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La Denominación de
Origen “Baena” ampara los
aceites de oliva tradicionalmente designados por esta
denominación geográfica. La producción del
aceite se lleva a cabo, siempre bajo el control del Consejo
Regulador, en las diferentes
almazaras inscritas en la Denominación de Origen.
La cantidad de
aceite calificado por el Consejo Regulador ronda los dos
millones de kilos de
aceite de oliva virgen extra, que son comercializados por las marcas
amparadas en esta Denominación de Origen.
El envasado también
está controlado por el Consejo Regulador y se tiene que efectuar en las plantas
envasadoras inscritas en los Registros de la Denominación de Origen “Baena”. Los
envases tienen que ser de vidrio o de hojalata, y llevar adheridas las
contraetiquetas numeradas y proporcionadas por el Consejo Regulador.
La superficie de
olivar se aproxima a las 60.000 has, con más de 7 millones de olivos. La mayoría
son olivares tradicionales, muchos de ellos centenarios, con una densidad
próxima a 100 árboles/ha.
La recolección de
la
aceituna se realiza por “ordeño” (recoger el fruto
directamente del árbol), por “vareo” (sacudir las ramas con varas de madera) y
por “vibración” (el árbol es agarrado por el tronco por una máquina que lo hace
vibrar).
El
aceite con origen “Baena” es afrutado y muy aromático.
Dependiendo de que la
aceituna haya sido recogida poco madura o muy madura, así
será el color del aceite, más verde o más amarillo. La variedad principal es la
Picuda, y la acompañan otras variedades como son:
Lechin, Chorúa, Pajarero,
Hojiblanca y
Picual. Todas imprimen a los aceites de la zona características especiales
de gran finura y personalidad.
Se distinguen dos
tipos de aceite: el tipo A tiene una acidez máxima de 0,4º, aroma y sabor
frutado intenso y ligero almendrado amargo. El tipo B tiene una acidez máxima
del 1º, aroma y sabor afrutado maduro, agradable y dulce. El color de estos
aceites oscila del amarillo verdoso al verde dorado.
La Comarca de Baena es una zona de acreditada
tradición olivarera. Huellas prerromanas, romanas y árabes así lo atestiguan. No
en vano, Baena llegó a ser una encrucijada de vías hacia los vastos graneros de
la Bética. El origen es antiguo pero fueron los romanos los que
implantaron definitivamente el
olivo en la comarca. El oleum romano se hace árabe y el
olivo prosiguió la invasión pacífica de las tierras de la
Comarca de Baena. En el siglo XII ya era cultivo dominante en la zona junto con
el
cereal. Los árabes no hicieron sino extender y
apreciar el
cultivo del olivar.
Posteriormente, las gentes de esta tierra supieron elegir el
olivo que mejor se adaptaba al
suelo y clima de la zona, el
Picudo. Primitivos molinos se esparcían
por el olivar y estos pueblos descubrieron y acreditaron la esencia de los
mejores pagos y lograron la nombradía de su Comarca por la calidad del
aceite virgen que obtenían. Así se
ha hecho y ha nacido la D. O. Baena.
Los límites de la
D.O. Baena podrían describirse así: desde Córdoba, adentrándose hacia el Sureste
y siguiendo el curso del Guadajoz por la antigua ruta del Reino de Granada,
aparece la primera escarpadura de la Sub-bética, muro natural que delimita por
el flanco Sur la Zona de la Denominación de Origen Baena. Como incrustados en el
farallón calizo, vigilantes antaño, los castillos y caseríos de Luque y de
Zuheros. En las faldas de la serranía, sobre colinas o en suaves depresiones,
Baena, Nueva Carteya, Doña Mencía y Cabra. Sencilla elegancia de la cal arropada
por el manto del olivar que le da vida. Por el Norte y saliente el festón
sinuoso del Guadajoz como frontera Albendín, y las rayas de Castro del Río y de
Montilla hacia Poniente. Por la comarca pasan los ríos Guadajoz, Marbella y
Guadalmoral.
Tanto la orografía de la Comarca como su
constitución geológica es muy variable. Los
territorios inscritos en la Denominación de Origen están situados al sur de la
provincia de Córdoba, entre la Campiña y las estribaciones con la serranía
subbética. Las suaves ondulaciones de la Campiña
contrastan con las encrespadas pendientes de la Penibética en el sur.
Los suelos son generalmente calizos, con alto
contenido en carbonato cálcico, por lo que el olivar encuentra en esta zona un
medio óptimo para su perfecto desarrollo.
El clima de la Comarca es templado
continental con veranos secos y calurosos
alternando los inviernos suaves con los veranos no excesivamente calurosos,
favoreciendo la presencia de diferentes
variedades de aceituna:
Picuda, considerada la variedad
principal de la D.O.,
Hojiblanca,
Picual,
Lechín Chorrúa o Pajarero entre otras, que
imprimen a los
aceites de la zona
características especiales de gran finura y personalidad. Las
lluvias (entre 600 y 800 mm. anuales) caen en los meses de noviembre, diciembre,
febrero y marzo, generalmente.
La importancia que el
olivo alcanza en esta Comarca es
enorme, ya no sólo por la cantidad de hectáreas de tierra destinadas a su
cultivo, sino también y,
fundamentalmente, por la estrecha relación que el hombre de esta zona ha
mantenido desde siempre con este árbol mediterráneo. Particulares costumbres y
modos de vida, que incluyen cantos, juegos o fiestas populares, se unen a su
decisiva importancia a nivel agrícola e industrial.
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