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El envasado es un método para conservar alimentos
consistente en calentarlos a una temperatura que destruya los posibles
microorganismos presentes y sellarlos en tarros, latas o bolsas herméticas.
Debido al peligro que supone el Clostridium botulinum (causante del
botulismo) y otros agentes patógenos, el único método seguro de envasar la
mayoría de los alimentos es bajo condiciones de presión y temperatura altas,
normalmente de unos 116-121 °C. Los alimentos que deben ser envasados a
presión incluyen la mayoría de verduras, carnes, mariscos, productos
avícolas y lácteos. Los únicos alimentos que pueden envasarse con seguridad
en un baño de agua hirviendo (a presión normal) son los muy ácidos con un pH
inferior a 4,6, como frutas, verduras encurtidas y otras comidas a las
que se ha añadido ácido. Las primeras conservas se
envasaban en botes de cristal, el envase de hojalata fue un invento de un
inglés llamado Peter Durand, el cual lo patentó en 1.810. El primer español
que supo ver en éste nuevo invento algo rentable fue José Colin, el cual en
1.820 montó una fábrica en Nantes y se dedicó a producir y envasar sardinas
fritas y luego conservadas en aceite, llegando a tener una producción de más
de 10.000 botes al día, de ahí el dicho, hasta muy entrado el siglo XX, de
envasados al estilo de Nantes. La fábrica de Nantes fue convertida en museo
por la casa Amieux pero fue destruida en 1.943 en un bombardeo aéreo de la
II Guerra Mundial.
ÍNDICE
Embotellado
Al comienzo de la Revolución Francesa, el importante
diario francés Le Monde, instado por el gobierno, ofreció un considerable
premio de 12.000 francos en metálico al inventor que idease un método barato
y efectivo de conservar grandes cantidades de comida. Los enormes ejércitos
de la época necesitaban suministros regulares de comida de calidad, y por
tanto la conservación de alimentos se había convertido en una necesidad. En
1809, el confitero Nicolas François Appert desarrolló un sistema para sellar
al vacío alimentos dentro de tarros de cristal. Sin embargo, los envases de
cristal no eran fácilmente transportables debido a su fragilidad.
Enlatado
Los tarros de cristal fueron reemplazados por latas
cilíndricas o botes de hierro forjado, que eran más baratos y rápidos de
fabricar y mucho más resistentes. Los abrelatas no se inventaron hasta unos
30 años después: al principio, los soldados tenían que abrir las latas con
sus bayonetas o romperlas con la ayuda de piedras. El ejército francés
empezó a experimentar con el suministro de comida enlatada para sus
soldados, pero el lento proceso de enlatado de alimentos y el incluso más
lento desarrollo de los medios de transporte evitaron que se enviasen
grandes cantidades durante el Imperio Francés, terminando la guerra antes de
que el proceso pudiera ser perfeccionado. Desafortunadamente para Appert, la
fábrica que había construido con el dinero de su premio fue incendiada en
1814 por los soldados aliados que invadieron Francia. Tras el final de las
Guerras Napoleónicas, el proceso de enlatado fue gradualmente puesto en
práctica en otros países europeos y en los Estados Unidos. A partir del
método de Apper, Peter Durand patentó en el Reino Unido en 1810 un proceso
de envasado de alimentos en botes de hierro forjado sellados al vacío.
Inicialmente, el proceso de enlatado era lento y exigía mucha mano de obra,
ya que cada lata tenía que hacerse a mano y llevaba hasta seis horas
preparar adecuadamente el alimento, lo que hizo de la comida enlata un
símbolo de estatus entre la clase media europea, convirtiéndose en una
novedad frívola. Los primeros métodos de elaboración usaban soldaduras
tóxicas de plomo para el sellado de las latas, lo que tuvo desastrosas
consecuencias para la expedición de John Franklin al océano Ártico en 1845.
La cada vez mayor mecanización del proceso de enlatado
junto con el enorme incremento de las poblaciones urbanas en toda Europa
resultó en una creciente demanda de comida enlatada. Varias invenciones y
mejora siguieron, y para los años 1860 el tiempo para enlatar comida se
había reducido de las aproximadamente seis horas iniciales a sólo treinta
minutos. La comida enlatada empezó a expandirse fuera de Europa: Thomas
Kensett estableció la primera fábrica de enlatado estadounidense en Nueva
York en 1812, usando latas de hierro laminado mejoradas para envasar ostras,
carnes, frutas y verduras. La demanda de comida enlatada crecía enormemente
durante las guerras. Las guerras a gran escala del siglo XIX, como la Guerra
de Crimea, la Guerra Civil Estadounidense y la Guerra Franco-prusiana,
introdujeron el consumo de comida enlatada entre las clases trabajadoras,
permitiendo que las compañías enlatadoras ampliaran sus negocios para
satisfacer la demanda militar de alimentos imperecederos, permitiendo la
producción en masa y la venta en mayores mercados civiles tras los
conflictos bélicos. Las poblaciones urbanas de la Inglaterra victoriana
demandaban cantidades crecientes de comida barata, variada y de buena
calidad, que pudiera almacenarse en los hogares sin tener que ir a las
tiendas cada día en busca de productos frescos. En respuesta, aparecieron
compañías como Nestlé, Heinz y otras para aprovisionar a las tiendas con
comida enlatada de buena calidad. El final del siglo XIX vio un gran
incremento de la gama de comida enlatada disponible para la población
urbana, a medida que las compañías rivales competían entre sí usando nuevos
alimentos, presentaciones atractivas del envase y mejores precios.
La demanda de comida en lata se disparó durante la
Primera Guerra Mundial, pues los dirigentes militares solicitaban grandes
cantidades de comida barata y altamente calórica para alimentar a sus
millones de soldados, que pudiera transportase fácilmente, sobreviviese a
las condiciones de las trincheras y no se echase a perder entre la fábrica y
el frente. Durante la guerra los soldados se alimentaron en general de
alimentos enlatados de muy baja calidad, como el Bully Beef (corned beef
barato), pork and beans y el Maconochies (Irish stew=), pero en 1916 el
disgusto generalizado entre los soldado por la comida enlatada baratas hizo
que los ejércitos adquiriesen alimentos de mejor calidad, para levantar así
la baja moral, de forma que empezaron a aparecer las primeras comidas
completas enlatadas. En 1917 el ejército francés empezó a distribuir platos
franceses, como el coq au vin, mientras el italiano experimentó con ravioli
y spaghetti boloñesa. La escasez de comida enlatada en el ejército británico
en 1917 llevó al gobierno a distribuir cigarrillos e incluso anfetaminas
entre los soldados para suprimir su apetito. Tras la guerra, las compañías
que habían suministrado comida enlatada a los ejércitos nacionales mejoraron
la calidad de sus productos para venderlos en el mercado civil.
Actualmente, el acero hojalatado es el material más
comúnmente usado. Las bolsas laminadas al vacío también se usan para
envasar, por ejemplo en los MREs.
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