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El olivo de nombre científico, Olea europaea es árbol perennifolio, longevo, que alcanza hasta 15 m
de altura, con copa ancha y tronco grueso, retorcido y a menudo muy
corto. Corteza finamente fisurada, de color gris o plateado. Hojas
opuestas, de 2 a 8 cm de largo, lanceoladas con el ápice ligeramente
puntiagudo, enteras, coriáceas, glabras y verde gris oscuras por el
haz, más pálidas y densamente escamosas por el envés, más o menos
sésiles o con un pecíolo muy corto. Flores bisexuales o polígamas, en
panículas axilares multifloras, con corola blanca. El fruto, la
aceituna, es una
drupa suculenta y muy oleosa de 1 a 3,5 cm de largo,
ovoide o algo globosa, verde al principio, que precisa de un año para
adquirir un color negro-morado en su plena madurez. Periodo de
floración comprendido entre julio y agosto, su periodo de
fructificación comprendido entre septiembre y octubre. De este fruto
se obtiene un
aceite muy apreciado en gastronomía, el
aceite de
oliva.
El acebuche es un olivo silvestre que se
diferencia del de cultivar común por tener a menudo un porte
arbustivo, hojas de forma oval y de menor tamaño y fruto bastante más
pequeño.
ÍNDICE
Orígenes e
historia
Morfología y fisiología del
olivo
Requerimientos edafoclimáticos
Multiplicación del olivar
Variedades
Orígenes e
historia
Los orígenes del olivo se remontan muy atrás
en la historia. La primera referencia escrita sobre esta planta se
encuentra recogida en el libro del Génesis. En sus orígenes su cultivo
se extendía por toda la zona mediterránea, y zonas limítrofes, abarcando
Europa, África, Asia Menor e incluso la India.
El área característica de crecimiento es la
ribera del Mediterráneo, comprendida entre los paralelos 35° y 45° de
latitud Norte; hoy, en cambio, también encontramos olivares en regiones
lejanas como los Estados Unidos, o en países del hemisferio austral como
Argentina, Nueva Zelanda o Australia. Existen dos hipótesis sobre el
origen del olivo, una que postula que proviene de las costas de Siria,
Líbano e Israel y otra que considera que lo considera originario de Asia
menor.
La llegada a Europa probablemente tuvo lugar
de mano de los Fenicios, en transito por Chipre, Creta, e Islas del Mar
Egeo, pasando a Grecia y más tarde a Italia. Los primeros indicios de la
presencia del olivo en las costas mediterráneas españolas coinciden con
el dominio romano, aunque fueron posteriormente los árabes los que
impulsaron su
cultivo en Andalucía, convirtiendo a España en el primer
país productor de
aceite de oliva a nivel mundial.
La expansión de su
cultivo se aceleró
gracias a los colonizadores españoles que lo propagaron por el Nuevo
Continente. La
aceituna,
fruto del olivo se utilizó inicialmente para la
extracción de
aceite, también se conocen referencias, en el siglo I de
nuestra era, que nos indican su consumo como
aceituna de mesa. La
introducción en Perú y Méjico tuvo lugar alrededor de 1560 y en
California en 1769. Actualmente el
cultivo del olivar se extiende por
todos los países cuyo clima lo permite.
El
aceite obtenido de sus frutos, que
etimológicamente proviene de la palabra árabe “az-zait”, que quiere
decir el
jugo de la oliva, ha servido durante siglos como alimento,
materia prima para alumbrado, ungüento medicinal y líquido revitalizador
del organismo humano.
El presente del olivar es excepcional debido
a su gran demanda y alta rentabilidad, gracias a la exitosa campaña
alimentaria que resalta las propiedades terapéuticas y nutritivas.
Presenta un futuro alentador y una superficie de cultivo creciente.
España e Italia son los principales productores a nivel mundial,
seguidos de Grecia, Turquía y Túnez. En España la región olivarera por
excelencia es Andalucía pero en general todo el área mediterránea e
incluso regiones del interior.
Morfología y fisiología del olivo
El olivo es un árbol que puede tomar
dimensiones y formas muy variables. Tiene hojas largas de una media de 5
a 8 centímetros, verdes en la parte superior y grises plata en la parte
inferior, que viven una media de unos 3 años. El tronco aparece
gris-verde y liso hasta aproximadamente los diez años; luego se vuelve
nudoso, con surcos profundos y retorcidos y toma color oscuro, casi
negro. Las raíces tienen muchas ramificaciones superficiales que
desarrollan la mayor parte de la actividad de absorción nutritiva. Se
extienden horizontalmente hasta 2-3 veces la altura de la planta y
penetran en el suelo, en los suelos más fértiles, hasta 1,5 ó 2 metros
de profundidad.
El olivo es una especie típicamente
mediterránea adaptada al clima de la zona. Es una especie presente en
los paisajes de la Península Ibérica como un elemento más de los
ecosistemas mediterráneos y de la cultura. Aunque es una especie rústica
presenta también una serie de requisitos que limitan su área de
distribución preferentemente a zonas de clima mediterráneo. El olivo
llega a desarrollarse y a conseguir una completa maduración de sus
frutos hasta los 600-700 metros sobre el nivel del mar, aunque en
algunas regiones de España y Marruecos también se cultiva más allá de
los 1000 m. de altura.
El olivo es un árbol robusto, capaz de
resistir, en invierno, temperaturas hasta 10ºC bajo cero, aunque la
resistencia al frío es una característica varietal y de soportar largas
sequías en verano. Las altas temperaturas son perjudiciales, sobre todo,
durante el periodo de floración. Aunque se encuentran olivos en muy
variadas zonas, parece desarrollarse mejor en áreas con una pluviometría
comprendida entre los 600-800 mm/año y temperaturas veraniegas de hasta
40 grados.
Clasificación científica
Reino: Plantae
División: Magnoliophyta
Clase: Magnoliopsida
Orden: Lamiales
Familia: Oleaceae
Género: Olea
Especie: Olea europaea
Nombre binomial
Olea europaea
L.
Subespecies
Olea europaea subsp. europaea
Olea europaea subsp. europaea var. silvestris
Olea europaea subsp. cuspidata
Olea europaea subsp. guanchica
Olea europaea subsp. maroccana
Oleaeuropaea subsp. laperrinei
Descripción
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Planta: Árbol Perennifolio que puede
alcanzar alturas considerables, aunque se prefiere en formas bajas. La
base del tronco se denomina peana.
-
Sistema radicular: Raíz pivotante que
se ramifica mucho.
-
Hojas: Lanceoladas, decusadas y
coriáceas.
-
Flores: Perfectas (masculinas con
distintos grados de desarrollo del pistilo). Especie andromonóica, lo
cual es un carácter varietal y nutritivo (el factor limitante es el
agua). Flores gamopétalas con cuatro pétalos blancos y dos anteras,
dispuestas en inflorescencias que salen de las axilas de las hojas de
los ramos fructíferos (ramos de un año de edad). Ovario con cuatro
óvulos y estilo muy corto. En las semanas posteriores a la floración
tiene lugar la caída de flores y pequeños frutos, de forma que el
cuajado es del 1-2%. Las flores del olivo se disponen en inflorescencias
(racimos) compuestas de 10 a 40 flores, según variedad. La polinización
consiste en la transferencia del
polen contenido en las anteras de los
estambres de una flor al estigma de la misma flor, o con más frecuencia
en el olivo, al de otras flores. El estrés hídrico (reducción del agua
disponible) y el estrés nutritivo (reducción de los nutrientes),
ocurridos unas seis semanas antes de la época de floración son causas
que provocan la disminución del número de flores por inflorescencia e
incrementan los abortos ováricos.
-
Frutos:
Drupa de color vinoso negro al
madurar y alto contenido energético. El fruto del olivo se llama
aceituna, aunque también puede llamarse
oliva en el centro-norte de
España. La
aceituna es una
drupa en la que se distinguen las siguientes
partes: pedúnculo o rabillo, epicarpio o piel, mesocarpio o carne,
endocarpio o hueso y embrión o semilla. La
aceituna va experimentando
cambios en su coloración al tiempo que engorda. Desde un verde intenso
al comienzo de su cuajado, a un verde amarillento según va
desarrollándose, aparecen manchas púrpuras al iniciar el envero, sigue
una tonalidad púrpura azulada, para terminar, cuando alcanza su madurez
plena en una tonalidad negro azulada. La composición química media de
una aceituna es la siguiente: agua 50%, aceite 22%, azúcares 19,1%,
celulosa 5,8%,
proteínas 1,6%, cenizas 1,5%.
-
Polinización: Especie anemófila y
parcialmente autocompatible. Es recomendable la polinización cruzada y
la colocación de polinizadores, aunque las plantaciones monovarietales
son la norma.
Ciclo de la planta
De 0 a 7 años: implantación improductiva (a
los 5 años se realiza un trasplante)
De los 7 a los 30 años (aproximadamente):
crecimiento con aumento continuo de la productividad (el principio de la
producción, con sistemas tradicionales, se da a los 15/20 años; con
sistemas modernos, a los 5/10 años)
De los 35 a 150 años: madurez y producción
masiva
Más allá de los 150 años: se inicia el
envejecimiento, aunque con productividad notable durante siglos y,
ocasionalmente, milenios.
La primavera corresponde al despertar
vegetativo de la planta después de la pausa de los meses fríos y en esta
estación, en los olivares, es necesario abonar la tierra, trabajarla
para favorecer el almacenamiento del agua y sobre todo podar los
árboles. A veces, en años de maduración tardía de las aceitunas, la
colección se dilata en los meses primaverales. En el pasado, cuando se
dejaban las aceitunas en los árboles hasta la caída espontánea, se
podían ver árboles con frutos maduros y gemas al mismo tiempo.
El olivo es capaz de sobrevivir en entornos
áridos; sin embargo, en determinados momentos de su ciclo vegetativo, es
importante que pueda gozar de una aportación hídrica adecuada. En verano
se da el desarrollo y crecimiento de los frutos y el endurecimiento del
avellano, momento en el cual el color verde de la cáscara se reduce y
aparecen manchas rojizas. Durante estas fases del crecimiento una
excesiva falta de agua provoca la caída de los frutos o, en el mejor de
los casos, se disminuye gravemente su tamaño y el contenido de aceite.
En este período las aceitunas son expuestas a todos los daños provocados
por condiciones climáticas adversas o de enfermedades y parásitos. Puede
ocurrir que una óptima cosecha resulte gravemente comprometido por estos
factores.
En el otoño se da la maduración de las
aceitunas, que pierden el color verde con el aumento del contenido en
aceite y la disminución del agua. También en este período la falta de
agua y sustancias nutritivas pueden incidir notablemente en la cosecha
ya que el crecimiento y la maduración del fruto requieren una constante
aportación de sustancias y elementos minerales. Recientes estudios han
enseñado la estrecha correlación existente entre la vegetación otoñal y
la productividad del año siguiente. En este período, entre finales de
septiembre y la primera mitad de octubre se realiza la colección de las
aceitunas verdes de mesa.
Requerimientos edafoclimáticos.
Especie muy rústica, de fácil cultivo, por
lo que se ha instalado en terrenos marginales. No tolera temperaturas
menores de -10°C. No presenta problemas de heladas, con excepción de las
variedades muy tempranas, en las que el fruto se ve muy dañado. Escasos
requerimientos de horas frío y elevados de calor (entre la brotación y
la floración transcurren 3-4 meses y de la floración hasta la
recolección, 6-7 meses). Los agentes meteorológicos m’as graves son los
vientos secos y las temperaturas elevadas durante la floración, de forma
que se produce el aborto ovárico generalizado, resintiéndose seriamente
la producción. Es muy resistente a la sequía, aunque el óptimo de
precipitaciones se sitúa entorno a los 650 mm bien repartidos. En casos
de extrema sequía se induce la producción de flores masculinas.
Es resistente a los suelos calizos, aunque
existen diferencias de carácter varietal (Hojiblanca se comporta muy
bien). Es muy tolerante a la salinidad.
Es una planta ávida de luz, de forma que una
deficiencia de ésta reduce la formación de flores o induce que éstas no
sean viables, debido a la insuficiencia de asimilados en la axila de las
hojas.
Multiplicación del olivar
La multiplicación del olivo puede ser:
sexual o por semilla, y vegetativa por un trozo de la planta madre.
Siendo la multiplicación vegetativa, o sea, la que emplea un trozo de la
planta madre, la casi únicamente utilizada. En la reproducción
vegetativa utilizamos un trozo de planta, a la que llamamos planta
madre, y de ella se obtienen una o varias plantas genéticamente iguales
a la planta de la que proceden. El olivo es un árbol que posee una gran
capacidad de regenerarse a partir de las yemas latentes que posee y
también produce con mucha facilidad raíces adventicias, por lo que su
multiplicación es fácil.
Tradicionalmente, la propagación se
realizaba mediante grandes estacas (0.5-1.2 m) directamente implantadas
en el terreno. La capacidad de enrraizamiento y brotación de dichas
estacas está relacionada con la edad, seleccionando las estacas viejas
de mayor vigor. Este sistema presenta una serie de inconvenientes: el
gran tamaño de las estacas con la consiguiente dificultad para
transportarlas, su escasez y los problemas de mezcla de material.
A partir de los años 50, aparece el
estaquillado semileñoso, que soluciona los problemas anteriores: se
utilizan estaquillas de un año fáciles de manejar y en mejor estado
sanitario, que pueden ser recolectadas a lo largo de todo el año. Las
estaquillas de 12-15 cm. de longitud y con dos pares de hojas, se
sumergen en IBA (ácido indolbutílico) a 3000 ppm., con objeto de
favorecer la capacidad de enrraizamiento. Posteriormente se colocan en
cámaras de nebulización sobre medio inerte (perlita), con calor de fondo
(25°C) y alineadas. Entorno a los 45 días (según variedad y condiciones
de temperatura), aparecen los primordios radicales, momento a partir del
cual se pueden trasladar a macetas en umbráculo que permita adoptar la
planta a una atmósfera más agresiva. Este sistema permite la entrada en
producción un año antes y facilita la formación del árbol.
Es el sistema tradicional de propagación en
el olivar, consiste en enterrar una estaca de al menos 4 ó 5 años de
edad, que transcurrido un tiempo de permanecer enterrada, emitirá raíces
y tallos que darán como resultado una nueva planta de olivo completa. En
tiempos pasados, las estacas necesarias para la multiplicación provenían
de los restos de poda, siendo aprovechados para nuevas plantaciones de
la misma variedad. Desde hace aproximadamente 10 ó 15 años es más
frecuente que, previamente a su plantación, las estacas preparadas al
efecto, se enraícen en viveros, en los que permanecen de uno a dos años,
y llegan al terreno de asiento ya enraizadas, lo que adelanta la entrada
en producción. Al utilizar estacas enraizadas también se soluciona el
problema de marras o fallos.
Con este nombre se designa la propagación
vegetativa del olivo que utiliza estacas de una dimensión comprendida
entre 1,5 a 2 m que provienen del aclareo de troncos o pies de otros
olivos, por lo que se aprovecha que tienen algunas raíces.
En el lugar donde las raíces se unen con el
tronco del olivo se forman unas protuberancias que se utilizan para la
propagación vegetativa del olivo. Es necesario para ello fragmentarlas
en trozos de unos 15 ó 20 cm.
Este método de propagación vegetativa del
olivo consiste en curvar ramas del árbol madre hasta que toquen el
suelo, dejando la punta al aire, y una vez cubiertas de tierra, esperar
que emitan raíces por la parte enterrada, tras lo cual se cortan,
llevándonos la parte aérea y sus correspondientes raíces para con ellas
obtener un nuevo árbol.
Este sistema utiliza estaquillas o ramillas
que han crecido en el mismo año o en el año anterior, que una vez
puestas en el medio de cultivo adecuado, emitirán raíces y brotes que
generarán la planta completa. El éxito de esta operación de
multiplicación depende de la variedad a enraizar y de la calidad del
material vegetal que utilicemos. El número de estaquillas que enraízan
es mayor si se toman de árboles con buena actividad vegetativa, y se
disminuye mucho esta capacidad de enraizar, si las estaquillas poseen
flores o frutos. La operación de enraizamiento de estaquillas puede
hacerse en cualquier época del año, pero en otoño y primavera se
obtienen mejores resultados. La preparación de este material se ha de
hacer en un ambiente húmedo y fresco para evitar su desecación. Para que
se produzca el enraizamiento, es necesario que la base del medio donde
estén situadas alcance una temperatura continua comprendida entre 20 y
25ºC, y la parte aérea se encuentre en un ambiente muy húmedo. Es normal
conseguir el enraizamiento al cabo de unos dos meses desde su
preparación inicial. Las ventajas de este sistema de propagación son
superiores al resto de los especificados porque se logra obtener una
gran cantidad de plantas de una sola planta madre, también nos permite
propagar las buenas características individuales, identificar la
variedad y mantener la calidad sanitaria. Conseguiremos adelantar la
entrada en producción y la sanidad futura de la plantación.
Como el objetivo de todo agricultor es
obtener la máxima producción, será necesario emplear los criterios
convenientes, reduciendo los costes de producción, facilitando las
labores agrícolas y prestando especial atención a las faenas de
recolección del fruto.
Son las características genéticas de cada
variedad las que condicionan su afinidad al suelo y al clima, a las
plagas y enfermedades, a la fecha de la entrada en producción y
maduración del fruto, así como su aptitud para la recogida mecánica.
Deberemos escoger la variedad que mejor se adapte a las condiciones del
suelo y clima del lugar destinado. Si la superficie para la nueva
plantación de olivar es grande, se recomienda utilizar para ello más de
una variedad, con el objetivo de obtener una maduración escalonada de
las aceitunas, que facilite su recolección.
Tradicionalmente se han venido utilizando
marcos de plantación muy amplios de forma injustificada; la densidad
media de plantación es España es de 72 árboles por hectárea, aunque
actualmente se están recomendando valores de 312 árboles por hectárea,
llegando hasta 400 en régimen de regadío. En secano no deben
sobrepasarse los 300 árboles por hectárea. Los marcos de plantación son
rectangulares de 7x5 ó 6x4.
Si la disponibilidad de agua y nutrientes
son suficientes, entonces es la luz el factor a tener en cuenta para que
la plantación del olivar sea correcta. Es importante que las hojas del
árbol estén correctamente iluminadas, lo que se consigue con una
adecuada densidad de árboles por unidad de superficie y su correcta
disposición según la orientación. La densidad deberá estar comprendida
entre 200 y 300 árboles por hectárea, para prevenir una rápida entrada
en producción y un buen mantenimiento de la productividad después en su
edad adulta. Cuando el número de olivos plantados es superior a 300 por
hectárea, deberemos emplear marcos rectangulares en la posición, para
evitar que unos árboles den sombra a sus inmediatos, o sea, que hemos de
disponer los árboles de forma que su sombra se proyecte sobre las
calles, y no sobre los cercanos, operación que se consigue orientando la
calle ancha en dirección Norte-Sur. Hay que tener también en cuenta que
la anchura de las calles entre árboles permita bien el paso de la
maquinaria para la realización de las labores. Una anchura de calle
comprendida entre 7 y 8 metros, y una separación entre plantas de 5 a 7
metros, nos dará buen resultado.
A principios de los años 90 del pasado siglo
se comenzaron a plantar en España parcelas con densidades de hasta 2000
olivos por hectárea, es lo que se vino a llamar olivar en seto. Con
estas altas densidades se consiguió aumentar la producción por hectárea,
adelantar la entrada en cosecha (a partir del tercer año) y mecanizar
integralmente la recolección del fruto mediante vendimiadoras similares
a las usadas en vid. Esta "revolución" presenta también desventajas
tales como los altos costes de la implantación de estos sistemas (hasta
12.000 euros por hectárea) así como la corta vida útil de estas
plantaciones. Existen variedades de olivos especialmente adaptadas al
cultivar en seto, entre las más utilizadas están la
Arbequina, la
Koroneiki o la Arbosana.
La precocidad o entrada en producción del
olivar depende de la variedad, el medio edafoclimático y las prácticas
culturales (densidad de plantación, riego, fertilización, poda, control
de malezas, plagas y enfermedades). Normalmente, bajo condiciones
idóneas de crecimiento, el olivar inicia su producción entre el tercer y
quinto año desde la plantación, alcanzando la plena producción al octavo
a décimo año. Es imprescindible practicar una buena poda de formación,
de producción y de renovación, para mantener una alta producción de
frutos después de los 25 a 30 años de vida del árbol, la cuál se puede
prolongar por más de cien años. La diferencia entre oliva y aceituna
estriba fundamentalmente en que: mientras la primera es el nombre
genérico con el que se designa el fruto del olivo, la segunda responde
únicamente a aquellas variedades destinadas a la producción de aceite
Variedades
(ver
más)
El elevado número de variedades de olivo es
debido a modificaciones del genotipo, a causa de distintos tipos de
mutaciones, o por oscilación de los caracteres varietales, a causa de
condiciones ambientales.
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