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El Jamón cocido o jamón de york es
un fiambre cocido, derivado cárnico del cerdo. Está formado por una única
pieza o bloque, compuesto de carne picada de magro y
grasa animal al que se
le inyecta sal en gran cantidad a través de un proceso conocido como
"inyección".
Comercialmente el jamón cocido puede
ser de categoría Extra, etiqueta roja, o Primera, etiqueta verde, pues su
versión de menor calidad es "fiambre de jamón", que puede contener más
azúcares, y también almidones y
proteínas vegetales, no admitidos
reglamentariamente en el jamón cocido.
Sus orígenes son difíciles de situar
con exactitud, puesto que no tiene una procedencia geográfica concreta, ni
un núcleo desde el que se haya ido extendiendo por los mercados de Europa.
Genéricamente podrían diferenciarse dos grandes
zonas productoras: la del jamón cocido (a menudo ahumado), que es la forma
de conservación en los países fríos del norte (la Europa de la
cerveza),
y la del
jamón curado, utilizada desde los tiempos de los romanos en los soleados
países mediterráneos (la Europa del
aceite y del
vino). De todas maneras, en muchos de estos países se combinaban ambas
técnicas.
El jamón cocido o ahumado, por lo
tanto, no es un producto tradicionalmente mediterráneo. En España no goza de
larga historia. Así, las primeras elaboraciones semindustriales de jamón
cocido de las que tenemos conocimiento en nuestro país se realizaron en los
años treinta en la zona de Figueres (Girona), puerta de entrada de las
nuevas tendencias europeas. Pero este producto no empezaría a generalizarse
hasta la década siguiente, una vez superadas las estrecheces y carencias de
la posguerra española.
Al principio se comercializó como producto
dietético. Por su gran suavidad, fue durante muchos años uno de los
alimentos más recomendados por los médicos. Poco a poco fue popularizándose
hasta convertirse en el segundo plato de charcutería más importante después
del
jamón serrano. Gracias a su versatilidad, protagonizó muchos platos
durante el siglo pasado (los clásicos entremeses). Hoy en día puede
degustarse tanto en un delicioso bocadillo como en un plato más elaborado.
Elaboración
En lenguaje técnico, el jamón cocido
es un "derivado cárnico tratado por calor". Se obtiene de la pata trasera
del cerdo curada y cocida (si se emplea la pata delantera, es "paleta
cocida").
Se elabora tratando a las patas de
cerdo, deshuesadas y limpias, con salmuera, solución de agua,
sal y
conservantes (nitrito de sodio o de potasio). Se pueden añadir a esta
salmuera azúcares,
conservantes,
potenciadores del sabor y
agentes de retención de agua como fosfatos
Además de la materia prima esencial
(carne de cerdo), los distintos productos de la familia del jamón cocido que
se elaboran a nivel comercial, están elaborados con otros ingredientes y
aditivos autorizados.
Cada fabricante guarda su fórmula,
que le asegura características organolépticas propias, pero en general, los
ingredientes más frecuentes para elaborar el jamón cocido son.
- Agua, que
se emplea para diluir la
sal con que se prepara la salmuera,
- Sal, ingrediente esencial que va a contribuir al sabor final.
- Azúcares, que determinan el sabor y le dan color.
Pueden agruparse en cuatro
categorías:
- Los
encargados del color, como son los nitrificantes que tienen función
conservadora y son los responsables del color rojizo-rosado del jamón. Los
antioxidantes que no sólo le dan ese color sino que ayudan a mantenerlo. Los
colorantes que actúan sobre la fécula para uniformizarla con la masa
cárnica.
- Los que refuerzan el sabor y el olor, como son los
potenciadores del sabor y los
aromatizantes
- Los que proporcionan textura y consistencia, como son los
gelificantes siendo los más usados los
carragenatos y la
goma garrofin.
- Y por último, los fosfatos que favorecen la retención de agua.
Aquí se incluye la
gelatina,
que mejora la presencia y conservación del producto, y las féculas o
almidones.
El jamón cocido es un alimento que,
sin caracterizarse por un sabor pronunciado y que resulta fácil de masticar
y de digerir. Desde un punto de vista nutricional, contiene abundantes
proteínas sin ser graso ni muy calórico, aporta tres veces menos calorías
que el paté de cerdo y cuatro veces menos que el
chorizo pero también un inconveniente: su excesivo contenido en sodio.
Variedades y productos similares
Jamón cocido o de york:
Procede de las extremidades posteriores del cerdo, y es salado, cocido y
deshuesado. El contenido en
grasa es un 20% más bajo que el del jamón de
procedencia. Se distinguen dos categorías en función de la calidad de la
carne: Extra y Primera. El contenido en
sal es más bajo que en el jamón
natural.
Fiambre de jamón. De
segunda categoría comercial. Procede también de las patas traseras del
cerdo, pero su contenido en
proteínas de carne es inferior al jamón cocido,
ya que se permite añadir
proteínas vegetales.
Lacón. Jamón cocido sin
deshuesar. Paleta cocida. Procede de las extremidades anteriores del cerdo.
Es de inferior calidad comercial que el jamón cocido y debe ser más barato.
Fiambre de paleta. Paleta de
segunda categoría. Procede también de las patas delanteras, pero el
contenido en
proteínas de la carne es aún inferior, dado que al igual que en
el fiambre de jamón se permiten otras
proteínas, almidón y azúcares con los
mismos fines, aunque la calidad comercial y nutritiva sea muy inferior.
Jamón cocido y nutrición
Este embutido en el terreno
nutricional destaca como fuente de
proteínas, ya que 100 gramos de jamón
cocido aportan el 9- 10% de las
proteínas que necesita diariamente el ser
humano, cifra que llega a alcanzar entre 13-17% si se consume en forma de
bocadillo. Además, el tratamiento térmico de su proceso de elaboración
provoca modificaciones en la estructura de las
proteínas, haciéndolas más
digeribles. En cuanto a la energía, una loncha de jamón cocido aporta sólo
un 2% de las kilocalorías diarias recomendadas. También es fuente de gran
cantidad de elementos minerales tales como, hierro, potasio, fósforo, zinc y
magnesio, desde el punto de vista nutricional el más destacable es el
hierro, ya que en la carne está en forma más asimilable que en otros
alimentos. Concretamente 100 g de jamón cocido aportan de un 6-8% de la
cantidad de hierro recomendado.
Su gran inconveniente es su elevado
contenido en sodio. La hipertensión, relacionada con el consumo excesivo de
sal, es un grave problema de salud pública, cuando se estima que un alimento
aporta demasiado sodio al organismo humano a partir del 0,7% de sodio, lo
que equivale al 1,8 gramos de
sal cada cien gramos de producto. No es
suficiente con conocer el contenido en
sal (cloruro sódico) del jamón
cocido, se ha de calcular el contenido total en sodio. Porque el jamón
cocido contiene sustancias, ya añadidas ya de forma natural, como
glutamato monosódico, nitratos, nitritos y fosfatos, que concentran
importantes dosis de sodio. Por lo tanto, aunque la carne de cerdo sea baja
en sodio, este elemento entra en la elaboración de muchos de sus derivados
en forma de sal. Por tanto, quienes sigan dietas hiposódicas deberían
controlar la ingesta de jamón cocido y embutidos.
Pese a que el tratamiento térmico al
que se somete durante su elaboración afecta al contenido de vitaminas
podemos decir que el jamón cocido es buena fuente de
vitaminas del grupo B.
Como la carne utilizada para
elaborar el jamón cocido es bastante magra, puesto que se eliminan las
partes más grasas; el producto final elaborado con cerdo blanco no contiene
más del 5% de grasa, mientras que el
jamón ibérico presenta un 16% aunque es evidente que no hay
posibilidades de comparación puesto que las
grasas son diferentes.
Contiene
colesterol al igual que todos los productos de origen animal, pero
dentro de estos es uno de los que menos aporta, por ello es el más adecuado,
para aquellas personas que deben controlar dicha ingesta.
Adquisición
A menudo el consumidor ignora la
calidad del jamón cocido que compra. Es importante saber que en el mercado
se encuentran tres categorías muy bien diferenciadas: el jamón cocido, la
paleta cocida y los llamados fiambres. Su elaboración es parecida pero se
distinguen por el tipo de carne: pierna, paleta o carne magra, que debe de
estar especificada en la etiqueta.
La observación detenida del corte y
una degustación atenta pueden aportar una información sobre la calidad del
jamón, por ello cuando compremos jamón cocido se debe:
- Distinguir
los diferentes músculos que forman la pieza, unas finas vetas de
grasa y los
matices de color normales en la carne cocida.
- Fijarnos si presenta más nervios y si los músculos son más pequeños, esto
indica que es paleta cocida.
- Observar una textura propia de carne cocida, ligeramente fibrosa, pero
nunca demasiado esponjosa o gomosa. Es una buena señal que las lonchas no
sean demasiado consistentes. Al tirar de ellas, deben romperse en diversos
trozos, siguiendo las delimitaciones de los músculos.
- Comprobar que su sabor debe tener el gusto natural de la carne. |