ocasionado por sus largos paseos por la playa.
El cuello muestra más arrugas de las
deseables para la edad que representa. Un incipiente engrosamiento se muestra bajo su
barbilla lo que le da un aspecto morbosamente tierno. En su encuentro con el tronco forma
unos graciosos huecos que apetece besar.
Los hombros son redondos, suaves,
cuidados. Los antebrazos inician un descolgamiento en la parte posterior. Los brazos son
fuertes, bien formados, ligeramente musculosos. Las manos son pequeñas, alargadas,
suaves, cariñosas y tiernas.
Los pechos son apetitosos, sabrosos, de
mediano tamaño, de buena forma, plenos, firmes, algo caídos. Gozan de unas marcadas,
redondas, oscuras y duras aureolas. Los pezones parecen estar dispuestos siempre a
elevarse y tirando de los pechos alejarlos de la fatal atracción de la inevitable fuerza
de la gravedad.
El vientre es el de una mujer cercana a
los cuarenta que se cuida y visita regularmente el gimnasio. El ombligo no es más que una
leve oquedad, un punto geográfico en una especie de morena llanura, una referencia
sexual. Después la barriga continua una curva ascendente que luego baja hasta el inicio
de un nuevo ascenso, esta vez hacia un mítico Monte de Venus.
Todo el pubis esta poblado por un denso,
negro, brillante, ensortijado, misterioso, nunca depilado, oculto y secreto vello. La
vulva muestra unos amplios labios mayores por donde asoman hambrientos los más próximos
al canal vaginal. El clítoris es amplio, rebelde, siempre inquieto y dispuesto.
Las caderas son amplias, rotundas, de
hembra en flor. El culo es generoso, denso, acosado por la infamia de la celulitis. A
veces excitantemente temblón. Forma unos graciosos pliegues en el encuentro con los
muslos. Las nalgas son grandes, redondas, suaves, atractivas, deseables, invitan al
mordisco. Cuando se vuelve y dobla las rodillas bajo el vientre adquiere la forma de un
sensual corazón. Pocos paisajes son tan hermosos y ninguna invitación tan tentadoramente
irresistible.
Los muslos son largos, regruesados por la
celulitis sobre todo por encima de las rodillas. Se insertan en el tronco en unas ingles
sin depilar que no dejan de ser continuación del cuidado vientre y del misterioso pubis.
Las piernas son un punto gruesas, bien
depiladas, morenas, formadas y trabajadas por los largos paseos.
Los píes son pequeños, de dedos largos,
no excesivamente venosos aunque los tendones a veces se le marcan en exceso.
Tiene un olor peculiar en la piel morena,
sin marcas de bañador, ni siquiera de bragas. Toma el sol desnuda y se le nota. Solo la
osada cicatriz de la apendicitis le pone una exótica línea blanca en la piel. Huele a
esa mezcla de flores y sexo que se impregna entre los más escondidos de los recuerdos.
Los andares son suaves, como toda su
forma de moverse, suave, amplia y profunda. Camina a pasos más bien cortos, manteniendo
algo rígidas las rodillas, apretando las nalgas y oscilando graciosamente la cadera.
Para mirar inclina ligeramente la cabeza
hacia un lado y fija los ojos mientras la boca tiende a la sonrisa o al menos a un gesto
amable. Cuando sonríe, sus los ojos se llenan de brillos como si fueran pequeñas
estrellas. Pero cuando ríe toda su expresión se modifica, los ojos se convierten en dos
chispeantes líneas y la boca se abre en un franco gesto que muestra una blanca dentadura.
Su voz es algo grave, no es en absoluta
chillona. Es suave, modulada y agradable. Sus susurros profundamente melosos.
Es una buena amante, hace el amor como
pocas. Es ruidosa y activa, no tiene prejuicios. Tan pronto se te ofrece melosa y pasiva
como se lanza voluntariosa en pos de la lascivia de un orgasmo compartido. El día que te
dice que si, sabes que vas a disfrutar del sexo como pocas veces. Si te busca prepárate
para tocar el cielo. Sabe lo que tiene pero sobre todo lo que quiere y como conseguirlo. |