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LA PÁGINA
DE BEDRI |
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Orígenes |
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El
árbol de cacao (Theobroma cacao)
tiene sus orígenes en las tierras tropicales de América del Sur, en la
cuenca del río Orinoco y del río Amazonas. Según un estudio genético,
desde allí se extendió por el trópico americano. La primera evidencia de
su uso, datada en torno al 1100 a. C., se halló en el yacimiento
arqueológico de Puerto Escondido, en el noreste de la actual Honduras.
Estudios realizados en 20077, por un equipo de arqueólogos dirigidos
por John Henderson (Universidad Cornell) y Rosemary Joyce (Universidad de
California, Berkeley) no solo ratifican que ya en el 1000 a. C. se
consumía el chocolate en la
región sino que muy probablemente en ésta el consumo se inició hacia el
1500 a. C. En Belice se ha encontrado muestras de cerámica de entre el 400
al 600 a. C. Parece ser que si bien fueron los Olmecas quien difundieron
el uso del chocolate como
bebida en Mesoamérica, el uso generalizado del la misma ya se producía con
anterioridad.
En 2008, el
Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) publicó
estudios de las Universidades de Columbia, Arizona, Yale, Wisconsin y
Kennesaw, en donde los análisis aplicados a una vasija encontrada en las
excavaciones de Cerro Manatí, ubicado dentro del ejido del Macayal, en el
municipio de Hidalgotitlán, Veracruz concluyen que el consumo de
cacao
puede haberse dado 800 años antes de lo que se creía, en el período
formativo (900-1900 a.C.). La vasija datada mediante carbono 14 en torno
al 1750 a. C. contiene restos de teobromina, componente presente en la
semillas del cacao y que evidencia el uso de la cerámica estudiada en actividades
relacionadas con el chocolate.
Según los investigadores del Instituto Nacional de Arqueología e Historia,
este hallazgo sitúa el consumo de
chocolate hace más de 3.750 años, ocho siglos antes de lo que se creía
hasta ahora.
El contexto
en el que fue encontrado el recipiente indica que posiblemente fuera usado
para contener bebidas como chicha (cerveza de
maíz),
atole (bebida dulce de
maíz)
y chocolate, consumidas
habitualmente por los jerarcas y gente de alto prestigio social.
A partir de
este descubrimiento, los investigadores creen además que el consumo de una
bebida con base en el cacao comienza con la instalación de los primeros
pueblos sedentarios. El líquido se preparaba con granos de
cacao molidos
con piedras y cocidos en agua, que se mezclaba con
miel de
maguey,
harina
de
maíz
y sustancias como el onoto, el achiote y la
vainilla. Todo ello daba como
resultado probablemente una bebida alcohólica para las ceremonias.
En los
primeros tiempos el consumo parece haber sido en forma de una especie de «cerveza»,
es decir una bebida basada en la
fermentación más que de los granos del
cacao de la pulpa del mismo. Tal «cerveza de
chocolate» cuyos restos se
hallan en las vasijas cerámicas de Puerto Escondido tendrían una
importante función ritual y muy probablemente se utilizaban en las
celebraciones de matrimonios. Bastante posteriormente los olmecas, mayas y
mexicas, entre otras civilizaciones mesoamericanas, comenzaron a consumir
el chocolate derivado de la
pasta de los granos aliñada o aderezada con
chile. En forma semilíquida y líquida el
chocolate solía ser bebida
preferida de las realezas que le consumían en vasos especiales (jícaras).
Igualmente era considerado un alimento tonificante o energizante que se
podía consumir mezclado en una masa de
harina
de
maíz
mezclada con
chiles y miel.
De Acuerdo a
la mitología Maya, Kukulkán le dio el
cacao a los Mayas después de la
creación de la humanidad, hecha de
maíz
(Ixim) por la diosa Xmucané (Bogin 1997, Coe 1996, Montejo 1999,
Tedlock 1985). Los mayas celebraban un festival anual en abril, para
honrar al dios del cacao, Ek Chuah, un evento que incluía sacrificios de
perros y otros animales con marcas pintadas de
chocolate, ofrendas de
cacao, plumas, incienso e intercambio de regalos.
Siglos
después de los mayas, los mexicas (aztecas) continuaron el gusto por el
chocolha maya. Se sabe que
el emperador Moctezuma gustaba de beber una
taza
de éste diluido en agua. Una leyenda dice en México que el mismo dios
Quetzalcoatl (casi equivalente al Kukulkán maya) en tiempos ancestrales
dio a los hombres en sus manos las primeras semillas de
cacao. Era un alimento muy común entre los mexicas y mayas. Su
preparación se efectuaba de la siguiente manera: las semillas eran primero
tostadas y luego trituradas para hacer una pasta que después se mezclaba
con agua. Esta mezcla se calentaba hasta que la
manteca o
grasa del cacao subía a la superficie. Se le quitaba la espuma y luego
se volvía a mezclar, según ciertas proporciones, con la bebida; finalmente
se batía enérgicamente para formar un líquido con una espuma consistente
que se bebía frío. A esta preparación de base se le añadían, según el
gusto- diferentes ingredientes, como
chile, achiote,
vainilla
y miel como endulzante y
harina
de
maíz
como emulsionante básico para absorber la
manteca de cacao. El resultado
era una bebida sumamente energética pero también muy amarga y picante.
En la región
de Mesoamerica en México, las semillas de
cacao eran tan apreciadas por los aztecas que eran usadas como moneda
corriente para el comercio de la época.
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Las leyendas y los
ritos |
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De acuerdo
con la Mitología Maya, Kukulkán le dio el cacao a los Mayas después de la
creación de la humanidad, hecha de
maíz
(Ixim) por la diosa Xmucané (Bogin 1997, Coe 1996, Montejo
1999, Tedlock 1985). Los Mayas celebraban un festival anual en Abril, para
honrar al dios del cacao, Ek Chuah, un evento que incluía
sacrificios de perros y otros animales con marcas pintadas de
chocolate; ofrendas de cacao;
plumas, incienso e intercambios de regalos.
Los aztecas
adaptaron la misma leyenda así: El dios Quetzalcoatl bajó de los
cielos para transmitir sabiduría a los hombres y les trajo un regalo: la
planta del cacao. Al parecer, los otros dioses no le perdonaron que diera
a conocer un alimento divino y se vengaron desterrándolo: fue expulsado de
sus tierras por el dios Txktlpohk, esta versión en realidad es una
confusión con la versión griega acerca del fuego robado a los dioses por
Prometeo. Otra versión cuenta que Quetzalcoatl era un dios
bondadoso que estaba enfrentado a Tezcatlipoca, el dios cruel; este
pudo más que él y lo condenó al destierro. Sea como sea la historia, lo
cierto es que antes de marcharse prometió volver por donde sale el sol en
el año ce-acatl, según el calendario azteca, lo que luego se asoció
con la llegada de Hernán Cortés.
Más allá de
leyendas, el cacao tenía una función esencial en los ritos religiosos: ya
los mayas creían que la bebida que se conseguía tostando y machacando los
frutos les alimentaría después de la muerte. Se celebraban rituales
religiosos en diferentes fases del cultivo del cacao. Se celebraba una
fiesta de la siembra en honor de sus dioses donde sacrificaban a un perro
al que habían pintado una mancha de color cacao sobre la piel. Otra
práctica habitual obligaba a los plantadores a mantenerse célibes durante
trece noches. Al llegar a la décimo cuarta, podían yacer con sus esposas y
luego proceder a la siembra del cacao. Otra ceremonia consistía en colocar
las semillas en unos pequeños cuencos antes de efectuar unos rituales
secretos en presencia de un ídolo. Luego se extraía sangre de diferentes
partes del cuerpo de una víctima humana para ungir al ídolo. Otra práctica
era regar la tierra que tenía que ser sembrada con la sangre del
sacrificio de unas aves; etc.
En cuanto a
los aztecas, sabían que una taza de xocolatl eliminaba el cansancio
y estimulaba las capacidades psíquicas y mentales. Para los aztecas el
xocolatl era una fuente de sabiduría espiritual, energía corporal y
potencia sexual. Era muy apreciado como producto afrodisíaco y era una de
las bebidas favoritas en las ceremonias nupciales. Era una bebida
reservada a la elite y se denominaba también oro líquido, pues los granos
de cacao se usaban como moneda. Así, con cuatro granos se podía comprar un
conejo; con 10, la compañía de una dama, y con 100, un esclavo. Los
aztecas se adornaban la cara con chocolate en sus ceremonias religiosas.
Al ver que
los granos de cacao se usaban como moneda y que los aztecas atribuían a la
bebida de cacao virtudes reconstituyentes y afrodisíacas, Hernán Cortés
decidió explotarlo comercialmente. Creó plantaciones en México, Trinidad y
Haití, e incluso en una isla de África occidental. Desde esa isla, el
cultivo del cacao se extendió a Ghana en 1879.
El primer
cargamento comercial, llegó a Sevilla, en 1585. (Coe y Coe 1996). En un
Siglo, la bebida llevó a los franceses e Ingleses a establecer
plantaciones en el Caribe, y a los Españoles a llevarlo a las Filipinas. (Bloom
1998, Coe y Coe 1996, Knapp 1930). Subsecuentemente el Cacao fue llevado a
la costa de oro del Africa occidental por los ingleses.
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Llegada a Europa |
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El primer
europeo que probó esta bebida, antecedente del
chocolate, pudo muy bien haber
sido el mismo Cristóbal Colón en 1502 al llegar a la isla Guanaja (Isla de
Pinos, en la costa de la actual Honduras) en su cuarto viaje a América.
Cristóbal
Colón, a su vuelta a España, lleva muestras de
cacao a los Reyes Católicos; sin embargo no tiene éxito por su sabor
amargo y picante y por su aspecto sucio. Aun así es de las muestras que
Hernán Cortés, también consciente del valor del
cacao entre los aztecas- decidió llevarse consigo a la España de
Carlos I en 1528 de donde surge la historia del
chocolate en Europa. Cortés,
al probar el brebaje preparado por los aztecas, lo había descrito así: "cuando
uno lo bebe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener
necesidad de alimentarse". Además del valor alimentario también le
había llamado la atención el valor monetario que le daban los aztecas.
En el siglo
XVI, Hernán Cortés introdujo en la corte española el
chocolate que bebían los
aztecas. Las damas de la realeza española se lo reservaban para ellas y lo
tomaban a sorbitos en secreto, condimentado con
especias y a veces con
pimienta.
La bebida de chocolate fue
popular con los religiosos de México, y cuando regresaban a España
trajeron el
cacao consigo para tener esa bebida. Con el tiempo se introdujo en los
estratos más altos de la sociedad europea.
No obstante,
la bebida de cacao que Cortés había tomado en copas de oro durante los
banquetes organizados en su honor por Moctezuma II era muy diferente a lo
que hoy estamos acostumbrados. El xocolatl, que así era como se
llamaba, era una agua amarga. Los aztecas mezclaban
chile con las semillas del cacao tostadas y molidas, y añadían
harina
de
maíz
como emulsionante básico para absorber la
manteca de cacao. La espuma era una de las partes más importantes y
deliciosas de la bebida. Los mayas hacían que la bebida fuera aún más
espumosa vertiéndola desde un recipiente elevado a otro que estaba en el
suelo. Más tarde, los aztecas inventaron una especie de molinillo para
provocar la aparición de la espuma.
La
incorporación de
azúcar
(y de
especias como
vainilla
y
canela) a esta bebida, pudiendo así denominarse
chocolate con un sentido
actual, es una cuestión con origen incierto: por un lado se sabe que en
México alrededor de finales del siglo XVI gracias a la Nao de China llegó
a gran escala la
canela
procedente de la isla de Ceylán o Sri Lanka y está claro que la extensión
por parte de los españoles del cultivo de la
caña de azúcar en América pudo haber facilitado que fuese allí
donde se mezclasen ambos productos por primera vez. Por otro, es
recurrente la noticia de que eso sólo ocurrió al llegar el cacao a Europa.
En cualquier caso, tal combinación se asocia casi siempre a obra de
miembros de órdenes religiosas: las monjas de un convento de Oaxaca
(México) que añadieron
azúcar
al cacao y el Monasterio de Piedra, en Zaragoza, son los dos lugares, en
América y Europa respectivamente, que parecen haber sido los primeros en
poner en práctica por primera vez esa combinación.
Había, por lo
demás, algunos desacuerdos entre las altas esferas eclesiásticas por el
supuesto poder excitante que generaba en quienes lo tomaban. Por ejemplo,
el Obispo de Chiapas tuvo que prohibir su consumo dentro del recinto de la
iglesia porque las damas españolas para hacer más llevaderos los
minuciosos sermones, se hacían servir
chocolate por sus criados y lo
bebían durante la ceremonia. Este hecho irritó al prelado, quien amenazó
con excomulgarlas si seguían con esa práctica.
Parece ser
que fueron misioneros jesuitas los responsables de llevar por primera vez
el chocolate a España, Italia
y Francia a través de conventos y monasterios. Fue también gracias a la
presión de los misioneros jesuitas como los granos de
cacao en crudo, sin procesar, empezaron a exportarse en barco a
Europa.
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Difusión en Europa |
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Durante el
siglo XVII, el chocolate era
considerado tanto un medicamento como un alimento, y no una bebida de
compañía y de placer.
En 1606 llega
la fabricación del chocolate a
Italia, a través de Antonio Carletti tras un viaje a las posesiones
españolas de América, aunque otras fuentes indican que el introductor fue
Manuel Filiberto de Saboya, general de los ejércitos españoles. A través
de Carletti tenemos las primeras referencias a la elaboración del
chocolate por parte de los
indígenas con semillas de
cacao tostadas, agua y
azúcar,
y, sobre todo, a la existencia de cacao solidificado en cuadraditos, que
servía para ser transportado en los viajes como provisión, y que si era
necesario se disolvía en agua.
En 1615 llega
el cacao a Francia a través del matrimonio de la hija de Felipe II, Ana de
Austría, con el rey Luis XIII de Francia.
En 1646 llega
a Alemania desde Italia. Durante años, los alemanes lo consideraron como
una medicina, y sólo se vendía en droguerías y farmacias.
En 1657
empieza a extenderse por Inglaterra, donde por primera vez en Europa el
chocolate se ofrece en forma
de pastelillos (1674). Más importante es la fecha de 1746, pues en un club
de aficionados al chocolate se
produce una gran innovación: el agua, lo único empleado hasta entonces
para mezclar con el cacao, se sustituye por
leche,
añadiéndosele a veces
huevos,
alcohol
y vino añejo.
Alrededor de
1660 se eliminaron todas las
especias utilizadas en la elaboración del
chocolate. En España, se
preparaba una mezcla con 28 g de
chocolate, 57 g de
azúcar
y un cuarto de litro de agua, se calentaba y se batía hasta producir
espuma. En Francia, se solía sustituir la mitad del agua por
leche.
A finales del
siglo XVII aparecen las primeras chocolateras: tanto el recipiente en el
que se preparaba específicamente el
chocolate como el que se
utilizaba para servirse. El primero era resistente al fuego, a menudo de
cobre estañado, bastante alto y con un orificio en la tapa para permitir
la salida del mango del molinillo con el que se daba vueltas al
chocolate. La chocolatera de
servicio, de
porcelana o de plata, tenía una tapa con un asa para facilitar su
apertura y el mango de madera estaba colocado en ángulo recto. Para
asegurar la estabilidad al hervir a menudo se colocaba en un soporte con
tres patas altas lo que permitía situarla sobre un hornillo de
alcohol. También se fabricaron
tazas
especiales para el chocolate.
Para preparar
el chocolate era indispensable
el molinillo: un batidor de madera con el que se revolvía la
bebida de cacao para hacerla
más homogénea, aterciopelada y espumosa. El proceso de elaboración
desarrollado por los españoles a comienzos del siglo XVIII consistía en lo
siguiente: una vez tostado, descascarillado y molido, la masa del cacao
era molida hasta dejarla convertida en una fina pasta y mezclada con mucho
azúcar,
canela,
vainilla,
almizcle y colorantes. Se daba al
chocolate forma de bloques, pero aun así se utilizaba básicamente para
preparar bebidas y apenas se empleaba como golosina o para hacer pasteles.
En 1711,
Carlos VI, pretendiente a la corona de España en la guerra de sucesión, se
convierte en emperador austriaco y se traslada de Madrid a Viena, llevando
la afición española por el
chocolate a la capital austríaca. Viena se hizo famosa por sus
exquisitas
tazas
de chocolate servido con vasos
de agua fresca.
En 1755 los
norteamericanos descubren el
chocolate. La primera fábrica fue fundada en 1765. Quaker Milton
Hershey introduce la
tableta de
chocolate con leche y
almendras a principios del siglo XX.
A los
europeos les encantaba el nuevo sabor y también les atraían las supuestas
propiedades curativas del
chocolate. En 1763, los cerveceros británicos se sintieron tan
amenazados por la creciente popularidad de este producto que pidieron que
se dictaran leyes para limitar su fabricación. La feroz competencia en la
industria chocolatera condujo a que algunos le añadieran
almidón para que rindiera más y los ingleses incluso le agregaban una
pizca de ladrillo pulverizado para intensificar su color. La demanda de
chocolate de mejor calidad y
sabor seguía aumentando.
La
elaboración artesanal del
chocolate se sustituyó en 1777 en Barcelona por la mecánica. A
comienzos del siglo XIX, junto con el desarrollo de las plantaciones de
cacao en todo el mundo, la industria del
chocolate se organizó y
perfeccionó en varios países.
El primer
paso importante fue la solidificación del
chocolate para obtener la
tableta. El
Italiano Doret fue el primero que solidificó el
chocolate en Turín.
La primera
fábrica de chocolate se
instala en Suiza en 1819.
La primera
tableta fue la de Fry and Sons, en Inglaterra sobre 1847, una mezcla de
licor, cacao y
azúcar
que se presentaría comercialmente en Birmingham en 1849 bajo el nombre de
Chocolat Dèlicieux à Manger.
El segundo
paso lo dio hacia 1828 un holandés, Coenrad Van Houten, al inventar una
prensa hidráulica que conseguía exprimir los granos molidos del
cacao y separar bien la
manteca del nuevo producto que se podía obtener gracias a ese
desgrasado: el
polvo
del cacao. La máquina podía extraer hasta el 50% de la
manteca del cacao. Junto con el desarrollo del proceso conocido como
dutching que consiste en añadir potasa para rebajar el color y lograr que
el cacao se disuelva más fácilmente en
leche
o en agua, los holandeses se colocaron a la cabeza de la producción de
chocolate.
El tercer
hito fue italiano y consistió en el invento de los
bombones
(llamados en idioma piamontés 'divu' = colilla): gordos como
bellotas, se preparaban con una pasta de cacao hecha a mano y moldeada
toscamente. El
bombón gianduja es de origen italiano y toma su nombre de la máscara
turinesa.
El cuarto
gran momento fue suizo: la invención del
chocolate con leche hacia 1875 por parte de Daniel Peter gracias al
aprovechamiento de la
harina láctea (leche
en polvo) creada por Henri Nestlé. También es invento suizo el
'conchado'.
Durante el
siglo XVII se enfrentaron dos escuelas de degustación del
chocolate: la española afín al
chocolate espeso donde se mojaba
pan o
pasteles y la francesa, gustosa del batido espumoso y bebido rápidamente.
En la segunda
mitad del siglo XIX, como se ha descrito, los suizos inventaron un proceso
para refinar aún más el chocolate.
Dicho proceso, denominado conchado u homogeneizado, consiste en pasar la
pasta entre unos discos de porcelana durante varias horas, lo que produce
un chocolate suave que se
derrite en la boca. Los entendidos afirman que el
chocolate de mejor calidad es
el que se homogeneiza por un mínimo de setenta y dos horas.
Empresarios
ingeniosos aportaron mucho a esta industria, bien inventando maquinaria
más eficaz, bien mejorando las fórmulas.
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