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Adela y Saín de Andino (1885),
nombra el Carrasco y Carrasquín como variedades Asturianas y les atribuye
los sinónimos de Mollar al primero y Tintillo al segundo. Según
Suárez-Cantón (1879), carrasco y
carrasquín son diferentes; describe el carrasco como “variedad tinta,
racimo muy grande y apretado; uva crecida, no enteramente redonda, negra,
hollejo duro; mucho zumo tinto rojizo, gusto áspero y de mal dejo; mala
maduración”. Comenge (1942), la presenta como originaria de Asturias y la
incluye siguiendo la clasificación de Clemente, en la Sectio III (foliis
tomentosis), vitis orientalis Cem (foliis lobato-palmatis, cinuosis,
tomentosis); Clan V (Zurum); Gens V. Confertae; coccifera. Marcilla-Arrazola
(1968) nombra al carrasco como una variedad cultivada en Asturias y según
Hidalgo y Candela (1971) ocupaba un 5% de la superficie relativa provincial.
Tienen un brote de densidad media de pelos tumbados,
intensidad débil de la pigmentación antociánica, formando un ribete por todo
el borde.
La hoja adulta es de limbo orbicular, cinco lóbulos; seno
peciolar con lóbulos superpuestos, con la base en V; senos laterales de
profundidad media y base en U; a veces presenta un diente en uno de los
senos laterales superiores; densidad media de los pelos tumbados por el
envés.
El racimo es de longitud media del racimo es de 10,8 cm,
compactos, uva de forma esférica, de color azul-negro, pulpa no coloreada y
sin ningún sabor particular. La mayoría de las uvas presentan entre dos y
tres semillas, y el peso de éstas es de 0,024 gr. |