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Tras el
tratamiento al que se somete a las habas de cacao en las zonas de
recolección (cf. cacao), estas se envían a las distintas fábricas
chocolateras. Al llegar, los granos se examinan y se clasifican
minuciosamente.
Lo primero
que se realiza es el lavado y tostado de las habas del cacao; el objetivo
es aumentar el aroma y favorecer el desprendimiento de la piel de las
semillas y para eliminar las impurezas. Un sistema de cepillado posterior permite eliminar esas pieles y
cualquier otra impureza o cuerpo extraño. Tras este proceso, se tuestan
con sumo cuidado durante un máximo de 45 minutos.
A
continuación, se realiza la torrefacción de las habas del cacao ya
tostadas, un proceso importantísimo para la calidad final del producto. En
unas grandes esferas giratorias, las habas se tuestan durante unos pocos
minutos a entre 110 y 120ºC., eliminándose la humedad y la acidez, al
tiempo que se favorece el desarrollo de los aromas. Cada tipo de grano que
formará parte de una determinada mezcla de
chocolate se tuesta por
separado. Nunca se utiliza un único tipo de grano para elaborar el
chocolate.
Después de su
enfriamiento, las habas, cuyas cáscaras han comenzado a explotar por el
efecto de la torrefacción, se llevan a una máquina de descascarillar y
cribar, que abre los granos tostados y separa los pellejos, ligeros, de la
parte comestible, más pesada. En la torrefacción es donde se desarrollan
los aromas típicos del cacao. Después se enfrían rápidamente para no
perjudicar los aromas obtenidos y se trituran. Según el tamaño que se
desee, se obtiene el cacao descascarillado, más grande, o el
cacao en polvo.
Las cáscaras
y hollejos se reciclan como compost para jardines, o para elaborar
mantecas de baja calidad. En algunos sitios la cáscara se comercializa
como cascarilla. Tiene un perfume y un sabor relativamente similar al del
chocolate en polvo, pero apenas contiene
grasa. Se consigue mayormente en
dietéticas y es de color marrón oscuro. Se prepara dejando un puñado
grande de cascarillas a macerar unos minutos, luego se hierve con
leche y
se bebe caliente.
Una vez
obtenido el
cacao se mezcla con el resto de los ingredientes, que variarán según
el tipo de
chocolate que se quiera
elaborar. Determinadas cantidades de diferentes variedades de granos son
pesadas e introducidas en un depósito cilíndrico, previamente a su paso a
las máquinas de molienda. La mezcla de diferentes granos para hacer
cacao en polvo es menos exigente que la del
chocolate, pues requiere gran
habilidad del chocolatero ya que reconocer el aroma y sabor de cada
variedad lleva muchos años de experiencia.
A
continuación, se muelen las habas del cacao. Las habas trituradas pasan a
través de una batería de molinos y se someten a un batido a una
temperatura constante de 60-80º; la duración de este tratamiento puede ir
de las 18 a las 72 horas. La duración influye en la textura del
chocolate resultante: a menos
batido, mayor aspereza. Por efecto de la trituración, el tejido celular de
las habas, que contiene de un 50 a un 60% de
manteca de cacao, permite la liberación en parte de esta
grasa, que
luego se licua por efecto del calor generado por el frotamiento. El resultado
es una pasta fluida pero densa, la pasta de cacao:
una suspensión de sustancias con cacao en manteca de cacao.
Conseguida la
pasta homogénea, se procede a su refinado, basado en moler finamente el
producto hasta obtener partículas muy pequeñas. El tamaño de éstas debe
ser minúsculo para que no se note al comerlo. Posteriormente, se agita
mecánicamente el producto durante varias horas con lo que, debido a la
fricción, se calienta (70ºC-80ºC) y se consigue una evaporación del agua y
de los ácidos volátiles. De esta manera, el sabor del
chocolate será más agradable y
de mayor calidad. Este proceso se denomina conchado, tras el cual se deja
enfriar la pasta y se empieza la etapa de templado.
El objetivo
durante el enfriamiento es la cristalización de la
manteca de cacao. En este momento se tiene el
chocolate listo, sólo falta el
moldeado que sirve para dar la forma final al producto. Éste puede ser muy
variado: chocolatinas,
tabletas o
bombones,
entre otros. Para llevar a cabo esta etapa se pasa el
chocolate por unos moldes
calientes, que se someten a vibraciones continuadas para desairear, es
decir, eliminar el aire del
chocolate. Seguidamente pasan
a un túnel de enfriamiento donde se endurece y se obtiene el producto
listo para su consumo.
Para su
utilización en los diferentes productos, esta pasta se homogeneiza y se
calienta a 100º, para ser luego propulsada en prensas hidráulicas. Se
extrae así la mayor cantidad posible de manteca
de cacao, que se filtra y se compacta en grandes bloques. La
pasta de cacao, con un porcentaje de
grasa
reducido entre el 8 y el 22%, se presenta en forma de
pan u
hogaza. Esta parte sólida es durísima, pues se solidifica a 600
atmósferas.
El
característico crujido y el delicado brillo del buen
chocolate es debido a la
estructura cristalina de la manteca de cacao.
La
manteca de cacao, aparte de su utilización
en la elaboración de chocolates,
se usa en
jabones
y cosmética, por tener un punto de fusión ligeramente inferior a la
temperatura corporal, lo que la convierte en una base perfecta para
lápices de labios y otras cremas
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