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El jamón de Jabugo es aquel que ha
sido producido y elaborado en la localidad de Jabugo (Huelva), que pertenece
a la Denominación de Origen Jamón de Huelva y que cuenta con un total de 6
bodegas inscritas en el Consejo Regulador.
Jabugo se encuentra situado en
Sierra de Aracena, en el centro del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos
de Aroche, al norte de la provincia de Huelva (Andalucía, España). Está
situado a 658 metros sobre el nivel del mar y tiene una población de 2.600
habitantes.
Su principal actividad productiva se
basa en los encinares,
cereales,
olivos, el cerdo y sus derivados:
jamones y
chacinas, de los cuales ha obtenido la fama. Cuenta la leyenda que el
jamón
surgió cuando un cerdo cayó a un arroyo con una alta concentración de
sal y
se ahogó. Unos pastores recogieron el cerdo y lo asaron, descubriendo que
tenía un sabor agradable, sobre todo el pernil. Más tarde comprobarían que
salando el jamón se conservaba más tiempo sin perder su sabor, así que
fueron perfeccionando el método hasta conseguir uno de los mejores jamones
del mundo.
El cerdo y la dehesa
Los cerdos son de
raza ibérica pura
(negro y
retinto) o cruzados con Duroc-Jersey con el 75% de sangre de
ibérico. En Jabugo, existe además un tipo de ejemplar autóctono que se
denomina
Manchado de Jabugo, cuya piel presenta unas manchas blancas. Su
carne es roja y su grasa muy blanda y de color amarillo grisáceo.
El pastoreo empieza cuando el cerdo
se acerca a los 90 Kg de peso y no termina hasta que ha alcanzado su peso
ideal, es decir, alrededor de 170 Kg, entre los meses de enero y febrero.
El ecosistema en el que crece, la
dehesa, tiene las mismas características que la dehesa de Extremadura: prado
con árboles diseminados, principalmente encinas. Los
cerdos de raza ibérica
son los únicos de su especie que tienen la capacidad de almacenar la
grasa y
de distribuirla por su organismo infiltrándola entre las fibras de su masa
muscular. Esta grasa es de gran calidad si el cerdo se ha alimentado
fundamentalmente de bellotas, dando a la carne esa textura, aroma y sabor
tan característicos.
El jamón
La salazón del jamón de Jabugo se
realiza a base de
sal marina. Tras el secado natural y una maduración de
casi tres años en bodega, se procede al calado del jamón. Para ello se usa
un hueso de tibia de caballo o vaca, o un utensilio de madera, fino y
afilado, que se inserta a nivel de las tres articulaciones de la pata para
comprobar que efectivamente la pieza se halla en su momento óptimo de curado
y sabor para su consumo.
El jamón de Jabugo es de caña fina y
alargada, perfilada mediante el llamado corte serrano en "V" y con una marca
hecha al fuego sobre la piel. La pezuña es negra y la
grasa externa es
blanda y de textura suave. Destaca por la cantidad de
grasa entreverada, que
le proporciona un aspecto marmóreo, aunque fundente al paladar.
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El jamón de Jabugo ibérico de
bellota procede de cerdos alimentados exclusivamente con bellotas y hierbas
durante la montanera, campeando por las dehesas.
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El jamón de Jabugo ibérico
de recebo, en cambio, procede de cerdos alimentados con bellotas en dehesas,
pero que en los últimos meses también tienen una alimentación suplementaria
con piensos de calidad autorizados por el Consejo Regulador.
El proceso de curación de un jamón
oscila entre los 18 y los 30 meses, contados un vez terminados los procesos
de despiece, salazón, lavado, secado y maduración. Según su peso el periodo
de curación puede ser mayor. Las paletillas (patas delanteras, más pequeñas)
tienen un proceso de curación de entre 10 y 18 meses, aunque también puede
ser mayor para las piezas más grandes.
Se identifican por el precinto y la
vitola roja, ambos con un código alfanumérico que debe coincidir. |