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El relieve de la
cordillera Cantábrica es el resultado de numerosos procesos, algunos de los
cuales siguen aún en actividad, que comenzaron con el depósito de los
sedimentos hace unos 600 millones de años. Los factores condicionantes del
mismo son, como ya hemos visto en la descripción de las diferentes áreas, la
litología, que condiciona la resistencia a la erosión de las rocas, la
tectónica, a la cual se debe la distribución de las rocas y su disposición
en el espacio, así como la posición relativa al nivel del mar, y el clima,
escultor final de las formas del relieve.
Con respecto a la
sedimentación, las rocas asturianas se depositaron en dos cuencas marinas
claramente diferenciadas que hoy constituyen las llamadas
Zona Astur
Occidental Leonesa y Zona
Cantábrica. En
la Zona Astur
Occidental Leonesa, los sedimentos depositados en el fondo del mar son
principalmente de carácter arcilloso y arenoso, lo que da lugar
posteriormente a una acumulación de varios miles de metros de pizarras y
areniscas, con muy escasas capas de caliza. Las capas de areniscas y
cuarcitas, más resistentes, darán lugar a las mayores elevaciones,
encontrándose las pizarras y calizas en las áreas deprimidas. En conjunto,
la sucesión sedimentaria es más homogénea que la de
la Zona Cantábrica, por lo
que el relieve es también más uniforme. Por otra parte, en la cuenca de
la Zona Cantábrica, los
sedimentos depositados son mucho más variados y los espesores de cada
litología en general más reducidos. Abundan las calizas y las areniscas o
cuarcitas, con intercalaciones pizarrosas poco importantes, con excepción de
las rocas Carboníferas en las que éstas suelen predominar. El relieve será
por tanto más variado, no sólo en su distribución sino en las formas, debido
a la presencia de abundantes calizas, rocas solubles en las aguas
superficiales. Por último, en ambas zonas se depositan sedimentos después de
la deformación principal, en los que existen también rocas de medios
subiéremos, mientras que en las cuencas anteriores, se trataba sobre todo de
sedimentos marinos. En estas rocas post-tectónicas abundan las arcillas y
calizas, con menor proporción de arenas y conglomerados, dando lugar también
a un relieve totalmente diferente del de las rocas de las dos cuencas
anteriores.
La influencia de la
tectónica se hace notar muy pronto en las cuencas de sedimentación, ya que
la propia cuenca se origina por los movimientos de la corteza terrestre. A
finales del Precámbrico (hace unos 600 millones de años), las rocas
depositadas hasta entonces son plegadas y erosionadas, por lo que los
conglomerados que constituyen los primeros depósitos posteriores a estafase
asíntica de deformación (formación Herrería, del Cámbrico inferior)
constituyen estratos horizontales que forman un ángulo variable con las
capas Precámbricas (discordancia angular). Esta discordancia se puede
observar en algunos puntos del río Narcea. Posteriormente, la sedimentación
es continua hasta el Ordovícico superior-Silúrico inferior (400 millones de
años), en que tiene lugar un levantamiento, sin plegamiento. La erosión
elimina una parte de las rocas ya depositadas, de edad Ordovícico
medio-superior-Silúrico inferior, por lo que, cuando ocurre un nuevo
hundimiento en el Silúrico, en
la Zona Cantábrica, las pizarras de Formigoso del Silúrico, se colocan
directamente sobre la cuarcita de Barrios, del Ordovícico inferior, pero sin
que exista diferencia de ángulo de inclinación entre ellas (disconformidad).
Con posterioridad, la
sedimentación sigue siendo continua prácticamente durante el Silúrico y
Devónico hasta el Frasniense (360 millones de años), en que tiene lugar un
nuevo levantamiento y erosión, que elimina gran parte de los sedimentos
anteriores en los sectores más orientales (Llanes-Bulnes,
Beleño-Ribadesella y
Cuenca Carbonífera), de tal forma que las areniscas de la Ermita
(Devónico superior), se depositan directamente sobre la cuarcita de Barrios
(Ordovícico inferior) y, en algunos puntos, incluso sobre las pizarras y
areniscas de Oville (Cámbrico superior). Se trata asimismo en este caso de
una disconformidad.
A continuación tiene
lugar ya el depósito de los sedimentos Carboníferos en la cordillera
Cantábrica. La cuenca sedimentaria se profundiza y diversifica, apareciendo
facies diferentes en las distintas regiones, debido al incremento de la
actividad tectónica. El primer levantamiento importante ocurre en el
Westfaliense B (fase Palentina) (310 millones de años) y da lugar a
discordancia angular en la Zona Palentina, fuera de Asturias, al Sur de
los Picos de Europa,
mientras que dentro de la Zona
Cantábrica, sólo da lugar a disconformidades. Lo mismo ocurre con los
movimientos que tienen lugar en el Westfaliense D superior (fase Leónica),
que dan discordancias sólo en la provincia de León. La primera discordancia
angular importante en Asturias ocurre en el Estefaniense B, sobre todo en la
Zona Astur
Occidental Leonesa y en el extremo occidental de la
Zona Cantábrica, en que
los sedimentos Estefanienses discordantes contienen capas de carbón que son
objeto de activa explotación en la actualidad. Sin embargo, más al Este no
está tan clara esta discordancia, aunque en los sectores de
Beleño-Ribadesella y
Llanes-Bulnes
existen sedimentos marinos de esta edad disconformes sobre el Carbonífero
más antiguo, siendo la primera discordancia importante de carácter angular,
de edad Pérmico inferior, ya que los sedimentos de esta edad se apoyan con
un ángulo muy fuerte sobre estratos del Estefaniense inferior. Por todo
ello, se puede deducir que las etapas de deformación (que constituyen la
orogénesis) Hercinianas, suceden en la cordillera Cantábrica durante el
Carbonífero superior (entre el Westfaliense B y el Estefaniense superior) y
antes del Pérmico inferior (Autuniense).
La sucesión
post-Herciniana incluye los sedimentos depositados desde el Pérmico inferior
hasta el Oligoceno (desde hace 290 hasta hace 30 millones de años), ya que
son deformados por la orogénesis Alpina, en el Oligoceno. La tectónica
influye nuevamente en sus características, ya que se producen importantes
fallas de dirección dominante Noreste-Suroeste y Noroeste-Sureste, que hacen
subir o bajar a grandes bloques de la corteza terrestre mientras ocurre la
sedimentación. Primero se deposita una sucesión de carácter litoral, con
abundantes rocas volcánicas, que se conoce como formación Viñón, en el
Pérmico inferior (Autuniense). Después, vuelven a moverse las fracturas
Noreste-Suroeste y Noroeste-Sureste formadas en el Pérmico inferior y la
erosión elimina a estos sedimentos de las partes elevadas, conservándolos
sólo en zonas deprimidas. Comienza entonces a predominar un clima semiárido
y cálido, que da lugar al depósito de conglomerados, arcillas y areniscas de
color rojo, con capas de dolomías, caliches y evaporitas (formación
Villaviciosa), de edad Pérmico superior.
Al final del Pérmico,
la región asturiana se mantiene emergida y casi no se depositan sedimentos
de edad Triásica, o se depositan y son posteriormente erosionados, ya que el
Jurásico (210 millones de años) descansa en disconformidad sobre el Pérmico.
Estos sedimentos Jurásicos son de carácter marino, formados por calizas,
arcillas, areniscas y conglomerados, estos últimos ya de depósito subaéreo,
que indican una nueva elevación. El Cretácico superior vuelve a depositarse
con disconformidad sobre el Jurásico (110 millones de años), o bien sobre el
Pérmico o directamente sobre el basamento Paleozoico plegado, según haya
sido el juego de los diferentes bloques limitados por fallas que se movieron
entre el Jurásico y el Cretácico superior.
A partir de entonces,
hay sedimentación casi continua hasta el Oligoceno, con depósito de calizas,
arcillas y arenas alternantes de facies marina de poca profundidad. Los
últimos sedimentos del Terciario son unos conglomerados de matriz arcillosa
rojiza (pudinga de Posada), discordantes sobre el resto y que se originan
simultáneamente y con posterioridad a la orogénesis Alpina. Sobre ellos sólo
existen depósitos Cuaternarios de diversos orígenes, aunque la mayor parte
subiéremos.
Después de la
orogénesis Alpina, ya se puede hablar de la configuración del relieve en la
cordillera Cantábrica, que dará lugar al actual. Con anterioridad, la
cordillera había estado sumergida la mayor parte del tiempo, con excepción
del Carbonífero superior, Pérmico y Triásico, pero los relieves existentes
en estas épocas fueron totalmente desmantelados y se había formado una
penillanura que fue sumergida en el Jurásico de nuevo bajo el mar.
El papel de la
orogénesis Alpina en Asturias fue variable. En la parte oriental sus efectos
fueron muy patentes, mientras que en la occidental es difícil su
apreciación. En la vecina provincia de Santander, se observa la existencia
en la cobertera
post-Herciniana de pliegues amplios de dirección axial Este-Oeste. Hacia
el Oeste, estos pliegues están rotos por fracturas existentes en los núcleos
anticlinales y estas fracturas afectan al basamento Paleozoico, tratándose
de fallas inversas de alto ángulo que producen el cabalgamiento de las rocas
Paleozoicas sobre los
sedimentos
post-Hercinianos en los entrantes de Colombres y Panes. Dichas fracturas
se prolongan hasta el meridiano de Grado, produciendo basculamientos de
bloques hacia el Norte, como habíamos visto que ocurre en el bloque del
monte Naranco e influyendo por tanto notablemente en la configuración
posterior del relieve, sobre todo en Asturias oriental. Sin embargo, la
actividad de estas fallas a finales del Terciario y en el Cuaternario debió
de ser prácticamente nula, como parece deducirse de la semejanza de altitud
en las superficies situadas a uno y otro lado de las mismas. Con
posterioridad a la orogénesis Alpina, la cordillera Cantábrica comienza a
elevarse hasta altitudes superiores a las actuales, que no pueden
establecerse con exactitud por no haber niveles de referencia en que se
pueda confiar.
Esta elevación se
efectuó en varias etapas, como parece deducirse de las diferentes
superficies de erosión que se encuentran en la cordillera Cantábrica a
diferentes altitudes. La superficie más antigua conservada es la de 2.000 m.
a que nos habíamos referido, que se conserva en el macizo de Ubiña y partes
de los Picos de Europa, aunque pudieran existir restos de otra más alta a
los 2.500 m. en los Picos de Europa. Esta superficie se encuentra
restringida a la divisoria hidrográfica, lo que hace pensar que no estuviera
muy extendida. El siguiente episodio de erosión, que finaliza en la
formación de una superficie que ahora se encuentra a 1.700 m., afecta a un
área más extensa, encontrándose restos de la misma en peña Sobia y en la
sierra del Aramo. Una nueva pulsación que eleva a la anterior, da lugar a la
formación de la superficie de 1.200 metros que llega ya hasta la costa del
mar Cantábrico, conservada en el Sueve, sierra de Cuera y en numerosos
puntos del Occidente asturiano. Esta superficie es nuevamente elevada y
comienza el ciclo erosivo que dará lugar a una nueva superficie, situada
entre 700 y 800 metros, que se conserva en la cima del monte Naranco, alto
de la Espina, etc., y que tanto desarrollo alcanza al Sur de la divisoria
hidrográfica.
Aunque de las
anteriores superficies poco se puede decir sobre su origen, ya que han sido
severamente afectadas por la erosión posterior, acerca de esta superficie de
700 m. sí que podemos afirmar que fue esculpida en un clima semiárido por un
proceso análogo a la «pedimentación» que da lugar a la morfología de
tipo «bolsón». Las lluvias escasas y torrenciales darían lugar a
grandes avenidas que arrasarían las vertientes, haciéndolas retroceder
paralelamente a sí mismas, hasta dejar empinadas crestas que separarían
zonas planas endorreicas con lagos efímeros en su centro. En este relieve,
las crestas tendrían una dirección Nornordeste-Sursuroeste, condicionada por
la litología, ya que se trata de cuarcitas armoricanas, de gran resistencia
a la erosión, así como por la estructura, con pliegues y cabalgamientos de
la misma dirección.
Ya dentro del
Cuaternario, el clima cambia a húmedo-templado antes de que sobrevengan los
importantes avances de los hielos polares en el Günz, Mindel, Riss y Würm.
La cordillera es basculada hacia el Norte a la vez que se eleva,
estableciéndose una red hidrográfica rectilínea, esencialmente paralela a
las crestas y encajada en fracturas de edad Pérmica de dirección
predominante Noreste-Suroeste y que empieza a excavar los terrenos más
blandos. Se forma así una red paralelepipédica (treellis) incipiente, con
los cursos principales de dirección Nordeste y afluentes perpendiculares
hacia el Sureste o Noroeste. Estas direcciones se conservan aún en algunos
tramos de ríos principales, como cabecera del Narcea, río Arganza, Agüeira,
río de Oro, y en afluentes como Llantero, Uncín, Sangreña, Braña, longa,
Nonaya, Camuño, Nisón, Comba, Pigüeña, Lloredo, Couto, Carondio, Ferreira,
San Martín, Suarón, Meiro, Barayo, etc.
Sin embargo, al
elevarse y bascular la superficie de 700 m., los ríos profundizan
rápidamente y las irregularidades de la litología y de la estructura
condicionan el desarrollo de la red hidrográfica, que comienza a desviarse
de las primitivas orientaciones.
Otra pulsación da
lugar a la formación de una superficie, situada ahora sobre los 300 m. de
altura y que se conserva en la franja costera (monte Areo, Llano Roñanzas) y
en
la Depresión
Longitudinal. En esta superficie se encuentran ya meandrificando algunos
ríos en su curso inferior, como Navia, Esva, Narcea, Nora, Sella, etc.
hallándose ya la red hidrográfica prácticamente igual que en la actualidad,
con un elevado grado de adaptación a la estructura, como se observa en la
mayor parte de los dominios descritos. Es entonces cuando tienen lugar las
invasiones del hielo, que afectan sobre todo a las partes más elevadas,
cercanas a la divisoria hidrográfica, excavando los valles en forma de "U"
visibles sobre todo en los macizos de
Degaña y
Allande, profundizando
las depresiones cársticas en
los Picos de Europa y formando los «jous» .
Algo después tienen
lugar las últimas pulsaciones que elevan las «rasas» o superficies de
erosión marina, formados sólo hace unos miles de años y que tanto desarrollo
tienen en el Oriente asturiano. |