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La crianza oxidativa es un método de envejecimiento
basado en la oxidación del vino. Este sistema, que enriquece el
grado alcohólico del vino hasta 17º para matar la
levadura, permite el intercambio de sustancias entre el aire, el vino y
la madera. El vino adquiere mayor cuerpo y unos atributos arganolépticos
únicos que recuerdan al tostado y la
vainilla. Es la crianza típica de los Olorosos, Pedro Ximénez o Condado
Viejo.
La maduración del vino se produce en la
barrica, al abrigo de las grandes oxidaciones,
pero no completamente aislado de una moderada oxidación que le ayuda a
evolucionar y envejecer. La crianza oxidativa se produce cuando el aire que
atraviesa los poros de la
barrica o de la bota llega al vino. La madera
de roble nueva tiene los poros más abiertos, favoreciendo la crianza del
vino. La oxidación se produce también durante los trasiegos. La crianza
oxidativa añeja más rápidamente el vino, que adquiere así los aromas y
sabores del roble.
La crianza oxidativa se diferencia de la
crianza biológica por la
ausencia de la
levadura. En este proceso el efecto del oxígeno y el paso del tiempo da
lugar a un sofisticado bouquet (vainilla,
frutos secos,
pasas,...) y sabor que los distinguen. Los vinos destinados a este
tipo de crianza se encabezan a 18º evitando de esta forma el desarrollo de
la
levadura y quedando así los vinos expuestos al efecto de la oxidación.
Bajo estas condiciones los vinos desarrollan un color oscuro y sus aromas
evolucionan de una forma diferente a los finos (FABIOS et al., 2000; ZEA et
al., 2001). En la crianza oxidativa el vino está sometido, por una parte, a
una oxidación suave de ciertos componentes del vino del grupo de los
polifenoles, particularmente los derivados del flavan-3-ol (CHEYNIER and
RICARDO Da SILVA, 1991; FERNÁNDEZ-ZURBANO et al., 1995), modificando así su
estructura y variando el color y el aroma del vino. Por otra parte, tanto en
un tipo de envejecimiento como en el otro, el contacto con la madera produce
la disolución de determinados componentes de la misma que aportados al vino
comunican un bouquet característico de calidad.
Un largo periodo de crianza oxidativa asegura, por otra
parte, una buena integración del
alcohol y dota al vino de mayor complejidad.
Fenómenos y transformaciones del vino en la crianza
oxidativa
La crianza se denomina oxidativa cuando la flor
desaparece lentamente o nunca llega a formarse por efectuarse un aumento
artificial del
grado alcohólico en el caso de los amontillados, olorosos, rayas,
pedro ximénez, etc. En estas circunstancias, el vino va transformándose por
fenómenos exclusivamente fisicoquímicos.
Se producen insolubilizaciones, pequeños desprendimientos
gaseosos, evaporaciones de volátiles y disoluciones de compuestos de la
madera.
Oxidaciones, aldehidificaciones, esterificaciones e
hidrólisis de polisacáridos.
Oxido-reducciones, polimerizaciones, formación y
floculación de coloides.
Autolisis celulares en aquellos vinos que han tenido con
anterioridad crianza biológica, como es el caso de los amontillados.
A ojos vistas, la materia colorante del vino va
oxidándose lentamente y virando hacia tonos amarillos dorados, caoba y
topacio. En la nariz se aprecia su vinosidad: adquieren ligeros tonos de
madera de roble y claros matices especiados que recuerdan el
clavo, la
canela y la
vainilla.
Los amontillados se hacen aún más punzantes. Los vinos
dulces se oscurecen, casi hasta llegar a tonos azabache y, en cata olfativa,
comparándolos con los vinos no sometidos a envejecimiento, se percibe un
amplísimo abanico de aromas derivados, en buena parte, de la evolución de
los olores varietales que hacen pensar en
dátiles,
chocolate,
café,
cacao...
Vinos elaborado mediante crianza oxidativa
La crianza oxidativa de algunos vinos se ha empleado como
técnica de elaboración tradicional en muchos países, donde se producen
excelentes vinos que presentan todas las características organolépticas de
este tipo de crianzas. Entre los vinos mas conocidos que han sufrido este
tipo de crianzas, se encuentran los del tipo
Jerez y Oporto por contar algunos. En este tipo de vinos, se suele
decir que “es el oxígeno quien hace al vino”.
Cuando un Fino pierde la
levadura de flor, continúa una crianza oxidativa normal dentro de la
bota, y como la crianza
biológica ya no le afecta, comienza a incrementar su tonalidad amarilla,
llegando a colores ambarinos. El aroma también cambia a matices de
avellana. El Amontillado es algo así como un fino “pasado”, no en
vano el vino homólogo en el caso de la Manzanilla se llama “Manzanilla
Pasada”. No deben considerarse vinos inferiores, sino diferentes; tienen una
gran complejidad ya que tuvieron
crianza biológica y
oxidativa, son ideales para beber solos a media tarde, o como aperitivo.
Su temperatura de servicio es de unos 13-14ºC.
Como su nombre sugiere es un vino muy aromático, con
dejes de
nuez; el color acastañado oscuro y en la boca puede ser seco o con algún
dulzor, mucho cuerpo, baja
acidez,
alto de alcohol (entre 18 y 20
grados) y amplias sensaciones y persistencia. Es un vino ideal para
tomar solo.
Su temperatura de servicio debe ser entre 17 y 22 ºC.
Es un vino que no alcanzó el aroma de un oloroso,
teniendo menos finura y consiguientemente se consideran de menor calidad. Es
muy extraño comprar una botella de
Jerez cuya etiqueta indique que es un “Raya”, ya que las bodegas
suelen venderlo como Oloroso. El nombre proviene de las marcas que los
catadores van pintando con tiza sobre las
botas, cuando una bota de Oloroso perdía características se le
pintaba una raya.
Es un vino interesante, desafortunadamente en vías de
extinción. Se trata de un vino con nariz de Amontillado y boca de Oloroso,
es decir no tienen el aroma alto y delicado a
nuez de un Oloroso sino otro mucho más austero con dejes de
avellana típico del amontillado, pero en boca tiene mucho cuerpo y
potencia de sensaciones, como el Oloroso. El origen de su nombre se debe una
vez más a las marcas que los catadores hacen sobre las botas, en este caso
una raya vertical cruzada con otra u otras horizontales.
También llamado Pedro Ximén. El vino toma el nombre de la
uva con la que se elabora,
siendo la casta dominante en Montilla-Moriles, donde se utiliza para
elaborar los mismos tipos de vinos que en
Jerez. En el marco de
Jerez ocupa un 5 % y se utiliza fundamentalmente para hacer
vinos
dulces ya que esta variedad, madurada adecuadamente contiene más
azucares que la
Palomino.
El vino es ideal para acompañar postres y meriendas; de
color caoba oscuro, aroma a madera y fruta madura, mucho cuerpo, sedoso y
persistente.
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