La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Mi querido padrote, La madre de mi amigo (por Frank)
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Al pretender tocar la puerta de la casa de mi amigo Toño me di cuenta de que estaba abierta y como de siempre soy bien recibido como si fuera de la familia, pues me atreví a entrar pensando que se encontraba en la sala, me quedé parado unos instantes pensando que en cualquier momento aparecería pero no al no sentir su presencia me senté en la orilla del sillón que se encontraba cerca de mi. Transcurrió no más de un minuto cuando alcancé a escuchar algunos ruidos que provenían de una de las recámaras que se encontraban al otro extremo de la estancia, pensando que fuera mi amigo; me puse de pie y di algunos pasos rumbo al lugar de donde se venían, ahora alcancé a escuchar mejor, no solo ruido, sino algunos murmullos y vocecitas muy tenues; avancé unos pasos más y entre la puerta que se encontraba un poco abierta alcance a ver que la mamá de mi amigo se encontraba recostada sobre la cama, pensando que estuviera enferma me acerque más, hasta casi tener medio cuerpo dentro de la recámara y por lo que vi sentí cierto entumecimiento en mis pies, que paralizados se negaban a obedecerme para salir de inmediato.

Sara es el nombre de la mamá de mi amigo y de cariño siempre le nombramos como: Sarita; mujer mucho, muy guapa, me parecía a mis escasos diez y siete años de edad, educada y respetada por la comunidad, como de unos 35 años y preparación profesional sin ejercer, pues al casarse con el papá de Toño se dedicó exclusivamente al cuidado de mi amigo y dos hijas menores; de nivel socio económico acomodado pues el papá de mi amigo era representante de una empresa muy importante, motivo por el cual realizaba constantes viajes, según escuchaba, de negocios.

Hice el intento de retirarme, de salir corriendo, pero mis piernas no obedecieron mi orden. Sarita permanecía recostada sobre su espalda completamente desnuda con las piernas abiertas apuntando hacia la puerta, donde me encontraba completamente petrificado, con los ojos cerrados, su mano derecha la tenía sobre su sexo oprimiéndoselo suave pero al mismo tiempo con movimientos circulares; con su mano izquierda acariciaba frenéticamente sus dos pechos, que ahora recuerdo, estaban demasiado deliciosos y no obstante la maternidad, se mostraban turgentes y, quizá por la excitación se veían duros y unos pezones ligeramente oscuros adornando el centro de su aureola. No recuerdo si se daría cuenta de mi presencia pues no cesaba de masturbarse, ahora, en forma más vigorosa gimiendo y susurrando: ¡AAAAHHHHH QUE DELICIA, HAAAA QUE SABROSO! , oprimía con fuerza sus pezones y tomando sus pechos desde la base los extendía hacia al frente dando apariencia de que estaban más grandes de lo normal y echando su cabeza hacia atrás volvía a susurrar: ¡ AAAAYYYYY QUE LINDO, QUE RICO!. En ese momento vi como poco a poco abría sus ojos y al enderezar su cuello no se sorprendió por mi presencia, me vio con ternura; desaceleró sus movimientos sobre su sexo para acariciárselo, ahora, en forma suave y delicada, me dirigió una leve sonrisa diciendo: ven Juanito, acércate, no tengas miedo, ven… Al ver que sonreía y eliminado el temor a que se molestara, lentamente me acerqué a ella al tiempo que me decía: Juanito a tu edad debes saber que los adultos tenemos ciertas necesidades de afectó y de estimación que se manifiestas con caricias en nuestro cuerpo y que nos damos con las personas mas allegadas a nosotros; con los hijos es de una forma; besos en las mejillas, palabras de cariño, etc. con amistades y amigos con el saludo, ya sea verbal o de mano; con nuestra pareja o esposo, bueno es de otra forma, nos acariciamos nuestros sexos y algo más, que pronto, te prometo, te voy a enseñar, pero como tu sabes mi esposo constantemente está de viaje de negocios y me deja sola sin tener lo cerca para acariciarnos es cuando siento la necesidad de caricias y al no estar no me queda otra que acariciarme yo sola, esto, te aseguro no es nada malo, solo que debe ser a su debido tiempo; tu ya casi estas en el momento y si quieres, mira yo te estimo mucho como amigo de mi hijo, con èl claro no puedo tener este tipo de caricias, pero si tu me ayudas a sentirme bien, aparte de agradecértelo, te premiaría con algunos regalos o lo que tu me pidas y yo pueda darte, ¿qué me dices?

No sabía que decir, claro que sentí algo de miedo, pero recordé que últimamente a pasar por el puesto de revistas veía en las portadas a mujeres medio y hasta completamente desnudas y una sensación muy especial invadía mi cuerpo, al principio inclusive me sorprendí que se me parara la verga, me daba vergüenza y encontraba la forma de cómo ocultar el bulto que crecía sobre mi pantalón; recordé que aunque sorprendido tal sensación no me causaba dolor sino cierto grado de placer, agrado y bienestar. Al encontrarme ensimismado en estos pensamientos no me di cuenta que había caminado hasta estar muy cerca de Sarita hasta que sentí como tomó mi mano derecha y con la suya la empezó a mover sobre el interior de su rodilla izquierda en forma muy suave, lentamente la movía hacia arriba y hacia abajo, poco a poco hasta que al sentir la tibieza de su cuerpo solo le sonreí, situación que Sarita entendió como aceptación a su invitación.

Ensimismado en estos pensamientos no me di cuenta que me acerqué más hacia ella sintiendo prácticamente su respiración excitada oprimiendo con su otra mano su bizcocho dando movimientos circulares al tiempo que extendía eróticamente su cuello y cabeza hacia atrás en intercambiando su mano con sus pechos acariciándoselos cachondamente estirándolos hacia delante lo que daba la sensación de estar más grandes y susurrando y gimiendo levemente: ¡Ayyyy que rico Juanito que lindo siento Juanito ah, ah, ah, Ayyyyy mi amor! Al tiempo que guiaba mi mano más debajo de su entrevena; la subía y bajaba con suavidad hasta posarla, por primera vez sobre los bellos húmedos de su sexo; presionó mes mi mano y empezó a masturbarse frenéticamente, en forma cachonda gimiendo nuevamente ¡ah, ah, ah, Ayyyy que delicia! Yo sentía prácticamente como mi mano resbalaba ya entre sus labios vaginales completamente mojados de tanto fluido expidiendo un olor que jamás había experimentado, ahora retorciendo su cuerpo y arqueándolo hacia delante; paró su masturbación con mi mano y viéndome muy dulcemente me dijo; Juanito ponte de rodillas entre mis piernas y dame una chupadita, anda mi amor ayúdame a sentir más bonito, acaríciame aquí abajito con tu lengua (señalando con su mano derecha el bizcocho), le obedecí, ahora solo por curiosidad, no por miedo, así que me arrodille entre sus piernas quedando mi boca a escasos diez centímetros de su panocha, con su mano izquierda me tomo por la nuca y suave, muy suavemente la fue guiando mi cara hacia su sexo; mis labios rozaron su culo, Sarita se estremeció; se empujó un poco más hacia delante diciendo; saca tu lengüita Juanito y pásala por encima de aquí señalando con su dedo índice una especie de verruga grande que más adelante me enteré se llama clítoris; le obedecí , nuevamente se estremeció diciendo; chúpalo como si fuera un dulce Juanito, suavecito; le obedecí y solo alcancé a escuchar ¡AYYYYYYYYYYY QUE LINDO MI AMOR CHUPALO MUCHO, MUCHO, SUAVECITO MI BABI SUAVECITO, CHUPA MAS, MAS, MAS, MÀS, MAS, AHORA MAS FUERTE MÀS, MAS, AYYYY alcancé a escuchar: ME ESTOY VINIENDO MI AMOR, AYYY MI CHIQUITO, AYYYY ME ESTOY VINIENDO, ME VENGO, ME VENGO, VEEEEENNNGOOOO, AYYYYYYYYYYY!. Mi boca ya me dolía un poco, pues al último cuando dijo “me vengo” oprimió con mayor fuerza mi cara hacia su culo.

De repente Sarita se quedó quietecita, su respiración se oía demasiado agitada, no habló durante un buen rato hasta que poco a poco se respiración se normalizó, yo permanecía recargando mi cabeza, de lado en la parte interna de su pierna derecha sentí como Sarita se enderezó un poco al tiempo que al cerrar sus pernas entendí que debía ponerme de pie, y así lo hice pero Sarita, tomándome de mi mano me sentó en la orilla de la cama mirándome de frente dijo: “no se Juanito, que pena, no se como decirte que me siento apenada por lo que acaba de ocurrir pero te pido no se lo cuentes a nadie; a mi hijo Toño, a tus papas y hermana, a nadie; te repito no es malo lo que hice pero me daría mucha vergüenza que otros se enteraran, promételo Juanito, verdad que a nadie se lo v as a decir?. No sabía que hacer que decir, todavía no salía de mi asombro; permanecía callado hasta que Sarita se sentó por completo en la cama, me hizo poner de pie frente a ella y tomando mi cara con sus dos manos me vio a los ojos su mirada suplicante se le derramaron lágrimas sobe sus mejillas y repitió su súplica: te ruego: a nadie se lo digas y si te hice daño te pido perdón y te prometo nunca jamás volver a repetir lo de hoy, verdad Juanito guardamos el secreto? Realmente sin entender más allá de lo que ocurrió solo moví mi cabeza afirmativamente. Sarita se sonrió y ahora un tanto más alegre me dijo: mira aquí tienes para que compres el video juego igual al que tiene mi hijo y que es por lo que vienes a casa; ahora vas a tener el tuyo, apenas acabo de hacerme el ofrecimiento cuando escuchamos ruidos en el patio de entrada era Toño, mi amigo e hijo de Sarita; siéntate rápido en el sillón Juanito que ya viene Toño con su hermanita mientras yo me meto a la regadera, si te pregunta le dices que acabas de llegar, ¿de acuerdo?, si claro, le contesté.

Hola Juan, me saludó Toño, tienes mucho esperando? no, no tiene mucho que llegué. Y mi mamá? se está bañando le conteste. Discúlpame dijo Toño es que mi mamá me pidió que llevara a mi hermanita a su clase de natación y me tuve que quedar a esperarla, bueno y continuó la conversación de temas de tarea de la escuela, últimos video juegos, etc.

Sarita salió de bañarse y ya vestida nos ofreció de merendar, por primera vez me supo más rico lo que nos ofreció; la veía radiante, alegre y discretamente un poco más atenta, dulce y cariñosa conmigo. en su presencia yo, a diferencia de otros días permanecí casi callado hasta que debí retirarme pues ya estaba oscureciendo, nos vemos Toño le dije, que pases buena noche, hasta mañana y al dirigirme a la puerta Sarita exclamó: y de mi Juanito, no te despides?, si, si señora hasta mañana, ella se acercó a mi y me dio un beso en la mejilla que me hizo estremecer por la forma de pegar sus labios casi cerca de los míos, hasta mañana Juanito.

Esa noche no pude dormir, casi me amanecí pensando en lo que había ocurrido con la mamá de mi amigo, por más que me duche el olor a su sexo lo tenía impregnado en mi mente, veía en la oscuridad sus preciosos pechos, sus piernas largas, blancas y muy suavecitas y sus susurros y gemidos de placer retumbaban en mi cerebro. Amaneció y ¡Oh! tenía que ir a la escuela, apenas era martes, pues ni modo, tuve que inventar a mi mamá que me sentía mal y que no tenia ganas de ir. Efectivamente, por no se que causa, tenía temperatura alta así que convencida mi madre me llevó al doctor quién dio como causa de la temperatura alta un probable resfriado por dejar la ventana abierta durante la noche.

Toda la semana no fui a la casa de mi amigo Toño, temía que su mamá me fuera a recriminar algo, bueno ideas inocentes a mis tiernos doce años. Sin embargo en mi mente revoloteaban las imágenes, susurros y gemidos de Sarita, y por primera vez me di cuenta de la cantidad de sexo que circundaba a mi alrededor; empecé a darme cuenta de cómo mis primas constantemente hacían lo posible para provocarme; con sus faldas demasiado cortas y que cuando estábamos solos se subían más para mostrarme, ahora recuerdo, casi por completo sus nalgas otras veces y de frente abrían las piernas para mostrarme su bizcocho o se agachaban para dejarme ver sus pechos. Yo ni en cuenta, pero nada más de acordarme empecé a sentir nuevamente como se me iba parando la verga y más cuando a la mas grande de ellas la vi en la regadera y no precisamente bañándose, pues te frotaba enérgicamente su panocha con el chupón o mamila de mi hermanita, ahora ya comprendo que se estaba masturbando, pero solo la vi y me pareció como algo de cosas de mujeres y me retiré.

Paso esa semana y otra más y cada día descubría nuevos escenarios eróticos a mi alrededor, por ejemplo en la calle casi desnudaba con mi mente a cuanta mujer pasara frente de mi, con su minifaldas, escotes que prácticamente dejaban salir sus senos, otras veces observaba como debajo de sus pantalones entallados se dibujaba su diminuta tanga o hasta se alcanzaba a traslucir su bello púbico, en fin mi mente estaba completamente erotizada pues me imaginaba como se verían, por ejemplo, mi hermana de diez y nueve años en la misma posición que Sarita; mi maestra, que también recuerdo estaba bien buena y que además al voltearse al pizarrón a escribir y estirar su brazo se le subía la falda casi enseñando sus nalgas.

Otra situación que se presentó esa semana es que en una noche cuando estaba completamente dormido sentía una sensación extremadamente agradable, pues estaba soñando que al estarme bañando se me paraba la verga y, me la tocaba rodeándola por completo con mi mano y empezaba a subir y a bajarla acelerando cada vez más el movimiento; tuve una sensación que jamás me había ocurrido así que aceleré más mis movimientos y cuando a punto estaba de explotar algo que no podía explicar, desperté y al sentir cierta opresión entre mis piernas intenté tocar que era y toqué con la palma de mi mano una cabellera femenina; era mi prima Anita que tenía completa mi verga dentro de su boca, se dio cuenta que había despertado pero no se separó; siguió mimándomela con más fuerza durante un buen rato más hasta que sentí, creo ella también, que la cabeza de mi verga se inflaba en forma palpitante; tres, cuatro, cinco chupadas más y que me vengo dentro de su boca, se quedo quietecita y poco a poco se enderezo viéndome con una mirada coqueta me preguntó: te gustó Juanito?, en silencio solo moví la cabeza diciéndole si, mucho, pero como… entré a tu recamara por una batería para mi cámara y al acercarme a tu buró, estabas descubierto; quise taparte y vi que la tenias bien parada, me acerqué poco a poco te la toqué y como no despertabas me acomodé para metérmela en la boca y darte una buena chupada, estuve casi quince minutos mimándotela hasta que despertaste. Ya sabes Juanito este es nuestro secreto.

A la segunda semana iba con mi mamá en el supermercado, nos encontramos con Sarita, la mamá de mi amigo Toño, después de los saludos de rigor, y dirigiéndose a mi preguntó: Juanito desde hace dos semanas que no vas a ver a mi hijo Toño, ¿qué se disgustaron? No, respondí, es que he tenido mucha tarea, dirigiéndose a mi mamá le dijo que se me permitía que fuera a su casa por la tarde para ayudarle a sacar unos trastes de debajo de la alacena por que ella no podía agacharse por un dolor en la espalda, claro le dijo mi mamá en la tarde te lo mando; nos despedimos y al darme el beso en la mejilla sentí su aliento y sus labios demasiado calientes; te estaré esperando Juanito.

Por la tarde terminé temprano mi tarea; era sábado, así que me deponía a salir para ir a patinar con otros amigos, a verme mi mamá me dijo; oye Juan, acuérdate que quedamos en que irías con Sarita para ayudarle a …. ¡Ah si claro!, le conteste, tan luego termine de ayudarle me voy a patinar. Llegué a la casa de mi amigo Toño, y cuando me preparaba para tocar el timbre se abrió la puerta y dentro Sarita ya me esperaba; que bárbara, nunca la había visto con una falda de tela muy delgadita y ceñida a su cuerpo y hasta la mitad de sus muslos, tanga roja que completita se trasparentaba y prácticamente dibujaba su sexo en la entrepierna; una blusa rosita abierta mas debajo de sus senos que casi se le salían de sostén. Hola Juanito pasa; te asustaste por lo del otro día? Recuerda que te ofrecí disculpas y te prometí que no volvería a ocurrir, bueno solo si tu quieres, bueno pues ahora yo te haría sentir cosas bonitas, pero bueno, en fin, tu eres el que decides, de acuerdo?...

Nos dirigimos a la cocina, abrí el mueble, me agaché y saqué los trastes que estaban hasta el fondo, uno por uno y se los fui dando, al terminar le dije: bueno Sarita me voy, ella en forma muy amable me dijo: espera tómate un refresco, lo preparé especial para ti; acepte; me tomó de la mano y me llevó a la sala, diéntate enseguida te lo traigo; lo trajo y al dármelo tocó mi mano acariciándola suavemente y se sentó en el sillón de enfrente, cruzó sus piernas dejándome ver por completo sus muslos; se agacho ligeramente para tomar de la mesita su refresco y pude ver casi por completo sus dos enormes senos, inmediatamente sentí, otra vez, como mi verga se ponía dura y empezaba a pararse; descruzó la pierna y muy levemente las abrió lo suficiente para mostrarme su sexo, te gusta? Me preguntó, si no es así, no hay problema, ya de dije que nada hacemos si tu no lo quieres; yo solo sonreí lo cual ella interpretó que me estaba gustando, así es que se levantó y se sentó junto a mi, yo que me quedé quietecito hasta que sentí como su mano izquierda rodeaba mis hombros; con su mano derecha me tomó por mi barbilla y volteó mi cara hacia ella, me miró por corto tiempo a los ojos; su cara, aunque muy bonita, mostraba mucha tristeza; me dijo: tu estás muy jovencito para entenderlo pero quiero decirte que mi esposo me tiene muy abandonada, pues como sabes casi siempre está de viaje y cuando viene, llega muy cansado y no me acaricia, en eso sentí que su mano se posaba sobre el bulto de mi pantalón y tiernamente lo empezó a acariciar, oye, me dijo, ya lo tienes bien parado, déjame verlo, y sin esperar respuesta bajó delicadamente el cierre, metió su mano, lo tomó con ternura y lo extrajo, ¡Oohhhh!, mira nada más, si bien que lo tienes de buen tamaño, mi esposo lo tiene muy chico, casi a la mitad del tuyo y cuando lo quiero tener está muy flojo, casi no se le para; sentí como lo aprisionaba completamente entre su mano y empezó a subir y bajar lo cuál empezó a gustarme pues me acordé de mi sueño cuando mi prima me lo estaba mamando.

Se acercó hacia mis labios y a mis escasos diez y siete años por primera vez sentí los labios de una mujer sobre los míos, tiernamente me beso en forma muy apasionada, me introdujo su lengua susurrando: chúpamela, muérdela despacito mi amor; yo le obedecí, posteriormente me chupo por completo mis labios, alternativamente el superior y el inferior; dame tu lengua, nuevamente susurró; lo hice y sentí una maravilla cuando también me la chupó, delicadamente la succionaba, mientras su mano derecha se ocupaba en darme, por primera vez, el maravilloso placer de una masturbada que provocaba que mi verga se alargara en toda su extensión.

Nuevamente me miro a los ojos diciendo: ¿Juanito, nunca haz hecho el amor, nunca haz estado en la cama con una mujer? No, contesté, ¿Quieres hacerlo ahora?, te va a gustar; pues claro, pensé, si ya me estaba gustando, solamente le dije si, si quiero. Bueno, me dijo yo te voy a enseñar y me empezó quitar la camisa, me hizo poner de pie frente a ella y aflojó el cinturón, bajó mis pantalones dejándome solo en trusa, le ayudé sacando los pies y colocándolo a un extremo; oye Juanito, no estás tan mal, pensé que estuvieras flaco pero no que haces ejercicio? Si claro y un poco de pesas, con razón, contestó y mira tu verga se ve preciosa dentro de la trusa, ven, te voy a premiar por lo de la otra vez, me bajó la trusa, tomó mi verga y acercó sus labios, primeramente la besó toda, completita levantando con las manos mis testículos que también besó llego a la punta de la cabeza, entreabrió su boca, sacó su lengua y húmeda la paso alrededor, nuevamente le dio un beso, dos, tres, abrió más su boca y se lo metió, primeramente la cabeza, lo humedeció con su saliva y dando chupadas muy suaves, se lo introdujo un poco más, casi hasta la mitad, ya no le cabía más y empezó a meterlo y a sacarlo; chupadas, lengüeteadas, yo me sentía en las nubes solo de ver a la mamá de mi amigo mamándome la verga; que delicia, casi cinco minutos de mamada. La sacó de su boca y me llevó de la mano a su recámara; ven, te voy a enseñar a coger; a hacer el amor, primero tu quietecito, después ya encaminado tu sabrás que hacer.

Se recostó en la orilla de la cama, sobre su espalda con las piernas bien abiertas; ven Juanito híncate frente a mi entre mis piernas; lo hice, ahora, me dijo vente sobra mi cuerpo, lo hice y quedé frente s sus prominentes pechos; mámamelos mi amor, ándale que ya estoy bien cachonda, tómalos al tiempo que abría mi boca y me los meta, ya nada me dijo, adivinaba que es lo que quería así que se los empecé a mamar chupándole los pezones, mordisqueándoselos levemente, con la lengua le hacia movimientos circulares hasta que ya no pudo más, susurro: ayyyyyyyyy mi amor, que lindo eres, mámalas más, mas, más, maaaaas; al tiempo sentí que su mano tomó mi verga y la guió a la entrada de su vagina, hizo camino, la puso en le entrada, tomó mis nalgas con sus dos manos, me atrajo hacia ella, arqueó su cuerpo y…….. por primera vez sentí mi verga dentro de un cuerpo de mujer; calientito, húmedo sentía aquel túnel tanto tiempo castigado, en abstinencia pues su marido no le daba satisfacción; Sarita al sentir que le entraba de un jalón todo, completito, ya no susurró, grito:!AAYYYYYYY QUE DELICIA JUANITO, AYYYYYYYY, METELA Y SACALA, ASI, ASI, al tiempo que movía cadenciosamente sus caderas ayudando a que entrara y saliera mi verga de su vagina, ASIIII, JUANITO, ASIIII, QUE RICA, AYYYYY PAPASITO COGEME TODA, COGEME MÀS, MÀS, MAAAAAAS MI BEBE, MÀAAAAS.Y LE VINO LO QUE HOY SE COMO SE LLAMA, SU PRIMER ORGASMO AAAAAYYYYYYYYY PAPA, AYYYYYY ME ESTOY VINIENDO, ME ESTOY VINIENDO, DAME MAS VERGA, VERGA, VERGA MAAAAAAS, AH, AH, AH, AH, AAAAHHHHHHHH! y se quedó quieta, su rostro bañado en sudor hasta el cuello, con los ojos cerrados su respiración muy agitada se fue normalizando poco a poco hasta que ya tranquila, en uno o dos minutos abrió los ojos y me miró con ternura y me dijo: “a partir de este momento ya no serás Juanito, serás JUAN, mi amante, pídeme lo que quieras y te complaceré.

No fue necesario pedir, Sarita continuamente me colmaba de atenciones y obsequios que yo justificaba en mi casa por trabajos en los que le ayudaba a la mamá de mi amigo…… y así transcurrió un año, Sarita mi amante era feliz a causa de constantes encuentros íntimos en los que aprendí como buen alumno el arte amatorio.

Para entonces había terminado mis estudios como especialista en ventas y en mis constantes viajes conocí cantidad de mujeres; comprobé que todas también estaban convencidas que el juego sexual era parte importante de su desarrollo y que alcanzaban altos grados de bienestar y felicidad, no solo en su estatus interno, sino además en su entorno familiar; pude comprobar que el “encanto de lo prohibido” me produce un éxtasis erótico.